Hace varios años, cuando finalicé la escuela y comencé a trabajar y estudiar en la universidad, tuve que utilizar con frecuencia el transporte público en mi vida diaria. Esto ocurrió aproximadamente entre los 19 y 25 años. Después de unos meses de acostumbrarme a la rutina, empecé a notar la diversidad de mujeres que utilizaban los autobuses en diferentes horarios, desde madres apuradas hasta empleadas de bancos o tiendas, cada una con su propio estilo de vestimenta que despertaba ciertas preferencias en mí.
Tanto por la mañana antes de ir al trabajo como al salir de él rumbo a la universidad, en las horas pico de tráfico los autobuses estaban abarrotados, apenas se podía mover uno. Comencé a acercarme discretamente a las mujeres que me resultaban atractivas. Al principio, lo hacía tímidamente por detrás, rozando sus cuerpos. Con el tiempo, mis comportamientos fueron evolucionando y me atrevía a hacer cosas más osadas. Se dio un día especialmente placentero para mí en un bus, era un miércoles lluvioso con un tráfico aún más denso de lo habitual.
En una parada subió una chica que salía de su jornada laboral. Era de tez clara, delgada, con poco busto y pocas caderas, cabello liso recogido en un moño y llevaba el uniforme de una tienda. Intentaba buscar un lugar donde no tuviera que moverse mucho al bajarse otras personas y fue entonces cuando la vi. Con dificultad, logré colocarme justo detrás de ella entre la multitud. Sentía su agradable fragancia y escuchaba música en un reproductor MP3 muy popular en esa época. En ese momento de tráfico detenido, comencé a acercarme a ella. Solía utilizar una técnica donde metía mi mano en el bolsillo y desde allí la deslizaba hacia ella, evitando que fuera evidente para otros pasajeros, y si ella se volvía, no vería mi mano tocándola directamente. Comencé con roces sutiles, acariciando sus caderas. Eran caderas pequeñas, piel suave y un cuerpo que parecía poco explorado. Pronto, experimenté una erección al sentir su contacto, pero ella parecía más concentrada en su música que en lo que sucedía a su alrededor en el autobús.
Antes de cada contacto, miraba a mi alrededor para asegurarme de no ser descubierto. La mayoría de las personas estaban ansiosas por la lentitud del bus, lo que me permitió acercarme más a ella, aspirando su aroma y posando mi mano directamente en su cadera izquierda. En un momento de atrevimiento, le di un ligero apretón en la cadera, lo que la hizo girar la mirada sorprendida por un instante. A pesar de eso, volvió a mirar hacia adelante. A pesar de mi excitación, me resultaba difícil detenerme. Realizaba movimientos circulares sobre su cadera izquierda, mientras ella intentaba moverse para evitar el contacto, lo cual resultaba complicado en medio del autobús abarrotado.
Con las personas estresadas empujando y mostrando malas caras, no tenía muchas opciones. Si ella hubiera decidido gritarme o armar un escándalo en ese momento, me habría arrepentido. Por lo tanto, opté por retirar mi mano del bolsillo y colocarla directamente sobre su cadera, separada únicamente por la tela de su pantalón y ropa interior. Con mis dedos, recorría los bordes de su ropa interior que se marcaban claramente en el pantalón ajustado. Mi respiración se agitaba y mi cabeza descansaba casi sobre su hombro, donde ella podía sentir.
Apoyé firmemente mi erección contra ella, mientras mi mano recorría su cuerpo y notaba lo excitado que me encontraba en ese momento.
Sin prestar mucha atención a su reacción, comencé a dirigir mis dedos hacia el centro de sus nalgas. Pellizcaba su calzón con mis dedos y lo deslizaba junto a su pantalón. Cada vez que lo hacía, sentía cómo mi miembro palpitaba de lo ardiente que estaba. A pesar de que ella daba un pequeño salto cada vez que lo hacía, no dejaba de mirar con la esperanza de que en algún momento parase. Sin embargo, al darse cuenta de que nadie se percataba y dudando de que alguien fuese a intervenir para protegerla, continué hasta llevar mi mano izquierda entre sus piernas, las cuales logré abrir con dificultad. Empecé a acariciar entre sus piernas, sintiendo claramente su vagina. Tenía unos labios vaginales muy gruesos que se percibían perfectamente al tacto. Comencé a acariciarlos con movimientos hacia adelante y hacia atrás con firmeza, observando cómo ella se quedaba inmóvil y bajaba la mirada. Se aferraba al pasamanos con fuerza, había llegado a su punto débil. Su vagina empezó a humedecerse lentamente hasta que finalmente separó sus piernas para facilitar mis caricias. Sentía mi bóxer húmedo por la excitación y moría por penetrarla en ese instante, sin importar los comentarios ajenos. Sin dudarlo, continué acariciándola más y percibiendo cómo su pantalón se empapaba cada vez más.
Traté de rasgar su pantalón con una mano reducida para poder introducir mis dedos en su vagina, pero no tuve éxito. Después de un rato, al notar su pantalón completamente mojado, sentí un leve temor. En ese momento, la vi moverse y buscar algo en su bolso, no alcancé a ver qué sacó, pero sí pude observar que llevó su mano a su entrepierna. Tras unos instantes, guardó de vuelta lo que sea que hubiera sacado de su bolso. Me acerqué nuevamente a ella para continuar acariciándola, y me llevé una sorpresa al descubrir que con algo que sacó de su bolso, había roto su pantalón. Su calzón quedó expuesto y empapado, lo aparté rápidamente y comencé a estimularla con mis dedos en esa deliciosa vagina.
Estaba completamente mojada y muy excitada en su interior. Con dos dedos dentro de ella, sentía cómo mi mano se empapaba con sus fluidos. Movía la cabeza de un lado a otro, intentando contenerse, se veía agitada. Yo ansiaba simplemente eyacular dentro de ella, pero seguía estimulándola con rapidez y fuerza en su vagina. En ese momento, sentí cómo con su mano derecha la llevó detrás de ella y acarició mi pene dentro del pantalón como pudo. Estábamos masturbandonos de manera peculiar en un autobús, dos desconocidos entre muchos otros desconocidos. Sentía cómo su pequeña mano con uñas largas acariciaba mi miembro sobre el pantalón, hasta que logró bajar la cremallera y introducir su mano en busca de mi pene, el cual encontró fácilmente. Nos masturbamos mutuamente hasta alcanzar el clímax, y eyaculé sobre su mano. Lentamente retiró su mano de mi pantalón y limpió mi semen en su prenda, nervioso ante la posibilidad de que alguien más en el autobús se hubiera dado cuenta de lo que sucedía. Mientras cerraba la cremallera de mi pantalón, me di cuenta de que ya había pasado la estación donde debía bajar unos 10 minutos atrás. Comencé a moverme para descender y tomar un taxi hacia la universidad, dando por terminada la experiencia más excitante que había vivido en un autobús de transporte público en mi país.