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Mensaje al autor de «Mar de Sensualidad: Una situación incómoda en la oficina»

Mar de Sensualidad: Una situación incómoda en la oficina

Un día, después de mi horario laboral, tuve que quedarme en la oficina para terminar algunas tareas pendientes. Se habían acumulado y era necesario completarlas. En ese momento, estaba en la oficina Ernesto, un colega más joven de 26 años, que bien podría ser mi hijo. Desde que nos conocimos, mostró mucho interés en mí, siendo amable y servicial. Durante los primeros meses, nuestra relación era profesional; incluso, compartíamos salidas a comer de vez en cuando y teníamos conversaciones agradables sobre diversos temas.

Pero con el tiempo, comencé a notar un cambio en su actitud hacia mí. Se volvía más atento y, en ocasiones, cruzaba ciertos límites cuando estábamos a solas. Un día, mientras estaba haciendo copias, me di cuenta de que me miraba de manera insistente, especialmente mis caderas, ya que llevaba una falda corta, medias y tacones. En un momento dado, al inclinarme para recoger unas hojas del suelo, lo sorprendí observándome de forma inapropiada y tocándose por encima de la ropa. Esta situación me enfureció, pero al mismo tiempo despertó algo en mí saber que despertaba su interés a pesar de la diferencia de edades.

Decidí jugar un poco con la situación para ver hasta dónde llegaría. Aunque consciente de que en la oficina había compañeras más jóvenes y atractivas, seguí el juego de forma sutil. Ernesto mostraba interés en mi persona, pero sus comentarios no eran directos ni insinuantes. Por mi parte, en ocasiones, lanzaba indirectas o gestos coquetos durante nuestras charlas, y él simplemente se sonrojaba.

En una ocasión, durante un almuerzo juntos, me hizo una pregunta algo personal sobre mi vida sentimental, lo cual me tomó por sorpresa. Tras un breve intercambio, le confesé detalles sobre mi relación con mi esposo, dejando claro que, a pesar de mi forma de vestir, yo tomaba mis propias decisiones y no permitía que terceros afectaran nuestra estabilidad como pareja.

- Dijo: "Levanté una ceja en señal de sorpresa.

- ¿Y por qué la curiosidad?

- Es solo curiosidad

- Sonreí y le hablé de la estable relación que tenía con mi esposo, el hecho de ser una mujer madura y de nuestra confianza mutua, insinué que los celos no tienen cabida en nuestro matrimonio.", él preguntó intrigado sobre si mi esposo sentía celos por mi forma de vestir mientras yo respondí con firmeza que los celos derivaban de la inseguridad, yo tomaba decisiones respecto a mi forma de vestir.

¿Te han dado autorización para salir y divertirte con tus amigos?

- Jajaja... realmente no necesito permiso, si decido salir lo hago de forma responsable. A menudo asisto a fiestas y regreso tarde sin contratiempos, le respondí insinuante.

Terminamos la conversación y regresamos a nuestras labores. Esa tarde, se acercó a mi oficina para consultarme acerca de algunas dudas que tenía. Se posicionó detrás de mí, muy cerca de mi espalda, y percibí que se aproximaba más de lo adecuado. Sin embargo, continué explicándole sin prestarle atención. En determinado momento, se acercó aún más y tocó mi hombro brevemente con evidente intención. Sentí una firmeza poco común. Repitió esta acción en dos ocasiones más y luego se fue sutilmente sin dar explicaciones. Me dejó intrigado, parecía tener un miembro prominente. De forma traviesa, contemplé la idea de visitar su lugar de trabajo para corresponderle, pero rápidamente deseché la idea, debía mantener las formas. Aunque desconozco sus pensamientos, parece haberse sentido con confianza y repetía ocasionalmente estos toques sugerentes en mi espalda y hombros. Yo lo permitía. En una ocasión, noté que su miembro estaba más firme de lo habitual, se encontraba excitado.

El viernes teníamos pendiente entregar un informe, por lo que teníamos mucho trabajo y él tenía dudas sobre ciertos procesos. Acudió a mi oficina y mientras le explicaba, en tres ocasiones de manera "distraída", noté cómo presionaba su bulto contra mi hombro, rozándolo. Esta situación me provocaba excitación. Ese día, llevaba puesta una falda y medias de silicona. Creo que se percató de esto y se emocionó, incrementando sus insinuaciones. Bajo la excusa de desconocer ciertos aspectos, se aproximaba y rozaba "discretamente". Yo actuaba como si nada ocurriera. En un momento dado, mientras él estaba cerca de mí, rozándome, las medias se asomaron por debajo de la falda. Descuidadamente permití que las observara, resultando en un evidente interés por su parte.

