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Mensaje al autor de «Celebrando la nueva familia atrevida»

Celebrando la nueva familia atrevida

Soy Melanie, tengo 42 años, mi piel es oscura, con senos y trasero grandes, mi cintura es algo ancha pero tiene curvas, piernas anchas y cabello lacio. Mi hija, de 20 años, tiene la misma tonalidad de piel que yo, con senos y trasero medianos, una cintura pequeña y curvilínea, piernas algo delgadas pero atractivas y cabello lacio.

Ahora, Iván (el protagonista de esta historia) y yo ya hemos contraído matrimonio, pero en este punto todavía estábamos comprometidos. Cuando mi hija cumplió 18 años, noté que Iván la miraba de una manera diferente, lo cual despertó mi curiosidad. Un día, decidí preguntarle directamente, y después de conversar un rato, confesó que se sentía atraído por ella. Posteriormente se lo comenté a mi hija, y para mi sorpresa, ella también admitió admirar el cuerpo de Iván. A partir de ese momento, comencé a idear un plan.

Le propuse a mi hija la posibilidad de dejarlos a solas una noche si así lo deseaba, pero ella me sorprendió con una propuesta aún más emocionante... Un trío. Desde entonces, empezamos a planificar todo y acordamos llevarlo a cabo en su cumpleaños. Organizamos una cena elegante en casa, compramos vestidos sexys y el día esperado, Iván quedó impresionado al vernos así. Durante la cena, pasamos el tiempo seduciéndolo entre ambas, mientras bebíamos para crear el ambiente adecuado.

Después de la cena, estábamos un poco ebrios por el vino. Mientras lavaba los platos, sentí la mano de Iván rodeando mi cintura, era cariñoso, hasta que escuché un sonido inusual y me volteé. Vi a Iván con una mano en la cintura de mi hija y sus labios juntos en un beso largo. Presencié ese beso por unos segundos y antes de que pudiera decir algo, Iván juntó sus labios con los míos.

Durante el beso, introdujo su lengua en mi boca, acariciando su interior, lo cual indicaba su excitación. Esto me satisfizo, ya que significaba que el plan estaba funcionando. Al separarse de mi boca con una suave mordida en mis labios, me di cuenta de que su mano estaba acariciando la mejilla de mi hija, quien me atrajo hacia ella para besarnos también. Al inicio estaba confundida, pero mi curiosidad reemplazó esa percepción. Mientras nos besábamos, Iván nos acariciaba sobre la ropa con evidente deseo.

Terminado el beso, él apretaba nuestras nalgas y dijo "vamos a tener un trío, amores". Caminamos una a cada lado hacia la habitación. Al entrar, él comenzó a desnudarse hasta quedarse solo en calzoncillos. Yo ayudé a mi hija a quitarse su vestido y ella hizo lo mismo conmigo. Nos paramos frente a Iván y dejamos caer nuestros vestidos; ninguna llevaba sostén y nuestros senos quedaron al descubierto. Yo llevaba unas bragas de encaje color vino con medias y tacones negros, mientras que mi hija lucía un tanga negro con medias de red y zapatos rojos.

Al ver nuestra desnudez, noté cómo el pene de Iván palpitaba y se acercó a nosotras para besarnos a las tres al mismo tiempo. Metió sus dedos entre nuestro cabello y nos hizo arrodillarnos lentamente frente a él. Luego, señaló a mi hija, quien observaba sorprendida la erección dentro de sus calzoncillos. Le di un beso en la mejilla y le pregunté: "¿Quieres sacarla tú?" Asintió con suavidad y con ambas manos bajó sus calzoncillos, dejando salir su pene que cayó sobre su rostro, lo que me hizo soltar una risita mientras lo masturbaba.

Me coloqué detrás de mi hija con mis senos en su espalda y ella también comenzó a tocarlo con la mano. El pene de Iván tiene una curvatura hacia arriba, lo que me permitió inclinarme ligeramente y chupar la punta. Después, mi hija tomó la iniciativa de introducírselo en la boca y comenzó a chuparlo con entusiasmo. Me acerqué a lamer las partes que ella no alcanzaba mientras Iván acariciaba nuestras cabezas y gemía suavemente de placer. En un momento dado, me aproximé mucho a la punta y...

y mi hija se aproximó para besarme con pasión en los labios, al finalizar el beso introdujo la lengua en mi boca y comenzó a lamerla.

Ya estaba familiarizada con su miembro, así que me resultaba sencillo darle sexo oral. Saqué su pene y recogí el cabello de mi hija mientras le decía "Debes aprender a ingeniártelas con esto, cariño". Aunque estaba nerviosa, podía sentir los latidos de su corazón mientras acariciaba sus senos. Le tomé el rostro y la besé nuevamente, con más ternura. Apenas separé mis labios de los suyos, Iván llevó su miembro a su boca, moviendo las caderas mientras yo guiaba su cabeza. Ver cómo disfrutaba me excitaba sobremanera, y no pude resistir la tentación de guiarla hasta que su garganta lo recibió. Mi hija soltó un grito apagado y rápidamente deslicé mi otra mano por su ropa interior para acariciarla. Los gritos se transformaron en gemidos, e Iván también gemía de lo apretado que se sentía todo.

Después de unos instantes, retiramos su pene y mi hija recuperaba el aliento mientras seguía lamiéndola. Cuando logró respirar, nos dimos un último beso en la punta y luego nos levantamos. Iván nos besó y nos ayudó a quitarnos la ropa interior. Tomé la mano de mi hija y juntas subimos a la cama. Yo me arrodillé y ella se recostó boca arriba, abriendo las piernas. Cuando se dio cuenta, Iván ya se estaba frotando contra su vagina, y le dije "Está bien, cariño, te he deseado desde hace tiempo" mientras yo también me estimulaba un poco.

