De joven en el tren Estrella nocturno mucho viajé,
con sus compartimentos cerrados y su pasillo lateral, la emoción contenía en mí.
Lástima que esa forma de viajar e ilusionar ya no esté presente,
con el avión y el AVE pocas experiencias amorosas podrás experimentar.
En uno de esos viajes una dama de mediana edad se ubicó enfrente de mí,
en el compartimento éramos varios pasajeros y entablamos una charla agradable.
La mujer era muy refinada y culta, y con su elocuencia me cautivó,
hablaba de diversos temas y capturó mi atención e interés.
La dama llevaba botas de tacón, falda larga plisada, blusa y abrigo de piel,
el cabello recogido en un moño, gafas y en su angelical rostro un leve maquillaje en tonos claros.
Conforme avanzaba la noche los pasajeros iban descendiendo,
ya en la madrugada, en aquel compartimento, solo quedábamos los dos y nos acomodábamos.
Me mencionó que su esposo, puntual, la esperaba en el andén,
era un hombre amable y educado. A todo asentía con agrado.
Tampoco escatimó elogios hacia mí, por ser amigable y cortés,
yo correspondí a los halagos. El coqueteo estaba en marcha. Lo tenía planeado.
Aprovechando que yo era un viajero de paso al cual nunca más cruzaría,
se animó a hacer algo que en su entorno laboral y social evitaría.