Cuando hab铆an pasado aproximadamente una hora viajando, Eduardo se detuvo en una estaci贸n de servicio, se dirigieron a los ba帽os, 茅l entr贸 detr谩s de ella en el de mujeres, tuvieron suerte al encontrarlo vac铆o, ella se sent铆a confundida, ingres贸 en un cub铆culo y orin贸, al salir Eduardo la empuj贸 hacia adentro y cerr贸 la puerta, el espacio era reducido para dos personas de su talla, sin embargo, eso no detuvo a Eduardo, la bes贸 contra la pared y la volte贸, le baj贸 la ropa interior hasta las rodillas y comenz贸 a acariciar su sexo, ella se dej贸 llevar por su amante, aquella situaci贸n excitaba a Cristina, jam谩s habr铆a llevado a cabo una locura de ese tipo con su difunto esposo, pero Eduardo siempre la sorprend铆a, no consultaba, simplemente actuaba y ella, sumisa, obedec铆a y se dejaba llevar.
Disfrutaba de la mano de Eduardo cuando tocaron a la puerta, la respiraci贸n de Cristina se detuvo al igual que sus m煤sculos, Eduardo le susurr贸 al o铆do, tranquil铆zate, simplemente di que est谩 ocupado, ella sigui贸 sus instrucciones y con la voz entrecortada por los nervios respondi贸, Eduardo continu贸 estimul谩ndola y ella, m谩s excitada por la situaci贸n reciente, no tard贸 en llegar al cl铆max, Eduardo se chup贸 los dedos y le susurr贸 al o铆do.
-Me encanta el sabor de mi amante. Una corriente de placer recorri贸 el cuerpo de Cristina al escucharlo. 鈥揂hora salgamos con calma. Sali贸 primero ella y luego 茅l, pidieron un caf茅 y se sentaron en una mesa.
-Te extra帽ar茅 mucho cuando no est茅s aqu铆, mi amor.
-Olvida eso por ahora y disfruta de los placeres que llegar谩n en estos d铆as, mi querida.
-隆Lo har茅! Pagaron el caf茅 y continuaron el viaje, llegaron a Toledo y el GPS los llev贸 al hotel, se registraron en recepci贸n y con la llave en mano se dirigieron a la habitaci贸n, Eduardo hab铆a elegido el piso m谩s alto. Una vez dentro, le indic贸 que se desvistiera, ella dej贸 la maleta y obedeci贸, 茅l tambi茅n se quit贸 la ropa y tom谩ndola de la mano la llev贸 a la ducha, ajust贸 la temperatura del agua y entraron. 脡l la enjabon贸 y le entreg贸 el gel para que ella hiciera lo mismo, se abrazaron, se acariciaron y se besaron, en un asiento de m谩rmol que sobresal铆a de la pared 茅l se sent贸 y coloc贸 a Cristina de espaldas a 茅l, copularon un poco hasta que la levant贸 y la gir贸, el agua ca铆a pero la ducha era lo suficientemente amplia para que no se mojaran, introdujo su miembro en su boca y ella lo complaci贸, luego la apoy贸 en el banco y le propin贸 unos azotes, Cristina disfrutaba de ser su sumisa, despu茅s de los azotes la penetr贸 analmente, el orgasmo de ambos se acercaba y Eduardo la alz贸 y debajo del agua continu贸 el acto, el jab贸n resbalaba por sus cuerpos, Cristina, apoyada en la pared, sent铆a el agua y un orgasmo que se aproximaba.
-隆Estoy llegando a mi cl铆max, mi amor! 隆Me estoy corriendo, amo! Eduardo la ignor贸 como en anteriores ocasiones y tir谩ndola del cabello continu贸 hasta alcanzar tambi茅n su cl铆max, siguieron debajo del agua un rato m谩s. Despu茅s, con un albornoz para cada uno, abrieron las maletas.
-Cuando tengas todo ordenado, arr茅glate y baja al restaurante, elige una mesa y esp茅rame.
