Este hecho sucedió unos siete días atrás.
Como es mi costumbre desde hace tres años, cada día me acomodo en mi habitación/oficina para llevar a cabo mis labores. Dado que mi trabajo no requiere de mi presencia física, rutinariamente me levanto, me ducho (si no he caído en el sueño), pongo a funcionar mi cafetera y me dedico a trabajar.
Mi ventana da hacia la calle, brindándome una vista de las casas del vecindario, donde observo el ir y venir de mis vecinos, a quienes, sinceramente, no presto mucha atención debido a que nuestros caminos rara vez se cruzan y cada uno vive inmerso en su propio mundo.
En una jornada, absorto en la resolución de un problema laboral, encendí un cigarrillo mientras contemplaba la calle a través de la ventana. Fue entonces cuando la vi aparecer: esbelta, de cabello largo, alta, con curvas y un rostro que recordaba al de Gal Gadot, actriz que admiro. Mis ojos quedaron fijos en ella hasta que se volvió hacia su hogar y, ¡vaya sorpresa!, ¡era la joven a la que solía ver como la hija de mi vecina! Sin embargo, su aspecto esbelto y juvenil había quedado en el pasado, ahora era una belleza, con unas curvas perfectas y, calculo, alrededor de 24 años... hacía tiempo que no la veía. Esto se debía a que estuve fuera de la ciudad por trabajo durante mucho tiempo y, posteriormente, tras quedar viudo hace dos años, me sumí en la soledad y apenas salía de casa. Increíblemente, su presencia me tenía cautivado y mi amigo no permaneció ajeno a sus encantos... mientras estaba absorto en esos pensamientos, me pareció escuchar un "hola, vecino". Volví a la realidad y era ella quien me estaba hablando. Parecía necesitar algo, así que decidí bajar al primer piso para conversar con ella.
Saludos, Javiera. ¿Cómo estás? Casi no te reconocía.
J: Estoy bien, vecino, gracias. ¿Y usted?
Estas palabras me devolvieron a la realidad... yo era veinte años mayor que ella y ella lo hacía notar.
Bien, trabajando para mantener la mente ocupada. Como sabes, la pérdida de Laurita me afectó mucho.
J: ¡Qué lástima! Me caía muy bien.
¿Qué tal, Javierita? ¿Puedo ayudarte en algo?
J: Me da cierta vergüenza, pero resulta que salí de casa y me di cuenta de que mi pantalón se manchó con tinta que llevaba para la Universidad. Aunque no asisto presencialmente, a veces resulta necesario. Al intentar regresar, descubrí que había olvidado las llaves y mi portátil se descarga rápidamente. Por eso, al verte, decidí preguntarte si podrías permitirme conectarme desde tu casa. Te prometo que no seré una molestia.
No es ninguna molestia (ni soy tonto como para negarme), por favor, pasa y siéntete cómoda donde prefieras. ¿Te gustaría tomar un té o un café?
J: Un café, por favor.
Mientras preparaba el café para ambos y bajaba mi portátil para evitar preguntas del chat, sugerí a Javiera que se diera una ducha para quitarse la tinta y, de paso, podríamos lavar el pantalón para eliminar la mancha lo mejor posible. Aunque el pantalón era negro, era necesario lavarlo.
J: ¿Está seguro de que no le molesta, don Juan?
Para nada. Si fuera una molestia, ni siquiera te lo ofrecería, ¿no crees?
Oye, tengo algunos vestidos que solían ser de Laura y podrían quedarte bien.
J: Está bien.
En ese momento, a pesar del interés que despertaba en mí, mi propuesta era genuinamente desinteresada, ya que comprendía lo que significaba estar en esa situación, sin tener idea de qué hacer. Con esto en mente, busqué un par de vestidos que aún conservaba en casa y que, afortunadamente, eran cortos, pues solían ser del estilo que utilizaba mi esposa. Tomé la ropa, agarré una toalla y me dirigí al salón donde se encontraba Javiera.
Mira, encontré estos vestidos. Lamento que no sean más largos, pero no dispongo de muchos más. También traje una toalla para que puedas secarte y. . .
En el aseo dispongo de un secador de cabello que antiguamente pertenecía a mi pareja. Si requieres algo, por favor házmelo saber.
