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Mensaje al autor de «Cuentos de un esposo cornudo: Liberación (I)»

Cuentos de un esposo cornudo: Liberación (I)

Resumen para que eviten leer los otros cuentos, jaja: hace 6 años comencé a tener las primeras fantasías de ser cornudo, finalmente me animé a compartirle mi fantasía a mi esposa luego de un año de aceptación personal e investigación sobre cómo expresarlo, la reacción fue mejor de lo esperado y en un mes ya exhibía mis primeros cuernos, con la suerte de que el sujeto que me los colocó le dio a mi esposa la mejor experiencia sexual de su vida hasta ese momento, convirtiéndose en su amante por casi 3 meses en los que pudo hacer con ella cosas que conmigo nunca logramos (por ejemplo, perdió su virginidad anal con él), pero la relación llegó a su fin por celos de parte de él (en los cuentos I, II, III y IV se relata detalladamente esta breve historia hasta su desenlace), mientras estaba con Eder (el primer amante de mi mujer), mi esposa comenzó a intercambiar mensajes con antiguos compañeros de escuela y a tener conversaciones sexuales mientras le practicaba sexo oral, me narró sus primeras experiencias y fantasías (relato V) y finalmente acordó encontrarse con esos excompañeros, que son 2 (primero uno y luego otro), el primero resultó ser una decepción, pero el segundo le reservaba una sorpresa impactante (relato VI), tras esas vivencias me confesó que se sentía completamente liberada y finalmente, después de experimentar una sensación de bienestar sin culpas y disfrutando al máximo de ser el centro de atención, decidió explorar su sexualidad sin restricciones.

Sinceramente no pensé que el anuncio de mi esposa de liberarse por completo tuviera algún impacto, pero desde la primera semana en que me lo comunicó, los cambios fueron notorios. Cuando estaba con Eder solía usar faldas muy cortas para facilitar las relaciones íntimas donde fuera; sin embargo, tras terminar con él, dejó de usarlas, incluso en sus citas con sus antiguos compañeros, pero el mismo lunes para ir a trabajar volvió a vestirse de manera provocativa; al regresar de su jornada laboral me contaba sobre los coqueteos y los roces sutiles con algunos de sus colegas, aunque lo más excitante ocurrió el viernes de esa semana. Me escribió pidiéndome que recogiera a los niños y los cuidara, ya que algunos de sus compañeros (con los que coqueteaba) la invitaron a tomar unas cervezas, le dije que se divirtiera y que me contara si sucedía algo, ella respondió diciéndome que no alimentara falsas esperanzas, pero que estaba dispuesta a comportarse como una mujer muy sensual.

Así que estuve aguardando hasta las 3 de la madrugada, muy emocionado, pero no recibí ningún mensaje, tan solo escuché un auto cerca de nuestra puerta; aguardé con paciencia hasta que mi esposa entró, lucía un poco ebria, muy limpia y arreglada. En cuanto me vio, me dijo: “cornudo tonto, me alegra que me esperes despierto, necesito tu lengua experta para aliviar mi trasero”, de inmediato noté que había tomado alcohol, arrastraba las palabras y mostraba una mayor desinhibición de lo habitual. Subimos a la habitación y se recostó boca abajo, advertí que no llevaba ropa interior y sus nalgas estaban enrojecidas, pero con un aroma a limpieza total; mientras la observaba, ella me indicó con su voz entrecortada: “vamos tonto, ¿qué esperas?, dame placer en mi colita, la necesito”, me sentía desconcertado, pues pensé que si había estado con otros hombres, tendría restos de semen o un olor a sexo, así que le pregunté: “¿Te hicieron sexo anal, amor?” Y ella respondió: “¡claro que sí!, recuerda, cualquier hombre que desee y pueda penetrarme por atrás lo hará, tú eres el único prohibido, ¿quieres que te recuerde que tuviste ocho años para hacerme el amor por atrás y por tu pequeñez nunca pudiste? ¡más acción y menos palabras, mi amante de hoy fue bastante brusco con mi trasero!”. A pesar de su tono, la excitación me invadía, así que la complací, aunque casi de inmediato le dije: “amor, ¿no trajiste...

