Loíza ya mantenía confianza con los caballeros lo noté por cómo le trataban. 5 hombres maduros y morbosos, sus miradas iban directamente a mis pechos, deseaba marcharme de allí lo más rápido posible, sabía que nada positivo surgiría con esos lobos, una loba, y yo una Caperucita Roja.
Sin embargo, Loíza me hizo sentarme a su lado y al lado de Ernesto, cuyo bulto ya podía apreciarse claramente, el juego sería solo desafío y todo estaba permitido, así indicó Irán, que era como el jefe del grupo y no dejaba de observarme, mi instinto me decía que Loíza me había entregado al mejor postor, sirvieron bebidas pero yo rechacé. Irán era el más veterano con 54 años y viudo, próspero económicamente por ser empresario, Ernesto con 52 años, casado, pero con un matrimonio típicamente aburrido, socio de Irán, Mauro con 53 años, casado pero cornudo, también socio de Irán, Ramón con 49 años separado, viviendo con una hermana y empleado en alguna entidad gubernamental y por último Frack con 47 años separado, viviendo solo y heredero según afirmó, 5 ancianos ansiosos de juventud y ¿qué mejor que la de Loíza y la mía? Irán estaba impaciente por comenzar, bebía con ansia, me observaba con deseo, pasaba su lengua por sus labios y me guiñaba un ojo.
Irán: Ahora sí, comencemos el juego y aquí nadie puede negarse.
Estaba asustada mientras Loíza mostraba una sonrisa fresca, ella simplemente acariciaba mi muslo y lo apretaba... Irán hizo girar la botella, mi corazón comenzó a latir pero afortunadamente no fui la primera, el pico indicaba quién retaba, le tocó a Ernesto y el fondo de la botella a Ramón.
Ernesto: Te desafío a quitarte una prenda, amigo mío.
Ramón soltó una carcajada y sin dudarlo se quitó sus pantalones, para mi sorpresa se quedó completamente desnudo, su miembro era robusto, velludo y con grandes testículos, todos rieron y bromeaban.
Irán: Así es, Moncho sin miedo.
A pesar de todo, seguía mirándome fijamente, cada vez bebía más y eso me inquietaba.
Loíza: Relájate, estás tensa, ponte cómoda y así terminaremos más rápido.
Decidí seguir su consejo, giré la botella nuevamente, el pico le tocó a Mauro y el fondo a mi prima Loíza, su emoción era evidente.
Loíza: A ver, papacito chulo, ¿qué reto me tienes preparado?
Mauro: Pínzale los pezones a tu prima y quítale la tanga.
Mis ojos parecían dos platos mientras Loíza seguía las instrucciones, pellizcó mis pezones y experimenté un leve morbo, me puso de pie y me quitó la diminuta tanga hilo, la cual pasó por la nariz de cada uno de ellos hasta llegar a la de Irán, quien parecía encantado con mi aroma.
Irán: Huele a caramelo fresco, y pasó su lengua.
La botella giró unas cuantas veces más, y casi todos estaban desnudos, se habían besado, yo ya no tenía tanga y tuve que besar a todos menos a Irán, pero algo ya estaba planeado, lo sabía.
Giré la botella, y me tocó el fondo a mí y el pico a Franck.
Franck: Te desafío a ir a la habitación con El Jefe (Irán).
Él se levantó ya desnudo, su miembro era normal, velludo y con los testículos aún recogidos, me agarró del brazo, un terrible miedo me invadió mientras me llevaba a una habitación con una luz suave, me arrojó en la cama, me quitó el top y la falda, descubrió mi región púbica poblada hasta el clítoris y depilada hasta abajo, mi monte de venus era exuberante y eso más que asustarlo le excitó, comencé a llorar.
Yo: Por favor, no me hagas daño, finge que me estás poseyendo si quieres.
Irán: Jaja, cállate y disfruta. Tienes unos senos y una entrepierna de puta.
Me colocó una mordaza con una bola en medio, me ató con esposas a la cama y abrió mis piernas sujetándolas a las esquinas de la cama, estaba totalmente expuesta para él, una cerda abierta
para él. Ese hombre no deja de probar sus labios, y su miembro creció rápidamente. No sé por qué ni cómo, pero empecé a humedecerme, aplicó un lubricante con sabor, chupó sus dedos y los introdujo sin piedad, me dolió y me quejé.
Irán: No te hagas la difícil, ¿eh? Sabemos que eres promiscua, Loíza nos ha contado que te gusta mucho el sexo.
Mientras me decía eso, solo pensaba en lo traicionera que era Loíza, él hacía movimientos con sus dedos dentro de mi vagina que poco a poco me hicieron gemir y alcanzar mi primer orgasmo.
Irán: Veo cómo tiemblan esas piernas, sé que ya acabaste.
Irán no quería tener relaciones sexuales conmigo, él quería hacerme llegar al orgasmo una y otra vez masturbándome.
Irán: Vamos, perrita, solo quiero disfrutar viéndote llegar al clímax, y lo estamos logrando.
Introdujo un dedo en mi ano, luego otro y otro, hasta tener tres. Aquella sensación era increíble pero dolorosa, mis lágrimas caían, me estaban estimulando sin mi consentimiento.
Irán: No llores, sé que te gusta.
Su rostro se transformó en el de un sádico y torturador. Afuera se escuchaban gemidos y risas de placer, mientras que en la habitación, el viejo Irán abusaba de mi cuerpo.
Irán: Me encanta tu trasero jugoso.
Comenzó a morder y dejar moretones en mis senos, aquello me dolía mucho pero de alguna manera me proporcionaba placer. Decidí relajarme para que terminara más rápido.
Irán introdujo 3 dedos en mi vagina, colocó un vibrador en mi clítoris y un tapón vibrador en mi ano, él lo disfrutaba y yo comencé a disfrutarlo también. Experimenté 2 orgasmos seguidos que me dejaron exhausta...
Irán: Qué placer escuchar tus gemidos, dame más, dame más.
Agregó unas pinzas a mis pezones y, a los pocos minutos, exploté con un gran chorro, nunca antes me había pasado algo así y Irán terminó eyaculando en mi abdomen por la excitación que le causó mi eyaculación femenina.
Irán: Lo conseguí, qué delicia, mi amor.
Afuera, los gemidos no cesaban, Loiza estaba disfrutando siendo penetrada, lo sabía por su risa de placer.
Irán me desató, me vestí y al salir vi una orgía afuera. Loiza estaba siendo montada por esos hombres y lo estaba disfrutando, salí corriendo de allí, al abrir mi bolso me di cuenta de que tenía mucho dinero, fui su compañera sexual sin darme cuenta.