Para resumir lo acontecido en la sección previa, debo mencionar que tuve el placer de conocer a Brenda el año pasado, una joven de 19 años que labora en uno de los cafés más reconocidos a nivel mundial. Le hice creer que me dedicaba a la escritura y en algún momento le comenté sobre un relato erótico que había escrito y que ella manifestó interés en leer. Le envié un relato detallado en el que un hombre mayor de 56 años anhela intimar con una joven como ella, descrito de manera explícita. Brenda me invitó un domingo previo a la Navidad, y ahora procedo a relatar lo ocurrido en esta continuación.
Tras habernos tomado tres cervezas cada uno, la conversación con Brenda pasó de banalidades a interrogantes acerca del relato erótico. Ella confesó haberse estimulado sexualmente pensando en el relato, a lo cual mentí diciendo que también lo había hecho varias veces imaginando situaciones con ella. Observé a Brenda, ligeramente sonrojada por el efecto del alcohol, con las piernas cruzadas, dejando al descubierto más de sus muslos debido al ajuste de su falda. Otra característica que me atrae de Brenda, a pesar de su apariencia conservadora, son sus piernas largas que rara vez se aprecian pues suele vestir pantalones, incluso con sandalias, estas lucen estilizadas. En un movimiento, cambió de posición cruzando las piernas en sentido opuesto, permitiéndome vislumbrar su ropa interior en tono rojo o fucsia. Desconozco si lo hizo con intención de provocarme, pero con estas sutilezas logró excitarme, sintiendo cómo mi miembro se erectaba y humedecía.
Me relató que aquella misma mañana en que le entregué el relato, lo leyó dos veces y al regresar de la universidad se recostó en la cama para leerlo nuevamente. Me resultó natural que esta joven compartiera conmigo, mirándome a los ojos, que se masturbó mientras lo hacía. Fue en ese momento cuando confesó no tener pareja y recurrir a la autosatisfacción cuando el deseo apremia. También mencionó que se excitaba al escuchar a través de la pared a su amiga siendo intimada por su novio, revelándome que comparte este apartamento de dos habitaciones con esa amiga, quien se encontraba trabajando en un restaurante esa tarde y por eso me había invitado.
Al culminar la tercera cerveza, Brenda expresó su deseo de vivir la experiencia del relato, bajo la premisa de mi discreción. No sé si solo era un juego de Brenda, pero aseguró que no había tenido experiencias sexuales con hombres y que sus interacciones más allá de besos se limitaban a tocar sus pechos y zona íntima sobre la ropa. Dudaba de la veracidad de sus palabras, sin embargo, algo me indicaba que podía tener algo de verdad, pues a pesar de la belleza en el rostro y cuerpo de Brenda, su vestimenta recatada era evidente, nunca utilizando maquillaje. Fue en ese instante que planteó su inquietud de la siguiente forma:
- Usted aparenta ser un seductor, pero, ¿por qué un hombre de mi edad despierta interés en todos los hombres mayores?
- La verdad -le respondí- desde que te vi, despertaste mi interés y comencé a fantasear sobre estar contigo. Fue inevitable, me cautivó también tu personalidad.
- En realidad... siempre me han atraído y usted se ve muy atractivo. Quizás esta conversación no habría sucedido de no ser por estas cervezas, pero realmente estoy nerviosa, aún así, aquí estamos los dos.
- Brenda... ¿te gustaría intentarlo?
- Me da temor, pero algo en mi interior me incita a hacerlo.
- Es comprensible tu nerviosismo, pero permíteme decirte que si en algún momento deseas detenerte, solo házmelo saber y lo interrumpiremos.
- ¡Está
Entendido – me expresó.
Claramente era consciente de su deseo, ya que esa tarde me había invitado por esa razón. Yo simplemente lo llevaba a cabo de forma caballerosa para que se sintiera cómoda y confiada. Me levanté del sofá sabiendo que mi erección sería visible, pero ya no me importaba, sabía que a Brenda le gustaría verme así y quizás imaginaba ver mi miembro en ese estado, o al menos notar el bulto. Me senté junto a ella y le di un suave beso en los labios, a lo que ella respondió abriendo la boca para que pudiera introducir mi lengua, sintiendo su aliento cálido y su lengua juguetona entrelazarse con la mía. Podía percibir su fragancia y al besar su cuello, disfruté del aroma natural de su piel, que se erizó al contacto. Ella se acercó a mí, sentándose en mis piernas de frente, y tomé su trasero por debajo de su falda amarilla, donde mis dedos se deslizaron por la tela de su bikini. Tenía sus senos frente a mí, parecían ansiosos por ser descubiertos y dispuestos a ser acariciados.