-S铆, mi amor.
Cuando Eduardo ingres贸 al comedor, ella estaba sentada en una mesa, al verlo le dedic贸 una sonrisa, 茅l se acercaba lentamente, ella se movi贸 en la silla feliz como una mascota que ve a su due帽o, 茅l se sent贸 a su lado, le levant贸 la barbilla y bes贸 sus labios, se sent贸 y llam贸 al camarero.
-驴Qu茅 desean beber mientras ven el men煤?
-Tomaremos vino blanco pero que no sea seco, perdona 驴Cu谩l es tu nombre?
-Me llamo Luis.
-隆Qu茅 coincidencia! Eduardo pronunci贸 esas palabras mirando a Cristina. Esta se ruboriz贸 al recordar su peculiar relaci贸n con Luis.
-驴Perd贸n
caballero?
-No, en absoluto, simplemente una coincidencia con el 煤ltimo camarero que nos atendi贸.
Disfrutaron de la comida y la bebida hasta llegar a los postres, tranquilos, conversando.
-驴Sabes se帽or que no llevo ropa interior?
-Me parece bien. Dijo con su t铆pica calma, luego a帽adi贸. - Vamos a tomar el caf茅 en la cafeter铆a del hotel.
-Como usted prefiera. Solicitaron dos caf茅s y dos copas, la cafeter铆a estaba poco concurrida y Eduardo le indic贸 que introdujera dos dedos en su vagina y luego se los pusiera en la boca. Ella mir贸 a ambos lados y sigilosamente cumpli贸 con la orden, la emoci贸n de ser descubierta la excitaba, moj贸 sus dedos como pudo y se los puso en la boca a su se帽or, quien los lami贸.
-Hazlo de nuevo. Ella volvi贸 a revisar su alrededor y, sent谩ndose en el borde del sill贸n, se introdujo los dedos, los moj贸 apropiadamente y se los volvi贸 a poner en la boca a Eduardo.
-Nos retiramos a la habitaci贸n. Esa frase sonaba tentadora en los o铆dos de Cristina, quien imaginaba otro encuentro con su se帽or. Terminaron sus caf茅s y se levantaron, 茅l la tom贸 de la mano con firmeza, casi arrastr谩ndola, a Cristina le gust贸 esa sensaci贸n, sab铆a que era su sumisa y 茅l pod铆a disponer de ella como quisiera. Al llegar a la habitaci贸n, Eduardo la coloc贸 apoyada en el respaldo del sof谩, le baj贸 la falda y dej贸 su trasero desnudo a su disposici贸n, tom贸 el l谩tigo y lo desliz贸 varias veces por sus nalgas blancas, de repente un latigazo no muy fuerte hizo que Cristina gimiera, otro m谩s fuerte y sus gemidos se hicieron m谩s audibles, varios latigazos enrojecieron la piel de su trasero. Ella se manten铆a firme como una esclava que no pod铆a hacer m谩s que gemir cada vez que el l谩tigo tocaba su piel. Eduardo sac贸 su tel茅fono m贸vil y le tom贸 varias fotos, ella no se percat贸 del detalle. Luego la levant贸 y la puso de rodillas.
-Abre la boca y saca la lengua.
Mientras estaba en esa posici贸n, le tom贸 m谩s fotos, en ese momento ella se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, recibi贸 varios cachetazos y luego fue fotografiada de nuevo, sac贸 su miembro viril y se lo coloc贸 en la boca a su sumisa, continuando con las fotos mientras ella lo complac铆a. Finalmente, la sent贸 en el sill贸n.
-Estimula tu propia vagina. Ella obedeci贸, excitada por la sesi贸n de fotos que su se帽or le estaba haciendo. A medida que se excitaba, 茅l retrataba su rostro.
-Para. Le indic贸 en cierto momento, ofreci茅ndole un consolador. Ella lo introdujo en su h煤meda vagina y sigui贸 estimul谩ndose, sus gemidos aumentaban al igual que los movimientos de su cuerpo.