J: Muchas gracias, están preciosos, me ducharé enseguida porque mi clase comienza en media hora.
-Durante su ducha, intentaba concentrarme en mi trabajo, pero mi mente divagaba hacia el interior del baño, ya que no había tenido una mujer en casa por un buen tiempo... y vaya que hembra tenía.
Mientras tanto, noté que el teléfono de Javiera estaba en la mesita y que le estaban escribiendo. Mi curiosidad pudo más y no resistí la tentación de tocarlo, al comprobar que no tenía contraseña... quise ir más allá, revisé las fotos, que en realidad no mostraban nada destacable, pero al investigar la carpeta de archivos enviados de WhatsApp, ¡sorpresa!, encontré primero unas fotos en microbikini que me dejaron pasmado, pero lo mejor fue ver unas imágenes íntimas que ella había enviado no sé a quién.
Después de eso, me invadió un poco el miedo, así que cerré la aplicación y eliminé cualquier rastro de mi intromisión en el móvil. Retomé mi trabajo mientras disfrutaba de mi café.
A los pocos minutos, se cerró la llave del agua y, tras un tiempo, Javiera salió luciendo uno de los vestidos de mi esposa... me dejó sin palabras, el vestido le quedaba justo debajo de la cadera, cubriendo solo lo necesario, me quedé atónito... tal vez ella lo notó y me preguntó: "¿Te gusta?" Mientras daba una vuelta para mostrarlo, cómo podría haberle expresado que la prefería sin nada, porque después de ver sus imágenes, lo demás era superfluo.
J: Mira, la mancha no salió del todo -me dijo, mostrándome su muslo ligeramente manchado.
Sí, es verdad, pero ¿sabes qué? Leí que con limón se pueden quitar esas manchas.
-Así que fui corriendo a la cocina, corté un limón y regresé con él. Rápidamente tomé su pierna y empecé a frotar para comprobar si de verdad se eliminaba. Luego, con una toalla húmeda, terminé de limpiar su pierna, cuya textura parecía muy, pero muy suave. Con todo ese movimiento, sin darme cuenta siquiera, tuve una erección y cuando me percaté, ya era tarde, ella estaba mirando fijamente mi entrepierna.
Disculpa, es que la situación me llevó a reaccionar de forma involuntaria.
J: No te preocupes, tampoco es que vaya a morir por ver algo bueno...
-Dudé si había entendido correctamente, así que me puse de pie y rápidamente fui a la cocina a buscar su café.
Así continuamos trabajando y estudiando respectivamente hasta que fueron las 2 en su caso y las 3 en el mío, ya que ese día terminaba mi trabajo más temprano.
¿Te apetece beber algo?
J: Sí, gracias.
¿Una cerveza o una gaseosa?
J: Una cerveza no estaría mal.
-Estuvimos tomando un par de cervezas y conversando de diversos temas.
¿Cuánto te falta para terminar tu carrera?
J: En realidad, debí haber finalizado el semestre pasado, pero estuve mal debido a mi ex y, ahora mismo, me encuentro en el último semestre.
¿Fue muy complicado?
J: Sí, un auténtico idiota que no comprende una señal ni aunque la tenga con luces LED.
¿Tardo mucho en darse cuenta?
J: Fíjate que sí... ay, perdón, ¿te importa que te tutee? No estoy acostumbrada a tratar de usted a la gente.
Sí, claro, no hay problema, así me siento más cómodo también.
J: Resulta que yo podía estar en ropa interior delante de él y ni siquiera se inmutaba ni me acariciaba.
Vaya torpeza, con lo impresionante que eres, creo que cualquiera aprovecharía esa oportunidad
J: ¿En serio te parezco atractiva?
Bueno, para qué negarlo, esta mañana cuando te divisé por la ventana, estaba completamente concentrado en un problema de trabajo, pero al verte, me dejaste sin palabras, estás realmente bella y me siento afortunado de que estemos aquí charlando.
