Enlace al relato previo al concluir esta historia.
Buen día, soy Paty nuevamente, he estado ausente por un tiempo, tratando de acomodar mi vida. Mi hijo ya tiene 8 años y disfruto de la felicidad con mi esposo. Decidí dejar atrás ciertas aventuras pasadas debido al temor de ser descubierta por algún vecino y ser el centro de los chismes del vecindario.
Sin embargo, como suele decirse, las malas tentaciones regresan y volví a caer en la trampa. La historia que les voy a relatar ocurrió apenas hace un par de semanas y con la persona menos esperada.
Era un domingo caluroso en esta ciudad del sureste, a pesar de ser febrero, las altas temperaturas propias de esta región mexicana comenzaban a sentirse con fuerza.
Mi esposo se encontraba en plena jornada laboral, como les mencioné anteriormente, él trabaja en plataformas petroleras en alta mar y pasa 14 días trabajando seguidos de 14 días de descanso. Estaba a punto de regresar a casa, por lo que la espera me tenía ansiosa, sabiendo que vendría con ganas después de estar dos semanas apartado en el mar.
Debido al calor, vestía una blusa ligera y unos shorts cortos que resaltaban mis piernas y se ajustaban a mi figura, ya que me gusta vestir de forma atractiva, incluso en la ausencia de mi esposo.
No había hecho compras ese día y, como no me gustaba ir al supermercado sola, decidí esperar a que mi esposo regresara para ir juntos. Sin embargo, al preparar la cena me di cuenta de que nos faltaba leche y jamón.
Junto a nuestra casa hay una pequeña tienda de abarrotes tradicional, propiedad de un matrimonio, Don Ernesto y Doña Candelaria. Como era domingo, cerrarían temprano a las 2 de la tarde y ya se acercaba esa hora, por lo que tendría que caminar un par de cuadras bajo el intenso calor hasta el Oxxo más cercano si no llegaba a tiempo.
Fui a la habitación de mi hijo para ver si quería acompañarme, pero declinó la invitación, lo cual entendí perfectamente. Le dejé un viejo celular por si ocurría alguna emergencia y salí de casa.
Al llegar a la tienda, vi a un joven apuesto y atlético a punto de cerrar la cortina metálica. Era Ernestito o Nesty, como solía llamarlo, el hijo del matrimonio que conocía desde que era un niño.
- Hola Nesty, ¿Serías tan amable de atenderme antes de cerrar? - le pregunté.
- Por supuesto, señora Paty, será un placer. ¿Qué necesita usted? - respondió amablemente.
- Solo un litro de leche y medio kilo de jamón, por favor.
Realicé mi compra y al momento de salir, una fuerte lluvia comenzó a caer repentinamente, característica de las lluvias tropicales en esta región. Le pedí a Nesty si podía esperar a que pasara el aguacero.
- Claro, señora Paty, será un gusto. Déjeme cerrar la tienda y así esperamos juntos - respondió amablemente.
Una vez dentro de la tienda y con la cortina cerrada, me ofreció una cerveza para refrescarnos, a lo que accedí inmediatamente dada la intensa calor que hacía. Así, comenzamos a conversar mientras la lluvia caía con fuerza fuera.
decidimos charlar, esperando que la lluvia se detuviera, ambos nos instalamos sobre el mostrador
- Hace bastante tiempo que no te veía Nesty -mencioné.
- Sí, es verdad, me fui a estudiar a Puebla y solo regreso a casa en los periodos vacacionales, actualmente estoy en séptimo semestre y únicamente me faltan dos para terminar mi carrera -contestó.
- Qué bien, te felicito, me sorprende tu crecimiento, ya eres todo un hombre y muy atractivo, nada que ver con ese chico travieso y risueño que conocí y vi crecer.
- Así es, pero ya no me llames Nesty, ahora soy mayor y no me agrada que me sigan llamando así.