-隆Estoy llegando al orgasmo amo! 隆隆Estoy llegandoo amo!!
Al culminar su placer, 茅l se acerc贸 y volvi贸 a ponerle su miembro en la boca, ella hab铆a aprendido a realizar una felaci贸n profunda, introduci茅ndosela toda en la boca y acariciando sus test铆culos, se hab铆a convertido en una experta chupadora, esta vez se la mantuvo en la boca hasta que 茅l se apart贸 un poco para eyacular en su rostro, sintiendo c贸mo los chorros de semen descend铆an por su rostro y cabello, una vez concluido, le tom贸 m谩s fotos.
-Recoge el semen con los dedos y m茅tetelo en la boca. Ella sigui贸 las instrucciones mientras era fotografiada. Cuando termin贸 de limpiarse los dedos, Eduardo se sent贸 en el sof谩 y le pidi贸 que se sentara a su lado, le mostr贸 las fotos detenidamente, una por una para que las observara bien, ella apoy贸 la cabeza en el hombro de su se帽or mir谩ndolas y sin poder evitar sentir un cosquilleo en su interior. Era la primera vez que se ve铆a en una sesi贸n er贸tica, pens贸, le causaba placer observar especialmente su expresi贸n durante el orgasmo, se anim贸 a preguntar.
-Amo, 驴Qu茅 piensas hacer con estas fotos?
-Te las enviar茅 para que las tengas y las guardar茅 para masturbarme pensando en ti cuando est茅 en casa.
Eso le agrad贸 a ella, que imagin贸 la escena. Le dio un beso en la mejilla y continu贸 a su lado.
A pesar de haber tomado caf茅, no pudieron evitar quedarse adormilados por un rato. Cuando despertaron, se vistieron y salieron a dar
Realizaron un paseo por la ciudad, Toledo contaba con muchas atracciones, sin embargo, Eduardo ten铆a decidido el destino. Al llegar a una plaza amplia, decidieron cruzarla para adentrarse en una de las calles que desembocaba en la misma. A unos cincuenta metros, entraron en una tienda de art铆culos er贸ticos. Eduardo le pidi贸 a Cristina que esperara afuera, mientras 茅l buscaba lo que ten铆a en mente. En poco tiempo sali贸 con una bolsa en mano, la tom贸 suavemente y continuaron con su paseo. M谩s tarde, ingresaron a una cafeter铆a, se sentaron y realizaron su pedido. Fue entonces cuando Eduardo le ofreci贸 la bolsa de la tienda de art铆culos er贸ticos y le dijo:
- Quiero que vayas al ba帽o y te coloques esto. Cristina, intrigada por la petici贸n, tom贸 la bolsa y le sonri贸.
- Como prefieras, se帽or m铆o. Pasado un tiempo, Cristina regres贸 de los servicios y se sent贸 en su silla. Eduardo tom贸 la bolsa, sac贸 el manual, instal贸 la aplicaci贸n y desde su celular activ贸 el control remoto. Cristina dio un respingo en su asiento al sentir c贸mo el juguete que le hab铆a comprado se pon铆a en funcionamiento, generando una estimulaci贸n suave con vibraciones.
- Con este juguete puedo controlarte est茅s donde est茅s, desde cualquier lugar -explic贸 Eduardo.
- 驴En serio? 驴Incluso desde tu casa? -inquiri贸 Cristina.
- Exacto -respondi贸 Eduardo.
- 隆Dios m铆o! No sab铆a que exist铆an estas cosas -exclam贸 Cristina sorprendida.
- As铆 es. Cuando est茅 en mi domicilio y desee que alcances el cl铆max, te avisar茅 y deber谩s pon茅rtelo, sin importar d贸nde te encuentres -agreg贸.
Ella imaginaba la escena y se excitaba al escucharlo, al mismo tiempo que el peque帽o dispositivo cumpl铆a su funci贸n. Se acomod贸 en la silla mientras el placer se apoderaba de su cuerpo.