leche, ni viene oliendo a sexo” ya que eso hacía que mi excitación disminuyera, a lo que ella se empezó a reír y me dijo: “oh amorcito, encima de cornudo y pendejo resultaste ser delicado, a tu mujer no solo le acaban de usar sus tres orificios, sino que además le destrozaron la cola y tú te enojas porque no estoy llena de leche de macho o con olor a verga, pero vaya esposo tontito que tengo, en lugar de enojarse porque su mujer ha estado bien cogida, extraña el aroma a testículos masculinos, así que no me reclames y sigue con tu tarea aliviando mi colita adolorida”, aunque me dolió lo que dijo, no pude negar que estaba muy excitado, así que continué con mi labor mientras ella gemía y gemía, tanto que cuando ella me pidió seguir aliviándole la panochita logró alcanzar el orgasmo, luego me besó con pasión y se quedó dormida.

Al día siguiente, me narró todo lo sucedido. Marcos (si recuerdan, el primer relato fue el otro profesor con el que coqueteó, o más bien, se le insinuó, el primer día que me puso los cuernos) le propuso ir a tomar unas cervezas con ellos (me cuenta que son 3 amigos, Marcos, Luis y Ernesto), ella aceptó sin más intención que disfrutar de un buen momento con sus compañeros. Fuero a una cantina cercana a la escuela y después de comer, se quedaron entretenidos platicando y bebiendo, el ambiente era muy agradable. Así transcurrieron las horas y cuando mi esposa se dio cuenta, era realmente tarde y estaba muy mareada, al igual que sus compañeros. Se reían de todo y decían tonterías, en la cantina pusieron música para bailar y aunque en ese entonces a mi esposa no le gustaba bailar, me dijo que estaba tan a gusto con toda la atención que le brindaban que se animó a bailar, y no desaprovechó la oportunidad.

Sus tres compañeros le tocaron durante el baile, desde simples roces y arrimones hasta agarrarle las nalgas descaradamente por debajo de la falda, ella solo se reía y les decía que no fueran traviesos, pero evidentemente no se detenían, en ese punto me excitó tanto que tuve que bajar otra vez a lamerle la panochita mientras me contaba, ella se excitó al instante y continuó contando que al cerrar la cantina, ella le preguntó directamente a Marcos si terminarían lo que habían comenzado en la reunión de fin de semestre, a lo que Marcos, en lugar de responder, la besó apasionadamente y se fueron a un motel en su coche. Me dijo que la besaba tiernamente y todo avanzaba despacio, hasta que mi esposa, gracias al alcohol, se desinhibió y le pidió que la tratara como una puta, que la usara como quisiera y además le escupió en la cara para molestarlo, lo que logró su propósito, ya que me comentó que inmediatamente empezó a abofetearla y a ser mucho más agresivo.

Después de eso, le quitó la tanga, la desvistió bruscamente, le levantó las piernas y la penetró profundamente, embistiéndola como un pistón, pero no aguantó mucho tiempo, la muy zorra me dijo que no duró tan poco como yo, pero sí acabó rápido, antes que ella, aunque le gustó que se recuperó velozmente (de nuevo me comparó con él, diciendo que se recuperó en menos de 5 minutos, no como el tonto de su marido), y le dijo que por ser una puta ofrecida, él le chuparía y se haría cargo de todo el trabajo, por lo que después de que ella lo mamara, ella empezó a cabalgar de forma salvaje sobre él mientras mi esposa lo abofeteaba y él le golpeaba las tetas y las nalgas, de manera igualmente apasionada, si ella no se movía con fervor, él empujaba su pelvis contra la suya, finalmente ella llegó al orgasmo, aunque casi de inmediato Marcos volvió a vaciar sus huevos dentro de su panochita.

