Me encuentro actualmente en Colombia y deseo compartir este relato que siempre me emociona al recordarlo, siendo un joven de 18 años.
Hace unos días, recibí la visita de mi prima Angie de 20 años, quien llegó acompañada de mi tía. Aunque sea mayor que yo, siempre he sentido atracción al verla, sus labios son hermosos y algo voluminosos, pero lo que más me cautiva es su bello trasero. Angie suele usar pantalones ajustados que resaltan sus caderas y piernas de forma espectacular. Al verla no podía evitar desear estar cerca de ella y tocarla.
-¡Hola, Álvaro! -me saludó con sorpresa.
-¡Hola, Angie! -respondí con entusiasmo- ¿Cómo has estado?
-Muy bien, primo. Gracias -contestó con una leve sonrisa.
Tras este breve intercambio, me invadió la alegría de tenerla allí; su sonrisa tiene la capacidad de iluminar a cualquiera.
Permaneció para la cena, charlamos un rato y mantuvimos una conversación superficial en ese momento.
La noche cayó sobre la fría ciudad, las horas pasaron rápidamente con las conversaciones en familia y llegó la hora de ir a dormir.
Dado que Angie estaba lejos de su hogar, decidió quedarse en mi casa, lo cual me emocionó profundamente al vislumbrar la posibilidad de tener una conexión más íntima con ella.
-Puedes descansar en mi habitación, Angie, para que estés cómoda -sugerí emocionado-. Yo dormiré en la sala.
-No te preocupes, puedo quedarme en la sala. No quiero incomodarte, no tienes por qué preocuparte por mí -respondió.
Insistí en que ocupara mi cuarto y finalmente accedió; las luces se apagaron, me dirigí al sofá con una manta y, sin poder apartarla de mis pensamientos, urdí un plan para acercarme a ella.
Más tarde, decidí dejar de maquinar y fui directo al grano; entré en mi habitación y la vi sentada en mi cama, luciendo un short muy corto que dejaba al descubierto sus hermosas piernas. Inventé una excusa sobre necesitar algo de mi armario para acercarme a ella.
Sumida en su teléfono, me invitó a acercarme y me mostró fotos de un antiguo viaje suyo. Aproveché la oportunidad para acercarme más de lo conveniente y pude entrever, a través de su blusa, sus pechos sin sostén, lo cual provocó que mi erección fuera evidente. Intenté disimularla, pero notó mi estado en ese momento.
Sin decir palabra al respecto, se aproximó a mí; confiado, decidí poner mi mano en su cadera, la cual sentí extremadamente suave. Presioné levemente esa zona de su cuerpo mientras la acercaba más hacia mí; ella posó su cabeza en mi hombro y me besó en el cuello. Sin intercambiar palabras, comprendimos nuestros deseos mutuos a la perfección; mi deseo por ella crecía y la besé, sintiendo la suavidad y hermosura de sus labios en los míos, lo que acrecentaba mi excitación y, mientras nos besábamos, ella acarició mi pene erecto, generando un intenso deseo en mí. Luego, se giró y rozó su prominente trasero contra mi miembro.
La hice arrodillarse, bajó mis pantalones y sacó mi pene, introduciéndoselo en su cálida y húmeda boca, empezando a practicarme sexo oral. Me sentía incrédulo al ver a Angie realizándome sexo oral; introduje mi miembro más profundamente en su boca, deseando alcanzar su garganta, lo cual provocaba que emitiera gemidos entrecortados. Su saliva se deslizaba por las comisuras de sus labios, le pedí que continuara y ella obedeció; cada segundo que pasaba aumentaba mi excitación hasta que eyaculé en su cálida boca, llenándola por completo.
-Qué delicioso, papi. Gracias por tan cálida bienvenida -comentó tras tragarse todo mi semen.
-Eres muy habilidosa, espero que esto se repita -respondí.
-Puedes estar seguro de que lo hará -contestó con una sonrisa coqueta.
Finalmente, tras esa experiencia con mi prima, decidí retirarme a descansar.
Ignoraba lo que el día siguiente traería consigo.
Continuará en la segunda parte. ¡Gracias por leer!