Saludos, me llamo David y en la actualidad tengo 23 años. Cuando surgió esta situación, contaba con 20 años de edad, con una estatura de 1.76 cm y una constitución física promedio. Mi madre, que tenía 40 años, medía 1.61 cm y presentaba algo de peso extra que solo realzaba el tamaño de su pecho y su trasero. Mis padres se separaron hace una década, por lo que ella no había mantenido ninguna relación amorosa durante ese lapso de tiempo.
Cuando comencé la universidad, decidí explorar el ámbito íntimo con mi madre. No sabía cómo plantearlo ni expresarlo, así que opté por insinuaciones sutiles, como no ocultar mis erecciones ante ella y vestirme de manera más provocativa. Además, le elogiaba con frecuencia, entre otras cosas.
Creí que estas acciones le harían comprender mis intenciones, por eso, en mi vigésimo cumpleaños, le manifesté mi deseo de celebrarlo con ella en casa, lo cual aceptó. Después de cenar, le expresé:
D: David
M: Madre
D: Madre, en este día especial, solo anhelo una cosa y tú eres la única que puede concedérmela
M: ¡Espero que no sea algo muy costoso, porque mi economía no es muy holgada!
D: No te preocupes, no tiene relación con el dinero; lo que deseo eres tú
M: (Guardó silencio por unos instantes y luego esbozó una sonrisa pícara) Ya era hora de que me lo dijeras
D: ¿Por qué dices "era hora"?
M: ¿Desde la preparatoria no utilizabas mis prendas íntimas para divertirte y dejabas rastros de tu presencia? ¿No aprovechabas cada ocasión para cogerlas cuando estaban más húmedas o perfumadas de lo habitual? Siempre fui consciente, incluso cuando comenzaste la universidad y te permitía verme con menos ropa de lo común
D: Me disculpo por eso, pero también tú guardaste silencio. Entonces, ¿podemos concretar lo que deseo?
M: Hoy seré enteramente tuya, tú solo dirige la situación
D: De acuerdo, me ausentaré un momento para ducharme y en 20 minutos estaré en tu habitación
En ese instante, me sentía desconcertado, cuestionándome si aquello era real o simplemente una broma, pero decidí arriesgarme y dar el siguiente paso.
D: (Ingresé a la habitación de mi madre) Ya estoy listo
Ella se hallaba a un costado de la cama, luciendo un sostén y sus braguitas de encaje a juego
M: Siéntate a mi lado, es crucial que lo sucedido permanezca en absoluto secreto, ¿entendido?
D: Sí, guardaré silencio, no comentaré nada
M: Entonces, comencemos con caricias y besos, lo básico
No era diestro en el arte de besar u acariciar a las mujeres, razón por la cual mi madre tomó la iniciativa y empezó a besarme en las mejillas, labios, abdomen, colocando sus manos en mi entrepierna, que ya se encontraba erecta. A su vez, la besé en la boca, desabroché su sostén para chupar sus pezones y deslicé mi mano por fuera de sus braguitas. Después de unos minutos, se las bajé y yo bajé mi bóxer, y me recosté boca arriba en la cama.
D: Optemos por la postura del 69
Ella dispuso su zona íntima sobre mi boca y tomó mi pene en la suya, comenzamos a satisfacernos mutuamente, recordando las múltiples veces que usé sus prendas íntimas cuyo aroma y sabor eran similares. Me sentía en la gloria al hacer realidad mi anhelo; tras unos aproximados 4 minutos, me detuve y le expresé:
D: Ahora quiero estar dentro de ti
M: De acuerdo, ¿qué deseas hacer?
D: Quisiera probar diferentes posturas, comenzando por la del misionero
Ella se recostó boca arriba en la cama, separando ligeramente las piernas para ofrecerse por completo
D: ¿Tienes un preservativo o debo ir por uno a mi habitación?
M: No te preocupes, cuando naciste me quitaron el útero, por lo que no es necesario utilizarlo"
lo improbable
Escuchar eso me llenó de alegría, no era necesario un preservativo, sería contacto directo, entonces me posicioné sobre ella, nos besamos y la introduje primero solo la puntita para ver qué sucedía, cuando mi madre soltó un leve gemido y le comenté que la introduciría por completo, a lo que asintió. Aumenté mi peso para lograr introducirla por completo, ella gimió más fuerte y comencé a realizar el vaivén mientras nos mirábamos a los ojos y nos besábamos. Permanecimos así durante aproximadamente 5 minutos, luego le dije que deseaba cambiar, a lo que envolvió con sus piernas mi espalda baja y no me permitió separarme de ella.
M: Por favor, no te alejes, quiero sentir más de ti
D: Jamás te abandonaré, te lo prometo
Finalmente me separé de ella, ambos estábamos un poco cansados, ya que ella llevaba muchos años sin hacerlo y yo nunca lo había hecho antes. Le dije de manera más relajada que quería que me montara, me acosté boca arriba y ella se colocó de espaldas y se sentó en mi pene. Tenía toda la vista de su gran trasero y de su espalda, comenzó a moverse de arriba a abajo. Después de un tiempo se volteó y expuso sus pechos y su rostro, siguiendo moviéndose de arriba a abajo, parecía ser lo que más disfrutaba, ya que gemía más intensamente.
Para finalizar, adoptamos la posición de "perrito", se colocó a cuatro patas en el borde de la cama y yo de pie la penetré hasta el fondo. Ella simplemente retumbaba, mis manos alternaban entre su trasero y su cabello, yo seguía con el movimiento de ida y vuelta hasta que le dije que me iba a correr. Saqué mi pene, le di la vuelta y eyaculé en su rostro. Sacó la lengua y algunos restos los introdujo en su boca.
M: Ven, ¿no me vas a dar un beso?
Me acerqué y le di un apasionado beso, probando por primera vez mi propio semen. Después de eso, nos limpiamos y fuimos cada uno a bañarse en nuestros respectivos baños. Al día siguiente no mencionamos nada de lo ocurrido, pero una semana después volvimos a tener relaciones sexuales, y así ha continuado hasta el día de hoy.