- Entonces, tendr谩s que llevarlo en el bolso para cuando te llame -advirti贸 Eduardo.
- 隆Por supuesto, mi amo! -respondi贸 Cristina.
- Ahora dame un beso y ve al ba帽o, quiero hacer una prueba -orden贸 Eduardo. Cristina obedeci贸, lo bes贸 y se dirigi贸 a los servicios. Al entrar en uno de los cub铆culos, sinti贸 c贸mo la intensidad de las vibraciones aumentaba, provoc谩ndole placer. Apoy贸 las manos en la pared y separ贸 las piernas, entreg谩ndose a la sensaci贸n. Mientras tanto, desde su mesa, Eduardo aument贸 la potencia al m谩ximo imagin谩ndola. En poco tiempo, Cristina alcanz贸 el orgasmo, dejando escapar en voz baja: "Me estoy corriendo, amo". Un par de minutos despu茅s, sali贸 del ba帽o y regres贸 a la mesa con una sonrisa en el rostro.
- 驴C贸mo ha funcionado? -inquiri贸 Eduardo.
- 隆Fant谩stico! -respondi贸 Cristina emocionada.
- Espero que este recuerdo toledano que te llevas te guste -coment贸 Eduardo.
- 隆Me encanta! Es mucho mejor que cualquier recuerdo t铆pico -afirm贸 Cristina. Salieron de la cafeter铆a y Eduardo llam贸 a un taxi, solicitando dar un paseo por la ciudad. Cristina segu铆a con el vibrador estimul谩ndola, y en un momento dado, Eduardo activ贸 la aplicaci贸n desde su m贸vil. Cristina volvi贸 a sentir las vibraciones de su regalo, mientras el taxista iba indic谩ndoles por d贸nde pasaban. Poco a poco, el placer comenz贸 a apoderarse del cuerpo de Cristina, y Eduardo, notando esto, increment贸 la intensidad frente a ella. El taxista percibi贸 c贸mo Cristina se acomodaba en el asiento y se abstra铆a de su entorno, luchando por contenerse. Aun as铆, la batalla estaba perdida y segu铆a disfrutando del placer desconocido que experimentaba. En un sem谩foro en rojo, Cristina se cruz贸 con la mirada del taxista. Ella mordi贸 su labio inferior y mir贸 a Eduardo. Este, como si nada, le acarici贸 el cabello. El morbo se apoder贸 de Cristina, volvi茅ndose a sentir sumisa ante su amo, quien en esta ocasi贸n la exhib铆a ante un extra帽o. Con su cuerpo entregado al placer, Cristina flu铆a en jugos de 茅xtasis, dispuesta a satisfacer los deseos de Eduardo. El taxista, al notar la situaci贸n, baj贸 la m煤sica y hablaba en tono m谩s suave, como queriendo disfrutar del placer que Cristina experimentaba. En un gesto atrevido, Cristina se acerc贸 a Eduardo y susurr贸 casi en secreto, aunque el taxista pudo escuchar:
- 隆Estoy llegando al cl铆max, mi amo!
le otorg贸 m谩s potencia y ella se contorsion贸 en el asiento.
-隆隆Estoy llegando!! El conductor sin apenas darse cuenta se hab铆a excitado.
El trayecto continu贸 con Eduardo bes谩ndola en la boca.
-Det茅ngase aqu铆. indic贸.
El veh铆culo se detuvo y Eduardo liquid贸 la tarifa, descendieron despidi茅ndose y el conductor se qued贸 detenido mirando c贸mo aquella mujer se alejaba tomada del brazo de su pareja. Jam谩s conocer茅 su nombre, pero tampoco la olvidar茅 pens贸 el conductor.
-Se ve que tu nuevo juguete funciona bien, 驴no es as铆 mujerzuela?
