Idaho en el norte de los Estados Unidos, es un territorio de extensos bosques que se extienden más allá de lo que alcanza la vista. Abundan los bosques que cubren las zonas montañosas. Incluso a pesar de la intensa tala y la cacería, aún se pueden hallar auténticos paraísos naturales. Aunque debido a su ubicación en el extremo norte, experimenta largos inviernos fríos. No obstante, en algunos lugares se aprovechan de estas fuertes nevadas como atractivo para disfrutar de escapadas de esquí junto a amigos. Y con la llegada del calor, existen numerosos pueblos encantadores para disfrutar de un verano fresco y apartado de las multitudes... Pero no están exentos de peligros.
Frecuentemente, las personas subestiman la peligrosidad de estos parajes cercanos a lo salvaje. Incluso nuestra tecnología más avanzada a veces no es suficiente para evitar perderse en los extensos bosques que cubren cada rincón del paisaje con su exuberante follaje, caer en una avalancha o ser víctima de un ataque animal.
Existen regiones en el estado que aún siguen normas primitivas, normas que van más allá de lo humano... Y ciertamente, hay criaturas que merodean de forma antinatural en las profundidades del bosque, lejos de miradas curiosas. Podemos creer que la humanidad ha dominado la Tierra, pero los descuidados pueden enfrentar un destino funesto si se adentran donde no deberían. Y en la cadena alimenticia, no ocupamos precisamente la cúspide, por lo tanto la arrogancia puede salir muy cara.
Wallace es un pueblo con una rica historia como poblado minero, donde aún operan varias minas. Además, su casco histórico es hermoso y conserva intactos muchos de los edificios destacados de épocas pasadas. Un pueblo que parece haber quedado atrapado en el tiempo, un lugar que no sospecha que muy cerca se está desatando el horror.
A escasos siete kilómetros de la apacible Wallace, se localiza una pequeña gruta. Su interior mantiene una frescura constante, a pesar del verano, aunque en Idaho las temperaturas nunca llegan a ser realmente cálidas. La entrada de la cueva está oculta por la densa vegetación del bosque, apenas iluminada por los rayos solares que filtran entre el frondoso follaje.
Algunas gotas de humedad caen de las estalactitas en el techo, y el suelo se encuentra cubierto de hongos de tonos apagados. No se trata de una gruta importante, ningún espeleólogo la consideraría interesante, carece de extensión y formaciones minerales llamativas. Junto al aroma a fango del suelo, se percibe un olor animal, el sudor de un esfuerzo intenso... Y el penetrante aroma a sexo. En ese preciso instante, se está llevando a cabo una escena de inmoralidad desenfrenada...
Los gemidos y gritos femeninos resuenan en la cueva, acompañados de gruñidos y gemidos masculinos como respuesta. Todos ellos de naturaleza sexual, pues seis parejas están copulando... Aunque no de forma consensuada, las mujeres claman por clemencia, ruegan que cesen o, cuando han perdido toda esperanza, imploran a sus progenitores entre sollozos.
Algunas de ellas han pasado un par de días en ese lugar, mostrando signos de haber perdido ligeramente la cordura. Cinco se hallan en un rincón apoyadas en la pared, exhaustas, murmurando y con la mirada perdida, mientras el semen depositado en sus entrañas se escurre.
Todas las mujeres tienen sus vestimentas rasgadas, exhibiendo partes de sus cuerpos desnudos bajo su única defensa contra el frío. Específicamente, todas presentan las prendas cercanas a la entrepierna desgarradas, dejando su sexo y glúteos expuestos al capricho de quien las penetra. Sus agresores las poseen sin piedad, montándose sobre ellas como bestias a cuatro patas. En ocasiones las sujetan del cabello o las muerden con violencia, lo que provoca que algunos gritos sean de dolor.
Y en su estado actual, no se diferencian mucho de
Son unos animales salvajes, algunos todavía tienen trozos de su vestimenta desgarrados, su piel muestra contusiones que empeoran o fuertes rasguños (algunos de ellos causados por las uñas de ellas en un intento de detener el trato brutal) o al atravesar el bosque sin suficiente protección. Sus ojos están rojos y sus pupilas excesivamente dilatadas (no solo por la oscuridad), además de que sus bocas desprenden espuma que cae sobre sus espaldas.
En realidad todos presentan los mismos síntomas que la rabia, pero en lugar de debilitarse, parecen todo lo contrario por cómo atacan a sus víctimas... A pesar de que varios de ellos hayan caído desmayados en un momento dado, para luego perecer, convirtiéndose en parte de la fuente de alimento de los demás salvajes. Lo único positivo es que gracias a esto han dejado vivas por el momento a sus "parejas".
En la penumbra de la cueva destaca especialmente una de las parejas. Ella tiene la piel tan blanca como la leche, con cabello del mismo tono, ahora pegado a su cuerpo ligeramente por el sudor. Unos senos grandes pero bien formados, junto a un cuerpo trabajado en el gimnasio, pero sin estar entumecido por músculos exagerados. Sin duda, entrenado para la acción... Pero eso le está ayudando a soportar mejor el "castigo".
Permanece de pie a pesar de lo salvaje que está siendo la relación con quien la está forzando. Apoyada en la pared, se aferra a las rocas, causándose pequeñas heridas en las manos al aferrarse por el castigo en su zona íntima, adornada solamente con un leve vello blanco, está muy húmeda, aceptando el miembro viril que la llena sin contemplaciones. Muerde sus labios para contener los gemidos y cierra los ojos avergonzada de haber sido sorprendida en esa situación. Pero cuando siente que él se corre en su interior, gime y se retuerce, la sensación le provoca un fuerte orgasmo. Y reza por no quedar embarazada por ese individuo.
Su agresor con apariencia humanoidede considerable altura, se aferra a ella mientras lame su cuello con su larga lengua. Su piel bronceada revela numerosas cicatrices de antiguos enfrentamientos, la mayoría de ellas provocadas por mordeduras y arañazos. A pesar de su desgarbada figura, con piernas y brazos desproporcionadamente largos, muestra una sólida musculatura, lo que le permite dominarla sin dificultades. Algo evidente al no liberar a la mujer, incluso después de eyacular en ella.
Lo que lo torna completamente inhumano son los mechones de cabello que crecen de forma aleatoria en su cuerpo, como si fueran vestigios de pelaje mal recortado. Pero es su cabeza lo que no deja dudas. Sus ojos de un azul profundo, están fijos inquietantemente mientras observa a la cazadora humillada desde un rostro lobuno, completamente cubierto de vello y cuyas orejas largas se mueven complacidas por los sonidos que provienen de su entorno. Especialmente los gemidos que emite de vez en cuando la mujer de piel blanca.
A su alrededor continúa el desenfreno, sin pausa. Pero el "lobo" solo presta atención a su hembra humillada. La aparta de la pared y, llevándola en vilo con su miembro aún en su interior, la posiciona en el centro de la estancia. Marcando su dominio gruñe a los demás machos, lo que otorga un breve instante de libertad a Amanda, que así se llama la mujer de piel blanca, para intentar alejarse de allí.
El miembro de su violador se desliza por un momento de su zona íntima, dejando un rastro de semen en su breve escapada, que realiza de rodillas debido a su agotamiento. Lo único que logra es que el "lobo" encuentre a la mujer en una posición ideal para penetrarla por detrás, junto a la visión de su trasero blanco y bien formado, lo que solamente provoca que recupere la erección. Convirtiéndola en un objetivo más apetecible.
Avanza a gatas como un can, pero con la destreza de quien está habituado a moverse de esa manera, pronto está sobre ella.