- Está bien, Nesty, disculpa Ernesto, pero de verdad fue sorprendente el cambio, seguramente en la Universidad donde estudias debes tener muchas chicas interesadas en conquistarte. ¿Tienes novia?
- La verdad es que he salido con varias chicas, pero ninguna cumple con las características de esa mujer ideal que tengo en mente para ser mi novia.
- ¡Vaya, qué exigente resultaste! -comenté sonriendo y acercándome un poco.
- Cuéntame, ¿cómo es esa chica ideal? -agregué, curiosa.
Se mostró nervioso y un tanto sonrojado.
- Bueno, que te puedo decir, crecí soñando con una chica, que ha sido mi amor platónico desde niño y quiero que mi novia se parezca a ella.
- ¿Y quién es esa afortunada niña? De verdad que estás muy guapo y si fuera ella, ya habría intentado conquistarte -agregué, pensando que se trataba de una chica de su edad, tal vez una compañera de escuela o vecina del barrio.
Se puso aún más colorado y con voz temblorosa me confesó:
- Pues mi amor platónico, esa mujer que desde la adolescencia es mi fantasía y con la que he soñado tantas veces, eres tú.
La declaración me dejó sin palabras, no me la esperaba, me sonrojé un poco y no supe qué responder.
- ¿Qué pasaría si te doy un beso? -añadió.
- No lo harías, porque soy una mujer mayor y además casada, por lo que yo tampoco lo permitiría -respondí.
- ¿Estás segura?
- Sí, eres un chico, me llevas como unos 12 años de diferencia.
Tomé un sorbo de la cerveza y al posar la botella en el mostrador, él me besó directamente en los labios, sorprendiéndome, luego se bajó del mostrador y me agarró firmemente de la cintura, haciéndome descender también, fue un beso apasionado, sensual, mi cuerpo se estremeció y me quedé estática, sin saber qué hacer, consciente de que no estaba bien, pero no opuse resistencia a su avance, cerré los ojos y me dejé llevar.
Sus manos se deslizaron hacia mis nalgas y me apretó contra su cuerpo, noté una prominencia larga, gruesa y caliente contra mi vientre.
Aquello no estaba correcto, pensé, yo era una mujer casada y él un chico, en un momento de lucidez me aparté de él, empujándolo con la mano.
- Espera, no vuelvas a hacer eso. ¿Qué te ocurre? Ya te dije que soy una mujer casada y con un hijo.
Intenté retirarme, pero me alcanzó y me rodeó por la cintura.
Forcejeé, tratando de liberarme de su abrazo, era más fuerte que yo, me arrastró contra el mostrador, presionándome contra él, sentí su miembro duro contra mis nalgas, besó mi cuello y una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, lancé una advertencia:
- Por favor, suéltame, si no lo haces, gritaré y armaré un escándalo.
No le importó, bajó mi short y dejó mis nalgas al descubierto, solo llevaba una diminuta tanga de encaje, una de sus manos se deslizó bajo la tanga y acarició mi húmeda entrepierna.
- Vamos, mami, no te resistas, estás empapada, excitada y te está gustando -afirmó.
Era cierto, mi cuerpo me traicionaba, pero no era lo correcto, seguí luchando, sentí cómo introducía dos dedos dentro de mí y me estremecí, apreté los dientes para no gemir y delatarme lo bien que se sentía.
No dejaba de frotarse contra mí como si estuviera copulando, sus besos en mi cuello erizaban mi piel y las obscenidades que ...
decía susurros en mi oído, me excitaban mucho, pronto sentí sus dedos acariciando delicadamente mi clítoris, una oleada de placer recorrió mi cuerpo, me contorsioné y no pude evitar soltar un suave gemido, sus caricias me estaban enloqueciendo, mis jugos íntimos fluían sin control.
