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Aventura inolvidable con mi exdocente de lengua española


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La fascinante historia tuvo lugar en una jornada ardiente del mes de agosto que finalizó de forma inesperada por diversos motivos. Cualquier día es propicio para el placer y así fue como terminó sucediendo entre mi compañera, una profesora de español, y yo, un recién ingresado profesor en el sistema educativo.

Tras graduarme como docente de educación física, una de mis mayores preocupaciones era la posibilidad de tener que compartir vivienda con otros colegas al momento de ser asignado a una escuela. La suerte quiso que me designaran en el mismo colegio al que asistí durante mi secundaria. A primera vista parecía una situación ideal, y si considerábamos que compartiría vivienda con dos profesoras que me ayudarían en mi adaptación durante uno o dos años, todo parecía perfecto y más sencillo.

No obstante, las cosas tomaron un giro inesperado cuando supe que las profesoras con las que compartiría vivienda serían mi antigua profesora de Ciencias Naturales y mi exdocente de lengua española de la secundaria. Aunque para algunos esto podría parecer una situación envidiable, para mí significaba algo diferente. Durante mi adolescencia había sentido una atracción hacia ellas, sobre todo hacia la profesora de español, pero esas sensaciones habían quedado en el pasado. Acostumbrado a vivir solo y a disfrutar de cierta libertad, sabía que tendría que adaptarme a las normas, especialmente porque la profesora Kenia (la de Ciencias) era conocida por su rigurosidad. Por otro lado, la profesora Delys era amable en el trato (y deseaba descubrir si también lo era en la intimidad). Este pensamiento lo mantuve bajo control durante gran parte del año.

La profesora Kenia era delgada, y su cintura era elogiada a menudo por su parecido, en forma, a la de una muñeca Barbie, sin exagerar, ya que también contaba con un generoso trasero.

En contraste, la profesora Delys era una mujer de presencia imponente y medidas espectaculares en cada uno de sus atributos. Cada vez que la veía, despertaba mi interés sexual, y sumado a su trato amable, me hacía desearla en las noches y fantasear con hacer realidad esos deseos algún día, lo cual parecía estar más cerca de lo que pensaba. Era solo cuestión de tiempo antes de caer en la tentación y entregarnos a nuestras pasiones como dos fieras en celo.

Los fines de semana, ambas profesoras partían hacia sus hogares lejanos para visitar a sus familiares. Aún no había logrado deshacerme por completo de mis antiguas costumbres y aún conservaba algunos hábitos. Eran precisamente en esos días cuando aprovechaba para ver material erótico y disfrutar de la libertad. En una ocasión, regresaron antes de lo esperado, casi me sorprenden en plena acción. Por suerte, pude "terminar" antes de su llegada y argumenté que estaba tomando una ducha.

A pesar de mis esfuerzos por controlarme a lo largo del año, las fantasías y el material erótico ya no eran suficientes para saciar mi deseo, por lo que...

Para finales de agosto, cuando casi finalizaba el segundo trimestre del año escolar, se lleva a cabo una ceremonia en honor a los estudiantes, a la que suelen asistir algunos profesores. En un viernes caluroso que terminó en una fuerte lluvia, decidimos salir de la escuela para acompañar al alumnado a la iglesia. Durante el trayecto, la profesora Kenia mencionó que se quedaría en la misa con los estudiantes y luego partiría hacia su hogar. En cambio, la profesora Delys dijo que no se sentía bien y que no asistiría a la misa, por lo que tampoco deberíamos esperarla después del evento.

decidió desplazarse ese fin de semana para ver a sus familiares.

Dirigiéndose hacia la casa que se ubicaba a poca distancia de la iglesia, la profesora Kenia continuó su camino con los alumnos hacia el interior del templo. En ese momento, yo aproveché la ocasión para esfumarme entre la multitud de estudiantes y me escondí detrás de unos arbustos, luego cuando todos ya habían entrado, me dirigí rápidamente hacia la casa.

Al llegar furtivamente, ingresé y al estar dentro, percibí un profundo silencio, lo que me llevó a concluir que no se encontraba en pleno baño. Acto seguido, me dirigí a la cocina donde se encontraba el botiquín de medicinas. Al pasar por delante de su habitación, noté que la puerta estaba entreabierta y con cuidado la abrí lo suficiente para poder observar a través de la rendija.

En ese instante, pude presenciar cómo la profesora Delys se estaba desvistiendo, seguramente se disponía a tomar un baño. La observé por unos instantes y noté que no llevaba puesta ropa interior sino un diminuto hilo dental de tul color rosado. Sin duda, aquello avivó mi deseo que había estado esperando paciente todo este tiempo, ya que no había dejado de pensar en aquel trasero, mismo que la eucaristía me había puesto al alcance. Me despojé de la ropa y empecé a acariciar mi miembro mientras la miraba a través de la abertura. Después de un momento, vi que se disponía a salir de la habitación rumbo al baño, así que me retiré. Todo esto mientras ella creía que yo me encontraba en la iglesia, pensando que en la casa no había absolutamente nadie más aparte de ella.

