Hola, en primer lugar, debo mencionar que he seleccionado esta categorÃa con la esperanza de prolongarla por varios capÃtulos. Estoy explorando nuevas ideas y estilos de escritura, asà que cualquier sugerencia que deseen compartir será bien recibida en mi correo. Sin más preámbulos, ¡espero que disfruten!
Toc toc toc
Otra vez era Rubén llamando a la puerta vecina.
–Amigo, eres bastante insistente.
–No soy insistente, solo intento concentrarme en casa, pero las vecinas no paran de hacer ruido. Solo pido que bajen un poco el volumen de la tele.
–Crees que no la hemos bajado.
–Déjame en paz, por favor. – Una mano impidió que la puerta se cerrara. – ¿Qué se supone que estás haciendo?
–No quiero tener que volver.
–Recuerda que antes que tus vecinas, somos tus caseras. Si no quieres terminar en la calle en menos de una hora, te aconsejo que no vuelvas a molestar.
La puerta se cerró dejando a Rubén maldiciendo frente a ella. Aquel dÃa maldijo su decisión de mudarse del centro a un barrio más tranquilo para huir del bullicio citadino, sin imaginar que sus arrendadoras vivirÃan frente a él y no precisamente en silencio.
Rubén se dio la vuelta, entró a su casa y cerró la puerta con fuerza, incapaz de soportar el ruido, especialmente porque él era una persona serena y reservada. Llevaba diez años viviendo fuera del hogar, acostumbrado a su estilo de vida, hasta que una crisis lo dejó desempleado. Decidió mudarse y empezar de nuevo, saliendo de su zona de confort.
FÃsicamente era una persona común: 1,80 m, cabello corto y oscuro, ojos marrones. Iba al gimnasio no para lucir musculoso, sino para mantenerse en forma, por eso tenÃa músculos pero no muy marcados.
Antes veÃa su casa solo como un lugar para dormir, pero desde que perdió su empleo pasaba más tiempo del deseado entre esas paredes.
Se tumbó en el sofá a ver una serie en Netflix, escuchando claramente lo que veÃan sus vecinas: dos gemelas insoportables de 27 años, con dinero de papá y actitud prepotente. Siempre juntas, decidieron montar su negocio en el barrio, financiado por su padre, una tienda de zapatos. Compraron dos pisos, uno frente al otro, y luego alquilaron uno para ganar dinero extra.
Toc toc toc
¿Quién será ahora? Pensó Rubén mientras se acercaba a la puerta. Al abrirla, vio a una chica frente a él. Más baja, cabello liso y oscuro hasta los hombros, ojos color café, labios finos y nariz respingona. VestÃa una camiseta ajustada y parecÃa ir sin sujetador, según se podÃa deducir por la marca de sus pezones. Una de las vecinas.
Estaba a punto de preguntar qué querÃa cuando recibió un bofetón en la mejilla.
–No vuelvas a quejarte del ruido, ¿me estás entendiendo?
–¿Qué te sucede?
–Si no te gusta, lárgate. Marta y yo estamos hartas de tus quejas.
Se dio la vuelta y se marchó a su casa, dejando a Rubén con la mano en la mejilla. Llegó a su lÃmite, ¿quiénes se creÃan para golpear a la gente y salir impunes? Los pensamientos de Rubén iban a mil por hora, si antes su prioridad era encontrar trabajo, ahora era algo completo.
habÃa decidido vengarse de esas dos mujeres.
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Por su ocupación, poseÃa amplios conocimientos sobre redes informáticas, dispositivos, aplicaciones… absolutamente todo. Optó por estudiar ingenierÃa informática porque era una carrera con muchas oportunidades laborales, pero terminó asÃ. En su trabajo se dedicaba a solucionar todos los problemas informáticos y también se encargaba de la ciberseguridad. Jamás se le cruzó por la mente utilizar sus habilidades de "hacker" en beneficio propio fuera de la empresa. Sin embargo, todo eso era cuando él tenÃa empleo, un salario estable y unos caseros agradables y tranquilos.
No se encontró con ninguna de las dos durante varios dÃas. Empezó a monitorear sus horarios para saber cuándo salÃan a trabajar, al gimnasio o se reunÃan con amistades. No tenÃan parejas, o al menos no las llevaban a casa. Como la tienda estaba ubicada entre las dos, se turnaban entre la mañana y la tarde. Entonces, cuando una estaba en casa, la otra estaba en la tienda.
Al ser su inquilino, ya poseÃa los números de teléfono y correos electrónicos de las dos. Optó por el número de Marta y, con un teléfono distinto al suyo, le envió un mensaje de texto y un correo electrónico simulando ser del banco, informándole que su cuenta iba a ser bloqueada, instándola a hacer clic en un enlace para obtener acceso total a su teléfono móvil. Esta es una técnica muy utilizada por los hackers para obtener información personal y datos importantes.
