Infiel por mi propio error. Prostituta por obligaci贸n (29)


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Ella toma la decisi贸n... 驴De forma independiente?

驴Por qu茅 existe tanto mutismo por parte de mi esposo? Ninguna parte de su cuerpo se ha movido ni un 谩pice. Tampoco lo siento detr谩s de m铆, ya que en su respiraci贸n no hay rastro de molestia. Lo percibo sumamente tranquilo y la impaciencia me embarga. Sinceramente esperaba una reacci贸n en茅rgica de su parte, pero ha optado por mantener el silencio, soportando el tormento de escucharme admitir, -casi sin oponer resistencia- que me acost茅 con un hombre mayor a cambio de una suma de dinero desconocida para 茅l. Un cheque de ocho cifras, que seguramente superaba las ganancias mensuales de la mejor de las acompa帽antes de los cat谩logos. 隆Resulta extra帽o que no haya dicho nada hasta ahora!

Observo c贸mo pasa muy cerca de mis pies, -tan desorientado como yo en este momento- un cangrejo ermita帽o desplaz谩ndose de lado y observ谩ndome con cautela, aparentemente llevando sin esfuerzo el peso de su morada provisional. Se detiene un instante, probablemente buscando qu茅 rumbo tomar, pero de repente mueve sus patas y retoma velozmente su camino, regresando hacia las rocas que refuerzan el rompeolas en busca de mayor seguridad. Y en ese instante, siento que Camilo se acomoda de otra manera, y aguardo resignada sus reproches.

Un colorido y animado "Truki Pan" se estaciona en la solitaria calle frente a m铆, haciendo sonar sus bocinas para llamar la atenci贸n de los presentes en la playa a estas horas. Seguramente tiene retraso en su recorrido hacia su destino final en Caracasbaaiweg, y de repente siento un retortij贸n en el est贸mago que capta toda mi atenci贸n. Quiz谩s, ante la cruda confesi贸n de Mariana, necesito evadirme de aqu铆 por unos momentos.

Al ponerme de pie para colocarme los shorts, sacudo la arena adherida a mi h煤medo trasero lo mejor posible, para dirigirme hacia el peque帽o cami贸n de comida y reflexionar sobre lo escuchado. Tambi茅n para comprar algo y llevarle algo a Mariana.

鈥 驴Espera, ya vuelvo! Supongo que unas generosas porciones de carne a la parrilla, con papas fritas, chorizo y pan, nos caer谩n de maravilla. 隆Voy por una selecci贸n de platos para los dos! 驴O prefieres algo distinto? 驴Un taco o un burrito, si todav铆a tienen? 鈥擫e comento a Mariana, ajustando la mochila en mi espalda.

鈥 驴Tienes hambre? 鈥擬e pregunta inclinando la cabeza y el torso.

鈥擳engo antojo. Debe ser por el fr铆o porque dudo que est茅 embarazado. 鈥擨ntento ser gracioso y le vuelvo a preguntar... 驴Entonces, algo variado?

鈥擡st谩 bien. 隆Y con muchas papas, por favor! 鈥擬e responde finalmente y me apresuro a acercarme al cami贸n.

En ese momento cobra sentido aquella extra帽a fotograf铆a, cuando solitario en la barra de aquel bar y con el valor que da el alcohol, oje茅 r谩pidamente el informe que me hab铆an entregado, y en cuyas p谩ginas, -sobre todo en la 煤ltima secci贸n- mis ojos se detuvieron en una imagen donde una pareja desconocida acompa帽aba a mi esposa y a Eduardo, en la entrada de un prestigioso restaurante a las afueras de la ciudad. Los cuatro elegantes, y Mariana luciendo un ajustado y escotado vestido de lentejuelas, que jam谩s le compr茅 y que nunca vi colgado en su armario, ni antes ni despu茅s.

Haciendo memoria, tras regresar de ese viaje con don Octavio, Elizabeth y el resto de la alta direcci贸n, la semana siguiente con poco entusiasmo en su mirada, Mariana me inform贸 de una repentina invitaci贸n a cenar, para cerrar una venta. Y como siempre, la anim茅 a que lo hiciera ya que no la ve铆a muy convencida de asistir, aunque eso significara para ella ascender otro pelda帽o en la jerarqu铆a de vendedores de la constructora. Su sue帽o era destacar y mi mayor deseo, que lograra ser profundamente feliz al conseguirlo.

Recuerdo que me qued茅 la noche del jueves disfrutando de la compa帽铆a.

De Mateo y de Natasha, con quien al final nos quedamos hasta altas horas de la noche jugando en l铆nea y en modo cooperativo, uno de los juegos que m谩s nos entreten铆a a ambos. Yo pensando que le iba a ense帽ar, a la vez que velaba por la seguridad de su personaje en la pantalla de los inesperados ataques, y ella tan habilidosa con el control, termin贸 por darme una lecci贸n de inesperados saltos y certera punter铆a, culminando con la repentina victoria, seguida de inocentes abrazos que apretaban sus pechos contra los m铆os, junto con un fugaz y robado beso en mis labios. As铆, aguard茅 despierto en nuestra habitaci贸n hasta que mi esposa regresara.

鈥 驴Buenas noches o ya buenos d铆as? 鈥擲alud茅 al empleado y el joven me sonri贸 cort茅smente en respuesta鈥 隆Bon d铆a se帽or!

鈥擠os porciones con todo, incluyendo chorizo. Suficiente salsa Barbacoa y mayonesa. 隆Y bastantes papas fritas, por favor! 鈥擟onclu铆 mi pedido con el empleado.

