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Mensaje al autor de «La maestra autoritaria»

La maestra autoritaria

Saludos, mi nombre es Alexa, desempeño la labor de docente de inglés en un colegio nocturno público. Soy una mujer común, con unos senos de tamaño moderado, un trasero estándar y unas piernas bien formadas que suelen llamar la atención, tanto de hombres como de amistades. Por esta razón, disfruto de lucirlas usando faldas y vestidos que generan miradas, algo que no me molesta en absoluto.

Dentro de mi ambiente laboral, mantengo una buena relación con mis colegas, aunque hay un par de docentes que buscan coquetear conmigo cada vez que tienen oportunidad. Yo les respondo con una sonrisa pícara para dejarlos con las ganas y generar incertidumbre, algo que disfruto hacer. El director de la escuela también intenta lanzarme comentarios sugerentes de vez en cuando, aunque supongo que por razones de profesionalismo no se atreve a ser más directo. Aun así, no duda en mirar descaradamente mis piernas, algo que al principio me incomodaba, pero que con el tiempo encontré divertido exhibirme frente a él para observar cómo se desvanece cuando cruzo mis piernas o adopto posturas sugerentes, como acariciar mis muslos durante alguna reunión. Sé que todo esto lo perturba, tanto que a veces se traba al hablar cuando me ve hacer estos gestos.

Todo este juego de seducción lo tomaba como una diversión, me atrae sentir que tengo el control, el morbo de rozar los límites y estar al borde de ser descubierta. Todo esto causa en mí una excitación que acelera mi pulso. Esta dinámica llevó a que un día, luego de una reunión de profesores, el director me solicitara quedarme a solas, indicando que necesitaba abordar un tema delicado. Algo nerviosa, tomé asiento en un sofá de su oficina, con las piernas cruzadas frente a él, intentando ignorar su mirada constante hacia mis piernas. Finalmente, carraspeó para iniciar la conversación:

"Señorita Alexa, le he pedido quedarse conmigo después de la reunión para tratar un asunto que me preocupa. Algunas de sus colegas han expresado que su forma de vestir, con zapatos que destacan sus piernas, faldas cortas y vestidos provocativos, no es adecuada para el entorno escolar. Le recuerdo que esta institución demanda respeto hacia sus compañeros, alumnos y especialmente hacia mí."

Sinceramente, no me sorprendió escuchar sus comentarios, ya que era consciente de las miradas envidiosas y los murmullos a mis espaldas por parte de algunas colegas. Sin embargo, opté por simular sorpresa para no darles la razón, respondiendo:

"Disculpe, señor director, pero considero que mi forma de vestir se ajusta a las normas de esta institución. Utilizo faldas y vestidos de acuerdo a lo requerido en el ámbito profesional y, respecto a mi calzado, simplemente selecciono el que me resulta más cómodo y apropiado. En cuanto al respeto, considero que la falta de respeto recae en el hecho de que mis colegas chismeen y estén pendientes de mi vestimenta, así como en el comportamiento de algunos docentes que no dejan de mirar mis piernas y hacer comentarios inapropiados. Además, me parece una falta de respeto que usted se dedique a mirar descaradamente mis piernas, siendo un hombre casado."

En ese instante, sus ojos se abrieron con sorpresa, sin saber qué decir, y su rostro enrojeció. Manteniendo la compostura, lo observé fijamente, y él, avergonzado, se disculpó, limitándose a decir:

"Tiene razón, lamento mucho esto, creo que ha habido un malentendido."

En ese momento, sentí un poder indescriptible, sabía que lo tenía bajo control y eso me agradaba. A pesar de ser la autoridad, demostré que como profesora podía dominarlo con mi mirada y mis palabras. Él me miró con pesar mientras cruzaba las piernas, evitando encontrarse con mi mirada por temor a una reprimenda que empeorara la situación.

las situaciones, noté que era el momento adecuado para divertirme, así que le pregunté:

-Entonces, ¿cuál es su plan, Señor director?

Solo suspiró y respondió:

-Entiendo que tiene razón, pero prefiero evitar más conflictos con sus colegas. Lamento decirle que debe reflexionar sobre todo esto.

Sentí un escalofrío recorriendo mi espalda, mientras mantenía contacto visual conmigo de forma desafiante, por lo que opté por sacar mi as en la manga.