Esa noche fue a verificar si Marta habÃa hecho clic en el enlace, para sorpresa suya, asà fue. Ahora tenÃa control total sobre el dispositivo de Marta, de manera discreta, podÃa acceder a los mensajes, fotos, notas, correo electrónico, cámara, entre otros.
Explorando sus fotografÃas, encontró algunas en las que Marta aparecÃa desnuda o en poses sugerentes. Pasó varios minutos admirando las imágenes, e incluso se excitó con algunas de ellas. Aunque no tenÃa un cuerpo perfecto, Marta sabÃa cómo resaltar su lado seductor. Aunque él preferÃa unos pechos un poco más grandes, los pezones duros y el trasero firme eran atractivos para él.
Poco a poco, recopiló información sobre Marta, desde fotos y mensajes, hasta contactos con los que podrÃa interactuar, pero nada de esto era lo suficientemente fuerte como para enseñarle una lección. Lo que realmente le sorprendió a Rubén fue descubrir que Marta tenÃa una tendencia sumisa en sus relaciones, según los mensajes que intercambiaba con sus novios. "¿A quién no le gustarÃa tener a una persona sumisa a su disposición?", pensaba cada vez que veÃa una fotografÃa de Marta desnuda.
ConocÃa cada detalle de su habitación, desde que obtuvo acceso al teléfono, activó la cámara y guardó todas las grabaciones en un servidor privado creado por él. A pesar de tener mucha información e imágenes, no lograba encontrar nada lo suficientemente impactante para intimidar a su arrendadora. SabÃa que ambas tenÃan un profundo amor hacia su padre y que era mutuo, asà que decidió centrarse en eso.
Fue una semana después cuando finalmente encontró algo útil. Era por la tarde, unos minutos antes de que Marta cerrara la tienda. En ese momento entraron tres personas, dos chicos y una chica, comenzaron a hablar mientras los visitantes se dirigÃan tras el mostrador, lo que hizo pensar a Rubén que se conocÃan.
"¿No era mañana?" preguntó Marta.
"SÃ, pero hemos decidido venir hoy. No creo que por un dÃa cambie mucho", respondió uno de los chicos.
"Aún no tengo todo preparado. Pero no se preocupen, mañana estará listo", expresó Marta.
"SÃ, entiendo. Pero hemos venido hoy y queremos las cosas ahora", dijo el otro chico.
"El acuerdo era para mañana, por favor. Mañana todo estará listo", respondió Marta.
"Recuerda que no nos gusta que jueguen con nosotros. Si mañana no lo tienes, te juro que te abriré ese culo virgen que tienes", amenazó uno de los chicos.
Rubén solo podÃa escuchar en ese momento, ya que el teléfono de Marta estaba en su bolsillo.
"No nos adelantemos. Hoy vinimos principalmente a ver cómo ibas con todo. Por cierto, esos tacones son geniales", comentó la chica.
–Empácalos, son tuyos. – mencionó Marta.
–Oh, gracias, qué acto tan considerado de tu parte, pero esto no disminuye la deuda. En fin, nos marchamos, regresaremos mañana y asegúrate de tenerlo todo listo. ¿Puedo llevarme estos también, verdad?
–SÃ, claro.
–Perfecto, hasta mañana.
La campana de la tienda sonó, lo que llevó a Rubén a pensar que ya se habÃan ido. DesconocÃa el enredo en el que su vecina se habÃa metido, pero estaba decidido a utilizar eso en su contra y conquistarla. Sus objetivos cambiaron al ver las fotos, pues antes solo pretendÃa enseñarle una lección, pero luego ansiaba tener control total sobre su vida, deseaba poseerla, humillarla...
*******************
Sin esperar ni un dÃa, en cuanto supo que estaba en casa, se dirigió a su puerta. Todo estaba preparado, solo faltaba el elemento principal, Marta. Esta vez fue su hermana Noelia quien abrió la puerta y le soltó una bofetada.
–¿Qué deseas?
–¿Tu hermana está en casa, verdad? Necesito hablar con ella.
–¿Con mi hermana?
–SÃ.
Ante el grito de "¡Marta, este pesado está aquÃ!", Noelia se marchó y al instante apareció su hermana. Si Marta no usara gafas y Noelia sÃ, serÃa difÃcil distinguirlas. Al ver a Rubén, Marta torció el gesto con desagrado.
–¿Me acompañas un momento a mi casa? La llave del lavamanos está goteando.
–Entonces, arréglalo tú solo. – respondió mientras entraba en la vivienda.
