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Mensaje al autor de «Carla invita a un antiguo docente y a su lavandero»

Carla invita a un antiguo docente y a su lavandero

109% verdadero. Se ha nombrado a Juan como el propietario del lavadero (o lavandero en Uruguay) y al profesor simplemente como El Profe.

Desde hace un tiempo, Carla, en busca de alguien experimentado que sea algo diferente, tiene ganas de invitar al dueño del lavadero donde siempre lleva a lavar sus prendas íntimas y ropa. Él ha visto más de una vez manchas sospechosas en las prendas que ella le entrega, siendo él la primera impresión de lo que sucede en la vida de sus clientes.

Aprovechando mi regreso de un largo viaje y su soledad con familiares cercanos, decidimos aprovechar la ausencia de mi esposa, quien se embarcó nuevamente en un viaje a Argentina con sus amigas, para llevar a cabo algunas fantasías y una reunión de negocios con nuestro círculo más íntimo.

Carla, con una acumulación considerable de ropa en ese tiempo, decidió llevar a cabo su intento.

Entró al establecimiento, entregó la bolsa de ropa y él, siempre haciendo alguna broma, le preguntó: "¿Debo usar guantes?" - A lo que ella respondió: "¡Tal vez sí! Pero tengo un inconveniente. Necesito todo para mañana al mediodía, ya que debo prepararme para un evento social y no podré venir a retirarlo..."

—"No se preocupe, dejaré a alguien a cargo y personalmente me encargaré de llevarle todo".

Carla pensó para sí misma "caíste en la trampa", le agradeció y le proporcionó la dirección del apartamento, la cual ya habíamos confirmado con Luis previamente.

Por otro lado, durante mi ausencia, en una visita al centro comercial que solía frecuentar, se encontró con quien solía ser su profesor en la universidad, alguien que siempre la observaba con evidente interés durante su etapa de estudiante, pero que nunca traspasó límites ni se atrevió a nada.

Carla tuvo la idea de organizar un encuentro entre el dueño del lavadero y su antiguo profesor, imaginando una reunión interesante entre dos caballeros mayores, probablemente con carencias afectivas y deseos reprimidos.

En una charla en el café del centro comercial con el ex docente, Carla sugirió la posibilidad de reunirse para hablar más detalladamente sobre "aquellos tiempos", a lo que él estuvo de acuerdo de inmediato, intercambiando números de teléfono.

Para simplificar, llamaremos Juan al propietario del lavadero y El Profe al antiguo profesor.

Por supuesto, ninguno tenía conocimiento de la existencia del otro ni de lo que les esperaba más adelante.

Quedamos en que llegaría cuando los invitados ya estuvieran presentes.

Juan fue el primero en llegar, preguntando por la entrega puntual, a lo que se le aseguró que sí y se le invitó a quedarse a comer algo ligero con Carla. Se evitaría el alcohol, ya que Juan debía conducir.

Iniciaron una charla amena y sugerente, que lentamente fue tomando un tono más erótico, con la atmósfera sensual favorecida por la vestimenta extremadamente informal de Carla: descalza y vistiendo únicamente un mono holgado, similar al de un jardinero o carpintero, con aberturas a los lados del torso y una pechera rectangular, en este caso dos tallas más grande de lo habitual, lo que revelaba algo de piel de forma intermitente.

Con el correr de la conversación, Juan se animó a preguntar cómo hacía para llevar tanta ropa al lavadero, a veces con evidentes signos de actividad especial, lo que generó risas por parte de Carla. Juan confesó en tono humorístico que una vez se excitó con unas medias de ella, a lo que Carla respondió: "¡Es un cumplido y te lo agradezco!"

En ese momento llegó El Profe, invitado unos días antes para rememorar viejos tiempos (no tan antiguos) y compartir un refrigerio.

Se produjo la presentación entre Juan y El Profe, y la conversación continuó...

de plática y aperitivos.