En el relato le contaba mis deseos de acariciar sus senos y así lo hice. En esa posición le quité su blusa blanca, empecé a besar alrededor de sus pechos aún con el sujetador puesto y en pocos minutos desabroché su sostén, que parecía ser de copa C, revelando una areola de un tono café claro, un pezón redondo y erecto, y me entregué de forma erótica a chuparlos con cuidado, mientras escuchaba los gemidos tímidos de Brenda. Alternaba entre un pezón y otro, succionando cada uno de sus pechos mientras mis manos acariciaban sus nalgas aún cubiertas por su bikini. Sentía el calor de su entrepierna traspasar la tela de su ropa interior y la mía, y ella buscaba sentir la fricción de mi entrepierna contra la suya. Después de aproximadamente 8 a 10 minutos, me sugirió que continuáramos en su habitación. Recolectamos su blusa y sujetador, y nos dirigimos a una pequeña habitación con las cortinas cerradas, iluminada solo por una lámpara con una luz suave que apenas iluminaba el lugar.
Ella se recostó en la cama y la ayudé a quitarse la falda, notando su bikini fucsia con evidencias de humedad. Frente a ella me quité la camisa polo, me bajé los pantalones y ella observó como mi miembro estaba erecto, ya que mi calzoncillo parecía un circo. La dejé con su bikini y me incliné sobre ella para seguir deleitándome con sus senos, nos cubrimos con las sábanas, ya que a pesar de la calefacción, desnudos, se sentía frío. Así como en el relato, disfrutaba lentamente de sus pechos y descendía hacia su ombligo y zona púbica, sin llegar a su entrepierna, que aún estaba cubierta por su bikini. Me perdí entre sus piernas, besando toda esa área y deleitándome con los gemidos de Brenda, que en ese momento eran mucho más intensos y no tan tímidos como al principio, además, podía percibir el aroma de su joven vagina. No podía creer lo que Brenda me confesó, que nunca había estado con ningún hombre, pero sin importar si era el primero o el quinto, estaba disfrutando de esta chica de tan solo 19 años y quería que ella también lo disfrutara al máximo. Sobre su bikini fucsia, llegué a su clítoris, pudiendo sentir su excitación palpitar, obviamente toda la zona estaba húmeda y literalmente podía saborear sus jugos salados, sintiéndome realmente complacido. Ella puso sus manos sobre mi cabeza al sentir la presión de mis labios abrazando su clítoris, apenas notando la barrera de su ropa interior y continué estimulando su entrepierna con la presión de mi boca sobre su bikini. Estaba tan excitada que ya no podía contenerse, después de unos 20 minutos de acariciar sus pechos y masajear su cuerpo con mi lengua, cuando llegué a su vagina fue como el punto culminante y no pudo resistirlo más. Solo escuché sus gemidos acelerados, con una respiración más profunda, y solo logré escucharla decir: "¡Dios mío, me estoy corriendo... me estás haciendo venir... uh! ¡Oh Dios, me estoy corriendo!" - Brenda levantaba las caderas y yo presionaba mi boca contra su intimidad sobre la tela de su bikini, y así experimentó su primer orgasmo conmigo.
Después de ese intenso orgasmo, estaba a punto de levantarse.
Al negarse a asearse en el baño, le impidieron hacerlo, expresando su deseo de ser quien retirara su ropa interior. Se detuvo frente a la cama y, sentado, le bajé el bikini, pudiendo contemplar su zona íntima desnuda, perfectamente depilada y de un estilo similar al de Barbie, donde apenas se podía distinguir el clítoris. A pesar de mi pedido de que permaneciera así, ella manifestó sentirse incómoda y solo optó por pasar una toalla para secar su zona húmeda. Una vez concluido ese acto, me solicitó claramente que deseaba practicar sexo oral conmigo. Al despojarme del calzoncillo, me lanzó una mirada de admiración y exclamó: - ¡No tienes pene... tienes un gran miembro! - Lo tomó firmemente y procedió a realizar sexo oral, luego de secarlo con la misma toalla.
El sexo oral fue sumamente delicado, ocurriendo mientras me encontraba recostado boca arriba en la cama. Creo que solo podía introducirse la mitad de mi miembro en su boca. Realizó con maestría la estimulación de mis testículos y se acercó a mi oído para preguntar: - ¿Lo estoy haciendo bien? Es la primera vez que lo hago. - me confesó. La escena de una atractiva mujer, de rostro y cuerpo bonitos, practicándome sexo oral siempre será placentera, sin importar su técnica. Tras unos 10 o 12 minutos de estimulación, expresó su deseo de que eyaculara en su boca para probar y experimentar la sensación. Acepté, sintiéndome en libertad de hacerlo dadas sus insinuaciones. Minutos después, alcanzando el punto sin retorno, intensifiqué los movimientos en su boca, percibiendo cómo mis testículos se contraían y observando cómo esta se llenaba con mi eyaculación espesa. Parte de la eyaculación la ingirió, mientras otra parte la limpió con la toalla, momento en el que le pregunté:
- ¿Qué sensación te provocó tener eyaculación en tu boca por primera vez?