–Eres mi casera, se supone que debes ocuparte de cualquier desperfecto. Pero, ahora que estamos solos, lo que quiero es que me hagas sexo oral.
Al escuchar esto, Marta se volteó y le propinó una bofetada a Rubén, dejándole la marca de su mano en la mejilla. Lo miró fijamente y repitió su petición, lo que resultó en otro golpe en la otra mejilla.
–¿Acaso eres idiota o qué te sucede?
–Para nada soy idiota. Dime, ¿qué es lo que tienes que entregar mañana?
La expresión en el rostro de Marta fue tan marcada que hizo reÃr a Rubén. Estaba pálida, como si le acabaran de anunciar una tragedia.
–¿Cómo conoces eso?
–Contéstame.
–¡¿Cómo sabes eso?! - exclamó Marta.
–Será mejor que no alces la voz, no querrás que tu hermana descubra que tienes deudas pendientes, además de permitir que roben en la tienda mientras estás presente.
–Si se lo cuentas, te echo de la casa.
–No lo haré porque prefiero darles una lección antes. Además, no me echarás de la casa en ningún caso, ya que no deseas que tu hermana y tu padre se enteren de tu deuda, y mucho menos ver todas las fotos y conversaciones subidas de tono que mantienes con la gente. A tu hermana quizás no le importe, pero no sé qué reacción tenga tu padre.
–No, mi padre no. - Al mencionar a su padre, su actitud altanera cambió por completo.
–Entonces, cuéntame en qué lÃos te has metido.
–En el pasado, estuve involucrada en el mundo de las drogas, donde conocà a personas peligrosas y terminé endeudándome con ellas, y no me dejarán en paz hasta saldar la deuda.
–Y te están amenazando.
–Siempre hablan de eso, pero nunca lo cumplen. Sin embargo, la fecha lÃmite es mañana y no dispongo de 1000 euros para pagarles.
–Está bien, ahora arrodÃllate y hazme sexo oral.
–No lo haré. - Recuperó su usual actitud arrogante.
–Está bien, entonces vete, pero no obtendrás el dinero.
–¿EstarÃas dispuesto a dármelo tú?
–Tengo el dinero, eso no es problema, pero antes de dártelo, tendrás una deuda conmigo. No tendrás que devolverme dinero, solo tendrás que obedecer mis órdenes.
–Está bien, dame el dinero.
–No tan rápido, primero obedece mis órdenes.
Rubén recibió otra bofetada en la cara. – No me llames bonita. – afirmó Marta con determinación. Sin darle tiempo a reaccionar, él la agarró de los hombros y la empujó al suelo, dejándola.
arrodillarse.
–Si vuelves a golpearme, te arrepentirás, te sodomizarán mañana y además me encargaré de entregar personalmente estas fotos a tu padre. – Encendió la televisión y en ella se mostraban todas las fotos de Marta desnuda, exhibiéndolas una por una.
–¿Cómo lograste eso?
–Lo descubrirás pronto, ahora desnúdate antes de practicarme sexo oral.
Con una expresión de odio profundo, Marta llevó sus manos al borde de la camiseta para quitársela. No llevaba sostén, por lo que exhibió sus pechos. En persona se veÃan un poco más grandes que en las fotografÃas.
–Todo. – Indicó al ver que no continuaba. Marta se puso de pie y se bajó los pantalones de un tirón, dejándolos caer hasta los tobillos, revelando unas bragas lisas de color negro. Apartó los pantalones con los pies y vaciló un momento antes de bajar sus braguitas, pero una bofetada de Rubén la hizo reaccionar. Al igual que los pantalones, las bragas cayeron al suelo mostrando una zona Ãntima totalmente depilada. – Da la vuelta.
Aunque el semblante de Marta seguÃa reflejando odio, obedeció. Se giró para que Rubén pudiera contemplar su trasero. Sin que se lo pidieran, se inclinó un poco hacia adelante y abrió las piernas para brindar una visión perfecta de su entrepierna.
–Muy bien, ahora vayamos al baño, la historia de la ducha no fue una mentira.
Se dispuso a recoger la ropa, pero un azote se lo impidió; entendió que debÃa ir desnuda y frente a él, para que pudiera visualizar sus glúteos.
–¿Qué sucede? – Preguntó Marta con indiferencia.
–El grifo está goteando, ya te lo he mencionado, llama al seguro o cámbialo, lo que prefieras. Asómate.
Se asomó a la ducha y, al agacharse un poco, sintió una mano en su zona Ãntima. Aunque no querÃa reconocerlo, estaba excitada, y su zona Ãntima no mentÃa.
–Interesante, parece que el grifo no es lo único que gotea.
–Por favor, pongamos fin a esto de una vez y olvidémoslo.