Terminaron exhaustos y agitados, aunque bastante satisfechos,

En el momento en que mi esposa creyó que la fiesta había llegado a su fin, su amante le sugirió que se ducharan juntos. Ante la propuesta, ella vaciló un poco ya que quería compartir mi semen conmigo. Sin embargo, él, astutamente, expresó su deseo de continuar. Ante esta afirmación, ella aceptó. Ambos se ducharon juntos, mientras él se debatía entre ser cariñoso o más salvaje. En un instante, ella lo mordió delicadamente mientras lo besaba en los labios para indicarle cómo quería ser tratada. Posteriormente, él la tomó enérgicamente por el cuello, la colocó contra la pared y la penetró analmente sin miramientos. Mi esposa mencionó que no se encontraba lo suficientemente lubricada y, a pesar de que su miembro no era tan voluminoso (claro está, tuvo que aclarar que era considerablemente más grande que el mío), logró lastimarla. A pesar de esto, ella disfrutó de la experiencia, mientras Marcos le decía: "Así te gusta, zorra, ¿así es como quieres ser tratada? Como la prostituta barata y sumisa que eres". Ella solo asentía pidiendo más, suplicando que fuera más intenso, sin mostrar debilidad. Él continuó la acción rápidamente y con fuerza, lo cual llevó a mi esposa a alcanzar un orgasmo por vía anal casi al mismo tiempo que él. Una vez concluyeron la ducha, descansaron brevemente y él se ofreció a llevarla a casa. Ella, como muestra de gratitud, quiso corresponderle de una manera tradicional realizándole sexo oral en el automóvil, pero él declinó amablemente, indicando que se encontraba adolorido por la intensidad de la sesión.

Interrogé a mi esposa si le había gustado la experiencia y ella me confesó que sí. Aprovechando el momento, y sin dejar de acariciar su zona íntima (aún no había llegado al clímax), le expresé mi decepción por no regresar completamente satisfecha, ya que pensaba que al regresar de un encuentro íntimo siempre vendría con los signos de la pasión vivida. En ese instante, mi esposa me espetó: "No dejes aflorar tu debilidad, y disfruta de lo que te relato". A continuación, me incomodé y le pedí que no me tratara de esa manera. Al percatarse de mi molestia, con un tono muy considerado, sugirió que conversáramos. Temía que se desatara una discusión (dado mi estado de ánimo), pero ella empezó a acariciarme el cabello y me confesó lo mucho que me amaba, que yo era fundamental en su vida y que, sin mí, no sería la persona que era. Afirmó que me consideraba la mejor persona, el mejor esposo y su compañero de por vida. Sin embargo, añadió que, de la misma manera que ella se había liberado con Armando en la última ocasión, entendiendo que disfrutar plenamente de ese estilo de vida era algo que la apasionaba y que no le importaba actuar de manera desinhibida y sin prejuicios, yo también debía aceptar mi verdadera esencia. Me hizo ver que, al emplear palabras como "putito" o "maricón", no insinuaba que me atraían los hombres o que no me gustaban las mujeres, sino que debía aceptar mi sexualidad en su totalidad. Acto seguido, me propuso que fuese sincero, que respondería preguntas y que no intentara engañarla a ella ni a mí mismo. Así, se desarrolló la siguiente conversación:

- Amor mío, ¿Qué prefieres, tener relaciones conmigo o escuchar cómo otros lo hacen y luego compartirlo conmigo? Fue la primera interrogante de mi esposa.

- Bueno, la verdad es que prefiero que me cuentes tus vivencias. Respondí después de reflexionar un poco y aceptar mis verdaderos deseos.

- Me alegra que seas honesto, mi amor. Me besó tiernamente en los labios para plantear la siguiente pregunta: ¿Te agrada más que regrese llena de semen de otro hombre o con un olor a sexo de otro hombre, o prefieres mantener relaciones conmigo?

- Mi amor, me haces preguntas complicadas, pero analizándolo detenidamente, prefiero limpiarte. De hecho, suelo alcanzar el clímax mientras te limpio. Reiteré mi respuesta, pues verdaderamente era difícil aceptar esa realidad.