Según lo que me contó Carla después, ella se inclinaba en cada ocasión y mostraba todo lo posible. Juan ya estaba excitado y el Profesor empezó a sentir atracción. Carla aprovechó para darle un toque picante a la conversación y hizo notar al Profesor que Juan era el dueño del lavadero donde lleva su ropa, y que una vez "había cometido un desliz".

-También yo, y otros en la universidad, dijo el profesor... éramos aproximadamente tres que soñábamos con Carla y otra chica, María, y nos imaginábamos, por decirlo de algún modo, pasando momentos íntimos con ellas. Eran tan hermosas! ¡Pero siempre nos contuvimos!

-¡Vaya, qué atrevidos! A María nunca más la vi después de los cursos. ¿Y se imaginaban eso? ¡Increíble, éramos muy serias!

-Bueno, ha llegado el momento de pedir disculpas incluso por lo que no sucedió.

Desde la cocina, Carla me había avisado que todo estaba listo, y llegué yo.

-Buenas tardes...

-Hola cariño! Te presento al profesor NN. Y a Juan, aunque a Juan ya lo has visto alguna vez.

Nos saludamos y Juan dijo: Debería irme, pues creo que ustedes tienen una reunión, así me lo dijo Carla.

-La reunión es contigo, Juan, para que nos conozcamos un poco y para recordar cosas con mi profesor.

Fíjate Sergio en qué momento me han encontrado, estoy en un estado lamentable, me voy a dar una ducha rápida y a vestirme como corresponde, no puedo estar así, a medio vestir, y ten cuidado Sergio, que esta gente me parecieron un poco atrevidos.

Él se fue y yo aproveché para comer algo y charlar sobre cualquier cosa.

Quince minutos después, Carla regresó radiante. Duchada, con el pelo mojado, tacones negros, medias negras, que conozco y que tienen el puño elastizado bordado, un vestido mini. Plateado, elastizado, sin tirantes.

Se sentó a mi lado y directamente preguntó: ¿Te han contado estos sinvergüenzas atrevidos cómo piensan o pensaron en mí?

-No pueden haber pensado nada malo de ti!

-Te cuento... el señor Juan se ha excitado con unas medias mías, que había llevado al lavadero. Y el Profesor, junto con otros, se imaginaba que me pasaban por la cara, ya te puedes imaginar qué!

-A ver si entiendo bien, dije. Descálzate y ponte entre nosotros. Ella lo hizo.

Me levanté, levanté un poco su vestido y bajé una de las medias, se la quité y se la volvió a poner.

Saqué mi miembro y lo frotaba con la media... ¿dices que él hizo eso?

-Sí, eso me comentó!

-Arrodíllate... Ella lo hizo. Le pasé el miembro por la cara. - ¿Y esto es lo que el profesor les dijo que se imaginaban?

-Sí, así lo entendí yo.

Los invitados estaban rojos como tomates, sin saber qué hacer.

-Quítate la otra media y dásela a Juan, quiero verlo. Y usted, Profesor, páselas por la cara!

Mientras Carla se quitaba la segunda media y se la daba a Juan, ellos se miraban atónitos. Finalmente, Juan se bajó los pantalones y calzoncillos y comenzó a masturbarse con la media.

El Profesor lo siguió y acercó su pene, todavía flácido, al rostro de Carla, sin tocarla.

-¿Qué pasa? ¿Lo soñabas y no te animas? Dijo Carla abandonando el tratamiento de "Usted" hacia el Profesor.

Agarró su miembro y comenzó a frotárselo por la cara, mientras Juan seguía masturbándose lentamente con la media.

Quise activar la acción y me desnudé. Carla interpretó mi acción y dijo "desnudos o se van" y se puso de pie.

Hay momentos en la vida en los que es necesario decidirse, y esta no era una decisión difícil, al estar ya con el miembro erecto era obvio que se quedarían.