Fui el primero en llegar, pero detr谩s de m铆 escuch茅 algunas voces, entre las que pude distinguir diferentes acentos. Dos eran mexicanos y asum铆 que el otro era chileno. Se acomodaron a mi lado derecho para leer en el tablero las opciones del sabroso men煤, mientras observaba a dos de ellos tambalearse y apoyarse mutuamente, evidenciando los efectos del alcohol que hab铆an consumido. Deb铆an ser parte de la fallida reuni贸n a la que fueron invitados, Ver贸nica y sus amigos. Mientras esperaba que prepararan mi pedido, me alej茅 un poco para fumar sin molestar y reflexionar sobre lo que Mariana me hab铆a contado.

Desde mi punto de vista, al ser tan detallada al recordar aquella reuni贸n, me confirma que no ha omitido ning煤n detalle y est谩 siendo sincera. Aunque me duela saber que acept贸 tan f谩cilmente aquella absurda propuesta, debo cumplir la promesa que le hice a Rodrigo, escuch谩ndola hasta el final. 隆Paciencia y tiempo! Fueron las palabras que me dijo cuando le di las llaves de mi camioneta para que la vendiera, y luego por tel茅fono al informarme sobre la decisi贸n de Mariana de acercarse para pedirme perd贸n. A pesar de todo, no puedo enga帽arme a m铆 mismo鈥 隆Me doli贸! Llorar en silencio y sonre铆r en p煤blico al mismo tiempo es posible, y acabo de comprobarlo. Cuando se lo cuente a Rodrigo, seguramente 茅l, con su experiencia pasada y similar, me dir谩 que estaba sumido en la depresi贸n, de la cual podr茅 salir en cuanto se levante el oscuro velo que ha cubierto todas mis dudas.

Y puede que tenga raz贸n, pero c贸mo no sentirse as铆 si la soledad y la tristeza me han acompa帽ado en los 煤ltimos meses, sumi茅ndome en la desesperanza al no encontrar respuestas, por m谩s compa帽铆a que hayan querido brindarme desinteresadamente mis amigos Eric y Pierre, William y Kayra, y sobre todo, los reconfortantes y c谩lidos abrazos de Maureen.

鈥 驴Se帽or? 隆Aqu铆 tiene su pedido! 鈥擬e llam贸 el joven, entreg谩ndome la orden.

鈥擥racias. Para beber, dos Coca-Colas fr铆as. 隆En lata, por favor! 鈥擫e respond铆 mientras le entregaba las monedas necesarias para pagar mi pedido, y sobre el pavimento, junto a la rueda del cami贸n, qued贸 abandonada la colilla humeante de mi cigarrillo.

Al regresar con las manos ocupadas, vi c贸mo Mariana ya se hab铆a puesto su vestido y agitaba en el aire mi camisa rosada, sacudi茅ndola en茅rgicamente. No sonri贸 al notar que la observaba, pero de inmediato tom贸 todas sus cosas, bolso, cigarrillos, las cervezas que nos quedaban, y se puso su sombrero, dispuesta a acercarse a una de las bancas de cemento donde yo hab铆a colocado las dos porciones de carne, chorizo y las papas que tanto nos gustaban.

鈥擧ummm, huele delicioso. 隆Ahora s铆 me ha entrado el apetito! 鈥擠ijo en un intento en vano de eludir el momento en que retomar茅 mi reclamo.

Pero antes de comenzar a comer y al mismo tiempo evitando mirarnos, lo hicimos utilizando nuestras manos. Ensuci谩ndonos los dedos hasta que brillaron con las salsas en la comisura de los labios, y un inc贸modo silencio entre los dos,

solamente cuando nos chupamos los dedos est谩 todo bien.

鈥 驴No vas a decirme nada? 鈥擵aliente me interpela mientras destapa la lata de su bebida gaseosa, mir谩ndome fijamente.

鈥擸a lo sab铆a, lo present铆a. Desde que me contaste c贸mo aquel anciano simulaba admirarte mientras te desvest铆a con la mirada. 鈥擱espondo sin apartar la mirada, ocupado en limpiar un huesito de costilla. 隆Casi lo ensucio todo!

Ella se apropia de las papas fritas y las saborea con gusto. Mientras tanto, yo termino mi fest铆n devorando el 煤ltimo pedazo de carne, pero al escuchar sus palabras, me giro para mirarla...

鈥擭o ten铆a otra opci贸n, 茅l ten铆a el control total, y la verdad, Camilo, me cansaba sentirme utilizada, ofrecida y tratada como mercanc铆a. 驴Hasta cu谩ndo seguir铆a siendo su sumisa? Necesitaba ponerle fin a todo eso, sin poner en riesgo nuestra relaci贸n. Por eso acept茅 aquella propuesta absurda, con la esperanza de encontrar m谩s adelante una salida a ese laberinto infernal.

En la mirada azul profundo de sus ojos percibo el vac铆o de una persona atormentada, y en su tono de voz, la sinceridad de sus palabras. Mastica otra papa, una de las 煤ltimas en su plato, mientras yo apenas he comenzado con las m铆as. Su mano algo temblorosa lleva la lata de Coca-Cola a sus labios.

鈥擭o voy a mentir, se me hizo un nudo en el est贸mago al escucharte. Me resulta repulsivo pensar que permitiste que ese viejo te tocase, lamiese tu cuerpo y te besase. El hecho de que me lo hayas confesado y te hayas dado cuenta ahora no significa que lo apruebe, ni mucho menos, que estando a tu lado no notara mi incomodidad. Entiendo que Eduardo te haya obligado de alguna manera, pero t煤 tambi茅n fuiste responsable. Aceptaste esa oferta con demasiada rapidez, incluso dir铆a que al final te gust贸. 驴Ganaste alguna comisi贸n por esa venta que intercambiaste por sexo? 驴Utilizaste ese dinero extra para darle un costoso regalo a tu amante?