- Sí, mi amor, lo sé. Me encanta percibir que, incluso después de que has terminado, sigues limpiándome como un buen cornudo. Pero sigamos; cuando tengamos la posibilidad de estar

Estando presente mientras te hacen el favor de penetrarme ¿Preferirías acompañar la penetración junto con el otro hombre o ver y colaborar en algunas tareas como preparar mi vagina o mi colita para la penetración y luego asearme?

- Amor, esta es otra pregunta complicada, pero en realidad creo que me quedaría paralizado, y me resultaría aún más excitante ser testigo de algo tan placentero y por supuesto brindarte apoyo; también me encantaría sostener tus piernas o separarlas mientras te penetran. Respondí más rápidamente ahora.

- Mira amor, en cuanto al sexo anal, para ser totalmente sincero ¿Preferirías penetrarme analmente o limpiar el semen que otro hombre haya dejado en ese mismo lugar? Preguntó con una sonrisa en los labios.

-En esa ocasión estuve a punto de decir que preferiría la penetración, pero al solo imaginar su trasero rebosando semen de otro hombre, me excitó muchísimo y así se lo hice saber. - Prefiero limpiarte el culito bien lleno de leche de otro hombre, amor.

- De acuerdo amor. Mi esposa volvió a hablar. Ahora voy a resumir lo que acabas de expresar. En todas las situaciones, optarías por usar la boca, la lengua y los ojos en lugar de tu pene. Observó mi mujer y aguardó mi respuesta.

- No me había percatado de eso, amor. Le respondí, aunque en realidad estaba sumamente excitado. Pero es cierto, aunque no entiendo cómo todo esto, que veo como fantasías de un cornudo, se relaciona con la forma en la que me hablas. Se lo cuestioné.

- Ayy amor, te lo voy a explicar, y deseo que al final me digas con sinceridad qué piensas al respecto. Pero mira, ¿prefieres el aroma a pene y testículos de hombres que prefieres creer que están mejor dotados que tú, sea cierto o no; además de que te encanta el sabor a semen de otro hombre, al punto de que aún estás molesto porque ayer llegué muy limpia, y lo prefieres antes que introducir tu miembro dentro de mí? ¿Me equivoco en algo? Preguntó mi esposa con una sonrisa.

- Realmente me quedé atónito, no esperaba algo tan directo, pero finalmente respondí. Tienes razón amor, tal como lo planteas, sí prefiero eso. Iba a volver a abordar el tema de cómo esto se relacionaba con los insultos que me lanzaba, cuando ella me interrumpió de inmediato.

- Muy bien mi amor, ahora te voy a aclarar, finalmente me he aceptado como una mujer muy sensual, como una mujer muy completa, y lo que más deseo es disfrutar, sentir, palpar, oler y saborear el pene, los testículos y el semen de un hombre, además de su cuerpo, por lo tanto comprendo perfectamente tus anhelos, y sé que no deseas a los hombres, que no te gustan, que no te excitan, pero sin duda deseas todo lo demás, y la verdad es que no te juzgo, es embriagante y para alguien con tus gustos en relación a tu esposa es natural, y realmente esos son deseos de un hombre sumiso, de un amante pasivo, simplemente acéptalo mi amor, no eres homosexual, pero sí anhelas oler, saborear y ver un buen pene con unos testículos vigorosos, y sé que los deseas dentro de mí, pero los deseas, además, jajaja, no estoy segura de qué desearás cuando finalmente veas cómo soy penetrada amor, pero debes aceptarte a ti mismo y que no busco lastimarte ni ofenderte al decirte esto, solo expongo la realidad, y por supuesto, solo deseo que ambos disfrutemos plenamente con todo esto.

Me quedé sin palabras, no sabía qué contestarle, porque todo lo que decía mi mujer tenía sentido, pero no quería admitirlo, me parecía abrumador y solo sentía cómo rápidamente me sonrojaba.

