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Ninfomanía (parte 2): Mi maestro y el trasero de David

Al día siguiente me presenté a mis clases de Historia muy temprano; David, el hijo de mi vecino y amigo desde hace mucho tiempo, también veía Historia conmigo ocasionalmente, unas dos veces por semana, ya que era un chico ocupado que dividía su tiempo entre diversas actividades. Ese día coincidimos en clases, y aprovechando la oportunidad, le conté sobre la interacción que había tenido con el profesor de Historia el día anterior; él quedó fascinado y propuse incluirlo en otra experiencia luego de clases. David mostró interés y preguntó dónde sería, a lo cual respondí que aún no tenía certeza, pero que lo decidiríamos juntos al finalizar la jornada.

Al finalizar la clase, tanto el profesor como David y yo nos quedamos en el salón para planificar nuestro encuentro íntimo (como pudieron notar, David no mostró objeciones). Estábamos acostumbrados a estas travesuras en la Universidad, con la suerte de no haber sido descubiertos hasta entonces.

Comenzamos a debatir sobre el lugar para nuestro acto sexual, pues nuestro límite de tiempo solía ser de unos 20 minutos. En un arrebato, David sugirió: "este salón está vacío al igual que los demás, y el pasillo suele estar desierto, ¿qué esperamos?".

Nuestro maestro señaló que era algo arriesgado, pero aprobó la idea. En cuanto el maestro dio luz verde, David se despojó de pantalón y calzoncillos, dejando su ropa en el suelo, se puso en cuclillas mostrándonos su prominente trasero y su anhelante ano. Me acerqué de inmediato, humedecí un dedo con saliva y lo introduje en su ano mientras besaba y mordía sus nalgas. Mientras tanto, el maestro cerró la puerta del salón y se unió a nosotros, se despojó de su vestimenta y se posicionó frente a David, arrodillado, llevando su pene a la boca de David para que lo estimulara. Aprovechando la situación, bajé mis prendas íntimas, empapé mi miembro con saliva y le anuncié a David: "amigo, voy a penetrarte"...

David continuó en su labor de estimular al maestro como un felino hambriento, mientras este último disfrutaba plenamente. David, sin soltar el miembro del maestro, recibió una contundente nalgada como señal de estar listo para la penetración. Comencé introduciendo mi glande lentamente, seguido por el tronco hasta completar la penetración. Inicié un ritmo intenso de vaivenes, atendiendo a sus gemidos de placer y dolor. La atmósfera se caldeaba, y en un momento el maestro emitió un delicioso gemido al eyacular copiosamente en la boca de David, quien no desperdició ni una gota, consumiendo todo el semen sin titubear.

Mientras tanto, seguía con la penetración y, al borde del clímax, le pregunté a David si podía eyacular dentro de él, a lo que respondió: "conóceme, quiero que me embaraces". Entre risas, finalicé la acción tras un intenso momento de placer, agarrándolo firmemente por las nalgas mientras liberaba mi semen en su interior, ambos sudorosos por la pasión desatada.

Tanto el maestro como yo disfrutamos de David, quien se mostraba feliz con el desenlace. Con el tiempo apremiando, nos arreglamos, limpiamos los restos de fluidos y abandonamos el salón. Antes de despedirnos, prometí a David una sesión de sexo oral, quizás en mi domicilio.

Próximo capítulo: el jardinero con la masculinidad reducida.

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