-S铆 se帽or. Se limit贸 a responder Cristina, a煤n recuper谩ndose del emocionante orgasmo que hab铆a experimentado. Deambularon sin saber su ubicaci贸n, desconoc铆an esa parte de la ciudad, deambulaban sin apuros, saboreando el momento y la compa帽铆a mutua, tras un rato, Eduardo decidi贸 que regresar铆an al centro y buscar铆an un sitio para cenar. Encontraron un lugar bastante concurrido y entraron, una pareja se levantaba de la mesa y ellos aprovecharon para sentarse. Eduardo se aproxim贸 a la barra para indicarle al camarero que estaban listos y que limpiara la mesa, mientras aguardaba, una mujer se aproxim贸 a 茅l y comenz贸 a entablar conversaci贸n. Cristina los observaba y esa escena le gener贸 una cierta incomodidad inesperada, experiment贸 celos, pens贸 que ser铆a absurdo sentir celos de una desconocida, pero tambi茅n pens贸 que ella misma hab铆a sido esa desconocida para 茅l tan solo unos d铆as atr谩s, para su amo, su se帽or, Eduardo era un hombre atractivo y a pesar de sus canas, segu铆a teniendo ese encanto para mujeres maduras de un hombre seguro de s铆 mismo, la mujer segu铆a hablando con Eduardo quien finalmente se despidi贸 y regres贸 a la mesa, ella no mencion贸 nada de todo lo que hab铆a reflexionado.
-He solicitado una botella de vino y algunas tapas.
-隆Me parece genial! 脡l no hac铆a referencia a la mujer, no comprend铆a por qu茅 se hab铆a perturbado as铆, aunque su relaci贸n era meramente carnal, no pod铆a evitar sentir algo m谩s por aquel hombre que la hab铆a transformado.
El camarero lleg贸 y les acomod贸 la mesa, llev贸 lo solicitado y los dej贸 para atender a otros clientes. Sin saber por qu茅, a Cristina le surgi贸 expresar.
-Amo, 驴deseas que tu esclava realice algo para ti?
-No, en este momento no.
-驴Est谩s seguro? Eduardo la mir贸 fijamente.
-驴Ocurre algo? Y quiero la verdad. Cristina apart贸 la mirada hacia la mesa, tom贸 su copa y bebi贸 un sorbo.
-Es una tonter铆a amo.
-No importa, cu茅ntamela.
-Pues anteriormente te he visto conversando con una mujer en la barra y me he sentido celosa. 脡l la mir贸 y esboz贸 una sonrisa.
-驴En verdad mujerzuela? 驴Sientes celos porque he hablado con una mujer? 驴Y qu茅 crees que hemos hablado para reaccionar as铆?
-No lo s茅, no pude evitarlo amo.
-Debo admitir que me agrada un poco que te sientas as铆, pero lo nuestro es estrictamente f铆sico, cuando me marche, cada uno seguir谩 con su vida, sin importar que pueda llamarte alg煤n d铆a, 驴de acuerdo?
-De acuerdo, lo entiendo, ya te mencion茅 que era una tonter铆a.
-Esa mujer se acerc贸 a m铆 para decirme que me recordaba mucho a su hermano y que si era de la zona porque nunca me hab铆a visto. Yo le coment茅 que era un turista y que estaba disfrutando unos d铆as con mi amante y que ten铆a lo que necesitaba en t茅rminos sexuales.
-Gracias mi se帽or por cont谩rmelo.
-No hay problema, pero esta noche ser谩s castigada por tu actitud.
-Lo que desees amo. Dijo Cristina complacida por las palabras de Eduardo, ella ofrec铆a todo lo que 茅l requer铆a y lo hac铆a gustosamente. Terminaron la botella de vino y tomaron un taxi de regreso al hotel.
Eduardo solicit贸 otra botella de vino para la habitaci贸n. Una vez descorchada, 茅l sirvi贸 dos copas, Cristina hab铆a bebido m谩s de lo habitual y se encontraba en un estado de cierta embriaguez, pero aun as铆 tom贸 la copa y bebi贸 un abundante sorbo. Eduardo le pidi贸 que se despojara de la ropa y se apoyara de frente contra la pared, regres贸 de la habitaci贸n con.