- Vamos amor, ya acéptalo, recuerda que una de mis fantasías más audaces es estar con 6 hombres y antes te imaginaba como uno de los 6, pero ahora te visualizo de rodillas a mi lado aguardando a que finalicen conmigo los hombres y tú limpiando como un buen cornudo sumiso, dime que lo primero que imaginas no es una cascada de semen tibio y fresco de un buen macho corriendo por mis piernas y tú pegado lamiendo y degustando cada gota de esa pegajosa esencia, tú no deseas ser uno de los 6, anhelas ser el cornudo humillado que limpia a su mujer de los machos más viriles.que usted, me usen a su gusto. Además cariño, me encanta ser dominada por mis amantes, pero mi vida sería muy monótona si solo se tratara de eso, por lo tanto disfruto de tu disposición para humillarte."

"- Tienes razón amor, me abriste los ojos con tu fantasía, prefiero estar arrodillado a tu lado sirviéndote y limpiándote que teniéndote relaciones, así que con mucho pesar debo reconocer que tienes razón mi amor", le confesé finalmente.

"- Así es mi amor, ¿qué estás esperando estúpido? No has terminado tu tarea, no he alcanzado el clímax, así que a lamer", terminó la conversación mientras descendía para complacerla completamente, pero esta vez mucho más feliz y convencido que antes.

Al día siguiente de lo narrado, ella se marchó de nuevo con Armando (su excompañero bien dotado de la universidad), ataviada de manera más sexy y retomaron su intimidad (sobre todo en el trasero de mi esposa), pero lo crucial de este encuentro sucedió al final, en la cama, mientras conversaban tras haberse acostado; Armando comenzó a relatarle todas sus experiencias en la Universidad, confirmándole a mi esposa todos los rumores sobre su vida de mujeriego, pero al final mencionó que lo mejor que había vivido fue un trío que tuvo en varias ocasiones con su mejor amigo y una compañera de clase de mi esposa, elogió los tríos y lamentó no haber tenido la oportunidad de repetir la experiencia, por lo que le propuso a mi esposa hacer un trío, asegurándole que no se arrepentiría; mi esposa aún dudaba y le pidió tiempo para pensarlo, entonces él le comentó que debía ausentarse de la ciudad aproximadamente un mes y que a su regreso le daría su respuesta.

Ella me transmitió todos estos detalles mientras le limpiaba los restos que Armando había dejado en su trasero, un líquido espeso y amargo, pero delicioso, aún le asaltaban dudas sobre el trío, pero yo la alentaba diciéndole que formaba parte de ser una completa devoradora, una verdadera golfa, observaba cómo, entre el placer de mis lamidas en su dolorido trasero y las ideas que le planteaba, se iba convenciendo cada vez más de la idea del trío; durante la semana, ella comenzó a fantasear con el trío mientras yo seguía lamiendo su vulva y trasero, en ese momento se me ocurrió la idea de adquirir un consolador para que practicara conmigo, ya que me confesó que su principal preocupación era el imponente tamaño de su excompañero, así que adquirí un consolador enorme, similar a un pene venoso de casi 25 cm de longitud.

Cuando mi esposa lo vio, no pudo evitar reírse y me dijo que debía tener una gran admiración por Armando, ya que era un poco más pequeño, aunque no mucho, según ella mediría entre 21 y 22 cm, de todos modos era un artefacto impresionante, sin embargo, no pudimos utilizarlo porque le llegó su período, por lo que el viernes salió únicamente a socializar, besarse y acariciarse con sus compañeros, era muy reservada en esos días, no obstante, el domingo pudimos probar el consolador, lo que me sorprendió porque lo recibió por completo y sin protestar, lo disfrutó mucho, aunque no permitió que la penetrara al mismo tiempo, quedó con la fantasía de que la veía copular con un macho muy bien dotado, por lo que me encargó de preparar su vulva y trasero antes de utilizarlo; me indicó que la penetrara durante casi 40 minutos con el consolador y al final me ordenó terminar en sus nalgas para que limpiara como si fuera el semen del macho, debo admitir que fue muy emocionante para mí, tanto que prácticamente solo me masturbé dos veces para expulsar mi semen y sin perder tiempo me dispuse a limpiar. Esta fantasía en particular nos fascinó, ya que estuvimos fantaseando con ella toda la semana anterior.

