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Mensaje al autor de «Entre mayor sea la sofisticación, mayor será la sumisión (5)»

Entre mayor sea la sofisticación, mayor será la sumisión (5)

El reconocimiento que le otorgaron a Edgar lo impulsó a esforzarse aún más y, como resultado, a permanecer más tiempo en su empleo, salía temprano por las mañanas y regresaba tarde en la noche, lo cual solo traía buenas noticias para mi captor, no pasaba un día sin que me obligara a ir a su habitación para abusar de mí.

En cuanto observaba que Edgar se marchaba, me enviaba un mensaje con instrucciones específicas que lo excitaban al controlarme y hacer que obedeciera sin rechistar, me pedía que fuera solo con un delantal a su cuarto o que me pusiera miel en el ano y me colocara "mi cola", como él la llamaba, para que al llegar, pudiera lamerme el trasero y así endulzar aún más ese momento, tal como me decía, y yo obedecía, no solo por el bienestar de Edgar o para evitar que difundiera todo el material que tenía de mí, sino por el temor a los castigos que me podía imponer, algo que quedó claro desde una de las primeras veces que me sometió.

Me había atado las manos detrás de la espalda, me mantenía en cuclillas y penetraba mi boca sin ninguna delicadeza, quería introducir incluso sus testículos, y con su gran miembro era común que sintiera arcadas, en una ocasión, de manera accidental, raspé su pene con mis dientes, lo cual lo enfureció, me empujó bruscamente y exclamó del dolor, enojado comenzó a recriminarme llamándome una mala sumisa, diciéndome que las sumisas no muerden a su amo y que me castigaría, entonces procedió a atarme con cuerdas alrededor de mi cuerpo, cruzando mis senos, mi cuello y mi cintura.

Mis manos continuaban atadas en mi espalda, y utilizando una polea que había en el techo, empezó a elevarme hasta una altura en la que apenas tocaba el suelo, estirando mis piernas lo máximo posible y poniéndome de puntillas; sacó una caja que contenía dos cables, no lograba verlos claramente hasta que sentí que colocaba algo en mi pecho y experimenté el dolor, era un caimán que sujetó uno de mis pezones y luego lo introdujo entre mis piernas, colocando otro en mi clítoris, mientras yo gritaba y me retorcía de dolor, en la posición en la que me encontraba, similar a un columpio humano, no tenía mucho control sobre mis movimientos.

Él se burlaba de la escena y me decía "tranquila, sumisa, aún no comienza el verdadero castigo", escuché un clic y comencé a sentir un hormigueo en todo mi cuerpo, eran descargas que entraban por mi pezón y salían por mi clítoris, lo cual me hacía gritar, retorcerme y suplicar que detuviera, pero él solo se reía mientras manipulaba el voltaje, me dolía, pero no podía evitar excitarme, la electricidad hacía que mis músculos se contrajeran y experimenté un orgasmo intenso, liberando un chorro que empapó el suelo.

Sentía cómo mis fluidos recorrían mis piernas, tuve la sensación de que había perdido el control de mi vejiga, y exclamó: "Qué mala sumisa, ha hecho sus necesidades donde no debía, debo castigarla aún más para que aprenda", y continuó electrocutándome, los orgasmos no cesaban, casi perdí el conocimiento, mi cuerpo experimentaba orgasmos incontrolables, mi mente se desconectaba de mí misma, solo sentía cómo mis líquidos se derramaban.

No supe en qué momento dejó de electrocutarme, introdujo su pene en mi entrada y conforme avanzaba, mencionó: "Espero que hayas entendido que no soy como tu débil novio, soy tu dueño y debes hacer lo que sea necesario para complacerme, sin excusas", ya tenía todo su miembro dentro de mí, con tantos fluidos que emanaba, no tuvo problemas, y al estar suspendida, me balanceaba al compás de sus embestidas, soltando apenas gemidos cuando me azotaba.

En ese instante, mi mente estaba en blanco, de la cintura para abajo estaba empapada y podía sentir las marcas de las cuerdas en mi cuerpo debido a mi propio peso, desconocía cuánto tiempo había transcurrido en esa situación, solo percibí cómo se corrió profundamente en mí, no pude hacer otra cosa que sentirme exhausta, cuando me bajó, me entregó un trapo para limpiar el suelo, comprendí que, por mi propio bien, no debía enfurecerlo.

Desde

Ese día comenzaron sus peticiones algunas más normales que otras desde tocarme frente a él hasta llegar al orgasmo, o algunas más humillantes como ponerme medias con estampado de vaca, diadema con orejas, una cola con plug que me introducía por el ano y un collar con cascabel, además de hacerme decir "muuu" cada vez que me penetraba. Recuerdo que agarró mis pezones y los pellizcó diciendo que ordeñaría a su vaca, mientras se reía. Al final, solo aclaro que él fue quien eyaculó en lo más profundo.

A pesar de que me tomaba diariamente, no lograba acostumbrarme al tamaño de su pene. Al principio me estaba costando, pero entrené mis músculos vaginales y anales para apretar todo lo que entrara en mí. Asimismo, me enseñó a utilizar mi boca, mover mi lengua mientras me penetraba profundamente y acariciar sus testículos para obtener la mayor cantidad de semen. Me engañaba a mí misma pensando que me estaba violando, sin embargo, cada vez que regresaba, lo hacía con múltiples orgasmos que mi pareja ni remotamente podría proporcionarme. Todo fue así, no pasaba de ser utilizado como su muñeca sexual.