Nos miró a ambos algo sonrojada, e Iván descendió para darle un sensual beso en la boca, el cual fue interrumpido por un fuerte gemido de mi hija. Al observar detenidamente, noté que Iván la estaba penetrando (él se ha realizado la vasectomía, por lo que puede hacerlo de manera natural). Metí mis manos para acariciar los senos de mi hija mientras él comenzaba a moverse, embistiendo su dulce vagina. Las piernas de mi hija se alzaron primero, luego se juntaron abrazando a Iván, quien ya había introducido por completo su miembro en ella.

Por un momento, me sentí ignorada, pero Iván pasó su brazo por mi cintura, atrayéndome hacia él y succionando mis senos. Mi hija se deslizó entre mis piernas y empezó a estimular mi vagina. La situación resultaba sumamente excitante para los tres: ver el bulto en el vientre de mi hija cada vez que el pene entraba y sentir sus gemidos en mi cuerpo, al igual que la fuerza de Iván en sus embestidas y su deseo de explorar cada rincón de nuestros cuerpos.

Me senté sobre el rostro de mi hija, quien seguía brindándome placer oral. Repentinamente, se apartó y comenzó a gemir fuerte, apretando las piernas alrededor de Iván durante unos instantes hasta quedarse quieta por completo. Me despegué de su rostro; estaba claro que había alcanzado el orgasmo. Le di un beso en la mejilla a cada uno, Iván retiró su pene y, aún ardiente, se recostó a mi lado. Abrió ligeramente mis labios y, sin decir una palabra, me penetró por completo.

Mis gemidos resonaron de inmediato, al igual que él me acarició con fuerza, con una mano recorriendo mi cuerpo y con la otra tocando a mi hija, quien estaba recuperando el aliento. Pasados unos minutos, mi hija se levantó y nos besó a ambos en la boca. Sacó el pene de Iván de mí y, al preguntarle por qué, me indicó que me pusiera a cuatro patas. Así lo hice, y nuevamente Iván me penetró por completo hasta sentir sus testículos contra mí.

Esa postura me parecía un tanto humillante, y lo fue aún más cuando mi hija se sentó sobre mi espalda, obligándome a bajar la cabeza hasta tener la cara en la cama y el trasero en alto. Mordía las sábanas de placer mientras escuchaba cómo se besaban y cómo Iván también le daba nalgadas a mi hija. Todo parecía "normal" hasta que sentí que ella separaba mis nalgas y empezaba a estimular mi ano. Al principio resultaba extraño, pero poco después me excitó aún más.

Con mi hija desnuda y ardiente encima de mí, estimulando mi ano, y mi novio a punto de penetrarme, no podía concentrarme en nada más que en el placer sexual. Iván disfrutaba sin parar de penetrar mi vagina y tocarnos a ambas. Sacó su pene un par de veces para que mi hija lo lubricara de nuevo con su lengua y garganta. Ella...

Una de mis manos comenzó a acariciar mi clítoris, ambos me tenían al borde y no fue hasta que mi hija me dio una provocativa mordida en la nalga que alcancé mi orgasmo, Iván realizó unas últimas embestidas y se retiró apreciando el pequeño chorro que experimenté.

Permanecí unos instantes en esa posición mientras Iván se sentaba al borde de la cama y mi hija se le unía, presencié cómo se besaban y, de repente, ella lo sorprendía al introducir nuevamente su miembro en su vulva y cabalgarlo. Ambos nos quedamos atónitos, sobre todo Iván, quien ya mostraba signos de cansancio y respiraba agitadamente. Conociéndolo bien, sabía que no tardaría en llegar al clímax.

Me incorporé y me acerqué a él por detrás para besarle el cuello y restregar mis pechos en su espalda. Su corazón latía con intensidad y, al seguir excitado, lo tumbé por completo y me senté sobre su rostro; una de sus manos reposaba en la cintura de mi hija y la otra en mis nalgas, su lengua recorría velozmente mi vagina. En esta ocasión, tomé la iniciativa y comencé a besar a mi hija, quien se movía más rápidamente durante el beso.

Iván apretaba con fuerza las manos, se esforzaba por contener el orgasmo, aún sensible por mi clímax. Además, Iván seguía jugando con mi clítoris sin descanso, así que no tardé en alcanzar un nuevo orgasmo. Mientras estimulaba el clítoris de mi hija con la otra mano, ella se movía de manera salvaje en busca de su clímax. Después de uno o dos minutos, se quedó quieta y sacó el pene de Iván para tener un orgasmo con un chorro que lo empapó.

Nos besamos y luego Iván nos tomó a ambas y nos acostó boca arriba con los rostros juntos. Le di un beso a mi hija con una sonrisa, mientras él se masturbaba sobre nosotras. Mientras sonreía a mi hija, sus chorros de semen nos sorprendieron y nos cubrieron el rostro. Nos besamos con semen y también besamos su miembro, luego nos sentamos y mi hija lamió mi rostro para recolectar el semen, así que hice lo mismo.

Finalmente, Iván se recostó y, una vez nos limpiamos, nos acostamos cada una a un lado suyo y los tres nos dormimos juntos. Desde entonces, nuestra vida dio un giro positivo, nos volvimos más activos sexualmente, ya sea conmigo e Iván, mi hija con él, o en ocasiones solo entre mi hija y yo. De cualquier manera, la pasamos muy bien. ¿Disfrutaron leyendo? ¡Si es así, compártanlo! Gracias por leer, adiós.

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