Mariana se sobresalta y se retrae, enderezando la espalda y limpi谩ndose las manos con fuerza. Busca en su bolso la cartera, y saca con cuidado unos papeles de su interior. Ocho papeles para ser exactos. Los coloco sobre mi muslo y los ordeno. Ante m铆, ya he armado el cheque que le entregaron. 隆Dios m铆o! 隆Diez millones de pesos! Es una locura.

鈥擯ara ellos, esto era lo que val铆a la entrega de tu esposa. Como puedes ver, nunca cobr茅 esa suma. Y el regalo del que hablas, lo pagu茅 con mi propio salario. 鈥擱esponde sin darle ning煤n tono de venganza a su voz.

鈥 驴Disfrutarlo? 驴Realmente piensas que pude sentir un m铆nimo atisbo de placer al permitirle a ese anciano tocarme con sus manos arrugadas y 谩speras? 驴Crees que me deleit茅 al sentir su boca babosa recorrer mi piel, bes谩ndome y lami茅ndome? 隆Excepto en mi boca, porque no se lo permit铆! 驴Y crees que disfrut茅 teniendo relaciones con ese viejo? Est谩s muy equivocado, mi amor. 鈥擬e satisface escucharla decir eso, y ver en sus ojos la determinaci贸n con la que responde. Firme y segura en sus palabras. Pero Mariana, tras un suspiro, contin煤a recordando mientras yo me acomodo para escucharla.

鈥擫a historia sobre mi periodo no era un invento. Tal vez, la impresi贸n que me caus贸 verme traicion谩ndote de nuevo, me provoc贸 unos calambres terribles al salir de esa cafeter铆a y tuve prisa por regresar a casa, ya que mi menstruaci贸n amenazaba con llegar antes de tiempo. Cuando llegu茅, Mateo ya estaba en casa jugando en la sala y, tras arreglarme un poco, recib铆 la visita de Naty. Ella not贸 que algo no iba bien y me pregunt贸. 隆Fatiga y menstruaci贸n! Esa fue mi simple respuesta, y amablemente, ella prepar贸 una infusi贸n de hierbas con jengibre, an铆s estrellado y canela.

para aliviar la incomodidad.

鈥擝谩sicamente me oblig贸 a recostarme sobre sus piernas, descuidadamente descubiertas por la falta de tela en su falda plisada de estudiante. Charlando ampliamente esa noche, temas femeninos, 驴sabes? Le cuestion茅 sobre su vida amorosa, pocos romances confes贸, a pesar de ser tan hermosa y atractiva. Iryna vigilaba cada movimiento y ahuyentaba a los pretendientes, se quej贸 conmigo. Esta era la raz贸n por la que Naty segu铆a siendo virgen.

Mariana, enfocada, trata de eliminar la grasa de sus dedos, usando dos servilletas. Yo solo tomo una, y con ella decido limpiar primero el borde de la lata de mi refresco antes de abrirla, y despu茅s la uso para eliminar lo mejor posible los residuos y el aceite de los m铆os.

鈥擮tra raz贸n era que los chicos de su edad no le atra铆an mucho, prefer铆a a los mayores y con m谩s experiencia. Me record贸 a m铆 en aquella 茅poca de adolescencia. La diferencia era que mientras yo estudiaba en un colegio de monjas, Naty lo hac铆a en uno mixto. "隆Quiero perder mi virginidad con un hombre experimentado!", confes贸 mientras entrelazaba sus dedos en mi cabello y hac铆a trenzas. "隆Con alguien que sepa satisfacer mi inexperiencia, delicado y atento, cari帽oso pero audaz!", enfatiz贸.

鈥擡n ese momento pens茅 en ti, porque hab铆a descrito precisamente tu personalidad y forma de ser, y entre risas le dije... 隆Un hombre como mi esposo! Asinti贸 con la cabeza y con voz baja, pero sin avergonzarse, Naty lo confirm贸. "隆S铆, con gusto me abrir铆a a un hombre atractivo como 茅l!", expres贸.

鈥擭o sent铆 celos, querido, al contrario. Me sent铆 orgullosa al ser la 煤nica mujer en el mundo capaz de disfrutarte, amarte y, obviamente, ser correspondida. Eras m铆o, exclusivamente m铆o, de forma ego铆sta.

鈥擸 curiosamente, recib铆 de inmediato tu llamada, como si ella y yo te hubi茅ramos contactado telep谩ticamente. No estabas en el hotel, sino que estabas tomando unas cervezas cerca de la playa, acompa帽ado por tu admirada Elizabeth y los directivos. Por eso recuerdo claramente que tu voz estaba entrecortada. Naty fue a buscar a Mateo para avisarle de tu llamada y mientras tanto te dije cu谩nto te extra帽aba.

鈥 隆Tambi茅n me haces mucha falta! 鈥擜morosamente respondiste, y ambos, al un铆sono, expresamos un sentido 隆Te amo! Naty quer铆a quedarse a dormir conmigo esa noche para cuidarme, pero deb铆a priorizar sus tareas escolares, as铆 que acordamos hacer una pijamada la noche del viernes y que se quedar铆a conmigo, jugando con Mateo, hasta tu regreso el s谩bado al mediod铆a.

鈥擡l jueves en la oficina, al entregarle a Eduardo la carpeta con el contrato firmado, fui aplaudida por mis compa帽eros. Mostr茅 una sonrisa ante esa victoria agridulce. Los dulces y bombones que hab铆an sido colocados en mi escritorio como regalo de mi "amigo secreto" los guard茅 en mi bolso para d谩rselos a nuestro hijo m谩s tarde. Se me hab铆a olvidado endulzar mi propio d铆a. Evit茅 estar a solas con Eduardo para evitar mostrar mi desagrado, quiz谩s tambi茅n por temor a que me presionara m谩s. Por suerte, ese d铆a trabaj茅 en la sala de ventas de los apartamentos al sur de la ciudad, en compa帽铆a de Diana, cuyas conversaciones amenas y bromas habituales alegraron mi tarde. K-Mena, Carlos y Jos茅 Ignacio estar铆an al d铆a siguiente, y pens茅 que as铆 podr铆a negarme m谩s f谩cilmente a la rutina de ir al bar a celebrar por los negocios cerrados.