El siguiente viernes salió nuevamente con sus compañeros a socializar, bailar y divertirse (Marcos, Luis y Ernesto); durante el baile hubo toqueteos y algarabía, dado que mi esposa volvía a vestirse de manera provocativa con faldas muy cortas, al finalizar la noche, fue Ernesto quien le ofreció llevarla a casa y ella aceptó,ya excitada y con ganas, se puso aún más fogosa al saber que experimentaría con otro pene, Ernesto tenía un vehículo grande, y mi esposa de inmediato se dispuso a practicar sexo oral mientras él conducía. Su nuevo amante es el mayor de los tres amigos, por lo que conoce perfectamente la zona donde vivimos y llevó a mi esposa a un mirador cercano a nuestra casa. Mi esposa pensó que la llevaría a un motel para tener relaciones, pero estaba tan fogosa que no le importó a pesar de que había otros dos autos en el lugar, además de que era algo inédito para ella, tener relaciones sexuales en un coche; así que Ernesto, con su experiencia, reclina el asiento, toma a mi esposa por la cintura y, aprovechando que llevaba una falda corta, ella misma aparta la tanga a un lado y comienza a moverse arriba y abajo en su compañero, me contó que estaban muy excitados, ella haciendo todo el trabajo moviéndose de un lado a otro y él acariciándole las nalgas y diciéndole muchas cosas subidas de tono, me dijo que le decía que sería la perra del instituto, que era una mujer muy lubrica, que era la más fácil que había conocido, que conocería todos los penes del instituto, y mi esposa respondiendo afirmativamente a todo, gimiendo e incluso gritando; me dijo que duraron mucho tiempo, lo supo porque le dolían las piernas y al final el caballero de Ernesto solo le dijo, me corro zorra, me corro puta y ella le respondió que sí, que la llenara por completo, luego de acabar, su compañero la llevó a casa y estaban lo suficientemente cerca como para que mi esposa no pudiera hacerle sexo oral; todo esto me lo relató en cuanto llegó toda despeinada, aún agitada y con un poco de alcohol mientras yo le limpiaba la cantidad considerable de semen que le había eyaculado su compañero de trabajo.

Esa semana le pregunté a mi esposa si se sentía incómoda conviviendo con sus colegas con los que ya había tenido relaciones sexuales, y ella me respondió que para nada, que podía haber coqueteo e incluso manoseos, pero que en verdad no le resultaba extraño o incómodo; como pareja seguimos utilizando el consolador que le compré, pero a mi esposa le apasionaba la fantasía de que la penetraran brutalmente mientras yo le practicaba sexo oral, y al final me ordenaba que eyaculara en sus tetas o en su trasero para luego limpiarlo, lo cual también me gustaba mucho.

Sin embargo, el viernes salió de nuevo con sus tres compañeros vestida con otra falda muy corta y era evidente que iba a tener relaciones sexuales con alguno de ellos, aunque en realidad no regresó tan tarde, hacia las 2 de la madrugada ya estaba de vuelta, eso sí, estaba muy despeinada, de nuevo excitada y olía intensamente a sexo, por supuesto y como era costumbre en ese momento, se abrió de piernas en la sala, le quité la tanga empapada de fluidos, pero lo que me dejó sorprendido fue ver que ambos agujeritos estaban goteando semen, obviamente comencé a limpiarla mientras ella me preguntaba si me gustaba, le respondí que me encantaba, ella me dijo, disfruta las eyaculaciones, imbecil, porque ahora te traigo de dos machos y empezó a reír, me excitó y le pregunté, vaya, ¿en serio son eyaculaciones de dos diferentes?, ella continuó diciendo, por supuesto cariño, luego te contaré cómo fue, pero por ahora haz tu tarea como cornudo, lame hasta que termine, no pude contenerme, casi de inmediato, después de que me contó que había estado con dos distintos terminé, mi esposa lo notó y me dijo, me alegra que te encante que sea tan promiscua, fue una delicia amor; una vez que mi esposa se corrió con mi lengua en ambos agujeros, me pidió que subiéramos porque quería descansar, le pregunté si me contaría y me dijo que al día siguiente, que estaba cansada y un poco ebria, que era mejor por la mañana con la mente más despejada.