Nuevamente, su miembro viril busca por instinto la vagina húmeda de Amanda, una investigadora y cazadora de criaturas prácticamente recién salida del capullo. Al darse cuenta de que ella está cerca, detiene su intento de huida y levanta ligeramente las caderas para aceptarlo de nuevo, prefiriendo esta situación a ser sometida con otro mordisco. Pronto, ella se encuentra gemiendo con la boca abierta mientras él la penetra incansablemente. Aunque intenta no mirar a las demás mujeres, todas apartan la mirada, excepto una mujer rubia con coletas y un peto roto, quien le sonríe con malicia y le envía un beso mientras es montada por uno de los hombres; ella es la única que no se queja y parece disfrutarlo. De hecho, su rostro refleja un auténtico éxtasis sexual y de felicidad...
Mientras tanto, caminando entre las parejas de "amantes", hay un hombre maduro con barba abundante y mirada feroz, pero en ese momento muestra una sonrisa perversa disfrutando del espectáculo. Es el único completamente vestido, lleva una gabardina adornada con símbolos tallados que brillan con fuerza. Mientras pasea, graba todo con una cámara de video, enfocando los rostros de desesperación de las víctimas o encuadrando el sexo salvaje.
Cuando pasa frente a ella, se detiene por un momento para grabarla, concentrándose especialmente en su rostro. La expresión enrojecida de Amanda denota su enfado y desvía la mirada, pues siente un profundo rencor hacia esa despreciable pareja de "houdinis". Aunque para ser sinceros, ella sabía que la culpa había sido suya por confiarse...
Una década más tarde, en una modesta casa en las afueras de una ciudad tranquila...
La puerta de la vivienda se abre sin emitir un solo chirrido, permitiendo la entrada de Amanda. La mujer albina había tenido una semana bastante agitada, revisando diversas protecciones mágicas y brindando asesoramiento que resultó aburrido. En una de esas ocasiones, tuvo que pellizcarse la pierna para no caer dormida de puro hastío en la enésima reunión de negocios...
En ocasiones, rememoraba los días antiguos cuando apenas era una jovencita con gran conocimiento, mucha preparación y una inconsciencia terminal que solo la suerte del principiante podía mitigar. En esos momentos, se veía obligada a enfrentarse a casos que nadie más quería, a encargos sencillos (que inesperadamente se complicaban) y a zonas marginales, donde era más probable que el monstruo escondido en el enésimo edificio abandonado sintiera más miedo de los drogadictos que merodeaban por allí que de ella. Por esas experiencias, llevaba consigo su revólver.
Recuerdos que, a veces, intentaba borrar frecuentando bares. Ahora se sentía mucho mejor. Tenía una casa que casi estaba saldada. Sí, en un barrio insulso y olvidado, pero necesitaba esa sensación de "normalidad" que siempre perdía en su trabajo. Contaba con un coche bastante decente, la posibilidad de darse caprichos y mantener a dos bocas... Y hablando de eso, desde hacía unos meses, una especie de criada personal involuntaria.
Tras resolver el caso del "Verano Eterno" y regresar a casa con la ladronzuela de los días, Princesa, temía qué podría devenir. Existían otros tipos de hadas mucho más problemáticos que esas inquietantes criaturas. Después de dejarla esperando en el coche durante más de media hora para configurar protecciones que impidieran que fuera asada (Amanda había considerado en su momento no ser tan paranoica, pero después del cuarto fantasma masturbándose frente a su rostro a altas horas de la noche, decidió establecer una barrera. Ahora podía dormir más tranquila y sin tanto ectoplasma en la cara).
Luego, llevó a la efusiva Princesa al interior de la casa y, al verla en su nuevo entorno, ocurrió el cambio... Un Boggart, o más bien una Boggart, se transformó en una especie de hada doméstica adicta a arreglar y ordenar cosas al ver lo que ahora llamaba sus montones de trastos ordenados. Ahora su nariz era más afilada, los rubores en sus mejillas más marcados, sus ojos muy expresivos, y tenía la tendencia a volverse invisible cuando Amanda la regañaba.Por otra parte mantenía esa apariencia cercana a lo juvenil que tenía en el verano eterno. Solo que sus curvas se notaban más y su cabello rubio llegaba hasta la mitad de su espalda.
Las primeras semanas fueron un desafío entre la agotada (y desorganizada) Amanda y la incansable (y amante del orden) Princesa. Después de varias discusiones y arreglos largos en la cama, en el sofá, en la ducha... Amanda pensó que tal vez debería reflexionar en los aspectos donde no lo había hecho con ella. Sería más rápido.
Se llegó a un acuerdo de que Princesa se encargaría de las tareas del hogar (aunque sin mostrar agradecimiento, ya que para un Boggart es el peor insulto, y los regalos siempre serían por otras razones que no fueran el trabajo realizado) y mantendría todo en orden. Excepto el estudio de Amanda y el desván donde guardaba el complicado círculo mágico y amuletos que protegían no solo la casa, sino también el vecindario de cosas indeseables. A cambio, Amanda dejaría de ser tan adicta al trabajo y tendría momentos de calidad con Princesa... En cuanto al sexo, Princesa solía tomar la iniciativa, porque así es ella, una especie de hada. Lo cual no molestaba en absoluto a Amanda.
La convivencia había sido placentera, y Princesa entendía que Amanda veía a otras personas. Con llevarla al cine, pasear por la ciudad o comprarle pequeños detalles, el hada estaba más que feliz... Además del sexo. Amanda dejaba las llaves en la cestita de la entrada, guardaba el bolso que llevaba consigo en el zapatero, y dejaba un rastro de ropa a medida que se dirigía al baño para asearse y luego ir a la cocina.
Otra cosa estaba clara. La cocina era su responsabilidad. Princesa, en realidad, no sentía hambre (aunque le gustaba imitar a los humanos) y sus habilidades culinarias representaban un peligro para la integridad humana. Por lo tanto, hoy se trataba de calentar pizza en el horno y listo. El hada se volvió visible al recoger con alegría la ropa de Amanda y llevarla al cesto de la ropa sucia, canturreando. Mientras tanto, Amanda preparaba la pizza y colocaba los cubiertos tanto para ella como para Princesa.
Princesa terminó antes y observó el trasero de Amanda, cubierto solo por unas bragas negras de encaje, acercándose silenciosamente. Amanda dio un pequeño respingo cuando los dedos de Princesa empezaron a acariciarla a través de la tela. Desde que convivía con el hada, Amanda había logrado controlarse un poco en su presencia, al menos ya no se excitaba tanto. Pero una cosa era su cercanía y otra su contacto...
-Princesa... Por favor... Estoy cansada ufff...- Se arqueó ligeramente por el placer, apoyándose en la mesa. Si tuviera un poco de energía en ese momento, seguramente jugaría, pero estaba realmente agotada.
La voz encantadora de Princesa llegaba desde atrás mientras continuaba acariciándola: -He estado sola todo el día. He visto tres películas y me he leído de nuevo toda mi colección de Shadow Angel... Quiero divertirme...- En qué momento se le ocurrió comprarle ese cómic erótico a Princesa, estaba obsesionada con él. Disfrutaba comparando a Amanda con la superheroína... y cómo esta terminaba siendo dominada por los villanos.
La mano de Princesa no se detenía y Amanda tuvo que agarrarse a la mesa mientras jadeaba. Así que pensó en algo que también le encantaba a Princesa. Las historias de sus casos. -Mira... Vamos a cenar y mientras tanto te contaré... una historia- Princesa se detuvo de inmediato y dio la vuelta a la mesa para situarse frente a ella con una amplia sonrisa y ojos soñadores: -¿Qué historia me vas a contar hoy, Amanda?