-Entiendo. Supongo entonces que no le importará que su esposa descubra que su querido esposo pasa el tiempo mirando disimuladamente mis piernas, esperando a que cruce las piernas o me acomode de cierta forma para satisfacer su lado pervertido.

Él se quedó atónito y supe que lo tenía, abrí mis piernas mostrando mi tanga de encaje negro y le dije:

-¿Le gusta, verdad?

Él comenzó a temblar y parecía no poder articular palabra, mientras notaba un bulto creciendo en su pantalón, en ese instante me recosté en el sofá, abriendo aún más mis piernas, observando cómo sus ojos se perdían en mi entrepierna, le hablé con voz sensual.

-Sé que disfruta mirarme, ¿no le gustaría saborear todo esto?

Señalé mi zona íntima con la mano, su expresión era un poema, solo logró articular con voz entrecortada.

-¿Lo dices en serio?

Lo miré fijamente y le dije:

-Sí, todo es suyo.

No había terminado de hablar cuando se levantó de golpe, se abalanzó hacia mi entrepierna y en ese instante cerré las piernas, él me miró con decepción, hice un gesto negativo con el dedo y le dije:

-Será suya si sigue mis indicaciones, ¿de acuerdo?

Su rostro se iluminó y aceptó mi propuesta, entonces separé un poco las piernas y le dije:

-Primero, deberá quitarme los zapatos y quiero que empiece besando mis pies desde abajo hasta mis muslos.

Pensé que se marcharía en ese momento, pero para mi sorpresa tomó mis pies, se quitó mis zapatos lentamente mientras inclinaba la cabeza y chupaba uno de mis dedos, sentí una sensación extraña, nunca antes me habían hecho algo así, me excitó de inmediato, tener a mi superior arrodillado frente a mí chupando mis pies, sentir ese poder sobre alguien y tenerlo bajo mi control, uf.

Pensé que no se detendría en mis dedos debido a su ansia por llegar a mis muslos o incluso mi zona íntima, pero para mi sorpresa siguió chupando cada uno de mis dedos, así que le pedí:

-Siga subiendo.

Con un tono autoritario, y él obedeció, recorrió mi pantorrilla con su lengua y me dio pequeños mordiscos que me estaban excitando, por lo que abrí más mis piernas para darle una mejor vista e incentivarlo, empecé a sentir calor y estuve a punto de gemir, pero no quería mostrarle lo mucho que estaba disfrutando. Continuó ascendiendo por mis piernas hasta casi llegar a mis muslos, en ese punto, al sentir su aliento y su barba en mis muslos tenía mi ropa interior empapada, me costaba disimular mi excitación, percibía cada mordisco y lametón que daba en mis muslos, lo hacía con más entusiasmo y yo anhelaba gemir, pero me limité a mirarlo con firmeza para dejarle claro quién llevaba las riendas. Decidí darle un estímulo adicional, por lo que me incorporé un poco, subí mi falda hasta la cintura, me senté de nuevo con las piernas abiertas de par en par, él me miraba boquiabierto con la lengua fuera, tomé su cabeza y la acerqué a mi zona íntima, incluso con la ropa interior puesta, y le pregunté:

-¿Huele bien? ¿Es esto lo que quiere disfrutar?

Él asintió tímidamente y dio una bocanada cerca de mi zona íntima.

-Chupe.

Le ordené, y pasó su lengua por encima de mi ropa interior, incliné la cabeza hacia atrás, respirando profundamente, toda esta situación me estaba volviendo loca, deseaba ser penetrada, pero deseaba continuar con el juego, en ese momento empujé con firmeza su cabeza hacia mi zona íntima y solo le repetía:

-Chupe.

Obedeció sin decir una palabra, luego le indiqué que continuara.

Con mis piernas y así lo hizo, me brindaba pequeños mordiscos y lametones, ya no podía resistir más, ansiaba quitar mi diminuta tanga y experimentar su lengua en mi vagina, pero me contuve inclinando mi cabeza hacia atrás y jadeando mientras movía mi cadera casi como si su boca me poseyera, estaba a punto de quitarme la tanga, pero en ese instante sonó su teléfono móvil y se levantó diciendo:

-¡Rayos! Es mi esposa.

