Ahí te encuentras,
sentada a mi lado,
dándome la espalda y concentrada en complacer a la cámara que nos enfoca.
Inclinas tu cuerpo apoyando tu brazo derecho y el codo sobre mi vientre,
con la mano del mismo brazo sujetas mi pene por la base.
La mano izquierda solo la utilizas para acariciar mis testículos.
Sonríes al notar cómo se va endureciendo mi flácida erección.
Tus carnosos labios; tu lengua húmeda, cálida y juguetona,
hacen su labor.
Le das besitos a mi rosado glande,
lo lames y chupas.
Te llevas la mitad del capullo dentro de la boca
y succionas con intensidad la entrada de la uretra.
Has logrado endurecer mi pene hasta su máxima potencia.
Es largo y grueso con cierta inclinación hacia la izquierda,
o sea, hacia el lado en el que estás posicionada.
Te será más fácil introducirlo al seguir mejor la trayectoria de tu garganta.
Si te hubieras sentado en el otro lado,
el glande se te clavaría en el paladar empujando hacia arriba.
Sabes lo que haces. Todo lo tienes planificado.
Ahora necesitas los cinco dedos de tu mano,
sostienes firme como un mástil mi pene.
Agarras con fuerza mi miembro,
percibes sus latidos.
Recorres mi pene de arriba abajo,
lo dejas reluciente y con restos de saliva,
la cámara lo captura,
grabando un buen acercamiento.
Algunas babas resbalan por el falo
y terminan en los testículos.
Untas mis testículos con esa sustancia espumosa usando tu mano izquierda.
Tu mano izquierda acariciando mi escroto,
la derecha agarrando la base de mi pene.
Y con tus labios, lengua y dientes
besando, lamiendo y mordisqueando todo el miembro.
¡Qué más puedo desear! ¡Esto es un sueño!
Juegas con el glande, te diviertes.
Te lo llevas a la boca y le das unos cuantos besos apasionados.
Tus labios, lengua y dientes no dejan de estimular mi sensible glande.
Succionas una y otra vez,
llegando con tu lengua hasta la uretra.
¿Qué buscas amor mío? ¿Quieres petróleo?
¡Buscas mi néctar, verdad!
Lo produzco para ti, pensando en ti.
Te lo llevas casi todo a tu profunda garganta.
¡Solo te faltan tres dedos para tenerlo todo dentro!
Intentas varias veces, pero solo logras provocar arcadas,
que cubren de saliva mi miembro, mis testículos y tus manos.
Ya no puedo contenerme,
estoy a punto de explotar.
Jadeo y percibo que me estoy desvaneciendo por la punta de mi miembro.
Notas que estoy en el límite y le das los últimos lametones al glande.
Pero tu mano derecha permanece impasible,
aferrada a mi mástil como si fuera un naufragio.
Sientes que mis palpitaciones aumentan,
que los siete u ocho disparos de semen están por llegar
y no quieres perder el control, para dirigirlos adecuadamente.
Repentinamente, un chorro de líquido viscoso y blanquecino impacta en tu frente.
Otro se dirige a tu párpado derecho, dejándote momentáneamente bizca.
Dos van hacia tus fosas nasales.
Otros dos caen en tus mejillas.
Y los últimos dos apuntan hacia la entrada de tu oído derecho
simulando ser un auricular y riendo por tu propia creatividad.
Pero no es suficiente y sin soltar el pene aún,
que está en sus últimos estertores,
miras fijamente la punta esperando un poco más de semen.
De vez en cuando caen algunas gotas
que recoges con la lengua,
lamiendo la entrada de la uretra.
El pene iba perdiendo firmeza,
poco a poco se iba volviendo flácido.
Ya no necesitas los cinco dedos para sostenerlo.
Con el pulgar, índice y corazón es suficiente,
dando un descanso al anular y meñique…
y especialmente dando un respiro a mi pene
al que le habían quedado las marcas de tus dedos y uñas.
El esperma se deslizaba por tu rostro.
El semen de la frente se unía al de las mejillas.
De tu boca escapaban algunas secreciones mezcladas con mi semen.
En tu barbilla se formaban algunos hilillos de esperma
que reposaban sobre mi bajo vientre y pubis.
De tus fosas nasales salían los restos que habías introducido,
parecían ser mocos.
De tu oreja derecha también un ligero hilillo se deslizaba...
y lo del párpado parecía una legaña matutina.
La cámara agradece tus gestos y caricias.
Lames los restos que llegan a la comisura de tus labios
desde las distintas partes de tu rostro.
Pero sobre todo los “mocos” que resbalan de tu nariz.
Utilizas mi miembro viril a manera de pincel
para extender el “maquillaje” y la “mascarilla facial”,
todo característico de la situación.
Con dos dedos de tu mano izquierda también te ayudas en la parte superior de tu rostro
donde no puedes usar mi pene.
Te fascina seducir a la cámara.
La sensualidad con la que le sonríes,
con todo el rostro embadurnado con la particular “baba de caracol”,
excita a cualquier persona.
Insistes nuevamente en introducirte el glande en la boca para succionarlo más,
en caso de que quedara alguna gota dentro del tubo por donde pasan los espermatozoides sea malgastada.
Ya no salía nada.
Mi miembro cada vez adoptaba más la apariencia de un gusano arrugado.
Ahora solo utilizas el pulgar y el índice como si fueran pinzas
y estiras mi pene hacia arriba todo lo que puedes
y hacia abajo.
Hacia arriba otra vez... parecía un chicle ya.
Finalmente te decides a soltarlo
y juegas un poco más frente a la cámara.
Recoges algunas secreciones mezcladas con mi semen con las manos,
alrededor de mis testículos y en la parte baja del vientre hay mucha,
y te las llevas a la boca.
Haces gárgaras durante un minuto.
Escupes todo sobre mi pene.
Le haces un gesto con el ojo a la cámara
y decides terminar la sesión.
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