–No, no, esto te va a costar tiempo, cariño. – Al escuchar la palabra, se enfureció y se puso roja, pero se contuvo de golpearlo.
–¿Cuánto tiempo? - Preguntó.
–No lo sé, pero será bastante. InclÃnate por la cintura y muéstrame tu trasero.
–No.
Rubén no dijo nada, tenÃa una mano en la zona Ãntima de Marta, acariciándola. Con la otra, le dio un rápido azote en los pechos, lo que provocó un gemido. Percibió que con cada golpe, su zona Ãntima se humedecÃa más.
–Sé que me odias y me odiarás más por esto. Pero también sé que eres una persona que disfruta de este trato, a pesar de querer dañar a aquel que te trata asÃ. Por lo tanto, si no quieres pasar toda la noche asà y terminar adolorida, muéstrame tu trasero.
–Has acertado en que te odio, ten cuidado por las noches, no querrás que te haga daño mientras duermes. – Dijo mientras obedecÃa, se inclinó por la cintura y con las manos en sus nalgas, las separó hasta mostrar su ano. Un orificio muy pequeño que parecÃa virgen.
Un dedo se dirigió allà y, en el momento en que lo tocó, Marta dio un salto hacia atrás.
–Por favor, soy virgen analmente, permito que me penetres vaginalmente, pero no analmente.
–Pronto descubrirás que haré lo que quiera, pero bien, hoy te lo dejaré pasar, no decides, te enseñaré a ser sumisa de verdad. ¿Nunca te han penetrado analmente?
–Jamás lo he permitido, no me gusta y cuando lo he intentado me ha dolido. Por eso, cualquier cosa menos eso.
–¡ArrodÃllate en este momento, perra!.
–No soy una perra. – Respondió con la tÃpica mirada de odio en su rostro. Desafiante y desnuda, se arrodilló en el frÃo suelo del baño.
–Eso lo veremos. Ahora practÃcame sexo oral, de eso depende si te doy el dinero o no.
–Cada palabra tuya aumenta mi odio hacia ti. Eres un pervertido y un abusador.
Después de esas palabras, tomó mi pene y se lo introdujo.
en la boca. La insertó por completo, hasta que sus labios tocaron mis testÃculos, para luego sacarla junto con un hilo de saliva. Empezó a besarla, acariciarla, se la tragó de nuevo y la lamió por completo como si fuera un caramelo.
Al momento, Rubén ya tenÃa los ojos en blanco, esa mujer le estaba haciendo una de las mejores felaciones que habÃa experimentado. Agarró su cabello y comenzó a controlar el ritmo mientras escuchaba los gemidos de Marta. De alguna manera, logró llegar a su entrepierna, que estaba empapada, goteando. Aunque Marta decÃa algunas cosas, su cuerpo demostraba otra cosa, mostrando que estaba muy excitada con este trato.
–Uff, uff. Aguanta, no pares que me estoy corriendo.
Sin dar tiempo a nada, una descarga de semen terminó en la garganta de Marta. Estaba a punto de quedarse sin aliento, totalmente enrojecida y con los ojos llorosos. Después de que Rubén retirara su pene limpio de cualquier rastro de semen, vio que ella estaba tumbada en el suelo, tocándose y gimiendo a punto de llegar al clÃmax.
–No, no, no, ahora es mi turno, tú espera. – Dijo Rubén agarrando su cabello y levantándola.
–Pero, yo no he terminado.
–No importa, ahora lárgate. Y si te tocas en tu casa te arrepentirás. Porque me enteraré de todo.
–¿Y el dinero?
–Mañana te lo entrego, antes de ir a la tienda, vienes a casa y te lo ganas de nuevo.
–Eres un idiota, te odio.
Salió del baño hacia el salón para recoger su ropa, excepto las bragas que ya no estaban. –Las bragas se quedan como recuerdo. – Dijo Rubén sujetándolas. En ningún momento hubo quejas por su parte, simplemente se puso la camiseta y los pantalones y se dirigió hacia la puerta.
–Antes de irte, mantente pendiente del celular, porque cuando te escriba tendrás que responderme. Harás lo que te diga, aunque no esté presente, y ya sabes que sabré si mientes o no.
–Está bien.
–Y no se te ocurra golpearme de nuevo. Mañana quiero que estés aquà dos horas antes de empezar a trabajar.
–Está bien, ¿hay algo más?
–SÃ, baja el volumen del televisor.
Al escuchar esto último, Marta bufó, dio media vuelta y abandonó la casa entre risas de Rubén.
Continuará…
Como siempre digo, espero que les haya gustado, ya saben que cualquier comentario que deseen hacer, pueden escribirme al correo [email protected].