La contador madura: Celebración de fin de año


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Después de la celebración en el hogar de Silvia, retomé mis labores. Se acercaba el fin de año y, además de la fiesta de la Empresa, las chicas estaban organizando algo, me habían comentado. No sé por qué presentía que se trataba de una reunión con tintes sexuales, como si todo estuviera ya planeado.

- Buenos días, contador, ¿cómo está?

Mariana, quien solía llegar más temprano que las otras chicas, apareció luciendo un mini short de jean muy provocativo, unas sandalias y maquillada, además se había cortado un poco el cabello. Al entrar, no podía dejar de mirarla. Dejó su cartera en su escritorio, dio la vuelta al escritorio y de inmediato me agarró el bulto y me besó, introduciendo su húmeda lengua en mi boca. Así comenzamos.

- Hola, ummm Mariana, qué linda te has puesto.

- ¿Te gusta? Mira, me puse una tanga mínima para ti.

Se dio la vuelta y efectivamente, dos tiras negras se perdían entre sus nalgas. No pude resistirme, me arrodillé y le di unos besos separando sus glúteos. El sonido del ascensor interrumpió todo, Mariana ya estaba casi en trance e intentaba abrirme la bragueta.

- Espera para después, cariño.

Analía y Susana también entraron arregladas. Susana lucía unos pantalones ajustados tipo Oxford metiéndose en su trasero, mientras Analía llevaba una ajustada minifalda negra y una camiseta rosa que apenas contenía sus senos.

- Buenos días, jefe, ¿cómo está?

- Hola chicas, vaya producción que traen hoy.

Alejandra, la más joven, también se había arreglado un poco, parecía no querer quedarse atrás.

- Contador, además de la fiesta de la empresa, las chicas organizamos algo extra, digamos, para los de la oficina. Será hoy en casa de Susana, que tiene el departamento libre, los chicos se irán con su padre.

- Genial, seremos todos nosotros.

- Sí, ¿no queremos invitar a alguien más?

- Había pensado en invitar a Silvia, la inspectora de AFIP que me hizo un favor.

- Ahh... Conozco a Silvia - dijo Susana maliciosamente - invítala, Raúl.

- Está bien, le enviaré un mensaje con la dirección.

- Yo no puedo - dijo tímidamente Alejandra.

- Una lástima, entonces seremos los que estamos aquí. Una petición, contador, ¿podemos salir un rato antes?

- No hay problema, si adelantan todo pueden irse después del almuerzo para prepararse y arreglarse si lo desean.

- ¡Gracias, Raúl...!

Así me encontré solo en la oficina a las 14:00 horas. Las chicas partieron rápidamente para prepararse.

A partir de las 15:00 horas, comencé a recibir varios mensajes de WhatsApp que me hicieron prever que algo iba a suceder.

Primero recibí uno de Analía con un video de su clítoris totalmente depilado jugando con un consolador. Después, Susana me envió una foto con una tanga de hilo negro con encaje por delante, seguida de Mariana mostrándome su trasero con una diminuta tanga. Más tarde, Silvia me agradeció la invitación enviándome un video donde le practicaba sexo oral a Gilberto, quien estaba emocionado y me consultó si podía llevarlo, a lo que accedí. Se venía algo intenso.

Al cerrar todo a las 17:00 horas, me fui a casa a ducharme y arreglarme. Las chicas me dijeron que fuera hacia las 21:00 horas aproximadamente, les mencioné que llevaría algo para beber y Susana me envió un video lamiendo la entrepierna de Analía.

- Estamos tomando algo mientras nos preparamos jajaja, Ana trajo algo para cambiarse aquí, así que te esperamos bye.

Qué grupo de mujeres tan sedientas estaban, afortunadamente era viernes y no tenía que trabajar al día siguiente. Me puse un suspensor negro que guardaba para ocasiones especiales, me depilé cuidadosamente el trasero, el pene y me vestí con unos pantalones blancos, una camisa negra de manga corta y unos zapatos sin calcetines, me perfumé y pedí un UBER, ya que no me veía en condiciones de conducir de regreso.

Llegué antes de lo previsto, le mandé un mensaje a Susana y me dijo que me abrirían la puerta.estaban preparándose. Me acerqué, toqué el timbre y una voz masculina me avisó y abrió.

Al llegar al apartamento de Susana, Gilberto me abrió la puerta.

- ¿Qué haces aquí, amigo? - le di un abrazo.

- Aquí estoy preparando unos cócteles caribeños mientras esas chicas se están arreglando en la habitación de Susana. Entraron con bolsas y ya son 4 adentro.

