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Agujero del placer: servicio para prostitutas

No mencionaré mi nombre por respeto a la discreción del Agujero del placer, pero puedo decir que tengo 25 años y un cuerpo algo llenito, con nalgas y senos bastante grandes que me excitan mucho con caricias faciales.

Salí con una amiga a un bar que ella conocía, un lugar algo apartado de la ciudad, pero no me importaba. Nos lo estábamos pasando muy bien y ella se encontró con otras amigas, así que aproveché la compañía adicional para ir al baño unisex.

Después de terminar de orinar, noté que ambos lados del cubículo tenían agujeros de placer, los cuales eran curiosos porque tenían tres perforaciones: dos para las manos y una para el pene. Mientras me limpiaba, tomé algunas fotos para enseñarle luego a mi amiga. En ese momento, escuché la puerta del baño abrirse y a alguien entrar al cubículo contiguo. Saludé y pregunté si había alguien ahí, y obtuve respuesta. Por su voz, supe que era un hombre.

Revisé mi teléfono para avisar que esa noche no volvería a casa, ya que me quedaría con mi amiga. Al bajar la vista, me encontré con un pene duro y grueso en el agujero; obviamente era del chico que había entrado. Tomé su miembro y comencé a acariciarlo suavemente, confirmando que era él al preguntar. Estaba muy excitado y su pene estaba seco, lo cual indicaba que el chico había orinado y se había limpiado con papel anteriormente.

Para su sorpresa, a los pocos segundos comencé a darle placer oral, besando su miembro y recorriéndolo con mi boca. Escuchaba los gemidos del chico al otro lado mientras una de sus manos acariciaba mi cabeza y me guiaba en mis movimientos. Con los ojos cerrados, empecé a disfrutar el sensual sabor de su pene, mientras él me acariciaba debajo de mi falda, notando cómo me iba mojando.

Concentrada en la felación, el chico sacó su pene bruscamente. Le pregunté si todo estaba bien y, como si fuera un anillo de compromiso, vi que tenía un preservativo en una de sus manos. Expresó su deseo de tener relaciones sexuales a través del agujero del placer. Me pareció una propuesta algo inusual pero excitante, así que acepté y permití que volviera a introducir su miembro en el agujero.

Tomé el preservativo y se lo coloqué suavemente, mientras apreciaba el tamaño de su pene completamente erecto. Con la espalda hacia él, bajé mis bragas y luego levanté mi falda. Comencé a estimularme un poco para lubricarlo con mis jugos, además de la lubricación del condón. Luego, comencé a penetrarme suavemente pero de manera constante hasta presionar mi cuerpo contra la pared y tener la mayor parte de su pene dentro de mí. Mis gemidos eran una mezcla de placer y excitación. Escuchaba la puerta del baño abrirse y cerrarse, pensando en cómo las personas que entraban escuchaban cómo me estaban penetrando. Todo era muy estimulante y, en medio de la intensidad del momento, me quité el vestido, quedando completamente desnuda.

Mi rostro estaba pegado a la pared opuesta, debido al reducido espacio del cubículo. Con los ojos cerrados, disfrutaba de la sensación de ser penetrada por un desconocido. De repente, un olor y una sensación en frente de mí me sacaron de mi ensimismamiento. Al abrir los ojos, vi otro pene erecto frente a mí. Me sonrojé al verlo, pero no dudé en comenzar a acariciarlo y lamerlo. De la misma pared, surgió una mano que dirigía mi cabeza mientras el hombre movía sus caderas, penetrando mi garganta.

Cada vez que uno de los hombres tiraba de mí, el otro retrocedía un poco. Había una constante lucha por usar mi cuerpo para satisfacer sus deseos. Con mis manos apoyadas en una pared y mis nalgas chocando y enrojeciéndose con la otra, todo era rápido, intenso y no podía evitar entregarme al placer.

Estaba resistiendo lo máximo que podía hasta

La persona que introdujo todo en mi vagina permaneció presionando mientras vaciaba su esperma dentro del preservativo, sentir el calor de su semen me llevó al límite y experimenté mi primer orgasmo. El individuo retiró su pene junto con el condón y se marchó. Intenté tomar aire mientras aún utilizaban mi boca, pero a los pocos instantes de su partida, sentí otras manos en mis caderas.

Me volteé y vi unas manos de tono oscuro, apenas pude procesar lo que veía cuando este hombre me penetró hasta lo más profundo sin preservativo. Mi mente colapsó en ese instante, mientras seguía gimiendo con el otro hombre. Era de esperar que algo así sucediera al tener mi cavidad en ese estado, pero el hecho de que lo hiciera sin consultar me excitó aún más. Comencé a moverme de un lado a otro rápidamente, escuchando los gemidos de ambos hombres.

El individuo cuya verga estaba en mi boca la retiró y acarició mi mejilla con una mano, mientras se masturbaba vigorosamente con la otra, hasta que finalmente no pudo contenerse más y me dio un facial delicioso y candente. Limpié un poco su miembro y se marchó, finalmente pude gemir a voz en cuello por el pene en mi vagina. Llevé una mano para separar mis nalgas y él lo percibió, así que tomó la iniciativa de jalarme hasta tener mi espalda contra la pared, rodeándome con un brazo por la cintura.

Aprovechó para acariciar con fuerza mis suaves y grandes pechos, mientras prácticamente llegaba a mi útero con sus embestidas. Mis gemidos resonaban fuertemente, y por la proximidad, escuché cuando dijo "puta, si escuchas, te llenaré por completo". Aquellas palabras me parecieron sumamente excitantes, por lo que cerré más las piernas. Al mirar hacia adelante, noté que a través del agujero por donde entraba el pene, alguien observaba mi disfrute y lo más seguro es que se estuviera deleitando a solas.

Mi vagina ardía con intensidad, estaba experimentando mi segundo orgasmo en esa ocasión y el individuo no cesaba de tocarme, mientras mis gemidos se volvían incontrolables y resonaban por todo el baño. El hombre no resistió más y arremetió con una serie de embestidas salvajes, tan enérgicas que terminé rasguñándole ligeramente el brazo para que no apretara demasiado. Pocos segundos después, incapaz de contenerse, me mantuvo inmóvil mientras vaciaba sus testículos dentro de mí.

Permaneció allí unos instantes hasta concluir y retirar su pene. Me sentía muy ardiente y promiscua al permitir que un hombre desconocido eyaculara dentro de mí. Escuché cómo se vestía y a través del agujero le pedí su número, accedió y me sentí algo emocionada. Escuché su marcha y permanecí unos segundos más allí, pero nadie más llegó. Con el semen y el sudor en mi cuerpo, me puse mi vestido y me limpié lo suficiente en los lavamanos.

Algunas chicas me miraron de manera extraña, pero yo me sentía orgullosa y satisfecha de haber participado allí. Al salir, la fiesta continuaba y el ambiente olía a sexo, así que mientras buscaba a mi amiga, recibí algunos golpecitos y tocamientos de hombres y mujeres, lo cual no me importó hasta encontrar a mi amiga y disfrutar esa noche. Bailamos, bebimos y terminamos teniendo relaciones sexuales en su cama, aunque esa ya es otra historia.

Gracias por leer esto, espero que disfruten relato. Si desean conocer cómo me fue con mi amiga, háganmelo saber en los comentarios. ¡Hasta luego!

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