Respondió mientras explicaba que se había atrasado por una reunión, si ella supiera que en ese momento su boca olía a mi vagina, mientras se arrodillaba recibiendo instrucciones de una profesora. Cuando colgó, intentó arrodillarse de nuevo, pero me levanté, abrí mis piernas, tomé su cabeza, quité mi tanga y le pedí que saboreara todos mis jugos diciéndole:

-Traga todo, quiero que cuando llegues a casa beses a tu mujer con esa boca llena de mis jugos.

Lo empujé y solo preguntó:

-¿Cuándo podremos repetirlo?

-Ya veremos.

En ese momento supe que lo tenía bajo control. En los días siguientes, él me perseguía como un perro y yo simplemente mostraba indiferencia, sabía que ahora podía permitirme ese lujo, él me compraba cenas y regalos, pero nada de eso me interesaba, solo quería seguir con mi juego y ver hasta dónde llegaría ese hombre con tal de tenerme.

Sabía que pronto organizaría otra reunión y así tendría la oportunidad de intentar algo de nuevo, por lo que era solo cuestión de tiempo. Sin embargo, para mi sorpresa, en una noche cualquiera me llamó a su oficina, fui intrigada pensando "no creo que se atreva a hacer algo aquí con su secretaria cerca y otros funcionarios". Ese día llevaba puesto un vestido floreado un poco suelto y unos zapatos con correas que destacaban mis piernas. Al llegar a la oficina, me senté en el sofá, esperando para escuchar lo que tenía que decirme; él simplemente me miraba fijamente, hasta que en un momento aclaró su garganta, se acercó por detrás, tomó mis hombros y susurró en mi oído:

-Quiero retomar lo que quedó pendiente.

Sentí cómo sus manos firmes ejercían presión, pero no podía ceder tan fácilmente, así que respondí:

-¿Retomar qué?

-Jaja, tú sabes a qué me refiero.

Dijo mientras se colocaba frente a mí.

-No, sinceramente no sé a qué te refieres.

-Claro que lo sabes, lo que hicimos en la última reunión.

-Pues no, si quisieras retomar lo que creo que dices, no estarías de pie, estarías de rodillas ante mí.

Al terminar de decir esto, inclinó la cabeza y lentamente se arrodilló, tomó mis piernas suavemente y comenzó a besarlas. Las fui abriendo gradualmente, pero esta vez había una sorpresa: llevaba una tanga que apenas cubría mi vagina, eso, solo al recordarlo y ver su sumisión, me excitó. En esta ocasión quería ver qué tan lejos llegaría y no entregarle mis fluidos tan fácilmente, de lo contrario dejaría de estar a mi merced.

Sin darme cuenta, ya tenía mis piernas en cada lado del respaldo del sofá y el director en medio de ellas, saboreando mis muslos y siendo dirigido por una de mis manos para que no se dirigiera a donde él quería. Mis jugos ya se derramaban más allá de la tanga que apenas cubría mis labios, ansiaban ser liberados, pero no era el momento. Así que mantuve su atención jugando solo con mis muslos que descansaban en sus hombros casi aprisionando su cabeza. En ocasiones lo alejaba para observar su rostro desesperado deseando probar mi suave intimidad y era entretenido ver su expresión ansiosa y excitada. Por un momento pensé que se cansaría de tanto juego, pero no, seguía cumpliendo mis órdenes, así que decidí recompensarlo

-Quiero que muerdas suavemente mis labios.

Y lo hizo, sentí una descarga eléctrica recorrer todo mi cuerpo al sentir sus labios y dientes explorando parcialmente mi vagina, que aún estaba cubierta por esa diminuta tanga. Para mi sorpresa, degustó los jugos que emanaban de mí, apartándose para revelar una boca brillante deseosa de más fluidos. Me reí y él siguió sumiso.

-Quiero que introduzcas tu lengua.

Corrí la tanga, empujé su cabeza y sentí cómo su lengua entraba por completo en mí. Ansiaba gritar, tomé uno de mis pechos con mi otra mano y lo expuse, ya me había entregado o al menos eso creyó él. Al verme en ese estado, se levantó e intentó besarme, lo detuve en seco.

-¡Ey! ¿Quién te dijo que te detuvieras?

Para mi sorpresa, solo se arrodilló, pero tenía que castigarlo, ajusté mi ropa y me fui.

Continuará…

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