Hola a todos, mi nombre es Mony y voy a compartir otra experiencia de infidelidad.
Después del agradable encuentro con Luis, ahora todo era distinto. A pesar de que recibía mensajes por Facebook y Telegram de varias personas, no quería comprometerme con nadie más, ya que pensaba que no encontraría a alguien como Luis.
Estábamos a finales del 2019 y pensé que volvería a ser la esposa fiel y pasiva de siempre, hasta que recibí un mensaje de él.
Se llamaba Fernando, un antiguo colega de trabajo. En el año 2013, empecé a trabajar como cajera en una farmacia y él era repartidor. Desde el principio, intentó coquetear conmigo, pero yo mantuve mis límites y solo le ofrecí mi amistad, ya que en aquel entonces no se me pasaba por la mente ser infiel.
F: Hola Mony, hace mucho que no sé de ti, ¿cómo has estado?
M: ¡Hola, amigo! Bien, qué alegría que me escribas.
F: Me mudaré a Chiapas y quería invitarte a mi fiesta de despedida.
M: ¿Y cuándo es?
F: Mañana, en la chilanga.
No vi problema en ello, se lo comenté a mi esposo y a él no le pareció mal, así que acepté ir. Además, me caían bien algunos chicos que conocía y pensé que sería una velada divertida y amistosa.
No me arreglé especialmente, me puse unos pantalones ajustados color café claro, mis botas y una blusa negra. Mi marido me llevó al lugar y se marchó. Al entrar, ahí estaba Fernando y otros amigos. Nos saludamos y empezó el ambiente festivo.
Fernando no se separaba de mí, me contaba todo tipo de cosas, sus experiencias en el amor y sus nuevas metas. La verdad es que me tenía entretenida y comencé a verlo con otros ojos.
Bailamos, y al final de cada canción, me abrazaba. Estábamos disfrutando de la velada y yo notaba su mirada lujuriosa, lo cual no me incomodaba, al contrario, me incitaba a ser más juguetona y provocativa.
Finalmente llegó el momento de despedirnos. Se ofreció a llevarme a casa, acepté y subí a su motocicleta. Sin embargo, a mitad de camino se detuvo para fumar. No me molestó, e incluso fumé con él.
F: Sabes, eres una chica muy especial para mí, es una pena que sea la última vez que te vea.
M: Tú también eres un buen amigo, pero seguiremos en contacto.
F: Mónica, necesito confesarte algo y pedirte una cosa. Sé que esto puede arruinarlo todo, pero no aguanto más, te deseo y quiero hacer el amor contigo.
M: ¡Vaya, has sido directo! Amigo, sabes que te aprecio, pero no estoy segura. No quiero echarlo todo a perder.
F: Por favor, te deseo tanto y no quiero irme sin haber compartido este momento contigo.
Sus ruegos me convencieron y accedí a ir con él. Además, había pasado una noche muy agradable y pensé que no estaría mal culminarla con un encuentro íntimo.
Nos registramos en un hotel cerca de Santa Ana. En la habitación, Fernando se lanzó hacia mí con ansias, sus manos recorrían todo mi cuerpo. Yo traté de calmarlo, besándolo y quitándole la ropa con suavidad.
Lo desnudé por completo. Aunque Fernando tenía un cuerpo musculoso, no era especialmente dotado, medía unos 14 cm. Sin embargo, eso no me detuvo y comencé a recorrer su cuerpo con besos, desde sus piernas hasta su abdomen, mordí sus pezones y él se estremecía de placer. Finalmente, me incliné para darle placer oral.
F: Mony, no esperaba que hicieras esto, ¡uff!
M: Quiero que esta noche nunca la olvides.
Le di sexo oral, exploré cada rincón de su intimidad, succionando sus fluidos mientras él se retorcía de placer y apretaba mi cabeza hasta que ya no pudo contenerse y alcanzó el clímax.