Finalmente, concluimos nuestras labores un poco tarde y nos despedimos. Antes de retirarme, fui al baño. Al regresar, solo estaba él en mi lugar de trabajo. Observé que cargaba algunas cajas y otras estaban colocadas sobre mi escritorio. Me pidió ayuda para trasladarlas al archivo, ubicado en un extremo de las oficinas, pasando por el almacén y la papelería, un área que por lo general se encuentra vacía a esa hora. Aunque dudé, accedí a ayudar. Al llegar, le pregunté dónde deseaba que colocara las cosas y él señaló un archivero al fondo. Deposité las cajas y en ese momento percibí que me abrazaba por la espalda de manera cercana. Sorprendido, le cuestioné sobre su actitud y él respondió que no era nada, simplemente se encontraba muy excitado, le gustaba, lo excitaba como mujer; expresó su deseo de estar a solas conmigo. Incomoda, le dije que estaba delirando y que me soltara, señalando que alguien podría entrar en cualquier momento. Él mencionó que había asegurado la puerta y que nadie nos interrumpiría, argumentando que ya era tarde y los demás ya se habían retirado. Al soltarme y voltearme, volvió a abrazarme y me besó en la boca, intenté apartarme, pero no lo logré. Pude sentir su miembro presionando con más fuerza, frotándose en mi pierna.

- Por favor, Mar, permíteme estar contigo. Te encuentro muy atractiva y me excitas. Con todo respeto, deseo estar a solas contigo.

- Estás delirando, me confundes. ¿Qué imagen tienes de mí? Nos podrían ver y qué pensarán de mí. Todos saben que estoy casada y tengo hijos. Puedes comprometerme.

- Nadie se enterará, seré discreto. Por favor, quiero estar contigo.

- No, por favor, déjame. No te equivoques; además, ¿no tienes novia? Podrías hacer esto con ella también.

- Sí, pero perdóname, Mar, me resultas muy atractiva, me excitas, tu madurez me enciende.

- A pesar de mis objeciones, él continuaba abrazándome y frotándose en mi pierna. Mi falda se había levantado y mis medias de liguero eran visibles. Sentía su erección completa y sólida. Me volvió a besar, intenté resistirme, pero no pude. "Nos estás comprometiendo, no es el lugar adecuado, por favor", exclamé con tono débil. Él silenció mis palabras con besos apasionados. Su audacia me provocaba, me excitaba.

No deseaba estar en esa situación, pero su actitud me excitó. Sentir su erección sobre mi pierna y lo ansioso de sus movimientos me hizo humedecer, mis instintos me traicionaban, sus besos y su lengua derribaban mis últimas barreras de pudor. Intenté apartarlo, pero me agarró de las nalgas y me acercó más a su cuerpo para complacerme. Su erección, completamente caliente, exigía ser liberada, se frotaba con deseo ahora en mi vagina. A pesar de no querer, me dejé llevar, la situación me excitaba y finalmente permití que cumpliera su deseo, acabé abrazándolo por el cuello. Me dejé llevar y correspondí a su calentura, moviendo mi cadera para rozarme con él e instintivamente comencé a gemir de placer, lo besé con deseo.

"Oh, qué deliciosa estás, Mar, eres muy atractiva y me excitas. ¿Sientes lo duro que lo tengo? ¿Lo percibes?"

"Sin inhibiciones", entre gemidos, le respondí: "Sí, está muy duro, lo siento muy agradable, lo tienes muy bien".

"Entonces, disfrútalo, es para ti, déjame disfrutarte con él, siéntelo por completo."

"Oh, sí, lo disfrutaré bien, hazme sentir bien, déjame disfrutarlo por completo."

"Sí, es tuyo completamente, aprovecha de él, haz lo que desees, Mar."

"Oh, qué placentero se siente, lo tienes muy bien, lo tienes magnífico, oh"

"¿Quieres sentirlo? ¿Lo deseas sentir?"

"Sí... todo, todo, oh"

Se separó de mí, bajó el cierre de su pantalón, sacó su miembro, grande, duro, húmedo, caliente. Lo tomó con sus manos, lo acarició unos segundos y me lo ofreció.

"Mira, Mar, aquí lo tienes, es todo tuyo. Haz lo que desees. ¿Te gusta lo que ves?"

"Mmm, se ve muy bien, ¡qué grande tienes! Duro y ardiente", empecé a acariciarlo con las manos, tirando de él suavemente y jugando con su glande.