Lo que sucedió a continuación, es lo que nos gusta... ella en el centro, los hombres desnudos y yo desvistiéndola poco a poco, bajando lentamente el vestido. Mientras tanto, les lamía las mejillas, marcadas por el contacto con el miembro.

Apareció un precioso sostén blanco, de ganchillo, que dejaba ver los pezones a través de un orificio en el centro de cada copa, seguí bajando el vestido y, ¡oh sorpresa! Nada debajo, solo vello púbico.

-Pequeña traviesa, se atreve a decir el Profesor, y eso que te *

respetamos!

—Fantástico, fue lo único que mencionó Juan.

Deja caer el vestido y desprendo el broche trasero del corpiño, después de acariciarle unos segundos los pezones que emergían por los agujeros de la copa de crochet. Corpiño sin tirantes, simplemente lo libero y queda Carla hermosa, sin ropa, solo sus zapatos de taco alto y sus vellos ja ja.

Los invitados excitados.

En ese instante ella toma una mano de cada uno y los pone a acariciarle un pecho cada uno mientras va frotando mi miembro con su trasero.

No conforme con eso, atrae al profesor y comienza a besarle con lengua. Alterna con Juan, más besos con lengua.

Caricias, besos y el roce en mi miembro, duran un rato.

Cuando los tiene desesperados, los aparta, les pide que se arrodillen y, ella a cuatro patas, les da pequeñas succiones y lamidas a los penes, mientras yo le froto el miembro en los labios de la vagina, ya húmeda, y, por si acaso, dejo caer mi saliva espesa en el trasero, previamente se había realizado lavativa, por si acaso je je.

Deja de chuparlos un momento y corre hacia el dormitorio, y mientras nos dice: ¡No deseo que se terminen sobre la alfombra!

La seguimos, encantados.

Se coloca a cuatro patas en el borde de la cama, y el profesor gana la posición, colocándose detrás, como dirían los narradores de fútbol.

Juan se va al otro extremo de la cama para ubicarse de forma que puedan seguir siendo estimulados, y yo de costado le acariciaba los pechos y miraba al Profe.

En lugar de penetrarla, él también empieza a deslizar su miembro por los labios de la vagina, arriba y abajo, arriba y abajo, haciendo que los labios se abran y que su miembro comience a mojarse con los fluidos de Carla. A veces llegaba hasta los vellos púbicos, a veces se insinuaba en el trasero.

-¡Introdúcela! Pidió Carla, parte ordenando.

Dijo eso y rápidamente, él se la introdujo de golpe, a fondo, sin dificultades porque no lo tiene grande. Y comenzó un ritmo frenético pero breve. En cuestión de dos minutos, el Profesor arqueó la espalda y casi detiene su ritmo de penetración soltando un gran suspiro. Claramente, señal de eyaculación, junto al "¡Qué chorreo!" de Carla.

-¿Amor, me llenó y gotea verdad?

-Sí, gotea, le respondí, viendo como el profesor retomaba el vaivén y de repente la sacaba y la apoyaba en el trasero, pero el pene, cubierto de semen, se ablandaba y no entraba.

-Después, Profesor, dijo Carla, venga que se lo limpio y mientras tanto Juan me la pone.

Así fue, en un instante Juan se la estaba introduciendo en posición de cucharita, lo hizo con mucha calma, pero fácilmente dado todo el semen que había en esa vagina. Con el miembro adentro y Juan dándole placer, Carla se puso a limpiar el pene del profesor, como siempre, hasta dejarlo reluciente. Y en ese momento aparté al Profesor de enfrente de Carla, me acosté frente a ella y comencé a empujar para penetrarla. Sin ninguna dificultad penetré y nos encontramos en una doble penetración vaginal, una más, para Carla. Sentir el roce de los miembros adentro, aceleró la eyaculación de Juan, que al terminar sacó instintivamente su miembro y lo llevó a la boca para limpiarlo.