Usando el peque帽o l谩tigo y las esposas, decidi贸 coloc谩rselos a su sumisa. Levant贸 los brazos de ella, puso un antifaz sobre sus ojos para privarla de la visi贸n, separ贸 sus piernas y mientras tanto, se dispuso a fumar un cigarro. Mientras esperaba el castigo, ella percibi贸 el aroma del tabaco. El l谩tigo recorri贸 su espalda, provocando en ella un escalofr铆o placentero. Consciente de su mala conducta y merecido castigo, sinti贸 c贸mo el peque帽o juguete que llevaba dentro de ella se activaba. A continuaci贸n, el l谩tigo azot贸 sus nalgas redondeadas y blancas, golpe tras golpe, de la espalda al trasero. El vibrador cumpl铆a su funci贸n, mientras ella, en una nube por lo que hab铆a bebido, experimentaba un 茅xtasis cada vez mayor. Cada azote la impactaba, su cuerpo desnudo reaccionaba con gemidos de placer, eriz谩ndose su vello corporal, peg谩ndose m谩s contra la pared.
Eduardo intensific贸 los azotes al darse cuenta de que su sumisa estaba al borde del cl铆max. Cristina se retorc铆a, su espalda y trasero hab铆an adquirido un color rosado por la acci贸n del l谩tigo, pero Eduardo prosigui贸 el castigo hacia su sumisa.
En medio de su cl铆max, Cristina cerraba las piernas, retorci茅ndose y gimiendo fuertemente contra la pared. El efecto del alcohol hizo que se olvidara de pronunciar las palabras que su amo esperaba o铆r. Tras su orgasmo, Eduardo la azot贸 con mayor fuerza unas cuantas veces, se detuvo y la hizo girar, quit谩ndole las esposas para coloc谩rselas en su espalda.
-Ahora, zorra, te arrodillar谩s y recibir谩s bofetadas por no cumplir con tus palabras. Ser谩n diez, los contar谩s en voz alta y me dar谩s las gracias. 驴Est谩 claro, puta?
-S铆, amo.
Cristina se arrodill贸, esperando el primer golpe, sin poder ver nada, solo percibiendo y escuchando a su amo.
Eduardo le dio el primero de los diez y ella respondi贸.
-Uno, gracias, amo. Siguieron los golpes y ella continuaba la cuenta.
-Dos, gracias, se帽or. As铆 hasta llegar a diez, su mejilla sonrojada por las bofetadas, notando c贸mo la levantaba con firmeza y la guiaba hacia alg煤n lugar desconocido.
-Arrod铆llate.
Ella obedeci贸, sin saber su ubicaci贸n exacta.
-Abre la boca.
De repente, sinti贸 la entrada del pene de Eduardo en su boca.
-隆Chupa!
Comenz贸 a succionar y tragar el miembro de su amo, percibiendo c贸mo se iba endureciendo. Eduardo la agarraba del cabello, alternando entre sacarla y hundirla en esa boca que ya no se parec铆a en nada a la inicial. Mientras la penetraba oralmente, Cristina not贸 c贸mo el vibrador se activaba a m谩xima potencia.
-隆Me corro, puta! 隆Me corro!
El semen de Eduardo ca铆a sobre los pechos de Cristina, quien disfrutaba de tener a su amo solo para ella de nuevo. En un momento casi de alcanzar un nuevo orgasmo, sinti贸 c贸mo 茅l la orinaba, involuntariamente abri贸 la boca y bebi贸 algo del l铆quido. Eduardo concluy贸 y Cristina anunci贸 su propio cl铆max.
-隆Me estoy corriendo, amo! 隆Me corro!
Cristina se dej贸 caer al suelo esposada y con los ojos vendados, sinti茅ndose plena. Experiment贸 la felicidad de haberse complacido dos veces y de haber cumplido con los deseos de su amo. Eduardo guard贸 silencio mientras disfrutaba de su cigarro reci茅n encendido.
