Hola, voy a compartir una de mis fantasías cumplidas.
En el pasado, cuando estaba a punto de casarme, tuve un viaje de negocios a Salina Cruz, Oaxaca. Mi plan original era viajar a Huatulco, específicamente a Zipolite, la playa nudista, tan solo un día después de mi trabajo en Salina Cruz. Esta era una fantasía personal, visitar una playa como esa.
Partí hacia allá el jueves, llegando ya de noche para hospedarme en un hotel cercano. Era una cabaña bastante expuesta, algo que no me incomodaba en lo absoluto.
Al día siguiente, me dirigí a la playa para explorarla y ver qué tal era. No es de sorprender que hubiera mucha gente desnuda de todas las edades. Cumpliendo mi fantasía, me despojé de mi ropa y la guardé en una bolsa de mano, luego caminé por la playa con solo un sombrero, gafas de sol y sandalias. Mucha gente me saludaba y observaba con admiración, pero siempre con respeto. Mientras contemplaba el paisaje, llegué a una zona rocosa donde un grupo de nigerianos celebraba. Algunos de ellos eran corredores, de edades avanzadas para mí y destacaban por su envergadura, especialmente en ciertas partes, jaja. Decidí descansar sobre la arena, tomando el sol boca arriba con las piernas dobladas y abiertas, disfrutando de ser observada. Al notar que estaba sola, se acercaron a hablarme en un español algo limitado pero comprensible. Me invitaron a tomar unas cervezas y así terminé compartiendo con 3 chicas y 6 hombres.
Pasé un rato agradable con ellos y luego regresé al hotel. Después de comer y descansar un poco, acordé encontrarme con ellos en la playa para una reunión nocturna alrededor de las 6 de la tarde, cuando la oscuridad comenzaba a caer. De nuevo en la playa, me reuní con ellos; ahora dos de los hombres que estaban solos (las 3 chicas eran parejas de otros integrantes). Sobraban 3 hombres solteros para mí, jaja. Dos de ellos empezaron a coquetear conmigo y así me encontré caminando desnuda por la playa hacia el punto de encuentro donde los conocí.
Empezamos a bailar, enseñándome algunas danzas africanas que desconocía, pero la idea era divertirse. Después de varias cervezas, los bailes se volvieron más sensuales, llegando al punto de bailar rodeada por dos hombres, como en un sándwich, sintiendo sus cuerpos rozar el mío. Una de las parejas desapareció en dirección a las rocas y me di cuenta de sus intenciones. Con el calor de la noche, las cervezas y los sensuales bailes, decidí separarme de ellos y caminar hacia las rocas.
Ellos me siguieron sin saber a dónde iba. Uno de los hombres me alcanzó y pareció preocuparse por si le molestaba. Le aseguré que no y les indiqué que me siguieran. Al llegar a un lugar más apartado, parecían confundidos, así que les pregunté si aquello no era lo que deseaban, estar a solas conmigo. Tomé sus manos y las llevé hacia mis pechos, permitiendo que cada uno me los chupara y mordiera mientras los acariciaba. Una mano se aventuró hacia mi entrepierna, masajeándome y luego introduciendo un dedo, mientras otra mano exploraba mis nalgas. Aquello se convirtió en un toqueteo intenso, uno de ellos me hizo arrodillar y colocó su miembro frente a mí, listo y firme. Lo tomé con fuerza y comencé a satisfacerlo oralmente, alternando con el otro. Cuando me enfrenté al segundo, quedé sorprendida por sus dimensiones, era tan grueso como mi antebrazo y más largo, algo que apenas cabía en mi boca. Continué realizando sexo oral alternando entre los dos.
Después de esta experiencia, me levanté y el más "pequeño" de los dos me tomó primero. La sensación de tenerlo dentro de mí fue incr
llegó su oportunidad, apenas había avanzado un poco más de la mitad y ya lo sentía en lo más profundo de su ser, lo introducía gradualmente, allí me hallaba, sentada sobre las piedras con las piernas abiertas y un miembro del tamaño de mi antebrazo, desconozco cómo lo logró, pero lo introdujo por completo, experimentando un placer inmenso que me llevó al clímax rápidamente, mientras ellos aún no lo lograban.
De repente, la pareja que se había extraviado pasó frente a nosotros, el chico se acercó y, de repente, comenzó a copular conmigo delante de su esposa, quien solo observaba cómo su esposo me poseía. Tras 5 minutos, él llegó al clímax y se marchó con su esposa. Me adentré en el mar para limpiarme y continuar la fiesta, ya extasiada y anhelando ser tomada por ambos al mismo tiempo. Así que, elegí al que poseía el falo más grande, lo tumbé en la arena y me monté sobre él, mientras pedía al otro que me penetrara suavemente por detrás. Poco a poco, él lo hizo y allí me encontraba, siendo tomada por dos individuos simultáneamente.
Justo en ese instante, apareció el tercero; aquel que no tenía compañía. Aunque, luego de la copulación que me brindó el hombre pasajero con su esposa, ¿qué más daba si él tenía pareja? Me agarró de la cabeza y me introdujo su miembro en la boca. Los tres me poseían por los tres lados: la vagina, el trasero y la boca, proporcionándome un placer indescriptible. El individuo cuyo miembro entraba en mi boca no se diferenciaba de los demás, probablemente superaba los 20 centímetros. Desconozco qué poseen los varones de piel oscura, con todo respeto, que los dota de atributos enormes entre las piernas, turnándose para copular conmigo.