鈥擡se fue el d铆a en que Diana me inform贸 que junto con las chicas del otro grupo, ya hab铆an organizado la fiesta de fin de mes para intercambiar regalos por el mes del Amor y la Amistad, y gentilmente Jos茅 Ignacio hab铆a ofrecido su casa para la celebraci贸n.

Ve a Camilo

lade贸 la cabeza hacia atr谩s, flexionando el esternocleidomastoideo en su cuello, rodeando la protuberancia de la nuez de Ad谩n. Es la clara se帽al de que est谩 recordando y suspirando, aunque de mala gana. S铆, recuerdo que no fue agradable para 茅l, y aunque en ese momento no lo aparentaba, para m铆 lo fue. Discutimos horas antes por una tonter铆a m铆a y pasamos varios d铆as sin dirigirnos la palabra, apenas lo necesario. Todo por una decisi贸n fr铆vola, ego铆sta y equivocada al elegir mi vestimenta. 隆Yo y mis errores!

鈥 "隆Ballenas, ballenas, ballenas!" exclam贸 con admiraci贸n. Los cinco, nuestra vecina rusa y su hija, Mateo, t煤 y yo, no par谩bamos de hablar de eso cuando le envi茅 los videos que hab铆a grabado en alta mar y los descargaste en tu ordenador port谩til para verlos mientras convers谩bamos. Nuestro peque帽o estaba emocionado al ver los lomos emergiendo de las profundidades y escuchar c贸mo exhalaran con fuerza, no paraba de lanzarme un sinf铆n de preguntas. "驴Papi, son muy grandes? 驴Tienen barbas largas? 驴Muerden? 驴Las tocaste? 驴Cu谩ndo me llevar谩s a verlas?" Y tras responder a todas sus preguntas, interviniendo todas ustedes de vez en cuando para aclarar alguna respuesta m铆a, vi c贸mo el cansancio lo venc铆a y se quedaba dormido en tu regazo.

鈥擲铆, y al terminar la videollamada, Naty destap贸 unas cervezas sin permiso de Iryna, -me sonre铆 al recordarlo- pero al estar en nuestra casa no puso objeciones y se qued贸 un rato m谩s con nosotros, hasta que una llamada de su esposo la oblig贸 a regresar a casa. Y finalmente nos quedamos a solas, Naty y yo, comiendo palomitas de ma铆z, salchichas y refrescos, viendo una serie que ella quer铆a ver, pero entre cap铆tulo y cap铆tulo me contaba cosas de su d铆a en la escuela, llegando incluso a mencionar su lado emocional y algunos secretos muy personales otra vez. Yo tambi茅n le confi茅 algunas cosas 铆ntimas m铆as, aunque una idea qued贸 rondando en mi cabeza.

Camilo me mira con sorpresa, abriendo mucho sus ojos de color caf茅.

鈥斅o, cari帽o, no me mires as铆! No fueron tantas, ni muy expl铆citas o comprometedoras, pero as铆 nos entreten铆amos y dej谩bamos de prestar atenci贸n a la televisi贸n, pasando de inmediato a la secci贸n de maquillaje, donde ella me ense帽贸 algunos trucos que hab铆a aprendido viendo videos en internet, ideando nuevos peinados para mi larga cabellera, m谩s juveniles y modernos, actualiz谩ndome tambi茅n en los colores de moda para pintarme las u帽as... Y fotos, cari帽o. Muchas fotos.

鈥擱esulta que Naty encontr贸 tu c谩mara digital compacta, la que hab铆as dejado olvidada en un estante del estudio, como si fuera una reliquia del pasado. Estuvimos modelando, una a la otra, hasta altas horas de la madrugada, prob谩ndome mis vestidos. Se puso una minifalda, la de cuero marr贸n. Esa la escogiste t煤. 驴Recuerdas? Elogi茅 la imagen tan sexy que ofrec铆an sus piernas a medio cubrir, pero ella respondi贸 un tanto molesta...

鈥擡s una pena que no pueda salir a la calle con una de estas, sin recibir silbidos inapropiados o piropos subidos de tono. Ni evitar esas miradas, que aunque tengan la misma intenci贸n, me incomodan cuando provienen de chicos que no me atraen y hasta me desagradan. Pero al mismo tiempo, me gustar铆a que vinieran de sus ojos. 隆Pero para 茅l no soy m谩s que una "culicagada"!

鈥斅緿e qui茅n hablas? 鈥攑regunt茅 intrigada, pero Naty, ruborizada, evadi贸 mi repentino inter茅s y mirando hacia el suelo, solo dijo...

鈥擠e un amor imposible, Meli. De un ser de otra 茅poca que se adelant贸 en el tiempo, o quiz谩s fui yo la culpable al retrasarme y encontrarlo enamorado de otra persona. 驴Sabes? Es un hombre especial y divertido, tan tierno y cari帽oso con su... 鈥揅all贸 unos segundos mientras escudri帽aba con la mirada el interior de nuestro vestidor. 鈥 驴Y aqu铆 qu茅 guardas? 鈥擜rrepentida, me

Lanzando una nueva consulta.

鈥擳enemos pr谩cticamente id茅ntica estatura y medidas parecidas, por lo tanto, algo alegres por las cervezas, sus manos curiosas atacaron el caj贸n de mi ropa interior, y modelamos para la c谩mara y el flash de tu c谩mara, en atuendo 铆ntimo. 驴Lograste verlo? 鈥擨nquiero a Camilo y con un gesto de su cabeza, lo confirma.