Ahora est谩s en la ducha, zorra. Voy a quitarte las esposas y el vibrador. D煤chate y, solo al terminar, podr谩s retirarte la venda. Cristina se sinti贸 liberada, tom贸 el gel a ciegas, abri贸 el grifo y el agua cayendo sobre su cuerpo le brind贸 una sensaci贸n reconfortante. El agua le devolvi贸 el control perdido por el alcohol, y disfrut贸 por un buen rato.
El agua ca铆a sobre su piel mientras reflexionaba sobre los acontecimientos pasados. Hab铆a perdido la cuenta de cu谩ntas veces se hab铆a dejado llevar en los 煤ltimos d铆as y de las diversas formas en que hab铆a sucedido. Hab铆a sido tratada como una esclava, una prostituta, una mujer f谩cil, y cada una de esas facetas, ya sea por separado o combinadas, le hab铆an agradado. Eduardo pose铆a un amplio repertorio de t茅cnicas para hacerla disfrutar. Pens贸 en lo mon贸tona que hab铆a sido su vida matrimonial en ese aspecto. Tambi茅n se pregunt贸 si su cuerpo aguantar铆a ese ritmo constante de encuentros sexuales si Eduardo se quedara para siempre. Una sonrisa se dibuj贸 en su rostro. Finalmente, decidi贸 salir, se quit贸 la venda de los ojos, tom贸 el albornoz y, descalza y con el cabello mojado, sali贸 del dormitorio. Eduardo se encontraba en el balc贸n, sosteniendo una copa de vino.
"Ya me he duchado, mi se帽or, y estoy lista para cumplir tus deseos", declar贸 Cristina, mientras Eduardo la miraba y tomaba su mano.
"Me alegra escuchar eso. S铆rvete una copa y si茅ntate a mi lado. Hoy es una noche agradable", expres贸 Eduardo, ofreci茅ndole a Cristina su copa para brindar juntos.
"驴Por qu茅 brindamos, mi se帽or?", pregunt贸 ella.
"Por ese afortunado giro del destino que nos ha llevado hasta aqu铆", respondi贸 茅l.
"隆Me parece perfecto!", respondi贸 Cristina, alzando su copa.
"Ma帽ana es nuestro 煤ltimo d铆a en Toledo y he visto unos carteles sobre una fiesta de disfraces. El tema es libre, solo necesitamos llevar antifaz", explic贸 Eduardo.
"隆Como en Venecia!", exclam贸 Cristina emocionada.
"S铆, as铆 que ma帽ana visitar谩s una tienda de disfraces y te comprar谩s uno, adem谩s de otro para m铆", indic贸 Eduardo.
"驴De qu茅 deseas que me disfrace?", pregunt贸 curiosa Cristina.
"Quiero que vayas como Justine, la doncella del marqu茅s, y te hagas dos coletas", respondi贸 茅l.
"驴Y t煤 c贸mo te disfrazar谩s?", cuestion贸 Cristina.
"Yo ir茅 vestido como el marqu茅s de Sade. Toma mi tarjeta y carga todo a mi cuenta", orden贸 Eduardo. Cristina consider贸 que esos disfraces eran muy apropiados para ellos y para el tipo de relaci贸n que compart铆an. Record贸 que en su juventud hab铆a le铆do la novela del marqu茅s y algunas fantas铆as hab铆an cruzado su mente, incluso hab铆a llegado a masturbarse, pero nunca llev贸 a cabo ninguna de las pr谩cticas mencionadas en la obra.
Continuaron conversando sobre los detalles hasta que se agot贸 el vino. Eduardo se levant贸, la bes贸 en los labios, mordi贸 suavemente su labio y le dijo que se retiraba a dormir, invit谩ndola a un铆rsele cuando gustara. Cristina decidi贸 quedarse un rato m谩s.