Los tres me poseían simultáneamente, yo simplemente gemía de placer, alcanzando el éxtasis una y otra vez. No sé cuántas veces lo logré en la playa; nos dirigimos hacia el mar, uno de ellos me cargó y me penetró por delante, de alguna manera, otro me tomó por detrás, mientras el tercero observaba. Nos retiramos debido a la incomodidad, me pusieron de rodillas sobre la arena y se turnaron para copular conmigo. Allí me hallaba con el rostro en la arena y las nalgas alzadas, uno tras otro, más de 2 horas transcurrieron antes de regresar a la fiesta. Cuatro de los seis presentes habían copulado conmigo, mi vagina ardía ligeramente, ya sea por la arena o por el encuentro con los cuatro, todo en medio del calor del momento.
Más tarde, uno de los casados comenzó a tocarme discretamente, sin saber si era con el consentimiento de su esposa. Hasta que ella se acercó y me dijo: "mi esposo desea poseerte, llévalo detrás de las rocas". Ligeramente ebrio, consiguió penetrarme, convirtiéndose así en el quinto de los seis presentes. Avanzada la madrugada, cada uno regresó a su hotel, y yo a mi cabaña, la cual constaba únicamente de una cama y un baño exterior construido íntegramente con bambú. En el baño, si alguien asomaba la cabeza, podía visualizarte a través de las barras. La cabaña presentaba solo una puerta y una ventana cubierta por mosquiteros, además de una cortina que ondeaba con el viento, fue placentero dormir así, totalmente desnuda, con las cortinas abiertas.
El sábado transcurrió de manera diferente, recorrí toda la playa desnuda con mi bolsa conteniendo mi ropa, lentes y sombrero. Al llegar a una zona donde unos señores pescaban con redes, percibí que estaba fuera de la zona nudista. Todos voltearon a mirarme, generando en mí cierta inquietud, al ser distinto al ambiente de la zona nudista, aunque jamás faltaron al respeto. Retorné mi camino, recorrí y recorrí, fue como un "buffet" jajaja. Llegué a un sitio donde se encontraban numerosos señores y señoras de edad avanzada, más de 50 años sin problema, entre ellos un grupo de estadounidenses. Caminé desnuda para experimentar la libertad de prescindir de posesiones materiales, una sensación liberadora. Regresé a la cabaña, comí algo y descansé un rato desnuda, con la puerta y ventana abiertas, como es costumbre. Por la tarde, salí nuevamente a pasear, observando grupos con fogatas, bebidas, etc.
Los más distantes se besaban, entre las rocas o los árboles se escuchaban gemidos, personas copulando; fue tentador. De pronto, se acercó un hombre de unos 55 años, de aspecto atractivo, mientras que yo tenía 29. Acompañado por otros caballeros, me preguntó si estaba sola, meInvitó a acompañarlos, había 4 personas más. Estuvimos conversando y luego se unieron 2 chicas de alrededor de 25 años, que parecían ser acompañantes. Eran hombres de negocios y, sin más preámbulos, tres de ellos empezaron a tener relaciones con las dos chicas. Me excitó presenciar la escena, mientras seguía hablando con las otras dos personas, sin querer ser yo la que iniciara el coqueteo.
Finalmente, uno de ellos se acercó directamente a mí y me preguntó si quería unirme. Por supuesto, acepté. Comenzaron las caricias, las caricias, uno de ellos se inclinó para lamer mis nalgas y mi trasero, mientras que yo me agachaba para satisfacer a otro. Continuamos teniendo relaciones durante aproximadamente media hora, hasta que me propusieron cambiar de pareja, a lo que accedí.
Así estuvimos intercambiando parejas, alternando entre los participantes y las chicas. Cerca de las 10 de la noche me despedí, totalmente satisfecha. La noche anterior habían sido 5 personas y esa noche se sumaron otras 5.
Ya en la cabaña, mientras me duchaba, compartí la experiencia a través de una videollamada con mi pareja, quien se excitó mucho y empezó a masturbarse, al igual que yo. Cuando me disponía a dormir, escuché voces afuera: mis amigos nigerianos me estaban buscando para ir a una fiesta en la playa.
Nos dirigimos a la playa, cada uno con tres parejas, y la perversión comenzó en las rocas. Los hombres se turnaban para estar conmigo, mientras sus esposas observaban y se estimulaban mutuamente. Fue una noche de intensas sensaciones, con los seis participantes alternando para complacerme, hasta altas horas de la madrugada.
Paramos un momento para tomar un respiro y luego retomamos las relaciones, que no cesaron hasta las 6 de la mañana. Me llevaron de vuelta al hotel, exhausta y cubierta de fluidos, sin poder recordar cuántas veces habíamos estado juntos por la intensidad del momento.
Al día siguiente, domingo, dejé el hotel y regresé a mi ciudad con una mezcla de placer y dolor en mi cuerpo: mis piernas adoloridas por la intensa actividad, mi vagina trabajada y sobre todo, mi culito lindo y rosado, que había sido el centro de atención y me provocaba placer y dolor por la intensidad de la experiencia.
En resumen, aquel viaje a la playa nudista resultó muy, muy revelador. No imaginé que pudiera entregarme de tal manera; 11 personas en dos días despertaron en mí una faceta ninfómana que disfruta del placer en todas sus formas. Desde entonces, he vivido numerosas experiencias de gang bangs, orgías y variedad de situaciones sexuales, que han enriquecido mi vida erótica y me han permitido explorar mis límites y deseos más profundos.