Me giró y buscó mis labios, intenté resistir manteniéndolos cerrados, pero su lengua insistente logró abrirse paso y vencer mi resistencia, sentí como exploraba mi boca y se encontraba con la mía, en ese momento cedí, ese beso desató mi pasión y despertó mi lado más sensual, dejé de forcejear y correspondí a su beso, mordisqueaba mis labios de manera divina, poco a poco, con astucia, me desnudó, quedando solo con mi tanguita puesta, de repente, él también estaba desnudo, no supe ni cómo, sentía el calor de su piel juvenil rozando la mía.
Descendió hacia mis senos, su lengua recorría mi piel, lamía, mordisqueaba y succionaba delicadamente uno de mis pezones para luego pasar al otro, con una ternura que me volvía loca.
Pasó varios minutos alternando entre un pecho y otro, disfrutando de los placeres de sus labios al máximo. Escuché que dijo:
- No sabes cuántas veces soñé con acariciar tus pechos, son exquisitos...
Su miembro, que reposaba sobre mi vientre, latía con fuerza, se percibía grueso, duro, caliente, desprendía un líquido viscoso en la punta, que quedaba impregnado en mi piel, su mano bajó de nuevo a mi entrepierna y se introdujo con firmeza en mi vagina, moviéndose rítmicamente y provocándome gemidos, llegó un momento en que ya no pude más y le supliqué:
- Penétrame, penétrame, hazlo ya por favor, estoy ardiendo.
Con una sonrisa pícara, me colocó boca arriba en la encimera y retiró mi tanguita completamente empapada, lo vi acercarla a su nariz y aspirar, con gesto de deseo y los ojos cerrados, abrió mis piernas y me obsequió un cálido beso en el vientre, estaba ansiosa, empapada, deseando que me poseyera, sin embargo, en lugar de eso, sentí su lengua áspera y cálida separando mis labios íntimos e introduciéndose suavemente en mi vagina, un gemido escapó de mis labios, di un respingo, me tomó las piernas y las impulsó hacia mi pecho, dejando mis nalgas y mi sexo a su merced, su lengua recorría mis nalgas y se deslizaba entre ellas hasta acariciar mi ano, para luego continuar hacia mi vagina y alcanzar mi clítoris, era increíble, me estaba dando placer en toda regla, me sentía en las nubes, su lengua no cesaba, mi intimidad le pertenecía por completo, empecé a gemir como una posesa y finalmente, no pude resistirlo más, mis piernas se tensaron y comencé a temblar, un intenso orgasmo sacudió todo mi ser.
Ernesto acercó su boca a mi vagina para saborear mis fluidos con avidez, sin dejar de estimular mi clítoris, una vez terminado mi éxtasis, introdujo sus dedos profundamente en mi interior, abrió mis nalgas con fuerza y comenzó a lamer rápidamente mi zona anal, sentí cómo su lengua jugaba con mi esfínter, fue el colmo, otro orgasmo dominó mi cuerpo, mis fluidos resbalaban por los dedos de Ernesto, que continuaba introduciendo la punta de su lengua en mi ano, era tanto el placer que mi cuerpo se convulsionaba y le supliqué desesperadamente que me poseyera.
En esta ocasión, no se contuvo, se incorporó y posicionó su gran miembro en la entrada de mi sexo, al sentirlo penetrar, casi lloro de emoción, disfruté cada centímetro de cómo se adentraba en mi interior, llegando muy profundo, definitivamente, estaba muy bien dotado, comenzó a moverse dentro de mí, lenta y profundamente, el placer era indescriptible, empecé a gemir sin control, sus manos acariciaban mi abdomen y apretaban suavemente mis senos, su movimiento era exquisito, vi su rostro, me miraba con deseo, no podía creer que un joven tan apasionado fuera tan experto en el arte amatorio, su miembro me llenaba por completo, tenía el tamaño perfecto, lo sacaba hasta dejar solo la punta dentro y embestía con fuerza hasta que su cadera chocaba con
Mi vagina y sus testículos rebotaban contra mis nalgas, manteniendo relaciones con su energía juvenil y su resistencia propia de un macho experimentado, aumentando gradualmente el ritmo hasta alcanzar una velocidad increíble. Mi cuerpo se sacudía, mis gritos se transformaron en alaridos de placer. Gritaba de éxtasis sin importar quién pudiera escuchar. Mi vista se nubló y comencé a convulsionar, mi cuerpo se contorsionaba con espasmos que recorrían cada parte de mi ser. Anuncié mi orgasmo:
- ¡Estoy llegando, estoy llegando, papi, estoy llegando!