Fue entonces cuando se me ocurrió la brillante idea de dirigirme a mi habitación, allí guardaba un pasamontañas negro que había usado en una fiesta de Halloween. Decidí fingir ser un intruso escondiéndome en el baño. Así que, en el momento en que ella corrió la cortina, me encontraba completamente desnudo y excitado, al ver a un hombre desnudo con pasamontañas, se alarmó y en su sorpresa se le cayó la toalla, olvidándola, corrió hacia la puerta y se dirigió a la cocina. Aquella escena me recordó las películas de terror donde la víctima huye por su vida mientras el asesino se acerca lentamente y, al final, acaba con ella. Al llegar a la cocina, ella tomó un cuchillo, pero antes de que intentara algo, se lo arrebaté, luego me acerqué a ella y deslicé mi mano por su espalda hasta llegar a sus nalgas. Entonces, comenzó a gemir y me dijo:

—¿Qué deseas de mí? Toma las joyas, hay dinero en la habitación de...

—Me temo que el dinero no podrá satisfacer mi deseo— le respondí.

—Por favor, no me lastimes —suplicó ella—. Dejé escapar una risita y la rodeé acercando mis labios a su oído, susurrándole:

—Soy yo, profesora Delys... finalmente podemos hacer realidad nuestros deseos.

—Oh, esto no está bien, esto no es...

La tensión se disipó, su cuerpo se relajó mientras empecé a besar su cuello, deslizando mis labios hacia abajo por su espalda hasta situar mi rostro justo a la altura de su trasero.

Se giró y agarró mi miembro, llevándome a la sala. Allí continué besando apasionadamente su piel blanca, adornada con algunos lunares que me excitaban aún más, en un momento tan glorioso. Cuántos jóvenes no habrán soñado con tener relaciones con su profesora de secundaria y vivir esta experiencia siendo ya adultos.

Ella gemía mientras disfrutaba de mis besos recorriendo su piel, hasta que llegó el momento de preparar la entrada al éxtasis. Se inclinó sobre el sofá, abrió sus nalgas para dar paso a mi lengua. Comencé a besar su trasero y a introducir mi lengua en su cavidad, repitiendo el proceso durante varios minutos, cuando estuve listo para introducir mi miembro, ella no estaba muy convencida, por lo que me contó que hacía unos días le habían regalado un lubricante anal de leche. Me explicó que estaba en la habitación y fui a buscarlo enseguida. Puse la boquilla del lubricante en su recto.

para llenarlo, pero pronto su trasero empezó a expulsar. En realidad, era un lubricante muy similar al semen elaborado con leche de coco y agua. Volví a introducir la boquilla en su trasero, esta vez impidiendo que expulsara, y en su lugar introduje mi pene. Ella apretó su trasero mientras yo disfrutaba sintiendo su interior húmedo y esa sustancia blanca que lo hacía todo más placentero.

Estaba demasiado excitado para pensar con claridad, la sangre me había abandonado la cabeza pero mi mente solo pensaba en eyacular en el trasero de la profesora Delys.

Ella me pidió que me pusiera el pasamontañas, ya que eso la estimulaba más y la ponía más húmeda. Aumenté el ritmo y mi pene empezó a golpear con fuerza su trasero.

—Oh, sí Miggy (era su cariñoso apelativo para mí) dame más fuerte... —gemía ella— Pronto te haré acabar... te vas a correr dentro de mí —añadió.

Ella no sabía que había tomado una pastilla de viagra antes de llegar a su casa, por lo que al decírselo, se sorprendió. Me rogó que fuera gentil con su trasero. Al escuchar eso, aumenté el ritmo nuevamente, estábamos así durante varios minutos alternando entre una penetración intensa y un ritmo más pausado.

Finalmente, saqué mi pene y su trasero volvió a expulsar líquido, así que volví a introducir la boquilla para llenarlo con esa leche de coco. Sin darle respiro, volví a introducir mi pene, sabiendo que pronto llegaría el clímax en el que todo parecía cobrar vida.

Intuyendo lo que se acercaba, después de acomodar su trasero en el brazo del sofá, ella me dijo:

—Quiero que me des con todas tus fuerzas... nunca olvidarás este momento, te voy a vaciar como nunca te han vaciado... ohh

¡Oh, eres todo un... ¿Cuántas veces has hecho esto?... ohhh sí.

Mientras seguía penetrando ese trasero al que tanto adoraba, cada vez más estrecho y húmedo, aumenté el ritmo. Mis testículos rebotaban con cada embestida. Sentía como un guerrero de la antigua Grecia que, tras una ardua batalla, acariciaba la gloria de la victoria. Me sumergí en la epopeya de la eyaculación, en el éxtasis del momento culminante. Inmersos en la pasión, perdimos la noción del tiempo, sin pensar en nada más que seguir disfrutando. Finalmente, uno, dos, tres y finalmente, el cuarto chorro de líquido caliente salió. Todos dentro de su trasero. Caí rendido en el sofá como el último guerrero en pie, mientras la profesora Delys sonreía y su trasero seguía expulsando leche. Débil, vitoreaba mi victoria en el sofá. En ese instante apareció la profesora Kenia, un último chorro salpicó uno de sus zapatos. Me levanté como pude y corrí hacia la puerta trasera, pero estaba cerrada. Atrapado, no tuve más remedio que quitarme el pasamontañas y revelar mi rostro.

Entendí entonces que todo era una trampa. A partir de ese momento, tendría que hacer todo lo que ellas quisieran o, de lo contrario, presentarían una denuncia por conducta inapropiada al ministerio de educación como miembros del comité de disciplina.

Con el tiempo, descubrí que la profesora Kenia guardaba un consolador realista con líquido para simular eyaculación en su habitación. Bajo su apariencia estricta, ocultaba una adicción de su trasero al consolador. Eventualmente, me tocó reemplazar ese consolador por uno real...

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