Princesa se distraía con cualquier tipo de historia... Pero se había convertido en una especie de terapia para liberar los traumas que guardaba. Así que pensó en un caso antiguo, el primero que le había causado problemas de verdad... El maldito lobo de Wallace. Considerando la impaciencia de su compañera/hermana/amante, decidió comenzar desde el principio.
Pero yendo directo al grano.
Amanda comenzó a relatar mientras cortaba unos pedazos de pizza y dejaba uno en el plato de Princesa, la cual, como de costumbre, esperaría a que se enfriara mientras Amanda terminaba la historia. -Te contaré sobre uno de mis primeros trabajos, el cual marcó mi destino y... Conozco tus preferencias en cuanto a historias. Lo llamaré "El lobo de Wallace". En aquel entonces estaba teniendo problemas con deudas del coche y el alquiler de mi antiguo apartamento, así que cuando una mujer me llamó pidiendo ayuda y aceptó mis honorarios sin objeciones, no lo dudé... Todavía era algo novata... Si no regatean, algo traman...- Viendo cómo Princesa se acomodaba en su asiento, Amanda continuó con su relato.
Hace 10 años, en Wallace, Idaho, a mediados de julio.
El día estaba soleado, aunque de vez en cuando llegaba una brisa del norte que obligaba a llevar puesta la chaqueta. Amanda no era fanática del verano, su piel pálida la predisponía a quemarse y sus ojos necesitaban protección con unas gafas de sol que, aunque le daban un aire enigmático, no le gustaban cómo le quedaban.
Salió de su recién adquirido coche... Bueno, cuando terminara de pagar las cuotas en diez años... Había sido una decisión impulsiva, pero le recordaba al auto de su padre... y necesitaba tenerlo. Quizás para sentirlo más cerca en su memoria, aquellos recuerdos de cuando aún podía hablar y... Sacudió la cabeza. Era momento de mantener la calma y actuar con profesionalismo.
Estaba harta de recibir trabajos mediocres. ¿Un grupo de Akanames causando problemas en un restaurante de sushi? Solo le faltaba que un maldito y charlatán comedorratas intentara... Bufff, era mejor no pensarlo.
El caso es que iba a encontrarse con la dueña de un pequeño hotel rural en la zona. Al parecer, el lugar estaba siendo hostigado por un fantasma travieso y, por razones evidentes, quería deshacerse de él. Habían quedado en una cafetería cercana a la plaza. Así que tuvo que estacionar unas cuadras antes e intentar recordar dónde había dejado el coche. Tras disfrutar de la agradable atmósfera del lugar durante un breve paseo, llegó a la cafetería acordada.
Sentada en un rincón, pudo visualizar a una mujer de edad similar, un poco más alta que ella, con melena rubia recogida en dos coletas y unos intensos ojos verdes. Su mirada transmitía calma, pero Amanda no se sentía del todo cómoda frente a la mujer que, en ese momento, llevaba un overol de trabajo y una camisa a cuadros. ¿Estaría escondiendo un hacha de leñador en ese bolso? En fin, necesitaba el dinero.
Por lo tanto, con una sonrisa forzada, le tendió la mano diciendo: -Usted debe ser la señorita Anderson. Soy Amanda, hablamos por teléfono hace unas horas...- Si no la reconocía, pensó Amanda, no había otra albina con apariencia de turista despistada a kilómetros a la redonda. La mujer aceptó el apretón de manos, manteniendo la firmeza en su agarre, y con un gesto le indicó que tomara asiento.
Con una voz más amable y refinada de lo que esperaba, comenzó: -Gracias por haber aceptado. Estaba desesperada por no poder atender a los clientes en mi establecimiento... He invertido una pequeña fortuna en arreglos y mantenimiento... Además, tengo varios empleados que dependen de él...- Amanda aguantó la perorata de la mujer.
Amanda, intentando sonar menos aburrida y más profesional, le dijo: -Muy bien. ¿Podría contarme cuándo empezaron a ocurrir los sucesos extraños y si hubo algún cambio en la casa que pudiera haberlos provocado?- Como su maestro solía decir, la información era clave para entender el problema y, por ende, para combatirlo, eliminarlo, contenerlo o, en el peor de los casos, negociar con él.
La señorita Anderson, cuyo nombre resultó ser Lillian, como se presentó rápidamente, compartió su relato. Al parecer, el hotel era un antiguo refugio de mineros.
Un sitio de reposo y amontonamiento que les daba la oportunidad de no tener que trasladarse desde el pueblo hasta la mina durante los momentos más difíciles del invierno. Un lugar construido sólidamente, que fue abandonado hace unos 40 años cuando la veta principal se agotó. A pesar de ello, el edificio permanecía en pie y ofrecía unas vistas impresionantes de toda la región.
Fue simplemente cuestión de unir fuerzas y recursos económicos para transformar unas ruinas resistentes pero desatendidas en un pequeño hotel rural encantador, del cual podían sacar provecho con los urbanitas adinerados. Todo marchaba bien, hasta que hace un año intentaron reformar lo que sería un área de jacuzzi en el sótano... Fue entonces cuando descubrieron una piedra con inscripciones protegida por un círculo con argollas metálicas y crucifijos.
Amanda trató de no fruncir el ceño ¿Por qué no se limitaban a golpear una granada abandonada y oxidada que encontraron? Con mucha suerte, la bomba no explotaría en sus caras, debido a que el explosivo se habría deteriorado. Todo apuntaba a que ese ritual había sido realizado por algún antiguo colega del gremio. Según la descripción, muy bien elaborado, un hechizo de exterminio que desgastaba las maldiciones y encantamientos de seres... Si se dejaba activo por un buen tiempo, quizás décadas, terminaría resolviendo el problema de forma segura... Hasta que a alguna idiota se le ocurrió instalar allí un jacuzzi, claro.
Por lo demás, Lillian mencionó todos los clichés. Olores fétidos, ruidos extraños, murmullos a tus espaldas cuando no hay nadie, cambios de temperatura, portazos... Un encantamiento estándar, no peligroso, pero sí molesto. Aun así, no debía confiarse. Tras algunas preguntas, recopiló la información necesaria sobre el caso y se dirigió al coche a recoger todo el equipo requerido. Dado el horario, decidió realizar primero una inspección visual y luego abordar el problema.
Así se lo comunicó a Lillian, quien parecía encantada de escucharse a sí misma. Tras reflexionar un momento, con una sonrisa amable dijo- Ahhh sí, por supuesto. Podemos ir ahora. Te llevo en mi vehículo, si no quieres mover el tuyo.- Una vez más, esa incomodidad le invadió. El viaje maldito le estaba sentando mal ¿Acaso aquel tipo de la esquina no la había estado observando todo el tiempo? La verdad es que el individuo no era precisamente atractivo y esos ojos salvajes clavados en ella no le gustaban... Bueno, tal vez solo estaba siendo paranoica, al fin y al cabo destacaba, era normal que la miraran, siendo la forastera más peculiar del lugar, además de que también hay hombres muy básicos y Amanda sabía que tenía una figura atractiva.
Restándole importancia, quedó con Lillian frente al restaurante y en pocos minutos, luego de ir a su coche, ya tenía todo lo necesario en su bolso para enfrentar esa pequeña maldición. Lillian la recogió en un automóvil bastante costoso... En medio de su escasa información sobre coches de cualquier tipo, para su vergüenza, siempre consideró un coche como un simple medio para ir de un lugar a otro. Sin embargo, se sintió aliviada al ver la capacidad económica de la buena mujer. Lo único que faltaba era tener que presionar nuevamente para cobrar (ya tuvo tres casos así)... Además, le resultaba desagradable.
