En este apartado, finalizaré este relato erótico. En las secciones previas he narrado cómo se desarrolló el encuentro íntimo entre Brenda, una joven de 19 años, y yo, un hombre de 56 años. Brenda, quien se desempeña como camarera en un café que suelo frecuentar y además estudia en la universidad a tiempo completo, tiene la creencia de que me dedico a la escritura. Le envié un relato erótico en el que expresaba de manera detallada mis deseos hacia una joven de la edad de Brenda, sugiriendo mis intenciones de forma explícita. En el segundo episodio, describo cómo nuestra interacción culminó en un intenso encuentro sexual donde Brenda experimentó diferentes orgasmos. En esta última entrega, desvelaré el desenlace de nuestra sesión en la cama.
Después de provocar múltiples orgasmos a Brenda, pude notar su relajación a través de su respiración agitada, lo que indicaba su plena satisfacción. A pesar de que la experiencia me llevó desde momentos de temblor inicial hasta sudoración entre las sábanas que nos cubrían, no culminé con otra eyaculación, ya que, a mi edad, requeriría más tiempo para lograrlo. Considero que este aspecto constituye una ventaja para una experiencia sexual gratificante con una mujer joven, quien posee la energía necesaria para alcanzar orgasmos múltiples. En cuanto al público femenino, la mayoría es capaz de experimentar orgasmos múltiples, solo necesitan un compañero con la habilidad de desencadenarlos. En mi caso, la clave radica en la paciencia y en la estimulación auditiva durante el acto sexual. Brenda, particularmente, disfrutaba escuchar mis deseos mientras nos entregábamos lentamente a la penetración. Este tipo de interacción, que combina la estimulación física con la excitación verbal, resulta altamente eficaz en la excitación de las mujeres.
En esta etapa final, mi objetivo es explorar y disfrutar de una relación íntima anal. Aunque el sexo anal no es apto para todos, aquellos dispuestos a experimentarlo deben contar con paciencia y suficiente lubricación. Además, la confianza mutua resulta fundamental, y su construcción se logra a través de la satisfacción de la pareja en los pasos iniciales. Aunque muchas mujeres pueden mostrar reticencia en un primer momento, una vez estimuladas sexualmente, su disposición puede cambiar. En el caso de Brenda, quien ya había experimentado múltiples orgasmos, seguí brindándole placer de manera gradual y respetuosa.
Después de tomar una breve ducha, Brenda envuelta en una toalla se acercó a mí, donde me encontraba sentado al borde de la cama. Comenzó a estimularme oralmente para lograr mi erección y luego se colocó sobre mis piernas, permitiendo la penetración nuevamente, esta vez con un nuevo preservativo. Mientras la complacía chupando sus senos, Brenda expresaba su deleite. Desnudos y sin inhibiciones, disfrutábamos de la humedad que nuestros cuerpos compartían, mientras acariciaba delicadamente su cuerpo. Luego de unos minutos en esta posición, le insinué al oído mi deseo de explorar su zona anal, a lo que ella, enseguida, se posicionó a cuatro patas y susurró: - Es
Todo tuyo.
Qué bonito es presenciar y escuchar a una chica que se ofrece de esa manera. Con esa actitud demostraba que confiaba en mí, confirmaba que estaba disfrutando lo que había vivido conmigo. Era encantador contemplar el paisaje de un trasero redondo y firme de una joven de 19 años. Podía apreciar esos dos orificios que formaban un agradable panorama desde mi posición y distinguir la sombra blanca en una piel de tono claro, proveniente de las bragas tipo bikini que Brenda suele usar regularmente. Comencé a besarla desde la última vértebra de su columna y adopté la postura para besar los pliegues de sus glúteos. Al principio se sorprendió por la sensación cosquilleante, pero pronto empezó a sentir placer sexual cuando llegué a besar la entrada de su ano. Observaba cómo se contraía su esfínter, en esa piel arrugada alrededor del ano, y sabía que mi lengua iba a disfrutar chupando esa zona, al igual que Brenda.