Ernesto gemía y gruñía, el sudor bajaba por su rostro rojo. Mis espasmos apretaban su miembro y él anunció su propio clímax:
- ¡Oh, ya no aguanto más, voy a eyacular, oh, qué placer me estás dando!.
Sentí sus pulsaciones de semen caliente en mi interior, su miembro se hinchaba y liberaba su esencia en mí. Lo sentía palpitar. Cuando terminó, se dejó caer y me besó en los labios.
- Esta ha sido la mejor experiencia sexual de mi vida. No tienes idea de cuántas veces me he masturbado pensando en tenerte. No puedo creer que por fin seas mía y fue mejor de lo que imaginaba -me dijo con una sonrisa triunfal.
Se retiró y me ayudó a levantarme. Pensé que todo había acabado, pero estaba equivocada. A pesar de haber eyaculado, su miembro seguía erecto, firme, imponente. Estaba completamente cubierto de mis fluidos y brillaba, un poco de semen aún brotaba por la punta y quería más.
Me hizo dar la vuelta y apoyar mis brazos en el mostrador, con mi trasero erguido a su alcance. Comenzó a acariciar mis nalgas, las apretaba de forma deliciosa. Sentía cómo su semen se escurría por mis piernas. Luego se agachó, abrió mis nalgas y sentí cómo su lengua recorría mi entrada trasera. Mi cuerpo se estremeció de placer. Con un poco de saliva en mi ano, comenzó a acariciar sus pliegues rugosos con un dedo, introduciéndolo lentamente en círculos. Era evidente que quería penetrarme, y que no era su primera vez. Abrí mis piernas aún más y me incliné completamente sobre el mostrador, entregándole mi trasero como un trofeo a mi joven amante. Viendo mi total entrega, hundió sus dedos en lo más profundo y comenzó a moverlos lentamente, dilatando mi ano. Pronto fueron dos dedos, moviéndose de manera magistral. Casi le rogué que volviera a penetrarme, pero sentí su miembro caliente entre mis nalgas y me relajé. Apoyé mis puños en un extremo del mostrador, abrí mis piernas y doblé mi cintura hasta que mi cuerpo descansó completamente. Comenzó a deslizar su miembro por mi canal, el contacto de su miembro con mi piel era delicioso, chorreaba presemen ayudando a una fácil penetración. Un nuevo escupitajo en mi esfínter y su miembro presionando en mi entrada. Poco a poco, mi trasero se abría sin resistencia hasta que me penetró por completo, sintiendo el hongo de su miembro palpitando en mi interior.
- Cariño, ya estoy dentro. ¿Te duele? -preguntó con preocupación.
- No, amor, me encanta cómo me has penetrado.
- ¿Puedo seguir?
- Sí, pero hazlo despacio, por favor.
Me tomó de la cintura y continuó penetrándome lentamente hasta que sentí sus caderas contra mis nalgas.
- Ahora te tengo toda, y me encanta tu trasero, tan apretadito, caliente y suave.
- Sí, lo siento completo.
Todo, ohhh, adoro sentirlo, me llega tan profundo, me siento tan plena.
- Sabía que eras una mujer liberal a la que le gusta disfrutar, ¿me equivoco?
- No, Ernesto, no te equivocas, me encanta que me penetren por atrás, me hace sentir tan sensual, tu amante, ven, hazme el amor.