鈥擳odo lo que ten铆a le quedaba perfecto a su silueta, y se enamor贸 de uno de mis 煤ltimos conjuntos que hab铆a comprado gracias a Diana, para sorprenderte en una noche apasionada. Un conjunto verde, de tela satinada y con sensuales transparencias, uno de los m谩s provocativos y osados que eleg铆. Se lo regal茅, pidi茅ndole que lo guardara para usarlo 煤nicamente cuando considerara que era el momento adecuado y con la persona indicada, para disfrutar de su primera experiencia. 隆Y vaya si me obedeci贸! 驴No es verdad, cari帽o?

鈥 驴C贸mo iba a adivinar que era un regalo tuyo? Y no me refiero a la ropa interior. 鈥擣inalmente, despu茅s de responderle sin apartar la mirada, me levanto r谩pidamente, tomo mi mochila con una mano, las dos botellas de cerveza restantes y la gorra de los Yankees, que coloco sobre mi cabeza con la visera hacia atr谩s para ocultar mi cabello, miro a mi esposa y le ofrezco mi mano para que se levante. Ella toma mi mano suavemente pero no se levanta, solo me observa con sus bellos ojos color topacio, y se me ocurre decirle para romper el hechizo...

鈥擡xactamente. 隆Combinaban con el color esmeralda de tus ojos! 鈥擯or la expresi贸n de Mariana, creo que comet铆 un error, pero de manera sorpresiva, mi esposa me responde con serenidad...

鈥擭o ten铆as forma de saberlo, es cierto. Tampoco ella. Ninguno tuvo la oportunidad de escoger. Intervine discretamente para que ocurriera as铆, pero no sucedi贸 de la noche a la ma帽ana, cielo, sino que se fue desarrollando con el tiempo. Yo la eleg铆 a ella para ti, debido a su juvenil encanto y la divertida afinidad que compart铆an ustedes dos, disfrutando como un par de locos con esos videojuegos y las pel铆culas de acci贸n que a m铆 me aburr铆an. Con algo 煤nico y especial que ella pod铆a ofrecerte. Un tesoro que yo jam谩s podr铆a darte. 隆Su virginidad!

鈥擸 para Naty te eleg铆 a ti, al descubrir que eras su amor plat贸nico, 鈥搚 no precisamente por mi "sexto sentido"鈥, sino por el brillo que percib铆 en sus ojos verdes, cada vez que su mirada adolescente se perd铆a en tus gestos varoniles cuando estabas cerca, o en su rostro emocionado, tan atenta a cada una de tus palabras y extasiada como una quincea帽era enamorada cuando sonre铆as, mirando a un hombre que no se daba cuenta al estar profundamente enamorado de m铆. Su admiraci贸n por ti era enorme, creciendo en su interior desde aquella vez que, por casualidades del destino, termin贸 ocupando mi asiento en el cine del centro comercial, evit谩ndome presenciar tantos choques inexplicables. 隆Gustos y pasatiempos similares! Una combinaci贸n peligrosa para una chica con tantas hormonas revolucionadas, liberando feromonas cerca de ti.

鈥 驴C贸mo se te ocurri贸 esa locura? No solo por su edad ni por mi situaci贸n sentimental. Simplemente yo te amo鈥 隆No ten铆a ojos para nadie m谩s que no fueras t煤, Mariana! Ni ten铆a espacio en mi coraz贸n para albergar a nadie m谩s.

鈥擴na confesi贸n entre amigas, cielo, que no pod铆a pasar desapercibida ni ser olvidada, ya que me brindar铆a m谩s adelante la oportunidad de dar un nuevo rumbo a nuestras vidas, si manejaba con cuidado e inteligencia la afinidad compartida por los videojuegos de acci贸n y mucha emoci贸n, superando desaf铆os para vencer entre ustedes dos y sus amigos, a los parec铆an imbatibles enemigos. Disfrutaba vi茅ndolos celebrar sus 茅xitos hasta altas horas de la noche, con gritos emocionados de ella y momentos de sobresalto tuyos, con cervezas para ti y limonada.

O n茅ctar de Lulo en tu caso. De esa forma, ide茅 en mi mente una t谩ctica para acercarnos m谩s y, de alg煤n modo, retribuir tu lealtad y cari帽o, en compensaci贸n por mis flaquezas. Recompensar a Naty por su amistad y compa帽erismo, ofreciendo al mejor y 煤nico hombre de mi vida, como la se帽ora Margarita hizo, permiti茅ndole a su esposo, despu茅s de muchos a帽os, disfrutar de unos pocos instantes conmigo.

Camilo niega repetidamente mientras mueve su cabeza de izquierda a derecha, incr茅dulo ante mis palabras. No lo culpo, pero tampoco me justificar茅, aunque debo explicarle mis motivos. 隆Ser谩 lo mejor para ambos!

鈥擝astaba con un simple empuj贸n, o colocar descuidadamente la c谩mara como cebo para tus ojos. Una peque帽a muestra visual de figuras femeninas, nuevas y tiernas, atractivas y seductoras, para que ese hombre de mayor edad y experiencia se sintiera atra铆do por la bella mariposa que, con sus alas desplegadas, estaba lista para adentrarse en su mundo, y as铆, dejaras de ver mi vida como la maravilla reci茅n surgida del complejo ovillo de seda, intocable para tus manos por su delicadeza, y prohibida para tus deseos por su juventud.