- Pues, es la primera vez que estoy con un hombre... Tiene un sabor dulce. - me respondió.
- ¿Cómo viviste la experiencia de recibir mi eyaculación? ¿Te gustó? ¿Quieres repetir?
- Es la primera vez que un hombre me hace eyacular. Me habría gustado sentir su miembro cuando eyaculaba.
- Continúa con la estimulación oral y pronto podrás experimentarlo.
- ¿Posees preservativos?
- ¿Qué crees? Los llevaba por si se daba lo que intuía.
- Acertaste entonces, ¿verdad?
Continuó estimulando mi miembro flácido, el cual con el tiempo recuperó firmeza y erección. Ella sonreía al notar este efecto. Luego, al ver el gran tamaño, comentó: - ¡Posees un miembro muy grande! No soy experta en el tema, pero definitivamente es imponente. - Saqué un preservativo del bolsillo del pantalón que yacía en el suelo y observó cómo cubría la mayor parte de mi miembro. Automáticamente, se colocó en posición de misionero, abriéndome las piernas para facilitar la penetración, pero antes decidí saborear nuevamente su zona íntima con mi lengua. Arrodillado frente a ella, con las piernas abiertas, comencé introduciendo el glande, causándole placer y dolor al mismo tiempo, lentamente fui adentrándome mientras ella con sus manos me instaba a detenerme. Sentí cómo mi miembro recorría lentamente su cavidad hasta topar con un límite. Al observarla, pude notar en sus ojos placer, deseo y dulzura juvenil, incrédula ante la situación. Luego, me acerqué y le di un suave beso en los labios. En ese instante, apenas hubo movimiento cuando Brenda comentó:
- Estás cumpliendo al pie de la letra lo deseado. Pero es más placentero que lo imaginado.
- Quiero que mi lengua recorra cada centímetro de tu piel... quiero sentir mi miembro en cada uno de tus orificios en los que quepa.
- Sí... yo también anhelo sentirlo... aunque me pone nerviosa al escucharlo.
- No te preocupes, lo haremos con precaución. Quiero poseer tu zona íntima con todo mi deseo y disfrutar de tu retaguardia, porque hoy quiero que también sea mía.
- Estoy de acuerdo, pero antes...
lo voy a entregar… ¡Me encanta escucharlo de ti!
- Brenda, deseo que me permitas disfrutar de esa parte tuya, quiero que mi miembro se introduzca completamente en ese delicioso trasero que posees.
- ¿Te gustaría explorar mi retaguardia?
- Sabes que sería mi deleite. Eres consciente de lo hermoso que es tu trasero.
- No puedo negarlo... me alegra escucharlo.
- Deseo acariciar tu trasero y liberar mi pasión en él.
- ¡Qué placentero se siente tu miembro en mi zona íntima!
- ¿Quieres que te brinde sexo oral y te posea analmente?
- Sí, Tony… anhelo que me estimules de esa manera y me introduzcas a tu antojo. Me excita tu forma de hablar... me estimula tu narrativa.
- ¿Sientes la presión de mi miembro?
- Sí... me encanta.
- Aprieta mi miembro con tu zona íntima.
- Vamos a ver…
Él le susurraba al oído de esa forma y, a pesar de tener poco movimiento, mi miembro y mis testículos chocaban en esa área erógena de la mujer. Después de diez minutos en esa posición, conmigo presionando mi miembro y ella apretándolo con su zona íntima, de repente ella llegó a su clímax diciendo.
- ¡Oh, Tony… me estoy corriendo! ¡Qué delicia! Estimula mi miembro, penetra mi zona íntima... Oh, Dios mío, qué exquisito.
Brenda movía sus caderas e incluso las elevaba, cerraba los ojos y jadeaba con fuerza, mientras yo embestía con intensidad su zona íntima y la fricción del vaivén resonaba en la habitación. La cama golpeaba contra la pared y crujía tanto que parecía que se iba a romper. Creo que experimentó un orgasmo múltiple, ya que gemía durante más de cinco minutos y solo me pedía que no me detuviera. Retiré mi miembro de su zona íntima y sus fluidos eran viscosos y blancuzcos, por lo que ella regresó al baño para limpiarse. Observé nuevamente su desnudez y contemplé ese delicioso trasero cuando me dio la espalda, sabiendo que debía poseerlo... esta mujer debía probar el sexo anal en ese mismo instante. Parecía desearlo... como si ya lo hubiera fantaseado, tal como en la narración.
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