Al colocar su bolso bajo sus pies al sentarse en el asiento del copiloto, se dejó llevar al hotel, alejándose del pueblo por un pequeño camino que se adentraba en el bosque...
Presente, cocina de la casa de Amanda
Princesa sonríe complacida, disfruta escuchando las historias de su amiga. Mientras habla, Amanda ha estado comiendo gran parte de la pizza, mientras Princesa la observaba y finalmente dio unos cuantos bocados. Estaba deliciosa, lo admitía, pero ¿por qué comer en exceso? La variedad es lo bueno... Sigue sin comprender a los humanos...
Pero siente aprecio por Amanda. Los recuerdos como saqueador de los días se habían ido desvaneciendo a medida que pasaba el tiempo en la residencia.
Experimentaba cierta culpa por su comportamiento con sus grotescos camaradas. Siempre se habían afirmado mutuamente que estaban actuando de la mejor manera, que era mucho mejor disfrutar de un verano interminable jugando, degustando delicias y pasándola bien en general que, bueno... Pasar días monótonos al envejecer. Sin embargo, ahora valoraba la rutina que mantenía con Amanda, disfrutaba de la constancia, los pequeños instantes e incluso las labores domésticas (le encantaba tener todo ordenado)...
Todo esto le hacía rememorar su época humana. Había pasado mucho tiempo desde entonces, antes de ser secuestrada por los saqueadores de los días y ser transformada en uno de ellos debido a su naturaleza bondadosa infantil (uno de los requisitos esenciales para continuar jugando si eras bueno/a, mientras que si eras mayor y fuerte te convertías en "padre" o "madre"). Aunque todo parecía marchar bien y creía ser feliz junto al resto de niños convertidos... Pero a veces, cuando Amanda dormía y ponía su cabeza en su pecho, recordaba cosas como la mirada amable de su padre, coser junto a su madre, regañar a su hermano menor cuando llegaba lleno de barro tras jugar en el río...
Y entonces, lloraba. En ese mundo de fantasía en el que habitaban, las lágrimas de auténtica tristeza no afloraban, ni siquiera cuando sus camaradas comenzaban a comportarse mal con ella. Sin embargo, viendo una película en un momento de tranquilidad con Amanda, apoyando su cabeza en su generoso pecho, le preguntó qué hacía la mujer de la pantalla. Amanda, un tanto perpleja, le explicó que estaba llorando y por qué lo hacía. Fue entonces cuando las lágrimas de Princesa comenzaron a caer sin siquiera darse cuenta, sintió una presión en el pecho y el llanto llegó. Amanda la abrazó y finalmente logró calmarla... Quería mucho a Amanda, ella era lo más importante... Pero a veces tenía comportamientos extraños que la incomodaban, como este. Había dejado de narrar la historia al notar la vibración del teléfono móvil en la mesa.
Amanda echó un vistazo al móvil de manera automática. Por lo general, lo pasaba por alto, pero había estado intercambiando mensajes con Charles, saliendo con él a algo más que simplemente divertirse en su hogar. Y bueno, parecía que la relación avanzaba... Hasta le había presentado a Princesa... como su hermana menor. Progresivamente, no quería asustarlo. Amanda observó los mensajes con una sonrisa soñadora en el rostro y comenzó a responder como si fuera una adolescente.
Después de esperar un rato, Princesa frunció el ceño, cruzó los brazos y, con tono dolido, le preguntó: - No me dejes a medias. ¿Y dónde queda el lobo? Si estás hablando de un encantamiento con fantasmas incluidos... - Sin embargo, al decirlo, comenzó a sentir remordimientos y, mordiéndose el labio por un momento, continuó: - Perdón... Sé que debo tener más paciencia...
Amanda, que ya había terminado de redactar un mensaje de texto, levantó la mirada del teléfono y lo apagó para evitar caer nuevamente en la tentación. Ella también había cometido errores en ocasiones. Princesa pasaba días enteros sin verla. Le gustaba disfrutar de momentos de calidad con la hada, por ello, en un gesto que indicaba que no se encontraba molesta por la situación, le explicó: - Tranquila... Era Charles. Pero te prometo que no contestaré el teléfono hasta terminar la historia. Princesa le dedicó una sonrisa cómplice en su hermoso rostro, a lo cual Amanda, aclarándose la garganta, cambió de tema: - Bueno, tendrás lobo para rato. Como te dije anteriormente, era bastante confiada y cuando llegué al hotel...
Hace diez años, en el Hotel Silvermine...
Amanda poseía un fuerte sexto sentido y ese lugar... No le generaba inquietud a simple vista. Aunque no había experimentado muchos casos, sabía reconocer si algo andaba mal. Cuando lo sobrenatural se hacía presente, ella percibía esta sensación incómoda y, si se trataba de una entidad en sí cerca de ella, sentía esa cálida sensación que la alertaba.
a permitir que le hicieran... Lo cual era un tanto vergonzoso, pero ayudaba a discernir si el asunto era auténtico.
No significaba que no existiera... En ocasiones, si resultaba verídico, iba, inspeccionaba y recibía una pequeña parte de la recompensa a cambio de algún amuleto protector "por si acaso". Es decir... No había evidencia de lo sobrenatural ni algo similar... Solamente situaciones comunes, que generalmente se podían resolver con unas buenas habilidades de albañilería. Algunos dueños astutos, especialmente de pequeños hoteles encantadores, la contactaban debido a los rumores que circulaban sobre el lugar, solicitándole que certificara si estaba encantado, solo para justificar aumentar los precios de las habitaciones debido al "show"... Tenían suerte de no encontrarse con encantamientos. Porque el espectáculo sería ver a personas lanzándose por las ventanas o colgándose con la percha del perchero, en la peor de las hipótesis. No era un juego, además de que si se involucraba en algo así podría provocar que nadie serio la contratara. Convertirse en una maldita "Houdini".
Lillian abrió las puertas de madera acristalada para dejarles pasar. En cierto modo, la atmósfera interior le recordó al Overlook de la película El resplandor, pero con un intento de mantener el estilo de la época en que fue construido (de manera un tanto kitsch) con todas las comodidades de la era actual, por supuesto. A nadie le agrada usar un orinal y esperar a que alguien lo vacíe o no contar con electricidad que funcione y, por supuesto, no tener acceso al Wifi.
Como mencionó la propietaria, no había ninguna huella de empleados. El hotel no estaba desordenado ni nada por el estilo, pero le llamaba la atención. Lillian le propuso dirigirse al sótano, ya que creía que allí se originaba todo. Aunque era comprensible, generalmente quienes la contrataban solían mantenerse alejados de los lugares encantados que solicitaban que se purificaran. Sin embargo, la radiante sonrisa de la mujer disipó sus dudas y asintió.