El ambiente tenía una luz tenue, música suave, variedad de bebidas, aperitivos y un ambiente cargado de erotismo.

- Te preparé algo especial, tiene algo que te va a animar todavía más

- ¿Qué es?

- No es ninguna droga, es una hierba natural de mi país, una raíz molida completamente natural, pero te pondrá a tono para aguantar a estas cuatro bellezas esta noche, con la forma en la que se están preparando, la noche promete ser intensa

Tomé el trago que me ofreció Gilberto y sentí cómo un calor recorría mi cuerpo, ufff... este colombiano, siempre sorprendiendo. En ese momento escuché el picaporte de la puerta de la habitación de Susana.

Nos sentamos con Gilberto para hablar sobre el tema, con nuestro trago en la mano.

La primera en salir fue Analía, lucía un body negro de encaje, con ligas y unos zapatos de tacón impresionantes, dio una vuelta delante de nosotros. Se acercó, nos dio un beso a cada uno y nos quitó la camisa mientras nos acariciaba el pecho a los dos, luego se dirigió al dormitorio mostrando su trasero con una diminuta tanga. Luego salió Silvia, con un corsé de cuero que realzaba sus pechos y una tanga también de cuero con una cadenita y una pequeña tira detrás, todo acompañado de botas altas negras. También pasó y se encargó de quitarnos los zapatos y calcetines mientras nos besaba apasionadamente.

Luego, salió Mariana, con un micro short de charol, un corsé y botas también de charol, todo en negro, el short dejaba poco a la imaginación por delante y se perdía en el hermoso trasero de la rubia. Se encargó de desabrocharnos los pantalones y dejarnos en boxers, dándonos una caricia por encima de los boxers a Gilberto y a mí. Finalmente, apareció Susana, la anfitriona. Llevaba un corsé de red completo con un agujero en la entrepierna y botas altas de cuero hasta la rodilla para igualar a las demás. Se acercó a nosotros, nos rodeó con sus brazos y nos guió hacia la habitación. A mí me acarició el trasero directamente.

- Eres un vicioso, contador, parece que te gusta - dijo mientras se reía y me besaba apasionadamente llevándonos a la habitación con las otras tres mujeres.

Al entrar, el espectáculo era impresionante: a los lados de la cama, varios consoladores, aceite, gel, algunas cuerdas y esposas, todo un arsenal, y en el centro, Analía, Mariana y Silvia habían empezado a tocarse y a besarse, a la vista de esto, Susana nos agarró a Gilberto y a mí del miembro y nos lanzó al medio. Enseguida, Mariana y Silvia se abalanzaron sobre mí, mientras que Susana y Analía hicieron lo mismo con Gilberto sin dejar de tocarse entre ellas.

Susana y Analía estaban en un frenesí cuando Gilberto se colocó delante de las dos para que le practicaran sexo oral. Junto con los roces, empezaron a besarse con el miembro de Gilberto en medio. Chupaban y jugaban con sus lenguas de una manera sorprendente, por momentos el miembro desaparecía en la boca de Susana y Analía se centraba en los testículos y viceversa. Un diluvio de saliva y fluidos cubría todo. Mariana se colocó sobre mí mostrándome su trasero y poniendo su zona íntima en mi boca, mientras que Silvia devoraba mi miembro. Un espejo estratégicamente colocado me devolvía la vista de Silvia y Mariana besándose apasionadamente y tocándose por todo el cuerpo.

Otro espejo colocad...Las dos mujeres estaban frente a mí, chupándose, tocándose y frotándose los pechos mientras mantenían sus genitales cerca de mi boca. En ese momento, Silvia se sentó en mi pene y disfrutaron mutuamente. Esta perfecta combinación competía con Susana y Analía, quienes lucían medias de encaje que alargaban y mostraban en medio del caos que Gilberto provocaba. Lamí sus dedos encima de las medias y acaricié sus muslos mientras Silvia y Mariana seguían con sus juegos. Gilberto, emocionado, penetró a Susana por su vagina y la levantó en el aire de abajo hacia arriba, ella aullaba y gritaba mientras él la sostenía de la cintura con ese conjunto de red tan sexy. Me puse de pie y coloqué a Mariana y Silvia una al lado de la otra, en posición de cuatro, mientras se besaban a besos y lametones salvajes, agarré un consolador de la mesa, lo encendí y empecé a jugar en el trasero de Silvia mientras lamió el trasero de Mariana. Ese trasero grande era toda una poesía, le quité el mini short y, como era de esperar, no llevaba nada debajo, tenía la vagina depilada, perfumada y procedí a untarla con aceite, tanto el trasero como su vagina parecían una hamburguesa sabrosa con los labios bien carnosos, al lado de Silvia, quien había quitado su tanga de cuero y se quedó desnuda, también la cubrí con aceite y los dos traseros quedaron hermosos y brillantes, listos para ser disfrutados.

