Una chica joven de 18 años, mi cuñada Sofía, siempre ha sido soltera a pesar de su atractivo físico. Con una figura esbelta y equilibrada, resalta por su altura de 1,70 m. Aunque no es voluptuosa, sus curvas, que parecen de gimnasio, resaltan aún más con la ropa ajustada que le gusta usar.
Todo comenzó cuando Sofía confesó a mi esposa su sentir de soledad y depresión. Expresó su deseo de experimentar la pasión con un hombre y propuso que fuera yo quien la ayudara en esto. Al enterarme de la situación, mi mente se llenó de excitación al conocer los detalles de la conversación entre mi esposa y su hermana.
Ante la propuesta, mi esposa se mostró dudosa y mencionó su falta de preparación para compartirme con su hermana. Aunque le expresé mi disposición a complacer a Sofía siempre y cuando mi esposa lo aceptara y se sintiera lista.
A pesar de la incomodidad inicial, acordamos cómo sería el encuentro en un hotel. Sofía reveló que su experiencia sexual previa no había sido satisfactoria, pues sus encuentros anteriores habían sido breves y desagradables.
En el camino al hotel, Sofía confesó haber escuchado conversaciones que la llevaron a creer que mi esposa y yo manteníamos una relación abierta y experimental. Estos malentendidos la llevaron a seleccionarme como su compañero en esta experiencia.
Individuos y fue acordado por ambos. Eso despertó en ella la excitación y comenzó a observarme con otros ojos, hasta que tomó coraje y le ofreció esto a su hermana.
Cada vez que Sofi me hablaba, mi excitación aumentaba, al llegar al hotel ya tenía una erección incontenible, le pedí que entrara primero, mientras me tomaba unos minutos para acomodar mi miembro para que no fuera tan evidente, no quería incomodarla.
Al entrar, Jessi me recibió con un beso y me pidió que me duchara, luego de Sofi. Ambos limpios, tomamos unos tragos para relajarnos, cuando noté que Sofía estaba más relajada, la tomé de la mano y la llevé a la cama, comencé a besarla y acariciar sus piernas, ella me abrazaba y besaba con más pasión cada segundo. La acosté en la cama y se posicionó sobre mí, empezamos a besarnos más y más, mientras acariciábamos aún vestidos. Mi pareja estaba sentada en una pequeña mesita que teníamos frente a la cama, observando cómo disfrutaba con su hermana, y lentamente llevé mi mano hasta sus nalgas y las apreté.
Le quité la blusa a Sofi y llevaba una bonita lencería negra, cambié de posición y ahora ella estaba recostada, sin blusa, la besé desde el cuello hasta donde comenzaba su pantalón, con suavidad se lo quité dejándole su tanga, comencé a besar toda la zona de sus caderas, muslos, entrepierna pero sin llegar aún a la vagina, quería que se fuera calentando, y al parecer funcionó porque empezaba a soltar leves gemidos, intentando ser silenciosa, tomé eso como una señal y aparté su tanga para empezar a acariciar su vagina con mi boca, comencé con lamidas lentas desde su ano hasta su clítoris, al llegar al centro introducía mi lengua lo más profundo que podía, para ese momento ya estaba completamente húmeda y sus fluidos tenían un sabor delicioso.
Después de su primer orgasmo con mi sexo oral, me desvestí y la abrí de piernas, comencé a restregar mi miembro en su vagina, y lo fui introduciendo lentamente mientras la besaba, una vez dentro, empecé a penetrarla rápidamente, no era tan intenso pero sí continuo, hasta que me pidió más a gritos, yo estaba arrodillado y ella acostada boca arriba frente a mí, la agarré por los tobillos y la embestí con fuerza, no pude resistirme y comencé a besar y lamer sus dedos, tuvo otro orgasmo que sentí sus palpitaciones en todo mi miembro.
Cuando saqué mi miembro para cambiar de posición, toda la sábana de la cama estaba mojada. Sabía que lo estábamos haciendo bien, y se veía en su rostro que ya necesitaba una buena sesión de sexo. Durante esos minutos que se me hicieron eternos, olvidamos por completo a mi pareja, era como si no estuviera allí, Sofi y yo éramos uno en ese momento, olvidamos el mundo y nos dedicamos solo a disfrutar.
Me acosté en la cama y ella se subió frente a mí y empezó a moverse suavemente y de forma placentera mientras me besaba el cuello y me susurraba al oído lo bien que la estaba pasando, comenzó a cabalgar sobre mí rápidamente pero a un ritmo constante, tomó mis manos y las colocó en sus senos, empecé a apretarlos y jugar con sus pezones, estaba a punto de tener otro orgasmo que se dejó caer en mi pecho, la sostuve con un brazo y con el otro agarré su trasero, la penetré con fuerza y rapidez, mientras ella clavaba las uñas en mi cuello, y con gemidos pedía más y más hasta que sentí un chorro salir con presión, bañando todo mi miembro con sus fluidos.
Nunca había estado con alguien tan húmedo, la cama estaba completamente empapada, así que nos levantamos y empezamos a besarnos de pie, mientras la besaba, vi a mi pareja, desnuda masturbándose, eso me excitó mucho, estábamos a punto de probar una posición nueva.
Entre besos, levanté una pierna de Sofi y la coloqué en mi cadera, le pedí que se agarrara fuerte de mi cuello porque la cargaría, ella obedeció, e introduje mi sexo cuando ya estuvo adentro la levanté y coloqué su otra pierna en mi cadera, ella colgaba de mí
Miembro y se sujetaba con las extremidades inferiores también comencé a tener relaciones sexuales con ella con toda la fuerza posible, debido a su humedad y la amplitud de sus piernas, se comenzaron a escuchar aplausos que llenaron la habitación de gritos y gemidos. Después de unos minutos, ya no pude soportar más su peso, introduje mi pene hasta lo más profundo y caminé con ella todavía en mis brazos y colgando de mí hasta la mesa donde se encontraba Jessi. Coloqué a Sofi sobre la mesa sin cambiar de postura ni retirar mi miembro, las dos hermanas estaban juntas, Jesi se levantó y comenzó a besarme mientras me entregaba a su hermana, el placer me consumió y terminé dentro de Sofi, expulsando potentes chorros de semen. Sofi quedó tendida en la mesa recuperando la respiración mientras su hermana limpiaba mi miembro con su boca.
Nos recostamos los tres por un momento. Aún no había recuperado el aliento, las tenía a mi lado, una a cada lado. Por un instante, me sentí como en un sueño, teniendo a dos hermanas desnudas a mi lado y ambas eran un deleite tremendo. Después de unos minutos, los tres nos duchamos juntos y nos preparamos para irnos.
Dejamos a Sofi en su domicilio y nosotros regresamos al nuestro para tener relaciones sexuales de manera apasionada. Mi esposa me confesó que por un momento había sentido celos, y no podía creer que parecía que no recordábamos su existencia, pero se tranquilizó y se dijo a sí misma que su hermana tenía derecho a disfrutar del sexo al igual que ella. También me confesó que había pensado en unirse, pero no quería romper la atmósfera de pasión que teníamos Sofi y yo.
Después de un tiempo, repetimos la experiencia y comenzamos a hacerlo con más frecuencia, llegando a hacerlo una vez al mes. Después de un par de encuentros, Jessi dejó de ser espectadora y participaba, a mí me encantaba y me llenaba de morbo ver cómo dos hermanas se complacen mutuamente.