También terminé y dediqué unos largos segundos a ver cómo brotaba semen de mi Carla, me abstuve de limpiarla con la boca, pero recogí semen con los dedos y se los di a lamer.

—Es sorprendente lo zorra que resultó mi alumna!

—Y ahora entiendo por qué llega tanta ropa al lavadero. Dijo Juan, mientras observaba la hora horrorizado y mencionaba que debía irse porque nunca dejaba solo tanto tiempo el comercio.

Una vez lavado y vestido para partir, lo acompañé desnudo hasta la puerta y nos despedimos con un: ¡Nos vemos en cualquier momento!

Regresé al dormitorio y vi que Carla y el Profesor estaban en la ducha. Fui a otro baño a ducharme y los dejé disfrutar tranquilos. En diez minutos salí en ropa interior para estar fresco, sin ningún pudor y me dirigí al salón. Vi que Carla se asomó desnuda y me dijo, en seguida voy,

y el Profesor se queda un rato a charlar y quiero sugerirle algo.

Enseguida salió él, ya vestido y Carla dijo desde adentro: ¡Me visto y voy!

Nos quedamos dialogando, o mejor dicho, yo escuchaba y él hablaba de la sorpresa que se había llevado y de su gran placer.

Y aparece Carla...

-¿Viste, cariño? ¡Con la prisa de estos caballeros ni siquiera pude llevar a cabo lo que siempre me gusta de vestirme de novia en el primer encuentro! ¡Por eso lo hice ahora!

Zapatos blancos, ligas, solo ligas, sin medias, blancas, muy ajustadas para resaltar aún más el trasero, adornadas con una cinta de seda y un lazo cada liga.

Una hermosa micro tanga blanca, de satén blanco, con un mínimo triángulo en la parte delantera, dejando ver la tira de vello, hilo en el trasero, que se bifurca al salir de la raya, y va a atarse en cada cadera, con los hilos que vienen desde el frente.

Como de costumbre, sostén nupcial fetiche, blanco inmaculado de apenas media copa, resaltando hermosamente los senos. Y el toque final, en la cabeza, diadema de cristalitos con velo detrás que cae hasta media espalda.

—Y yo que te esperaba con jeans y camisa... para despedirme y dejarlos.

-Simplemente quise que vieras cómo suelo vestirme en un primer encuentro al que le otorgo importancia. ¿Te gusta?

—¡Me encanta, o mejor dicho, me enloquece!

-Además, quería proponerte algo, pero si se lleva a cabo, que lo hagamos bien.

—¡Cuéntame! Estoy seguro de que ya lo habrán conversado entre ustedes, un destello de esperanza de repetir iluminó sus ojos.

-Me mencionaste que, en realidad, cuando yo era tu alumna, fantaseabas junto a otros dos profesores acerca de pasarme el miembro por la cara. ¿Podrías ubicarlos?

—Claro que sí, los tres aún ejercemos la docencia.

-¿Te animas a invitarlos a reunirnos, con sorpresa incluida, diciéndoles que me viste casualmente en el centro comercial y absolutamente nada más? No pueden saber que ya hubo intimidad. Y por supuesto, si te gustó lo de hoy y deseas hacerlo.

—¡Qué magnífica idea! ¡Por supuesto que sí!

-Pero dejemos pasar al menos 10 o 15 días, te deseo tan excitado como hoy, ¡cómo disfruté esa eyaculación! ¡Se sintió como un río tibio que me inundaba!

—Bien, debería retirarme, seguro tienen cosas que hacer.

Se levantó y, como era de esperar al hacerlo, se notó que estaba nuevamente excitado por la naturaleza de la conversación y la posibilidad de volver a estar con Carla.

-¡Profesor! No puedes marcharte así, ¡espera a que se te pase! —dijo Carla acercándose a él y tocándole la entrepierna... Sergio, la tienes muy dura.

-Quizás debería esperar, o tal vez no descargó completamente...

