Terminé en una relación con mi amiga más cercana


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En la vida, todos tenemos una amiga especial que pensamos que nunca será algo más, aunque las cosas no tienen por qué ser así.

Voy a comenzar introduciéndome, me llamo David, tengo 23 años, y mi amiga Carla tiene 21. Ella mide alrededor de 1.62 m, sus pechos no son muy grandes y su trasero tampoco es el más destacado, pero tiene su atractivo. Yo deseaba tener una relación íntima con ella.

Nos conocimos cuando empezamos la universidad hace 2 años y medio, desde entonces empezamos a hablar y llevarnos bien. En algún momento, le di indirectas para avanzar en nuestra amistad, pero ella nunca lo notó o decidió no decir nada, nunca lo sabré.

Ahora voy a contar cómo terminé teniendo una conexión más profunda con ella. Solíamos salir a bailar a un bar (íbamos una vez por semana) y generalmente la llevaba a casa al final de la noche.

Una noche salimos con un grupo de alrededor de 8 personas, estábamos bebiendo, riendo, bailando y pasándola bien. Esa noche bebí un poco de más y estaba un poco ebrio, así que esperé para poder conducir hasta alrededor de las 3 de la mañana.

Decidimos irnos en mi auto hacia su casa y en el trayecto se mostró muy cariñosa y coqueta (me susurraba al oído y me tocaba más de lo habitual). Me dejé llevar y simplemente disfruté el momento. Al llegar a su casa, me invitó a entrar, mencionó que sus padres estaban en casa de sus abuelos y no regresarían hasta más tarde, y se mostró muy insistente, así que acepté; además, estaba cansado de regresar a mi casa. Mis padres siempre fueron bastante comprensivos. Una vez en su casa, nos sentamos en el sofá un rato y sacó una botella para seguir bebiendo, propuso un juego que consistía en que cada vez que uno perdiera, debía quitarse una prenda. Acepté.

El primer juego fue piedra, papel o tijeras, y ganaba quien lograra vencer 3 veces. Empecé ganando 2 rondas, ella ganó una, y finalmente gané la tercera. Carla se quitó la blusa negra, revelando sus pechos cubiertos por un sujetador negro con encaje. Yo me quedé fijamente mirando su escote, entonces ella dijo "Mis ojos están aquí arriba, podrás ver más después", intrigado, le propuse seguir con el juego.

El siguiente juego fue el jenga, sabía que ya lo tenía perdido porque siempre fui torpe en ese juego, efectivamente perdí y tuve que quitarme la camiseta blanca, quedando solo en brasil.

El tercer juego fue el memorama, yo tenía mejor memoria que ella y le gané por tres pares más, como consecuencia se levantó, desabrochó un lateral de su falda y esta cayó al suelo, revelando un sensual calzón negro con encaje y un moño en la parte delantera. En ese momento, me di cuenta de que se le marcaban un poco los labios y experimenté una erección casi instantánea. Carla se acercó a mí, susurrándome al oído "¿Quieres seguir jugando en mi habitación arriba?". Aunque sabía que no era lo correcto, me dejé llevar por la emoción del momento y tomándome de la mano, nos dirigimos a su cuarto. Mientras caminaba detrás de ella, podía ver su seductor movimiento de caderas y al subir las escaleras, pude apreciar mejor su figura.

Al llegar a su habitación, me hizo sentar en la cama, se colocó sobre mí y pude sentir la cercanía entre mi pene y su vagina, solo separados por la ropa. Carla se acercó a mi oído y dijo "¿Crees que no me he dado cuenta de cómo me miras?". Luego se apartó y nuestros labios se encontraron en un beso apasionado. mis

Instintivamente mis manos se desplazaron hacia su espalda y glúteos, la situación se intensificó y permití que lo que eran besos se transformara en algo más.

Ella sujetó la parte trasera de su sujetador, lo desabrochó y dejó al descubierto sus majestuosos y hermosos senos, nada parecido a lo que se ve en Internet. En ese momento, me quité los pantalones y me quedé en bóxers. Podía notar que ella también observaba mi miembro, entonces dijo: "Creo que es hora de que te quites los bóxers". Como un perro obediente, lo hice y me coloqué en el centro de la cama. Ella inclinó su cabeza hacia mi miembro y comenzó a practicar sexo oral. La sensación era increíble, muy excitante. Yo solo podía observar cómo su cabeza subía y bajaba, mientras mi mano recorría su cuerpo, disfrutando ambos de ese momento.

Se detuvo para ponerse de pie y se quitó las bragas. Contemplé la cosa más bella de mi vida: su vagina depilada y los labios prominentes. Sugeri un 69 y ella gustosamente aceptó, así que se colocó encima de mí con mi pene en su boca y yo practicando sexo oral en su vagina. Comencé a percibir un sabor ácido y un ligero olor a pescado, pero eso no impidió que continuara disfrutando intensamente.

Luego de un rato, me preguntó si tenía condón. Le respondí que no, pero que podía retirarme antes de eyacular, a lo que ella aceptó. Comenzamos con la posición del misionero, donde gradualmente introduje mi miembro, provocando algunos gemidos por parte de Carla. Se sentía cálido y húmedo, una sensación indescriptible. Una vez asegurado de que no le causaba dolor, empecé a moverme suavemente y luego con más intensidad, ambos gemíamos y disfrutábamos, abrazándonos y besándonos.

Posteriormente probamos la posición de la cuchara, que resultó un poco complicada de ajustar al principio, pero logramos encontrar el ritmo. Enloquecida, Carla me pedía que continuara. Otra posición fue la vaquera, donde ella tomó el control de los movimientos. Yo le repetía lo bien que se sentía y ella disfrutaba, pidiéndome más.

Finalmente, opté por la posición de cuatro. Posicioné mis manos sobre su trasero, la penetré profundamente y empecé a moverme, generando un intenso contacto entre nuestros cuerpos. Carla alcanzó el clímax mientras yo me contuve con todas mis fuerzas.

En medio de esa escena, tuve una vista privilegiada de su espalda y su trasero, algo que siempre imaginé y que finalmente se hacía realidad. Le dije que estaba a punto de eyacular y ella me instó a hacerlo dentro de ella en lugar de fuera. Así lo hice. Nos limpiamos, nos cambiamos y nos dirigimos a dormir, sabiendo que a partir de ese momento éramos algo más que amigos.

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