Después de una noche tranquila, al día siguiente (sábado) y antes de que nuestros hijos nos interrumpieran, mi esposa me contó que ahora sí se había convertido en una zorrita profesional, le pregunté por qué y

Ella me indicó que me bajara a realizarle sexo oral mientras me contaba, así que lo comencé a hacer con gusto. Me contó que el viernes anterior habían estado muy bebedores, que por primera vez pidieron una botella ya que les saldría más económico que por copa, por lo cual tomaron desde temprano. Cuando empezaron a bailar, estaban aún más ebrios que de costumbre, lo que provocó que fueran más atrevidos con mi esposa. Durante los bailes, ella llevaba las nalgas al aire y se bajaba la falda, lo que llamó mucho la atención. Lo que los excitó aún más fue que quiso sentarse en las piernas de su compañero de baile, lo cual este aprovechó para abrazarla por las nalgas. Los demás también quisieron bailar de la misma forma, subiéndole la falda y tocándola de manera lasciva, lo cual la excitaba cada vez más.

Le pregunté si en el bar nadie dijo nada, ya que su actitud era muy provocativa. Me respondió que estaban en un rincón y todos estaban muy ebrios, aunque un mesero intentó decir algo, pero fue detenido por Ernesto. Después de estar un rato coqueteando mientras bailaba, mi esposa estaba muy excitada. Marcos tuvo que marcharse, pero mi esposa continuó coqueteando con Luis y Ernesto. Luego de que quedaran solamente ellos en el bar, mi esposa quiso ir al baño. Al salir, se encontró con Luis, quien la acusó de provocadoramente y la llevó al baño de hombres.

Allí, la obligó a practicarle sexo oral de manera muy agresiva y sin consideración. Después, la penetró sin compasión hasta que acabó en su interior. Mi esposa me confesó que le excitó la experiencia, ya que nunca lo había hecho en un lugar público de esa manera. Además, le gustó que Luis la dominara de esa forma.

Al regresar a la mesa, Luis se estaba despidiendo, y mi esposa pensó que se marchaba después de satisfacer sus deseos.Ernesto consultó a mi esposa si le apetecía regresar al mirador de la última vez; sin dudarlo, ella se entusiasmó al pensar que en menos de treinta minutos tendría otra intimidad con un hombre distinto. Por lo tanto, se dirigieron al mirador y básicamente revivieron lo acontecido la semana anterior, salvo que esta vez, después de que Ernesto acabara dentro de la vagina de mi esposa, conversaron sobre ello. Su compañero le reveló que los tres amigos habían compartido experiencias con mi esposa, que Luis tenía mucho interés en tener relaciones con ella, ya que era el único que faltaba por hacerlo; además, Marcos les había mencionado que a mi mujer le gustaban los encuentros sexuales intensos, lo que le motivó a buscarla en el baño y confirmar que no estaba equivocado al respecto, ya que ella salió con una gran sonrisa y le detalló todo lo sucedido a su amigo.

Acto seguido, Ernesto le cuestionó si alguien en su hogar sabía algo, dado que se sabía que ella estaba casada, a lo que ella respondió con total naturalidad, compartiendo detalles sobre nuestra relación e incluso anticipando que a su regreso a casa, yo (es decir, yo) limpiaría sus dos cavidades llenas de esperma, pues era uno de mis fetiches principales como cornudo. Comenzaron a hacer bromas al respecto, su amigo bromeó diciendo que por su aspecto físico y personalidad, no dudaba en llevarme a probar el semen de todos los tipos de la escuela. Ambos rieron y mi esposa, no pudiendo evitarlo, terminó practicándole sexo oral de despedida a su compañero mientras él le acariciaba el cabello y le alababa su desempeño como mujer.

Continuará.

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