Simplemente me provocó.
En algunas ocasiones, las mujeres sentimos la necesidad de experimentar un orgasmo y recibir el calor de un hombre, y ese día era uno de esos momentos.
La noche había sido breve. Había tenido relaciones con mi pareja, aún percibía su líquido saliendo de mí y la urgencia persistía.
Consideré la posibilidad de la masturbación o de una ducha fría, pero solo logré excitarme más.
Me tendí en la cama, abrí mi bata; mis dedos se deslizaron entre mi ropa interior y mi piel y comencé a acariciar mi clítoris. Una sensación placentera invadió mi ser; las caricias eran suaves, extendiendo el placer. Mis dedos estaban impregnados de mis fluidos y los suyos, el aroma a sexo llenaba mi nariz excitándome aún más. Imaginaba distintas situaciones para alcanzar el clímax; cuando tocaron a la puerta y me sacaron de mi éxtasis.
De la misma forma en que me encontraba, en bata y ropa interior, fui a abrir la puerta, dispuesta a despachar rápidamente a quien fuera para continuar con lo que estaba haciendo.
Al abrir, me topé con mi vecino, un individuo que desnudaba a las mujeres con la mirada; corpulento, descuidado, que me hacía sentir incómoda al encontrármelo.
Me preguntó si tenía electricidad porque parecía haber un corte general. Sus orificios nasales se dilataron, como sintiendo el aroma de una mujer excitada. Me cuestionó si necesitaba algo, yo intentaba cubrirme; sin embargo, mi bata semitransparente y mis pezones erectos eran evidentes.
Se acercó a mí, me rodeó con sus brazos y me atrajo hacia él; su fragancia era penetrante. Comenzó a besarme el cuello, provocando que gemitara de placer. Abrió mi bata dejando mi cuerpo a su merced. Así, de pie, succionaba uno de mis pezones, mientras pellizcaba el otro; yo gemía y jadeaba; me incomodaba la manera en que me miraba; sin embargo, lo que me hacía y mi propia excitación, lograban humedecerme aún más. Introdujo su mano libre en mi ropa interior, sus dedos ásperos rozaron mi clítoris; yo solo gemía aumentando su excitación.
Me arrancó la ropa interior y la olió; ese gesto y verlo olfatear mi prenda me excitó más.
- Mmmm, huele a que te han poseído; ¿y no te han satisfecho? Ahora mismo te colmaré yo.- me dijo guardando mi ropa en su bolsillo.
Me arrojó sobre el sofá y me contempló desnuda mientras se desabrochaba el pantalón. Sacó un miembro grueso, largo, velludo que ya segregaba líquido por la excitación. Esparció el líquido sobre el glande, que ahora brillaba, la cabeza era del tamaño de una ciruela. Lo acercó a mi boca, olía a orina y semen seco.
- Abre bien para prepararlo.- me indicó mientras lo introducía.
La cabeza apenas cabía; al entrar, un pequeño chorro de líquido salió; tenía un sabor intenso, nada parecido al de mi marido. Al estar dentro, comenzó a penetrar mi boca; su falo llegaba hasta lo más profundo y aún faltaba espacio. Permaneció así unos minutos y luego empujó por completo dentro de mi boca, nunca antes había tenido algo tan profundo; me provocó arcadas, intenté liberarme y él sujetó mi cabeza impidiendo cualquier movimiento.
- Tu marido no te había penetrado así o no llega tan adentro. Qué agradable es desflorar una garganta. Shhh, quédate quieta por un momento.- manifestó mientras disfrutaba de su miembro en mi garganta; sentí otro pequeño chorro de líquido tibio deslizarse directamente a mi garganta.
Salió bruscamente, tomé una bocanada de aire; él disfrutaba al verme.
- Me habría gustado estimularte tu intimidad; pero aún expulsas semen de tu marido.- mencionó y se posicionó en mi entrada.
A pesar de lo húmeda y dilatada que estaba, mi vagina tardó en adaptarse a su miembro. Lo introducía lentamente, disfrutando de mi calor. Mi cuerpo temblaba de placer con esa invasión, distinta a la habitual. Ese falo ocupaba todo mi espacio a lo largo y ancho.
- Estás muy estrecha, no resistiré mucho.-
me expresaba disfrutando de la pulsación interna.
Sus vellos acariciaban directamente mi clítoris; mi esposo estaba afeitado y esto me generaba otras sensaciones. Experimenté un orgasmo; la excitación que mantenía contenida y la situación que estaba experimentando lo hicieron más prolongado y profundo. Al notar que estaba teniendo un orgasmo, él se introdujo lentamente hasta el fondo de mí, permaneció inmóvil, empezó a acariciar mi pecho como un bebé y a acariciar la entrada de mi glúteo; también sentía cómo su miembro palpitaba dentro de mí como si fuera a eyacular.
Todas esas sensaciones provocaron que llegara nuevamente al clímax. Él se sentía complacido al verme disfrutar. Mi vagina seguía emanando fluidos, recorriendo hasta mi glúteo; él tomó un poco de líquido y suavemente introdujo su dedo en mi glúteo; estaba utilizando mi humedad para penetrar mi glúteo. Al sentir invadido mi otro orificio, un gemido de placer largo escapó de mis labios; un nuevo orgasmo llegó a mí; pero esta vez con contracciones en mi vagina.
- ¡Así es! Hazme llegar sin que me mueva; estimúlame con tu agujero... estoy llegando.- dijo mientras aumentaba el ritmo.
- Detente... No termines adentro... No puedo controlarme... Detente.- le rogué mientras sentía cómo el miembro crecía y se ensanchaba dentro de mí.
- ¿Y perderme de esta delicia que hacía tanto no experimentaba? Mejor prepárate porque hace mucho que no termino y tengo mucha semilla guardada... mmm... aquí tienes... ahh.- mencionó y eyaculó dentro de mí.
Mantuvo su miembro adentro, bombeó unas cuantas veces más para vaciarse por completo; yo temblaba cuando se retiró; sentí un vacío en el lugar donde había estado; un chorro de leche brotó de mí.
- Límpiame bien...- me indicó mientras acercaba su miembro a mi boca; aún goteaba leche.
Lo introduje en mi boca sin usar las manos, la combinación de fluidos y mi excitación y el aroma a sexo eran embriagadores.
- Ya habrá ocasión para disfrutar de ese glúteo; se siente estrecho y delicioso.- dijo y se marchó.
Me incorporé lentamente; me sentí sucia; pero satisfecha. Probé un poco de lo que salía de mí y lo llevé a mis labios; tenía un sabor muy particular.
Tal vez sí acepte que me penetre en el glúteo...