No tardó en comenzar, las embestidas eran suaves pero profundas, agarraba mis glúteos y los separaba al máximo para penetrarme lo más profundo posible, pronto empecé a gemir, estuvimos en esa posición por cerca de 20 minutos, demostrando una vez más su habilidad en el arte de hacer el amor, a pesar de su juventud, se movía con calma para prolongar el placer y yo deseaba que nunca terminara, acariciaba y abría mis nalgas, hasta que anunció que estaba a punto de llegar al clímax.
- Ohhh, aquí viene, voy a dejar mi esencia en tu cuerpo, - gruñó.
Aceleró el ritmo, sentía su intimidad rozando y estirando mis paredes internas de manera deliciosa e increíble, sus caderas chocaban con fuerza contra mis glúteos, sus testículos golpeaban mis nalgas, mis gemidos se volvieron más intensos y noté que mi propio orgasmo se acercaba, su miembro se ensanchó y justo cuando recibí su primera descarga de amor líquido, mi cuerpo empezó a estremecerse, fue una corrida abundante a pesar de ser su segunda eyaculación, sentía cómo me llenaba por dentro, ambos nos retorcíamos y gemíamos, hasta que la intensidad del orgasmo fue disminuyendo, fue un clímax prolongado que me dejó agotada y me desplomé sudorosa sobre el mostrador, Ernesto se dejó caer sobre mí, su respiración entrecortada en mi cuello y yo tratando de recuperar el aliento, mi corazón latía con fuerza, buscó mis labios y compartimos un beso interminable, después de un rato recuperamos la calma y finalmente, su intimidad empezó a perder rigidez, hasta que salió de mí con un sonido suave, un hilo de amor se deslizó por mis nalgas.
Fue entonces cuando recuperé la cordura, la hora era avanzada y mi hijo estaba solo en casa, me vestí rápidamente y sin limpiarme el amor que se escurría por mi cuerpo, preocupada por mi hijo, al levantarme, le dije:
- Realmente me has hecho sentir bien, nunca imaginé que alguien tan joven pudiera hacer el amor de esa forma, pero recuerda que soy una mujer comprometida y esto no puede repetirse.
Le pedí a Ernesto, que seguía desnudo, que me abriera la puerta de la cortina metálica, lo observé y su cuerpo era magnífico, parecía una deidad, pero con una intimidad impresionante, que a pesar de estar relajada lucía hermosa, Ernesto abrió la puerta y salí apresuradamente, llevando los restos de nuestro encuentro, había dejado de llover y el sol brillaba nuevamente, la calle estaba desierta y olía a tierra mojada, sentía el amor de Ernesto deslizarse por mis dos cavidades y empapar mi pantalón corto, mi cabello era un desastre, afortunadamente vivía casi al lado y en un minuto llegué a casa.
Corrí al cuarto para ver a mi hijo y lo encontré concentrado en su videojuego sin prestar atención a mi presencia, parecía no haberse dado cuenta de mi ausencia y eso me tranquilizó.
Me di una ducha para eliminar los rastros de amor en mi cuerpo y me cambié de ropa, metí la ropa sucia a lavar ya que al día siguiente regresaría mi esposo, y aunque era poco probable que descubriera algo, preferí no correr riesgos.
En la noche, mientras preparaba la cena, encontré un mensaje escrito con marcador en la caja de leche que decía [email protected], ese debía ser su correo electrónico, no pude resistir anotarlo en mi agenda.
La semana siguiente Ernesto se fue a Puebla nuevamente para continuar sus estudios, con mi esposo de vuelta en casa, me sentía ansiosa, no sabía si escribirle o esperar a las próximas vacaciones para volver a la tienda justo antes de que cerrara, con la esperanza de que nuevamente fuera el hijo de Ernesto quien me atendiera.
Cualquier comentario, les dejo mi correo, [email protected].
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