Avanzaron por los pasillos, divisando al final un letrero que indicaba "sótano, acceso restringido al personal autorizado". Mientras observaba el lugar, reflexionaba sobre si sería problemático extraviarse en un sitio así en temporada baja. Tropezó con algo, estuvo a punto de perder el equilibrio, lo cual resultaba extraño pues no había ningún objeto a la vista anteriormente. Al mirar hacia abajo, se percató de un cadáver desmembrado, tropezando con un brazo que terminaba abruptamente con un fragmento de hombro colgando de él. Alarmada, miró hacia adelante y hacia atrás. No era el único, había otros, pero no vestían trajes de mineros antiguos, sino de empleados de hotel. De repente, un intenso hedor a carne descompuesta invadió sus fosas nasales y apenas logró contener las náuseas. Preocupada, Lillian se giró hacia ella y la observó con sus hermosos ojos y esa sonrisa deslumbrante. Y al parpadear, todo volvió a la normalidad. Lillian, con una dulce voz, preguntó: - ¿Todo bien? - Amanda estaba a punto de responder, pero sin lugar a dudas había un hechizo, la entidad estaba manipulando su mente, aunque había algo que se le escapaba, lo intuía, pero finalmente dijo: - Sí... Pero necesito ver el sótano. - Lillian asintió y la condujo hacia la entrada para luego abrir con un gran manojo de llaves.
Amanda se mordió el labio hasta hacerse sangre, algo recobrada, buscó algo en su bolso, una pequeña botella de un tono borgoña y la bebió. El sabor era amargo, pero agudizó sus sentidos mientras descendía por las escaleras, pronto descubriría qué estaba ocurriendo. En el sótano, efectivamente, halló una sala a medio construir... Pero no encontró rastro del jacuzzi previo ni mucho menos del círculo. Con una rapidez asombrosa, extrajo su pistola favorita y apuntó a Lillian: - ¿Qué pretendes hacer?- Los ojos de Lillian intentaron nuevamente dominar la mente de Amanda: - No lo intentes, ya no servirá. Mejor habla antes de que te dispare. -
Lillian la miró con inocencia: - Nosé lo que quieres decir, simplemente quería guiar hacia donde está lo que debes tener.- Amanda se tensa y quita el seguro.- Habla... Ahora.- No parecía emocionada, ella no es un ser extraordinario, solo alguien que sabía desenvolverse en la brujería... Por eso el truco del hipnotismo, que se había roto al pisar sin querer un cadáver.
Lillian levanta las manos: Ups, me has descubierto. A pesar de que he estado utilizando todo mi arsenal para despistarte... Sin embargo, me descubriste, necesitaba que una atractiva cazadora viniera a este lugar.- Un disparo impacta parte del escalón donde estaban paradas Lillian, lo que la hace detenerse un momento y caer sentada, deslizándose por las escaleras, dolorida mira a Amanda enojada quien le dirige una mirada intensa. -Deja de poner esa cara de superioridad y habla de una vez ¿Es un ritual? ¿Esto tiene que ver con mi padrino?- Ella la mira con asombro: -No, ¿Cómo es eso de tu padrino? Nosotros te elegimos porque estás atractiva, nada más...
Amanda aprendió dos lecciones en ese instante. La primera es que nunca se debe interrogar a alguien en su terreno, a menos que se tengan todas las cartas bajo la manga, la segunda es que si tu "víctima" está tan tranquila es porque tiene un respaldo. Su entrepierna comenzó a humedecer sus prendas deportivas, pudo percibir el fuerte olor animal detrás suyo y tuvo un breve instante para escuchar el gruñido cuando esa criatura la derribó al suelo. Su arma salió volando hacia el interior del sótano, alejando cualquier posibilidad de un contraataque rápido... Y como una inexperta había dejado la mayoría de sus herramientas para criaturas físicas o simples armas en el auto. Ahora sabía que todo era parte de la hipnosis de Lillian, pero vaya metedura de pata.
Incorporándose del suelo, aún adolorida, dio grandes zancadas poniéndose a la espalda de Amanda la voz de Lillian, momentáneamente asustada, ahora volvió a un tono divertido y algo amigable: Eres buena, pero no tanto como para disipar un doble ritual de ocultación, aunque mi compa no sea gran cosa...- Una voz masculina habló a sus espaldas a cierta distancia, mientras la criatura la presionaba contra el suelo: -Cállate ya, estoy harto de tu parloteo. Si no fueras tan hábil con los hechizos de ilusión y manipulando al Hexen, te habría enseñado una lección.- Lillian riéndose se acercó a la cazadora caída: -Ya ves lo que tengo que soportar...- El hombre masculló y empezó a gruñir. La discusión continuó, evidentemente era una disputa antigua antes de empezar en el sótano.
Amanda percibe la respiración de un animal en su nuca, ese olor no podía ser humano. Sin embargo, las manos que la sujetan son humanas, pero increíblemente fuertes. Al girar el rostro, esperaba cualquier cosa, pero al ver el rostro del monstruo su sangre se heló... Su rostro de lobo mostraba una lengua muy roja rodeada de afilados colmillos y unos ojos azules... Hermosos pero desalmados.
Y lo preocupante es que su cuerpo reaccionaba, indicando que buscaba castigo. Amanda tenía cierta popularidad entre los hombres como algo exótico. Sin embargo, las relaciones largas no eran lo suyo, ya sea por ellos, por ella o por su trabajo. Estaba pasando por un mal momento. Y bueno, tenía su pequeño don y maldición, en resumen, muy excitada ante seres sobrenaturales y ellos con ella. Pero se daba cuenta de que ese ser estaba bajo el control de los houdinis y no debería haber problema ... Oh dios, su miembro está creciendo y poniéndose duro. Pronto su erección presiona el trasero de ella, incluso a través de la tela. La maldita discusión está despertando sus instintos básicos. Piensa Amanda... Piensa. Tengo el bolso cerca, debería haber algo para distraerlo y poder escapar... Quizás tomar la pistola.
Pero entonces, Amanda siente una de las manos del ser que recorre su entrepierna, provocando un gemido leve. Como si
Unas tijeras muy afiladas cortan con precisión los pantalones de Amanda, los cuales le habían costado mucho, y también las bragas que ya estaban empapadas, dejando al descubierto su vagina, lista para recibir castigo. Por un momento, ella mueve sus caderas, sintiendo una sensación ardiente al rozar la piel de la bestia.
De repente, Amanda abre sus ojos sorprendida. Había utilizado esa característica para crear trampas para seres sobrenaturales y...Bueno, cuando comenzó a verse afectada por ella, para establecer una relación peculiar con su monstruo debajo de la cama. Lo que nunca admitiría, es que esa relación fue consensuada, que fue ella quien se aprovechó de él, y a veces considera volver a la casa familiar para visitar a Mr. Claws, cuando alguien le rompe el corazón. Pero ahora se encuentra desprotegida, con dos individuos claramente negligentes y con el miembro de esa criatura buscando la entrada de su vagina, mientras coloca su boca peluda alrededor de su cuello para inmovilizarla. Levantando su trasero con una mano para acercarlo más a su falo, Amanda solo puede retorcerse buscando en vano algo útil en su bolso, prolongando lo inevitable.
El hombre, de estatura pequeña y con una barba de varios días sin afeitar, parece extremadamente estresado, como si tuviera que completar todo el trabajo del mes en el último momento. Ese tipo de tensión. A pesar de que su compañera le saca de quicio y no puede evitar gritarle por sus faltas de respeto. Se da cuenta de la situación y reprende a la mujer: "¿Eres tonta? No debiste enviarlo a hacer eso si no era en la cueva. Los clientes quieren un vídeo porno snuff de calidad, y nada los excita más que ver cómo destrozan a una cazadora, el mismo monstruo que se la tiró momentos antes".
Como si no tuviera nada que ver, la criatura localiza la entrada de la vagina de Amanda, quien grita desesperada y sensualmente al sentir el pene penetrándola: "Dios, no...". Tan aterrada y excitada que no tiene conciencia de las implicaciones de esa conversación sobre su futuro. Finalmente, Lillian se da cuenta de lo que está sucediendo y observa fascinada cómo la criatura penetra sin contemplaciones a Amanda, quien, con la cabeza apoyada en el suelo, mira hacia la pared y piensa para sí misma: "Esto debe ser una broma... Ufff". Lillian queda impresionada al ver cómo la criatura entra sin dificultad en Amanda, quien lucha por no gemir, aunque sin éxito. Pronto, el monstruo destroza aún más la ropa de Amanda dejando al descubierto su figura pálida.