En otra ocasión, me pidió que ingresara a mi departamento. Entró en mi habitación, me tiró boca abajo en la cama y me ordenó que no me moviera. Bajó mis pantalones con mi tanga incluida, dejándome expuesta, con los pantalones y la tanga en los tobillos. Escuchaba mientras dejaba algunas cosas en el buró, hasta que regresó y me dio una nalgada. Comenzó a estimular mi vagina y a introducir un tapón anal. Estaba a punto de llegar al clímax cuando se colocó sobre mí y empezó a penetrarme sin miramientos, levantando mis caderas con cada embestida. Hizo una coleta con mi cabello y comenzó a jalar, poniéndome en cuatro y haciéndome alcanzar mi primer orgasmo.

Ya no necesitaba ser sometida, hacía lo que él quisiera, pero parecía disfrutar humillándome sin retirar su miembro. Se situó sobre mí, estiró una pierna y colocó su pie sobre mi cabeza, dejando mi cuerpo en ángulo sobre la cama. Con su pie presionando mi cabeza en el colchón y mi trasero en alto hacia su cintura, empezó a decir: "Mira el potencial de tu novia, solo necesitaba que alguien tomara las riendas y liberara su lado más insaciable. Espero no te moleste que la use como receptáculo de mi semen, pero es algo que le encanta."

En ese instante comprendí que había colocado una cámara anteriormente y estaba grabando cómo me poseía en la cama donde descanso con Edgar, haciéndome alcanzar orgasmos y disponiendo de mí a su antojo. Me aterraba pensar que mostrara eso a Edgar, pero en ese momento estaba más preocupada por su pie sobre mi cabeza y su penetración vigorosa en mi vagina. Sentí que eyaculaba dentro de mí como siempre, pero esta vez retiró su pene a medio orgasmo, provocando que al sacarlo, salpicara como una fuente. Me tomó del cabello, incitándome a levantarme y susurró: "No digas nada y límpiame la verga".

Me haló del cabello hasta dejarme de rodillas frente a su pene semierecto y comencé a lamerlo como me había enseñado, recorriendo desde sus testículos peludos hasta su glande aún brillante de fluidos, introduciéndolo poco a poco en mi boca. Sentí cómo se endurecía de nuevo y dijo: "Muy bien, perrita, como colofón, mostrarás cuánto disfrutas cuando te poseo. Date la vuelta y empieza a penetrarte con mi pene. Y tranquila, esto es solo un placer personal. Si sigues siendo tan obediente, tu novio nunca tendrá que enterarse. Pero, ¿quién sabe? Si te molesto, podría mandarle el vídeo y mostrarle cómo estás siendo mal aprovechada, jajaja".

En ese momento, el coraje se apoderó de mí al darme cuenta de que, después de todo lo que me había hecho, eyaculando en todos mis agujeros, aún buscaba que pareciera consensuado. Creo que notó mis pensamientos, porque con una mirada autoritaria me ordenó: "Monta mi pene, putita". En ese momento, el miedo reemplazó mi enojo y me levanté, subiéndome a la cama de espaldas a él.

Frente a la cámara, me agaché en cuclillas.

Al buscar con mi mano, ubiqué su miembro y lo dirigí hacia la entrada de mi vagina mientras descendía, introduciendo más y más de su imponente tamaño. Al llegar a la mitad, comencé a moverme arriba y abajo, limitándome a la mitad de su extensión, que ya superaba la de mi novio. Después de unos minutos de sube y baja, sentí cómo volvía a humedecerme y escuché: "Vamos, no seas tímida. Sabemos que puedes con todo, ¿o temes demostrarle a tu novio que puedes manejar algo tan grande?".

No pude moverme cuando sentí sus brazos rodeando mis piernas, levantándolas y cruzándolas por encima de mi nuca como si fuese una llave de lucha. Me alzó e introdujo todo su miembro con el peso de mi propio cuerpo. Solo pude soltar un grito que, estoy segura, fue escuchado por todos los vecinos. Mis ojos se pusieron en blanco y me movía de manera pasiva, con sus caderas empujando en mi interior. Me sentía como un títere cuando oí: "Y no te preocupes, todos los días su vagina y trasero son entrenados para no quedar desatendidos, campeón, y así puede satisfacer también tamaños menores. Tranquilo, también toma anticonceptivos, porque por supuesto, no queremos acabar con la diversión tan rápido".

Al concluir sus palabras, percibí cómo alcanzaba el clímax en lo más profundo y yo también experimenté un orgasmo, soltando gemidos de placer. Su miembro temblaba con cada chorro liberado en mi interior de manera más intensa de lo habitual. No sabía si era por la excitación de ser penetrada así, o por la idea de marcar territorio en el video y demostrar cuánto podía eyacular en mí. Luego, me arrojó a la cama. Estaba demasiado exhausta para moverme. Se acercó a mi rostro y me dijo: "Qué bien te portaste, perrita. Así me gusta, obediente y sumisa."

Continuará.

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