La tenía en posición de cuatro y veía cómo la piel de sus nalgas se erizaba al contacto con mi lengua. Gemía suavemente y le temblaron las piernas cuando de repente comencé a estimular su clítoris con un dedo. Al principio fue un roce delicado de mi dedo en su clítoris mientras le besaba las nalgas, luego hacía una pausa y continuaba besando sus glúteos, para regresar finalmente y acariciar su clítoris con un poco más de intensidad. Brenda solamente me dijo entre gemidos pausados: No sé si eres un diablo o un ángel en la cama, pero esto me está volviendo loca... Lo había imaginado en mis fantasías, pero esto... es tan placentero, me harás llegar al clímax. Seguí avanzando gradualmente y, cuando su pelvis empezó a moverse en busca de la estimulación de su clítoris con mis dedos, en ese momento mi lengua simplemente acariciaba su delicioso trasero mientras mis manos separaban sus nalgas. Muchas mujeres me han dicho que al sentir que les abro las nalgas con mis manos mientras mi lengua intenta penetrarlas por atrás experimentan una sensación indescriptible, y precisamente en ese instante Brenda comenzó a mover su pelvis como si estuviera siendo penetrada y, llevando su rostro a la cama, solamente alcanzó a susurrar: ¡Penétrame, me estás haciendo tener un orgasmo!
Por instinto, decidí penetrarla por la vagina y la mujer gimió intensamente cuando lo hice. Di embestidas fuertes y la cama parecía a punto de colapsar. Durante ese orgasmo, empecé a masajear con más fuerza su ano con mis dedos, hasta que el primer falange de mi pulgar entró en su recto. Era maravilloso escuchar cómo disfrutaba este orgasmo. Cuando se recuperó, me abrazó y pude ver lágrimas de placer en sus ojos. Me cogió la entrepierna, que comenzaba a perder firmeza, se agachó, retiró el preservativo y empezó a practicarme sexo oral con cierta desesperación. Volvió a excitarme con esa deliciosa felación y me dijo: ¿Quieres penetrarme por ahí, verdad?
Se puso nuevamente en posición de cuatro, ofreciéndome su trasero para recibir mi miembro. Lubriqué mi pene con saliva y comencé la penetración. Su ano apretado se resistía al ingreso, pero poco a poco, gracias a la dilatación causada por mis dedos, ese anillo empezó a ceder. Mi glande entró y, centímetro a centímetro, la mayor parte de mi pene se introdujo. Lo hacía sin preservativo y sentía cómo su recto se contraía alrededor de mí. Escuchaba los gemidos de Brenda y, de repente, sentí cómo me agarraba los testículos con fuerza, comprimiéndolos también. La sensación era tan placentera, tan deliciosa, que empecé un vaivén que duró solo unos minutos y luego sentí los espasmos en la parte baja de mi espalda, una corriente ascendiendo por mi cabeza y bajando por mis piernas. Mis testículos se contrajeron de nuevo y expulsaron mi segundo orgasmo. Retiré mi miembro y mi semen empezó a salir de su trasero, primero goteando y luego fluyendo como un arroyuelo sobre su entrepierna.
Nos dirigimos a bañarnos y Brenda descubrió un ligero sangrado en su trasero, a lo que le expliqué que era normal.
Nos secamos y nos tumbamos en su cama para tener una charla superficial. Pensé que la sesión había concluido, pero esta chica me sorprendió con una petición inesperada, quería experimentar algo que ansiaba. Deseaba que le practicara sexo oral, pero prefería estar encima de mi rostro. Adoptamos la posición para que pudiera apoyarse en el respaldo de la cama. Colocó su intimidad sobre mi rostro y comenzó moviéndose lentamente al principio, percibía cómo su vagina liberaba sus fluidos y en cuestión de minutos mi rostro estaba completamente empapado. Balanceaba sus caderas frotando su zona íntima sobre mi cara y especialmente en mi boca y nariz mientras yo acariciaba sus firmes glúteos, así experimentó un intenso orgasmo en pocos minutos. El aroma de su intimidad era exquisito, los jugos tenían un sabor delicioso y ella me besó el rostro degustando sus propios fluidos. Me tenía sumamente excitado y luego pasó a estimular mi pene hasta provocar mi tercera eyaculación.
Eran las nueve de la noche y fue un encuentro muy placentero. Si me preguntan sobre los aperitivos que me ofreció... pueden imaginarlo. El mejor manjar que un hombre como yo podría desear es disfrutar plenamente de la compañía y el deleite de una hermosa mujer, brindándole el mayor placer posible en el proceso.
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