鈥擰u茅 curioso, Mariana, que para una misma virtud, tuvieras planes distintos en mente. Para una de ellas, la m谩s rara y ajena, procurabas preservarla a toda costa, ofreciendo tu cuerpo en su lugar. Pero para la otra, la m谩s peque帽a y cercana, sembrabas en su mente adolescente la idea de vivir un momento placentero e inolvidable, hasta lograr inculcarle que ella deb铆a ser para m铆.

鈥擭o me arrepiento de ello, mi vida. Era un sue帽o para Naty y una oportunidad para ti. 驴Acaso olvidas las numerosas veces que, tras hacer el amor, 驴te imaginabas siendo el primero en mi vida? 驴Qu茅 anhelabas tanto de m铆? 驴La oportunidad perdida de ser el hombre que me inici贸? Como te respond铆 siempre, eso para m铆 no fue ni placentero ni memorable. Me preocupan otras cosas donde t煤 no solo fuiste el primero sino el 煤nico, convirti茅ndote para m铆 en ese hombre imperecedero.

鈥 隆Mis primeros 茅xtasis consecutivos, por ejemplo! 鈥揕e digo, acariciando su mano. 鈥 驴Gracias a qui茅n los obtuve? A ti, por supuesto. Mi 煤nico esposo y padre de nuestro hermoso hijo. El primero en sacarme de la comodidad de mi hogar y la rutina de la ciudad, convenci茅ndome de seguirte y viajar a esta isla, alej谩ndome de todo para emprender una aventura. Has sido para m铆 el primero en todo, mi cielo, y aunque no pude cumplir con lo otro, lo que tanto anhelabas, al menos pude entregarte por primera vez mi detr谩s. 隆Ese momento, Camilo, s铆 fue importante y esencial para m铆!

鈥 驴Comprendes ahora, cielo? 驴Qui茅n mejor que t煤, mi amado esposo, para la joven y so帽adora Natasha, para hacer realidad su sue帽o de convertirse en mujer y, de paso, cumplir tambi茅n el tuyo?

Ver贸nica y sus amigas desfilan sonrientes frente a nosotros, mojadas de pies a cabeza, con hambre y alegr铆a. Detr谩s vienen sus otros amigos camino al Truki Pan. El alcohol y los chapuzones en el fr铆o mar en calma nocturna logran su efecto, y se suma el delicioso aroma de la parrillada y las papas fritas. Pero no alcanzo a o铆r sus voces realizando su pedido, ya que Mariana se ha levantado, y sin soltar mi mano, se coloca a mi lado, susurr谩ndome al o铆do con voz suave y cari帽osa sobre nuestro reencuentro despu茅s de mi viaje.

鈥擵olviste a mis brazos al regresar a casa la tarde del s谩bado, 鈥揷ontin煤a recordando鈥 agradecidos por poder abrazarme de nuevo a la forma de tu cuerpo, sintiendo en la fuerza de ese abrazo tu pasi贸n por m铆, tu necesidad de m铆, y en mi alma y coraz贸n, la m铆a por ti. Aferrarme al 煤nico hombre que me brindaba tanta paz y tranquilidad era lo que m谩s deseaba y, con Mateo ya dormido, aprovechamos el tiempo.

los dos debajo del chorro de la ducha, bes谩ndonos apasionadamente, comenzamos de nuevo nuestras rutinas diarias al ba帽arnos en compa帽铆a, aunque sin actividad sexual debido a mi menstruaci贸n, sin embargo, tus manos inquietas no dejaron de acariciarme con su costumbre valiente. Siempre has sido mi refugio, la voz de la raz贸n que me manten铆a cuerda en medio de mis locuras, aunque por supuesto, t煤 no lo sab铆as en ese momento.

鈥擲igo teniendo fr铆o, Mariana. Aprovechemos que est谩n comiendo y nos acercamos a la fogata para terminar de secarnos. 驴Qu茅 te parece? 鈥擲onri贸 y pas贸 su brazo por debajo del m铆o, manteniendo una distancia respetuosa al no apoyar su cabeza en mi hombro. Caminaba elegantemente a mi lado, gui谩ndome con delicadeza.

鈥擟omiste muy r谩pido. 驴Ten铆as hambre? 鈥擫e pregunt茅 sorprendida al verlo con un buen apetito, algo poco com煤n. Camilo, antes de responder, destap贸 nuestras 煤ltimas dos cervezas junto al fuego que ard铆a.

鈥擰uiz谩s s铆, o quiz谩 era porque estaba mojado. No lo s茅 con certeza. 脷ltimamente he descuidado mis comidas, bebiendo en exceso hasta perder la noci贸n del tiempo, durmiendo poco y, cuando lo hago, so帽ando contigo en repetidas pesadillas donde te pierdo una y otra vez, separ谩ndote de m铆, arrastrada por una mano de hombre con un falso Rolex dorado en la mu帽eca.

Ambos tomamos un sorbo de cerveza y luego extendimos los brazos hacia el calor que emit铆an las llamas. Est谩bamos casi solos all铆, solo la pareja de enamorados que nos hab铆a observado antes, decidi贸 regresar desde el otro extremo del rompeolas caminando por la pasarela de madera. Mientras los ve铆a acercarse, sent铆 que los vellos de mis brazos y nuca se erizaban, como si mi intuici贸n me advirtiera sobre la pr贸xima pregunta de Camilo. Y sus ojos caf茅s conectaron inmediatamente con los m铆os y...

鈥擲ucedi贸 aquel d铆a entre semana, 驴verdad? Despu茅s de unos d铆as de amor en familia y buen sexo en nuestra intimidad, para distraerme mientras yo estaba ocupado con otros asuntos, 驴esperaste a que me fuera de viaje nuevamente a Pe帽alisa para cumplir con tus obligaciones?

