Recibí un correo electrónico de Arturo desde la Ciudad de México solicitando mi ayuda para escribir un relato. Después de intercambiar mensajes, le entrego lo que surgió de la solicitud del hermano mexicano.
El tener una fantasía sexual no siempre implica el deseo de llevarla a cabo. En mi caso, tengo una fantasía y me gustaría hacerla realidad.
Se dice que los hombres son quienes más fantasías tienen, pero de distintas maneras; sin embargo, tanto hombres como mujeres fantasean por igual.
Estoy casado con Fernanda, de cuarenta y dos años, lo cual no contrasta en absoluto con mis cincuenta y siete. Mantenemos una vida sexual muy activa.
Es la mujer más exquisita que he conocido nunca. Es bajita, de cabello negro, con unos ojos curiosos que te miran al introducir el pene entre sus carnosos labios. Tiene un tamaño de pecho intermedio y un trasero grande y perfecto, lo que la convierte en una morena increíble. Cuando salimos a la calle, se puede notar en las miradas de los hombres el deseo que sienten por ella. A veces pienso que soy el único que se excita con ella, pero al regresar a casa y hacer el amor después de esos paseos casi exhibicionistas, con ropa ligera y transparencias, ambos estamos muy excitados y tenemos un sexo desenfrenado.
¿Cómo surgió mi fantasía?
De manera sencilla, tal como he narrado, a raíz de las miradas de otras personas.
¿Cuál es mi fantasía?
Aunque pueda parecer extraño, quiero ver a mi esposa teniendo relaciones sexuales con otro hombre. Quién lo diría, a mi edad queriendo ser un espectador, pero haberme excitado tanto y tantas veces al saber que la gente la desea, me llevó a tomar la decisión de proponérselo.
Después de una noche de paseo y buen sexo, le planteo la cuestión.
- Fernanda, quiero hacerte una pregunta, espero que no te molestes, pero aparte de las fantasías que ya hemos cumplido, ¿te queda alguna pendiente?
- Creo que no, Arturo, siempre me satisfaces sexualmente y hemos realizado todo lo que hemos deseado, ¿por qué me preguntas? ¿Por qué no debo molestarme?
- Porque tengo una que ha surgido en mí desde hace un tiempo, desde que presto atención cuando paseamos, veo cómo te miran con deseo y se babean por ti.
- Y el punto es...
- Que me encantaría verte haciendo el amor con otro hombre.
- ¿Estás loco?
- No, pero siempre hemos hablado y te hago la propuesta, no tienes que decidir en este momento y tienes la libertad de decir sí o decir no. Me di cuenta de lo que generas en la calle y también noté que tú también te diste cuenta, porque cuando regresamos estás mucho más excitada y caliente de lo habitual.
Poniéndose colorada y sintiéndose descubierta.
- Lo pensaré, pero no te prometo nada.
Pasaron los días y noté que al salir de paseo mi esposa se vestía de manera distinta, con más transparencias, vestidos o faldas extremadamente cortos que casi dejaban ver la ropa interior, y cuanto más transparente era la prenda, más se animaba, incluso una vez pude ver a través de la transparencia que no llevaba ropa interior, dejando que la mente de quien la miraba volara libremente.
Continuaban siendo habituales las sesiones de sexo extraordinario después de esos eventos, y a mí me excitaba muchísimo.
Unos dos meses después, vino un primo hermano de Fernanda que se había mudado de la Ciudad de México a Londres, ya que como ingeniero informático había conseguido un trabajo en la empresa I.B.M. y había ganado mucho dinero.
Le dimos la bienvenida en casa, invitándolo a quedarse con nosotros y preparando una habitación para él, lo cual aceptó de inmediato.
Durante la semana, estuvo visitando a personas a las que no veía desde hacía tiempo, por lo que quedamos en cenar el sábado.
Llegado el día, nos preparamos para comer,
Pimientos rellenos acompañados de arroz y tortilla. Para tomar, muy tradicional, unas cervezas Bohemia.
Después de cenar y conversar sobre su vida en el extranjero, continuamos con las cervezas, que fluían abundantemente, ya un poco mareados por el alcohol, decidimos ir a descansar, me retiré al baño para orinar, dejando a mis primos hablando en el sillón.
Al volver, me encontré con una escena que me fascinó; Raúl acariciaba el brazo de mi señora madre, nos miramos a los ojos y reconocí de inmediato ese brillo, sin que él se diera cuenta, me guiñó un ojo y supe al instante qué significaba.
Permanecí al margen de la escena, listo para esperar que se cumpliera mi fantasía, sentado en un sillón individual casi en frente de ellos.
Sus caricias fueron intensificándose, acercando sus rostros hasta comenzar a besarse apasionadamente; las manos de Raúl se posaron en los pechos de mi madre, acariciándolos con ternura, deslizando una de ellas por las piernas desnudas, rozando con sus dedos las zonas de placer.