Lillian, excitada, se muerde el labio ignorando a Franz, su compañero "Houdini" y traidor que vendería hasta a su abuela por dinero... Aunque ya lo hizo hace tiempo. Además, el idiota le echa la bronca a pesar de que su presencia en el restaurante estuvo a punto de alertar a Amanda. Aunque sea un mago mediocre, al menos tiene suficientes contactos como para ser útil. Su pensamiento se interrumpe cuando Amanda grita de placer al aumentar la criatura la intensidad del acto sexual. Qué demonios con el Hexen... La está satisfaciendo al máximo, por los intensos gemidos de la albina parece que lo está disfrutando. Y pensar que lo creó a partir de un lobo anciano... Un hechizo incompleto para que fuera grotesco, mitad hombre, mitad lobo, algo perverso en medio... Seguramente la pobre bestia esté furiosa y sufriendo. Si la liberara, sin duda iría por su cuello. Pero eso no sucederá. Todo gracias a una runa oculta en su piel, protegida por un hechizo de ilusión, que impedía que las víctimas del Hexen la atacaran para eliminarla. Lo más impactante es que la maldita quimera tenía aspecto humano e incluso hablaba. Los pervertidos de la Deep Web se excitaban mientras la criatura, tras tener relaciones con sus víctimas, las destrozaba enfurecida y clamaba por la liberación de la muerte. Si supieran que la弾
podría morir si no está atento... Ufff ya estaría disponible para él... Qué suerte tiene esa maldita albina.
Franz se acerca enojado con una expresión de mal humor:- Te estoy hablando idiota... -Lillian toma un momento el medallón que guarda escondido debajo de su camisa a cuadros y da una orden mental. El Hexen se detiene en medio de su actividad y golpea a Amanda contra el suelo, dejándola inconsciente al instante, luego se abalanza velozmente hacia Franz. Asustado, el hechicero, sin poder lanzar un hechizo de protección, se ve a escasos centímetros de ser atacado. Baboseando, aguarda la orden para matarlo, la cual nunca llega- Como puedes ver, mis encantamientos funcionan a la perfección. Fue ella quien lo provocó y no sé cómo... Así que estoy cumpliendo con mi objetivo. Tú ya hiciste tu parte, yo hago la mía. Llevemos a esta chica con los demás... Tengo ganas y tú no eres más que un estorbo.- El Hexen recoge a Amanda y la lleva escaleras arriba, aunque su forma de caminar en dos patas es extraña, como si cada paso le causara dolor, sin embargo, lo hace con una velocidad sobrenatural. Lillian lo sigue, consciente de que Franz no intervendrá, es un ser despreciable que solo busca dinero y lo necesita, luego tendrá que ocuparse del joven mago quejumbroso.
Franz no es un experto en magia, pero sí en dinero y en la falta de escrúpulos para conseguirlo. Ha establecido contactos interesantes a lo largo de los años ofreciendo los placeres más oscuros a quienes puedan costearlo. Sin embargo, la gente busca novedades, y esta idea del maratón snuff lo hará famoso donde realmente está el dinero. Y lo necesitaba... Con la mafia podía mantenerse incluso con un poco de ayuda, ¿Triada? Difícil, pero manejable, ¿Rusos? Aún se ríe de la situación, ¿Sudamericanos? Captaron el mensaje cuando el décimo sicario con aires de grandeza sufrió un infarto antes de sacar su arma. Pero al pedir favores como prolongar su vida (nadie sabría que había visitado este pueblo cuando no era más que una aldea) debía hacer cosas desagradables, no solo para personas malvadas, sino para seres aún peores. Seres que es preferible mantener contentos.
Y le habían solicitado precisamente a esa mujer de cabello blanco. A cierta edad, lo primero que se pierde es el instinto sexual, pero suponía que ella estaba bien. Reconocía que, al presenciar su actuación con Lillian, se asustó un poco a pesar de tener al Hexen a su lado; sin duda, tenía potencial. Con unos años más, no se le hubiera acercado, transmitía esa sensación de "no te metas conmigo" que reconocía enseguida... Normalmente, con un hechizo se las arreglaría, pero incluso ahora tenía muchas dudas al respecto, su inexperiencia le pasaba factura. Casi le hacía un favor, en su negocio esa actitud cavaba tumbas... ¿Entiendes? Franz se preocupa por las personas... Y ya está pensando en cómo torturará a esa mujer de Lillian una vez que todo esto termine.
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10 años después, en la casa de Amanda
Mientras cuenta la historia, Amanda come distraída los trozos de pizza, pero echa miradas furtivas a su móvil apagado cuando Princesa se distrae... ¿Qué le habrá escrito? ¿Y si ha propuesto quedar con ella? Necesita comprobar si ha comentado algo, solo un vistazo rápido, nada más. Así que, al terminar de comer el último trozo de pizza que queda en la mesa (excepto el de Princesa, que apenas ha probado el suyo), piensa rápidamente y le dice a Princesa:- Voy al baño, cuando termines de recoger nos vemos frente al televisor ¿Vale? Continuaremos la historia desde allí-
Princesa asiente, ansiosa por concluir la historia. Sin embargo, su naturaleza de Boggart le insta a recoger y limpiar todo el desorden. Por lo tanto, toma los platos y comienza a lavarlos. Mientras tanto, Amanda aprovecha la distracción para coger su móvil y encerrarse en el baño... Solo va a chequear unos mensajes. Enciende el teléfono
y sentada en el inodoro, revisa los mensajes de Charles y se da cuenta de que está en línea... Se muerde el labio y escucha cómo Princesa prende la televisión. Después de todo, es solo un rato. Al principio todo parece tranquilo, con preguntas sobre cómo ha sido el día, planes para encontrarse en algún momento libre, algún halago e insinuaciones más o menos sugerentes... Pero Amanda envió una foto de su situación actual y, por supuesto, desencadenó una escalada de mensajes que terminó con ella grabando un video donde mostraba cómo se masturbaba con una pierna encima del WC, con el objetivo de hacer visible su sexo, con la braguita bajada para mayor comodidad.
Casi se cae de forma aparatosa cuando Princesa abrió la puerta, mostrando una expresión preocupada: -¿Estás bien? Ha pasado medio mo...- Al presenciar la escena, la mirada culpable de Amanda y su intento de no caer de esa incómoda posición, Princesa, con su rostro siempre sonrojado, se puso roja, esta vez de furia; sin embargo, Amanda ni siquiera intentó disculparse, sabía que había metido la pata.
La hada indignada comenzó a hablar: -Te estoy esperando para pasar tiempo juntas.- Pronto las palabras comenzaron a atropellarse a medida que la hada se ponía cada vez más nerviosa. -Me prometiste contarme la historia y que no usarías el teléfono. Además, te veo muy de vez en cuando e incluso hay días en que desapareces... - Con un portazo, Princesa cerró la puerta. Mientras tanto, Amanda logró mantener el equilibrio, subirse las bragas y, olvidando por completo el celular, corrió tras ella. -Espera, ¡perdón! Lo siento mucho, Princesa - Sin embargo, al mirar hacia afuera, se dio cuenta de que ella ya se había ido... Maldición, pensó Amanda, la he arruinado.