鈥擭o lo recordaba de esa manera, pero es cierto. Ocurri贸 la noche siguiente a tu partida, cuando el lunes siguiente por la tarde nos enviamos mensajes cari帽osos en la oficina despu茅s del almuerzo, y me contaste sobre tu viaje obligatorio semanal a la agrupaci贸n, nuevamente acompa帽ado por tu eficiente y atractiva asistente. 鈥擫e respond铆 con cierto desd茅n.

鈥擳e he explicado esto en numerosas ocasiones, Mariana. Nada sucedi贸 entre Elizabeth y yo. Cre铆ste ver algo comprometedor cuando escuchaste su voz a mi lado en la habitaci贸n del hotel, tarde en la noche, est谩bamos trabajando. Revis谩bamos con el ingeniero la cimentaci贸n adecuada para un terreno algo inestable cerca del arroyo sur. Pero como 茅l no intervino en la conversaci贸n, pensaste que Liz y yo est谩bamos solos y te molestaste. Imaginaste cosas que nunca existieron... 驴Esa fue la raz贸n por la que decidiste irte?

鈥擭o, cari帽o, no fue as铆. S铆, me molest茅, sent铆 celos de ella y es cierto, no ten铆a motivos para dudar de ti; simplemente el siguiente d铆a deb铆a asistir a esa cita y me pareci贸 extra帽o que nuestra llamada fuera tan normal, sin utilizar video para comunicarnos. Escuchar su risa, y luego su voz llam谩ndote, exigiendo tu atenci贸n... Creo que todo se mezcl贸 y mis nervios me traicionaron. 隆Lo siento! 鈥擫e respond铆, sintiendo nuevamente mis ojos humedecerse.

鈥擜dem谩s, acord茅 con la se帽ora Margarita y con ese hijo de... 鈥搈ir茅 a Camilo, quien ya no mostraba desaprobaci贸n por mi lenguaje grosero鈥 que cumplir铆a con

de mi experiencia. Para ser honesta, cari帽o, no he olvidado esa noche, y sinceramente no quiero profundizar en los detalles, como ya te mencion茅, no la disfrut茅 como podr铆as haber pensado. Lo que m谩s recuerdo son otras escenas que me resultaron imposibles de no observar, algunas frases interesantes de una charla que escuch茅 con atenci贸n, y especialmente por tu inesperada sorpresa.

鈥 驴Qu茅 o铆ste o viste exactamente? 鈥攊nquiri贸 Mariana.

鈥擡spera un momento, amor, d茅jame recordar paso a paso. 驴Nos damos un paseo hasta el final del malec贸n? Las chicas vienen para ac谩 con tu amiga, esa rubia que quiere hablar contigo. 鈥擟amilo se gir贸 para saludarlas con una sonrisa. Yo opt茅 por seguir adelante.

鈥擡l lugar donde nos encontramos nuevamente fue el apartamento de soltero de Eduardo, el cual se supon铆a que era mi residencia. 鈥揕e coment茅 a mi esposo cuando escuch茅 sus pasos detr谩s de m铆. 鈥揂ll铆, Fadia me anim贸 a salir de compras con ella, para gastar el dinero en vestidos de dise帽ador, joyas importadas y tratamientos corporales avanzados. Me maquill贸 con tonos intensos en los ojos, incluso us贸 brillo en los p谩rpados. Pint贸 mis labios de rojo intenso, al igual que las u帽as de manos y pies. Estuvo indecisa sobre si peinarme con ondas sueltas o dejar el cabello liso. Incluso me ayud贸 a vestirme con un atuendo muy ajustado, corto y provocativo. Complement贸 el look con bisuter铆a brillante y unos guantes que llegaban m谩s arriba de los codos. Camilo no parec铆a sorprendido, as铆 que segu铆 con mi relato.

鈥擴na pareja nos recogi贸 en una limusina negra y nos llev贸 a cenar a un restaurante elegante, en la salida oriental, al pie de la monta帽a, con una hermosa vista de la ciudad iluminada.

鈥 "隆Est谩s preciosa!", me salud贸 ella, y don Fernando, bes谩ndome la mano al subir al auto, 鈥搈ir谩ndome con deseo鈥 me dijo que luc铆a hermosa y con ese vestido parec铆a una ninfa.

鈥擫es sonre铆 a ambos, pero en realidad lo hac铆a para mis adentros, jugando con el doble sentido de la palabra; no me sent铆a como una diosa de la mitolog铆a griega, sino como una simple prostituta, negociando favores carnales a cambio de dinero, quiz谩s para ellos y los dem谩s era solo ninfoman铆a.

Camilo termin贸 su cerveza mientras la m铆a a煤n estaba casi llena. No ten铆a m谩s sed, as铆 que se la pas茅. Opt茅 por seguir adelante, encendiendo un cigarrillo.

Parec铆an ser una pareja reconocida en el restaurante, saludando a varias personas al entrar. Hab铆a poca gente joven, predominaban hombres y mujeres mayores vestidos elegantemente, como divas en un evento de gala.

Entre plato y plato, la se帽ora Margarita me fue presentando discretamente a las personas que conoc铆a. "Ese es el Ministro de...", un ministerio del cual no recuerdo el nombre. "Este es el pastor de...", una iglesia que no me importaba conocer. "Y la mujer de la mesa de atr谩s es la cirujana cardiovascular de...", tampoco me interesaba en qu茅 cl铆nica trabajaba. En fin, amor, parec铆a que la crema.

innata de la sociedad de la capital se encontraba esa noche cenando all铆, y Eduardo parec铆a un ni帽o chiquito en un parque de atracciones, feliz de estar entre esas personalidades.