Su hábil mano recorrió todo el contorno de su ropa interior, que cubría el área a ser explorada por primera vez por otra persona que no era yo.
La expresión de Fernanda iba cambiando a medida que las caricias se intensificaban, su boca se abrió y dejó escapar un gemido, Raúl se apresuró a desnudarla, haciendo lo mismo con él mientras la besaba. Mi miembro ya erecto quería liberarse de los pantalones, situación que me llevó a hacer lo mismo y quedar desnudo.
Los tres en traje de Adán y Eva, retomamos nuestras posiciones y roles.
Fernanda se sentó en el sillón con las piernas abiertas, tomándolas por debajo de las rodillas para elevarlas ligeramente, una clara invitación para comenzar la acción.
Raúl, aquel hombre atractivo con su estatura de aproximadamente un metro ochenta, se arrodilló frente a la vagina depilada acercando su rostro a ella. Desde mi lugar podía observar algo, pero no en detalle, lo que aumentaba mi deseo; Fernanda me miraba de reojo, con una sonrisa en su rostro. A veces, cuando la lengua de Raúl tocaba ciertos puntos en su intimidad, provocando que se humedeciera aún más, su sonrisa se transformaba en gemidos de placer. Mientras tanto, yo comenzaba sin pensar a estimularme lentamente, mi miembro estaba duro como nunca antes, realmente lo estaba disfrutando al máximo.
La situación se volvía más intensa, decidí poner música suave para completar el ambiente creado.
Creo que era momento de aumentar la pasión, ambos buscaron mi aprobación con la mirada y asentí levemente con la cabeza.
Raúl le pidió que se arrodillara en el sillón, Fernanda obedeció rápidamente agarrándose del respaldo con ambas manos, dejando su trasero en alto y abriendo las piernas para exponer su sexo al miembro erecto de su amante, listo para penetrarla. Después de seguir besando su zona íntima por un tiempo, provocando en mi madre ¿el segundo, tercer? orgasmo, ya había perdido la cuenta, Raúl se incorporó, dirigió su miembro hacia la entrada de la vagina empapada y con un solo impulso la introdujo completamente, provocando un grito de placer de Fernanda.
Sus hermosos senos se balanceaban de un lado a otro, mientras Raúl se movía de forma rítmica dentro de "mi" vagina, haciendo que sus testículos golpearan de manera excitante. Fernanda, extasiada, movía las caderas en círculos y de lado a lado, elevando su trasero y disfrutando del intenso placer. Escuchar sus gemidos me excitaba aún más, mi masturbación se volvía más intensa, mi esperma estaba listo para salir con fuerza, lo permití, eyaculando con varios chorros mientras jadeaba.
Observé cómo la potencial pareja también alcanzaba el clímax con Fernanda mirándome a los ojos y una amplia sonrisa en su rostro, Raúl retiró su gran pene de la vagina, mostrando cómo el semen se escurría por sus muslos. Aún erecto, colocó el miembro en el ano, mientras Fernanda se volteaba hacia él diciendo.
- En ese aspecto, no por favor, eso es exclusivo de mi esposo.
Limpiando el miembro con su boca, eliminó las gotas restantes.
Más tarde, ya limpio y vestido, Raúl intentó hablar sobre lo ocurrido, pero no lo permitimos, indicando que lo sucedido, simplemente había ocurrido y ya está, sin necesidad de entrar en más detalles.
Sin repetir la experiencia, una semana después nuestro invitado regresó a su trabajo. Durante su estadía, no se mencionó el tema, simplemente al despedirse agradecimos el tiempo que compartimos aquella noche.
Siempre tuve claro que Fernanda no sería quien buscase a alguien más, sería tarea mía encontrar a alguien dispuesto a llevar a cabo mi fantasía.
Afortunadamente, surgió la oportunidad con alguien que pudo hacerlo realidad, lo interesante fue que todo ocurrió de forma espontánea, lo que añadió un factor sorpresa que resultó aún más excitante. Acordamos no repetirlo, aunque ella desconocía que yo había grabado todo con mi móvil, y a veces lo veíamos juntos para avivar nuestra pasión.
¿Si me sentí mal? Para nada, al inicio experimenté cierta incomodidad al considerar que la experiencia podría ser muy positiva y mis propias inseguridades podrían afectarla. Sin embargo, al confiar plenamente en ella, me sentí tranquilo y pude disfrutar de mi fantasía, la misma fantasía que compartí y fue recibida con agrado.
- Arturo, gracias por llevarme a tu hermosa locura, fue emocionante y estimulante sentirme deseada. Sentí cierta compasión por ti, pero al verte tan feliz también me sentí tranquila, te amo tanto que cualquier cantidad de amor es insuficiente.
- Gracias a ti, mi vida.
- Algún día, quizás, también te sorprenderé...
Se desnudó y comenzó a tomarse fotos frente al gran espejo de la sala con su móvil, queriendo regalármelas para que siempre la tuviera presente. Para explicar cómo concluyó la historia, solo diré que casi rompimos la cama.