Agotada, intentó mantenerse despierta mientras esperaba a que Princesa se calmara y volviera al sofá. Eventualmente lo hizo, se sentó un poco alejada y mirando al frente. Después de unos cinco minutos de silencio, finalmente dijo: -Si me hubieras dicho que necesitabas hablar por teléfono un rato, hubiera estado bien... Es decir, me cae bien y te veo feliz cuando hablas con él. Pero me siento sola... y me gusta que este sea nuestro momento. - Se abrazó las rodillas, mirando hacia adelante. Amanda se acercó un poco y la abrazó: -Sí, fue una tontería de mi parte... Supongo que a veces me cuesta recordar que estoy acompañada de alguien y no pensar solo en mí misma. - Princesa rió un poco y bromeó: -Pero tienes un bonito trasero. - Ambas rieron y se abrazaron. - ¿Estás cansada? Si quieres, puedes seguir hablando con él y luego me cuentas la historia. - Amanda sonrió y acarició su cabello: -Nahhh, puedo aguantar un poco más... - Entonces notó algo al lado de Princesa. - ¿Qué es ESO?
Con una sonrisa radiante, Princesa comentó: -Tu castigo... por lo de hoy. - Amanda observó el tamaño del objeto y preguntó sorprendida: -¿En serio tienes algo así? - Recordó vagamente un día, bastante borracha, en el que había comenzado a leer sobre bestiarios por diversión y se le ocurrió la idea de cómo sería tener relaciones sexuales con un troll. Buscó en internet, lo encargó por Amazon, se desmayó sobre el teclado y luego se olvidó del asunto. Días después, le trajeron ESO. Se sintió horrorizada y a la vez con cierta curiosidad morbosa. Lo dejó de lado con otros errores del pasado y lo olvidó...
Pero allí estaba, el maldito consolador que emulaba a un troll... Alguien que nunca había visto un bicho de esos en su vida lo asumió como un producto de merchandising de Warcraft, pero era enorme. - Princesa... ¿Me quieres asustar o algo así? - La hada solo sonrió pícara y maliciosa: -Está claro, si te portas mal, llega el castigo. - Ante la perspectiva de ser partida en dos, Amanda trató de disuadirla. Y pensó rápidamente en el regalo que había traído para Princesa. -Iba a ser una sorpresa, pero en el zapatero tengo un regalo para ti... QueTe agradará mucho la historia que te contaré, una vez te deshagas de aquello. Con una sonrisa de felicidad en su rostro, asintió y dejó ese objeto a un lado, diciendo: "Pero lo mantendré cerca por si acaso..." En su mente, Amanda se apuntó la idea de buscarlo más adelante y prenderle fuego. Ya más tranquila (sin peligro de acabar empalada) y con una Princesa abrazándola feliz, continuó con la narración.
Hace 10 años, en una cueva cerca de Wallace, Idaho
El viaje en el coche de Franz hasta la cueva fue tranquilo, con Amanda atada para evitar que escapara, aunque en realidad no lo necesitaban. El Hexen sabía exactamente dónde dirigirse y se adelantaría a los dos hechiceros y la cazadora. Mientras Franz se quejaba como de costumbre y Lillian miraba por la ventana con la mente en blanco, Amanda ya podía imaginar cómo se le adherirían las prendas íntimas al cuerpo al llegar a la cueva. A ver si alguno de los infectados por la maldición del Hexen resultaba estar bien dotado... Franz consultó el reloj del coche; todo estaba yendo según lo previsto, ya habían grabado varias tomas y realizado tratos que les habían hecho ganar una buena suma. Ese día representaría el gran final gracias a la mujer albina. Lograr que tantos excursionistas y montañeros "se perdieran" había sido todo un desafío; meses de frío intenso en ese lugar inhóspito, pero había sabido manipular las circunstancias necesarias y nadie se daría cuenta de las desapariciones hasta dentro de unas semanas, además, no habría rastro que pudiera incriminarlo... La idea le encantó y permitió que una sonrisa se dibujara en su rostro por primera vez.
Aparcaron cerca de la entrada de la cueva, donde el Hexen ya los esperaba. Tras abrir la puerta con algunos gruñidos, Franz tomó a la albina en brazos y la colocó sobre su hombro, lo que provocó una reacción evidente en la criatura. Lillian soltó una risita. En la cueva, las prisioneras intentaban dormir o lloraban de miedo, mientras que aquellos que alguna vez fueron sus amigos, colegas o incluso parejas se mantenían de pie de manera antinatural después de haber sufrido tormentos inimaginables durante tantos días. En un rincón de la cueva, se encontraban tanto los cadáveres de las mujeres que ya no tenían uso y habían sido asesinadas y devoradas, como los de los hombres que habían fallecido de agotamiento
Lillian, en su elemento, comenzó a dar órdenes mentales a los hombres que se habían convertido en seres menos que animales, quienes pronto eligieron a sus "parejas". Semidesnudas y en un estado de locura, apenas ofrecieron resistencia y, una vez en posición, dieron inicio a una oscura orgía. Mientras tanto, Lillian buscó al hombre más dotado y le indicó: "Tú vienes conmigo", dirigiéndose a un rincón apartado para disfrutar de su compañía.
Franz preparó las redes, asegurándose de que todo el equipo estuviera listo y las cámaras apuntaran en la dirección adecuada. Llevaba consigo su cámara de mano para capturar tomas más íntimas. El Hexen parecía satisfecho por primera vez al seguir sus instrucciones, y el regreso a la conciencia de Amanda coincidió con la entrada del miembro de la criatura en su sexo, lo que desencadenó un fuerte grito seguido de un gemido. Tirada en el suelo, empezó a comprender dónde se encontraba y cuáles eran sus opciones... Pronto se dio cuenta de que eran escasas, mientras soportaba las embestidas cada vez más fuertes del Hexen.
Una hora después, en la misma cueva
El Hexen, excitado, se apartó de Amanda y, con su fuerza inhumana, la obligó a darse la vuelta para encararlo cara a cara. Esta posición era nueva, siempre la sometía como su sumisa a cuatro patas, pero parecía querer verla directamente a los ojos esta vez. Amanda tuvo un breve descanso antes de que volviera a penetrarla con fuerza.
A pesar del agotamiento y la excitación desenfrenada, notó unas marcas en el pecho, no muy grandes pero definitivamente un tipo de marca de control elaborada, seguramente protegida por algún hechizo para evitar que se viera a simple vista y desviar la atención... Sin embargo, ella había tomado una poción que la protegía.
de los impactos de la ilusión. Con el pene ya introducido de nuevo. Amanda mordió sus labios mientras era castigada y, desesperada, arañó la marca dejándola inviable. Y experimentó un intenso placer tanto como un sentimiento de victoria: - ¡Demonios, ahora sí...
La expresión maliciosa del Hexen se suavizó un poco, y, como si fuera un beso, le dio un largo lametón en la cara a Amanda, mientras se retiraba de su sexo. Pronto, todos los agresores hicieron lo mismo y un rugido conjunto de furia salió de sus gargantas como si fueran una sola entidad. Lillian percibió que algo estaba ocurriendo y utilizó su medallón para apartar a su amante enloquecido, que casi le arranca la garganta, y se enderezó con cierta dificultad, exhausta por la larga sesión de sexo. La mirada de Franz atravesó a Lillian, aún con la cámara en mano, mientras se dirigía al público invisible de depravados que observaban la escena desde la seguridad de sus escondites: - Pero ¿Qué estás haciendo? Estamos a punto de llegar al gran desenlace. - Nerviosa, Lillian comentó: - No soy yo, se ha roto el hechizo de... - Vio a Amanda, quien, tras recuperarse un poco, se acercaba a ella con evidentes ansias homicidas. El Hexen la acompañaba, y los miembros de su desquiciada manada la seguían a medida que pasaba cerca de ellos; era su líder y los dominaba. Lillian intentó formar un pequeño grupo de choque controlando a los miembros cercanos, pero no eran suficientes. "Si hubiera tenido más tiempo", pensó. Mientras tanto, el Hexen y su grupo los superaron por pura superioridad numérica... Por primera vez, Amanda escuchó el grito de alguien que había presenciado cómo le devoraban las entrañas antes de morir... Era un sonido que preferiría no escuchar de nuevo.