-¡Pero me llenó de semen!

—He pasado por un largo período de abstinencia, problemas conyugales...

-Bueno, espera un rato a ver si se te calma. Ni se te ocurra salir así a la calle.

Nos sentamos nuevamente los tres, nosotros frente a él, y comencé a acariciar a Carla, diciéndole: ¡Qué novia tan hermosa! Te queda estupenda esta vestimenta. Y Carla: ¡por favor Sergio! ¡Así no se le va a bajar al profesor!

-Bueno, quizás deba aliviarme...

-¿Qué te parece?

-Estoy seguro, ¿verdad, Profesor?

—Sí, Sergio, por favor... —sin siquiera esperar respuesta, se despojó nuevamente de la ropa, mostrando que estaba casi completamente erecto.

-Amor, creo que le falta un poco aún, hoy no pudo penetrarme analmente.

Comencé a acariciarle las piernas, jugando con el lazo de adorno de las ligas. Le quité el sostén y empecé a chuparle los pezones, que se pusieron erectos al instante. El profesor comenzó a acariciar su pene suavemente y yo intensifiqué el juego, acercando a Carla a él y empezando a tocar sus vellos púbicos, luego deslicé mis dedos bajo el diminuto triángulo de la tanga, mientras dejaba caer mis boxers y frotaba ligeramente su raja con mi miembro.

—Profesor, Sergio me está poniendo muy cachonda, ven aquí —con sus manos le ofreció los senos apretados y llenos, y el Profesor se lanzó a chuparlos.

Un rato...

de lamerlas y tenía el miembro bien firme. Yo ya le había quitado la prenda íntima, y él acariciaba el pene en los labios de la vagina.

De repente, Carla dio dos pasos y se inclinó sobre el reposabrazos del sofá, mostrando toda su intimidad al profesor.

Disfrutó saboreando esa vagina que volvía a derramar líquido, y siguió hasta lamerle y lamerle el trasero, introdujo un dedo apenas, continuó lamiendo y le pasé un tarro de gel... untó el orificio generosamente y también su glande.

—Esta vez no fracaso, dijo.

-¡Adelante! Respondí.

Deslizaba la cabeza del pene por el esfínter, como en un juego, hasta que respiró profundamente, apoyó la cabeza en el trasero y empujó. Esta vez estaba bien erecto y comenzó a entrar, un hermoso espectáculo del cual disfrutaba de cerca. Una vez adentro, escuchando los gemidos de Carla, que aunque no es fanática del sexo anal, lo disfrutó, pero con una solicitud especial: No acabes allí, dámelo en la vagina.

Algunos empujones más y el miembro salió, con un característico ¡plop! de los traseros apretados.

Una innecesaria pasada de toallita antibacteriana, y a introducírsela de nuevo sobre una sábana que coloqué sobre la alfombra. Nuevamente, al igual que con Juan, en posición de cucharita con él y doble penetración vaginal, estando frente a frente, besándonos.

El profesor resultó ser más morboso que Juan, ya que, muy excitado, terminó primero, qué bien se siente cuando el otro culmina; y se quedó dentro, bombeando junto a mí hasta que acabé y continuamos un poco más. Carla esta vez deliraba y también llegó al clímax.

Nos chupó los penes para limpiarlos bien y los besamos a los dos sin complicaciones. Y luego de una sesión de caricias, algo que ha ido incorporando, un beso negro como despedida.

Con el profesor empezando a pensar en irse, le dijo "déjame saborear tus testículos un momento"... y comenzó a chuparlos, moviéndose rápidamente hacia atrás y dándole una lamida que le dejó temblando de placer. El profesor terminó retorciéndose de gozo.

Nos bañamos los tres juntos, con muchos besos bajo el agua.

La despedida reafirmó el plan de invitar a los otros colegas del profesor.

Pero antes, justo hoy domingo toca cumplir una solicitud muy especial del padre, que no implica tener relaciones con él.

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