J: ¿Puedo contarte algo ahora que tenemos confianza? Siempre te he parecido atractivo, desde que era pequeña, igual que a mi mamá, pero nunca había tenido la oportunidad...y la colisión de hoy resultó ser la excusa perfecta. (Es evidente que la cerveza empezó a hacer efecto)
- ¡Detente! ¿Afirmó que a su madre también le parezco atractivo? ¡Pero si es una mujer impresionante... y aquí sigo lamentándome solo teniéndola tan cerca. -
Y ahora que estás aquí conmigo, ¿sigo pareciéndote atractivo?
- Javiera abrió sus piernas, dejándome ver que no llevaba ropa interior, y se recostó hacia atrás, invitándome a avanzar un paso más.
J: ¿Tú qué opinas?
- Ante tal respuesta, me lancé sobre ella y empecé a besarla. Ella respondió con besos húmedos y deliciosos que, a medida que la temperatura subía, se volvían cada vez más apasionados. Los besos se convirtieron en caricias y continuaron intensificándose.
Casi sin darnos cuenta, ya estábamos desnudos, las imágenes que había visto no le hacían justicia, la tomé de la mano y la llevé a mi habitación. Una vez allí, la recosté en la cama y, mientras ella me miraba con una expresión que despertaría a un muerto, me acerqué y comencé a besarla desde los pies hacia arriba. Subí por sus piernas y, al llegar a su zona íntima, decidí pasar la lengua por el interior de sus muslos, luego ascendí por su vientre y seguí hacia sus hermosos senos, lamí sus pezones y les di pequeños mordiscos, tomé ambos pechos y me metí ambos pezones en la boca, los besé y mordí, todo esto mientras acariciaba su sensualidad y introducía 2 dedos...
En ese momento, los gemidos de mi vecina resonaban por toda la casa y solo pensaba en continuar... Bajé hacia su entrepierna y me sumergí en su intimidad, primero lamiendo suavemente, después introduciendo mi lengua y finalmente, estimulándola con ella. Nos acomodamos en un apasionado 69, ella lo practicaba con pasión, me deleitaba con su desempeño en mi miembro, el tronco, los testículos, y al tomar su clítoris con mis labios para estimularlo, no pudo resistirse y generó una eyaculación femenina larga y placentera que me hizo alcanzar también el clímax en su boca, el cual, para mi sorpresa, ella se tragó por completo, sin derramar ni una gota, al igual que yo hice con sus fluidos deliciosos.
Me aparté un momento, me erguí y me acerqué para besarla. Nuestros labios degustaron el sabor de cada uno de sus jugos, lo que me excitó de nuevo y me introduje en ella... oh, qué sensación, solo con recordarlo vuelvo a excitarme, su intimidad ardía y casi sentía como mi pene se quemaba, esa chica era una fiera y hicimos el amor apasionadamente hasta llegar al clímax nuevamente, yo eyaculé sobre su abdomen por precaución y ella, golosa, lo recogió y se lo tragó.
Después de un rato abrazados, nos duchamos, descendimos a la cocina, tomamos café con galletas y vimos algo en la televisión.
Al acercarse la hora de regreso de su madre, Javiera se levantó, recogió sus pertenencias para "escapar" a casa sin ser descubierta, pero en ese instante, las llaves de su casa cayeron de su mochila.
J: ¡Ups!
- La miré y me dijo: "Bueno, me descubriste. Siempre que salía, te veía tan concentrado en tu ventana y hoy, la verdad, ya no podía más, así que como me observabas el trasero, tenía que arriesgarme."
- Luego de esto, se vistió con su ropa ya seca, me besó y se marchó.
Poco después llegó su madre a casa y yo aún estaba en estado de shock por lo que descubrí. Pensé que tenía el control de la situación, pero ella lo había planeado todo, incluso lo de la tinta. No me molestó en absoluto porque la experiencia vivida con esa chica me transportó a mis años jóvenes y me hizo sentir rejuvenecido, diría que unos 20 años menos.
Me puse a leer un rato, cuando recibí un mensaje en mi teléfono.
"Gracias, todo estuvo maravilloso, me encantó... por cierto, me preguntan si de pronto quisieras compartir un poco de leche"... y luego de eso, una foto en la que ella y su madre lucían seductoras y juguetonas mostrándome la lengua... vaya, esto se pone interesante.
Cuando suceda, se los contaré.