Franz hizo clic con la lengua. Le habría gustado ser él quien castigara a la mujer, aunque no le desagradaba del todo la situación. Centrándose en la albina que se abalanzaba sobre él para golpearlo, le dijo rápidamente antes de que ella se lanzara: - Y así se fue la mujer... Pero debo darte un último consejo, jovencita albina. En este negocio, lo importante no es el poder, sino los contactos. - Rompió un hueso adornado que llevaba como un colgante en el cuello; debería algo a quien se lo dio, pero qué demonios, siempre se las arreglaba para pagar, ¿no?
Una atmósfera siniestra invadió el lugar con una extraña penumbra violeta, mientras desplegaba su presencia, haciendo que las mujeres y hombres poseídos cayeran al suelo inconscientes. Amanda detuvo su avance temerosa, pues no contaba con ningún amuleto, poción o herramienta que pudiera ayudarle. Apretó los dientes y se maldijo por lo que estaba a punto de hacer: - Padrino, ¿estás ahí? - Una voz en su mente le respondió con un amable "Sí, la última vez me mandaste a paseo... Ummm ya veo, qué molesto..." y de la nada, junto a Amanda, apareció un hombre vestido con un elegante traje de esmoquin y apoyado en un bastón. Sin duda, era un individuo refinado y atractivo, aunque tan anticuado que sería objeto de burla en la calle; sin duda, un último error para quien se atreviera a hacerlo. - Un momento - concluyó, dando unos pasos hacia la entidad que ahora se manifestaba físicamente.
La entidad invocada por Franz, una amalgama de garras y ojos que parecían no mantener una forma fija, se acercó a la figura de esmoquin dispuesta a destrozarla. Los espectadores depravados que observaban la escena sonrieron ante un espectáculo inesperado. No duró ni un segundo, quizás incluso menos. Sus rostros se contorsionaron en expresiones de horror, mientras sus ojos se fundían y sus cabezas tumorosas caían sobre sus teclados, ya fuera en sótanos oscuros o elegantes despachos, a pesar de todas sus protecciones o de los pactos que hubieran sellado. Pronto, la caverna volvió a la normalidad y el extraño estaba cerca de Amanda: - Te he dicho, querida, que deberías hacerme caso y quedarte conmigo para tu propia protección. - Amanda apartó la mirada para no ver su sonrisa burlona. Con la poca dignidad que le quedaba, respondió: - Puedo arreglármelas.
Yo misma, no voy a acompañarte. Él sonríe complacido. Tan rebelde, tan... una larga lengua recorre su rostro, mientras Amanda experimenta un orgasmo tan intenso que cae de rodillas. La marca, siempre invisible, se acerca un poco más al momento de completarse, aunque aún falte mucho tiempo para eso. Dulce... Puedo esperar, dispongo de todo el tiempo del mundo y al final serás mía, por elección propia. Nos vemos. Desaparece, dejando a Franz temblando, sus amuletos, testigos de los pactos que había hecho, se han esfumado y los años que había guardado con tanto cuidado vuelven a él. Fue un proceso doloroso y lento, cada célula de su cuerpo se apaga. Finalmente, no queda ni rastro de él.
El Hexen se arrastra hacia Amanda, escupiendo sangre, un intento de voz humana emerge de su garganta animal: Descanso... Hembra. Sin el control de Lillian, se puede apreciar el sufrimiento de la criatura. Es normal, ese hechizo a medias es una tortura usada solo por Houdinis malvados. Amanda considera dejarlo sufrir, ya que al final morirá por sí mismo. Sin embargo, se da cuenta de que, en realidad, la violación fue en gran parte culpa de Lillian. Además, no lo pasó mal, para su sorpresa. Recuerda una fórmula y escribe los signos en el barro. Finalmente, la transformación se revierte y el lobo viejo vuelve a serlo. Un pensamiento travieso cruza la mente de Amanda... Espera que esto no se considere zoofilia... Se ríe de su propio chiste, pero al mirar a su alrededor, se da cuenta de que está metida en un gran lío - vaya...
En la actualidad, en la casa de Amanda
Princesa queda maravillada con la historia, le encanta cuando Amanda tiene momentos intensos y los malvados reciben su merecido. Sin embargo, nota que la historia está incompleta, falta resolver ciertos asuntos. -¿Y cómo se solucionó lo de las mujeres y el resto...?- Amanda niega con la cabeza, estirándose cansada:- Prefiero no hablar de ello, es en ese momento cuando conocí al maleducado. Princesa lo comprende rápidamente, hay un hombre que, aunque a veces sale con ella, siempre acaba enfadándola y está prohibido mencionarlo en la casa.
Princesa pronto olvida sus dudas y pregunta emocionada -Ohh... Pero, ¿cuál es mi regalo sorpresa?- Amanda suspira divertida, se levanta y se dirige hacia el armario de zapatos. Ha buscado en todas las tiendas más frikis de la ciudad, mientras unos idiotas la miraban como si nunca hubieran visto a una mujer en su vida. Por fin lo encontró. Podría haber llegado a casa dos horas antes, pero sabía lo ilusionada que estaría Princesa. -Espera en el comedor y no abras los ojos- le indica. Princesa obedece a pesar de su emoción.
Después de desnudarse, abre la bolsa del disfraz y se lo pone. Le queda ajustado, en especial en la zona del pecho. Al mirarse en el espejo, piensa para sí misma: ¡Vaya, ¿quién pensaría que podría moverme con soltura o luchar con esto?- Aunque reconoce que se ve impresionante y el traje tiene aberturas para... Bueno, nunca mejor dicho. Con una sonrisa pícara, se acerca al sofá y juguetona le dice -Puedes abrir los ojos.
La cara de Princesa se ilumina: ¡Shadow Angel! Amanda sonríe con un toque sensual ante la emoción del hada e insinuante se apoya en el brazo del sofá: Y otra sorpresa, no me voy en unos días, así que mañana tengo tiempo libre. Si quieres estrenarlo... Princesa, al ver el traje, se desnuda rápidamente y se quita las bragas de encaje que tanto le gustan, diciendo soñadora: Seré Felina y te tendré atrapada en mi piso con una sorpresa para ti. Amanda asume la actitud que le corresponde mientras la hada desnuda la observa, con una expresión de villana. Ummm, me encantan las sorpresas. Entonces, ve como Princesa toma algo del sofá y Amanda abre los ojos de par en par, poniendo las manos en gesto protector. Ahora no tiene forma de detener al hada y está rendida. Sin embargo, intenta suplicar aunque sabe que no servirá de nada: No, Princesa, eso no... Princesa se abalanza sobre ella, y caen suavemente al suelo. En su mano, sostiene el gran juguete y, a pesar de los intentos de protesta de Amanda, le dice: Soy Felina, ¿recuerdas? Y lo introduce en ella, provocando un grito seguido de un gemido... Al menos, la duda de si le entraría por completo ha sido resuelta.