Me acerqué a Mariana, en este momento mi trasero favorito por ser carnoso y opulento, embadurné el consolador y comencé a introducirlo en Silvia. Esta última no pudo resistirse a la tentación y, mientras las penetraba, empezó a chupar y morder los pezones de Mariana, sus pechos eran deliciosos, grandes y naturales. Continué penetrando el trasero de Mariana mientras ella gemía, embistiendo con fuerza y cuando Silvia gritaba, era acallada por los besos de Mariana. Por otro lado, Gilberto las colocó contra el cabezal de la cama, les ató las manos a ambas y les tapó la boca para dejarlas casi sin aliento. A una de ellas le introducía los dedos mojados en su propia vagina. De repente, tomó a Susana y Analía del cabello y las arrojó sobre la cama, comenzó a penetrarlas una a una, alternando entre pene y dedos. Se retorcían en la cama, se besaban y decidí juntarlas para que las cuatro quedaran en el centro de la cama y con Gilberto íbamos de dos en dos, rotando una y otra, de repente gritó:

- Rotación - Y saltamos a las chicas que ya eran un solo grupo de mujeres que se besaban y lamían, ahora las cuatro boca arriba mostrando sus vaginas brillantes.

Nos lanzamos con el colombiano para lamer y jugar con sus vaginas ávidamente, las lamíamos y les introducíamos los dedos con pasión, cambiábamos entre nosotras, pero ninguna quedaba sin lengua o dedo. Las mujeres se retorcían, se besaban, se apretaban los pezones, Analía también introducía los dedos en su vagina, Mariana metía sus dedos en Silvia, Susana chupaba y mordía un consolador, las cuatro disfrutaban descaradamente. Entonces, Gilberto hizo un anuncio:

- A ver señoritas, aquellas que deseen una doble penetración de a una, por favor, vayan con Raúl para que el colombiano les parta el trasero bien, o viceversa, como prefieran.

Al escuchar el anuncio, las cuatro mostraron una sonrisa en sus rostros. Mariana saltó de la cama y me empujó boca arriba.

- Yo quiero, he escuchado que alguna aquí ya ha experimentado una doble penetración, asumo el desafío.

Sobre putas y chismosas, seguramente la provocadora de Susana no pudo resistirse y lo reveló todo, ahora las otras dos envidiosas querían experimentar lo mismo. Mariana cabalgaba sobre mí con sus hermosos pechos rebotando y observaba de reojo a Gilberto que se preparaba. Mientras Susana cedía su lugar a Analía y se enroscaba con Silvia, ambos con consoladores tremendo en mano y una tijera uniendo sus vaginas a puros besos. Ambos vibradores con esas cabezas giratorias se aplicaban en sus clítoris mientras se rozaban y entrelazaban sus genitales. Analía me miraba ansiosa, me besaba, colocó su vagina en mi boca y comenzó a cabalgar, mientras en el espejo veía a Gilberto listo para penetrar el trasero de Mariana.

A pesar de lo anterior, Mariana, qué hermoso trasero posees. - exclamó mientras la besaba apasionadamente y la penetraba con fuerza con su miembro colombiano, una gran verga.

Mariana quedó boquiabierta ante semejante tamaño y se dejó caer sobre mí mientras Gilberto la sujetaba de la cintura y la embestía con fuerza.

- También quiero participar - dijo Analía, quien besaba el trasero de Mariana y jugaba con otro dildo completamente lubricado.

Entretanto, Mariana disfrutaba como nunca con dos penes dentro de ella, en algunos momentos cerraba los ojos con fuerza, se inclinaba hacia mí y me besaba en el cuello y la boca, movía la cabeza de un lado a otro con sus cabellos rubios. Ambos penes entraban y salían completamente, Gilberto los sacaba un poco y luego los introducía por completo. Desde mi posición, solo podía acelerar los movimientos con mi pelvis. Mariana se enderezó y empezó a interactuar con Analía, intercambiando besos, compartiendo sus bocas y pechos. En un instante, Analía tapó la boca de Mariana y mordió con fuerza sus pezones mientras Gilberto, en un frenesí desenfrenado, la embestía con furia. Ana, con un strapon en su trasero, introducía sus dedos. Sentí que estaba llegando al clímax y avisé para sincronizarnos los cuatro.