"Oh, qué bien lo acaricias, disfrútalo, es tuyo por completo, haz lo que quieras con él."

"Está muy caliente, qué placer."

Sin pedírmelo, me incliné y comencé a practicarle sexo oral, lamiendo su cabeza húmeda y babosa. Intentaba introducirlo todo, pero no podía. Lo succionaba y mordía su glande. Desesperado, empezó a moverse con fuerza en mi boca, haciendo que me atragantara. Gemía al sentir cómo apretaba su miembro con mi boca.

"Oh, qué rico lo haces, Mar, tu boca es deliciosa, sabes cómo hacerlo bien, me gusta cómo lo haces, me gusta cómo lo disfrutas."

"Mmm, qué delicia tienes, caliente y babosa, disfruta mi boca en tu miembro, glup, glup, qué rico miembro, no entra todo, me ahogas, mmm, no lo introduzcas por completo, ¡ahh! ¿Tu pareja no te practica sexo oral, no te lo hace?"

"Sí, pero no le gusta tanto, le da repugnancia, no lo disfruta como tú, ¡ahh!"

Le practiqué sexo oral durante cinco minutos, hasta que me puse de pie, lo besé. Me volteó dándole la espalda, me inclinó y mis nalgas estaban listas para recibir su miembro. Puso su erección en la entrada de mi vagina, empujó un poco y su cabeza húmeda entró, la sentí muy caliente. Fue entonces cuando reaccioné y le pedí que usara un preservativo.

"Por favor, ponte un preservativo."

"No tengo, me dijo molesto, pero no te preocupes, saldré antes de eyacular dentro de ti."

"¿Y si la excitación te vence y eyaculas? Estás muy excitado."

"Tranquila, mira cómo estoy"

"Sentí su miembro totalmente duro y caliente en mi vagina. Dudé, pero le dije: está bien, pero retírate antes de eyacular".

"Sí, así lo haré..."

"Entonces, introdúcemela ya, ponme tu miembro, quiero sentirlo adentro, todo adentro. Métela ya, ¡oh!, toda, ¡oh!, deliciosa."

"Te la meteré toda, hasta el fondo."

"Levantándome la falda y bajando mis bragas, acomodó su miembro en mi vagina y con un solo movimiento me lo introdujo por completo. ¡Sí, todo, deliciosa! ¡Oh, qué bien me penetraste, qué deliciosa estás, aah!, qué bien la tienes, mmm, dámela con fuerza, así."

"Tómala toda, siente mi miembro caliente, muévete deliciosamente, Mar, para que lo disfrutes por completo."

"Sí, te seguiré..."

Delicioso, disfruta de mis glúteos satisfactoriamente, entrégalo todo, con fuerza, introdúcelo completamente, de esa manera, así muévete, así introdúcelo, así, ay que delicioso siento tu miembro, tu pene, ¡qué deliciosa verga posees, aaahhh!

- Qué deliciosos glúteos tienes, qué placer al moverlos, aaahhh qué deliciosos glúteos.

Esta expresión lo excitó y aceleró sus movimientos. Apoyada en un archivero, resistía los embates de su miembro en mi vagina, me golpeaba fuerte y su respiración indicaba que pronto llegaría al clímax. Le rogué nuevamente que si estaba a punto de eyacular, por favor lo hiciera afuera, pero fue demasiado tarde, mientras le decía esto, me agarró del cabello y de las caderas para introducírmelo por completo y se vació por completo, eyaculó una gran cantidad de líquido caliente en mi interior, como si no hubiera tenido relaciones en mucho tiempo. Continuó bombeando con desesperación hasta dejar la última gota de su semen dentro de mí. Me abrazó y me besó en la mejilla desde atrás. Recuperó el aliento, se separó, se acomodó la ropa, me agradeció el momento, prometió ser discreto con lo sucedido y me pidió que no me preocupara. Mientras limpiaba el semen que escurría por mis piernas, manchando mis medias y bragas, le pedí que por favor no mencionara nada para no ponerme en compromiso.

Terminamos de acomodarnos la ropa y salimos del archivo, confirmando que no había nadie más en el área. Tomamos el ascensor y al llegar a la calle nos despedimos, cada uno siguiendo su camino. Todavía excitada, caminaba intentando calmarme, habría deseado pasar más tiempo con él en ese instante, pero no fue posible. Pasaron los días y curiosamente no tuve mucho contacto con él, sin embargo, todo volvió a la “normalidad”. Les adelanto que tuve otra experiencia muy emocionante con él, la cual compartiré más adelante.

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