- ¡Me estoy corriendo, chicos! - exclamó Mariana, lo que hizo que también yo alcanzara el clímax.

- Oh sí, la leche colombiana está descendiendo - exclamó Analía montada en un consolador mientras besaba apasionadamente al colombiano y gritaba que también se estaba corriendo.

Las dos chicas, en posición de tijera, también llegaron al clímax casi al mismo tiempo. El primer grito bestial fue el del colombiano, luego las chicas empezaron a jadear cada vez más fuerte. Mariana fue la primera en alcanzarlo cuando Gilberto descargó cuatro eyaculaciones en su trasero, casi al mismo tiempo que yo acababa en su vagina. Susana y Silvia cayeron sobre la cama simultáneamente. Sin embargo, Analía no perdió el tiempo.

- ¡Oh no, yo quiero mi doble! Vengan acá, chicos.

Nos llevó, a Gilberto y a mí, al sofá mientras las tres mujeres descansaban. Nos sentó y se abalanzó sobre nosotros, primero tomó el pene de Gilberto y se lo tragó de un solo golpe, luego comenzó a darle sexo oral.

- Permíteme que te ayude - Mariana, con su técnica experta en sexo oral, comenzó a hacerme lo mismo a mí.

Sentí cómo su lengua jugaba con todo mi pene dentro de su boca y pronto volvía a cobrar vida, mientras usaba sus dedos para estimular mi próstata. Analía no perdía el tiempo y, con arcadas pronunciadas, se dedicó a devorar el miembro de Gilberto una y otra vez, con fuerza. Después de repetir la operación varias veces, estábamos listos para tener relaciones sexuales con Analía. Mariana, con su refinada técnica, me dejó en perfectas condiciones también.

- Muy bien, chicos, ahora es el turno de los dos para la doble penetración.

Se sentó en otro sillón, jugando suavemente con un consolador eléctrico, los brazos aún le temblaban por la increíble sesión de sexo que habíamos tenido.

- Amigo, te ofrezco ese hermoso trasero de Analía, yo me encargo de abajo.

Se acostó en el sillón y Analía se lanzó sobre él, comenzando a cabalgar frenéticamente sobre el pene del colombiano, alternando entre chupar y morder los pezones, los labios carnosos del hombre, y permitiendo que también le chupara y mordiera los pechos. Con suavidad, lo empujó hacia abajo y dejó su trasero totalmente a mi disposición, un trasero hermoso, firme; le eché un poco de aceite, me lubricé el pene y la penetré sin piedad. Levantando los brazos, cayó sobre el hombre, abriendo la boca que Mariana rápidamente ocupó con un apasionado beso. En la cama, Silvia y Susana volvían a excitarse, esta vez con un consolador doble que compartían, uno de los extremos en cada vagina.

Una vez adentro, comencé un movimiento intenso, casi como un taladro, sobre el trasero de Analía.

- Puedes darme alguna nalgada, si deseas.

- ¡Golpeame, insultame, haz lo que quieras, amigo! - Es lo que chillaba.

Tú no te quedas

El moreno la agarró y le besó la boca, momento que aproveché para darle tres embestidas profundas seguidas.

Continuamos en trío unos 5 minutos, con Mariana frotando sus senos en mi espalda, susurrándome al oído mientras me decía:

- Tómala papito, demuéstrale quién manda, dale duro, como a mí cuando estuvimos solos, hoy me lo debes eh

Los tres entramos en un desenfreno total, cachetadas, chupadas de senos intensas, de repente, después de 5 minutos de intensa actividad, nos enfocamos y sentí que iba a acabar.

- ¡Todo adentro cariño!

- ¡Todo papi, todo adentro! – gemía Analía

Gilberto la apartó y se acercó a mí, dejándome el trasero listo para seguir, le di varias nalgadas fuertes que la estremecieron y seguí a fondo, cuatro, cinco, la sexta estaba por venir.

- ¡Ahí voy!

Acabé cuatro chorros dentro de ella, mientras Gilberto también acababa en su entrepierna y la mujer gemía agarrándose del cabello, soltando un grito fuerte. Gilberto me mostraba cómo dejaba caer líquidos en su pelvis y con su mano los juntaba para luego llevárselos a la boca.

La fiesta continuó hasta el día siguiente con algunos juegos más, Susana y Silvana pusieron al día nuestras partes que tardaron un poco en recuperarse. Una verdadera celebración, todo gracias a la contadora madura.

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