Salimos de all铆 hacia La Calera, llegando a un chalet ubicado en una vereda, no muy lejos de la v铆a principal. Fuimos recibidos por una jaur铆a de perros, logr茅 divisar siete. Un cuidandero con un fuerte grito los espant贸 y abri贸 la verja de madera para permitir el paso de la limusina. La casa de ladrillos a la vista, con ventanas peque帽as cubiertas por pesados velos, y el techo de paja cubriendo esa 煤nica planta, ya ten铆a encendida en el sal贸n la chimenea.

Se miraron y sonriendo, se ubicaron a cada lado m铆o y me llevaron hacia el interior de la sala iluminada tenuemente, donde varias decenas de espigadas velas rojas y gruesos velones amarillentos estaban dispuestos cerca de un gran ventanal. Cerca de este, hab铆a un sof谩 semicircular de tres cuerpos y dos mullidos sillones isabelinos situados diagonalmente al frente. Me ofrecieron champagne para brindar, pero Eduardo declin贸 la invitaci贸n. En su lugar, puso m煤sica bailable en un antiguo y alto equipo de sonido, y me invit贸 a bailar. La se帽ora Margarita hizo lo mismo con su esposo y despu茅s de dos canciones, forzadamente cambiamos de parejas. 脡l y yo, nerviosos, hablamos de cualquier cosa menos del motivo por el que nos hab铆amos reunido, permaneciendo est谩ticos sobre los listones de madera. Finalmente, se relaj贸 y bail贸 conmigo un par de temas de salsa. Guayac谩n y el grupo Niche parec铆an ser sus favoritos, al igual que los m铆os, aunque el ajustado vestido y los altos tacones no me permitieron bailar con la soltura que acostumbro.

Luego, ellos dos se acomodaron en el sof谩 y Eduardo en una de las sillas, aparentemente celebrando la conclusi贸n de nuestro negocio entre brindis y sonrisas. Me acerqu茅 al mes贸n y serv铆 un largo trago de ron, con solo dos cubitos de hielo. Necesitaba tranquilizarme y esconder mi molestia. No lo llegu茅 a saborear realmente, lo beb铆 de un solo sorbo. Don Fernando se acerc贸 a la esquina donde me encontraba, nerviosa y pensativa, deseando fumar y abrir las ventanas. Pese a todo, pens茅 que escapar铆a gustosamente hacia nuestro hogar.

No lo hice, ya que nuevamente me invit贸 a bailar una melanc贸lica melod铆a en portugu茅s. Como un colegial inexperto, me pregunt贸 sobre mi vida privada mientras me apretaba nerviosamente la cintura, sorprendido por la atenci贸n que recib铆a de mi esposo. No era, por supuesto, mi esposo real, sino el personaje inventado por Eduardo. Jugando un poco, le respond铆 sin dar demasiados detalles, explic谩ndole que lo que est谩bamos haciendo era algo puntual y no se repetir铆a.

Durante la canci贸n, intent贸 besarme en la boca por primera vez. Logr茅 esquivarlo girando la cabeza, ofreci茅ndole coquetamente mi mejilla y mi cuello. Me dio varios besos con los labios cerrados, dej谩ndole claro que no tendr铆a besos en la boca, sinti茅ndome como una fulana callejera, recordando que a las trabajadoras del amor no les gustaba que las besaran en los labios superiores. "Con los de abajo," le dije, "puedes hacer lo que quieras."

Cerca del final del baile, cre铆 sentir su excitaci贸n, pensando ingenuamente que todo terminar铆a pronto si lograba apartar nuestros pensamientos y dedicarme solo a complacerlo. Fue una falsa alarma. Ni siquiera pod铆a darle una pastilla azul, ya que el Sildenafil estaba prohibido para personas con problemas renales y card铆acos, como 茅l.

Sin rodeos, la se帽ora Margarita le pregunt贸 con curiosidad durante la cena. Yo, con la intenci贸n de finalizar pronto esa responsabilidad y regresar a casa para estar con Mateo, opt茅 por arriesgarme con la pen煤ltima carta, la de mis manos acariciando su rostro, desatando el nudo de su corbata y desabotonando su camisa. 隆Insinu谩ndomele!

Hemos alcanzado el final del largo trayecto, y Camilo, sin emitir palabra alguna, se liber贸 de mi agarre y ahora apoya un pie sobre las irregulares piedras del rompeolas. 驴Enfadado y resentido? No parec铆a ser as铆, a pesar de soltar un suspiro y sacar de su bolsillo de camisa una cajetilla roja y blanca para extraer un nuevo cigarrillo con los dientes, luc铆a sumamente tranquilo. Sin darme cuenta, permit铆 que mi propio cigarrillo se consumiera entre mis dedos.

鈥 驴Cu谩l fue la 煤ltima entonces, si puedo preguntar? 鈥攊nquiri贸 Camilo, exhalando una doble hilera de humo por la nariz.

鈥擳e lo contar茅 en un momento. Decid铆 llevarlo a una habitaci贸n, un sitio m谩s privado, dejando a la se帽ora Margarita y a Eduardo en el sal贸n, y tras cerrar la puerta, comenc茅 a satisfacer sus deseos con precauci贸n, desvisti茅ndome sin apuro, antes de que, por su nerviosismo y torpeza, don Fernando, con manos temblorosas, redujera mis ropas a andrajos inservibles.

鈥 隆Entonces tuviste 茅xito! 驴Lograste intimar con 茅l? 鈥攑regunt贸 desilusionado Camilo. 隆Demonios! Ser谩 mejor explic谩rselo.

鈥擡n la alcoba, luego de permitirle adular mi cuerpo con piropos y caricias, sin mostrar signos de erecci贸n, tuve que鈥 tuvimos que recostarnos y mientras le brindaba un espacio entre mis muslos, a 茅l鈥 Ya sabes, le practicaba sexo oral. Lo sujetaba por el tronco desde la base con una mano, y con la otra sub铆a y bajaba la piel. Pas贸 el tiempo, mi mand铆bula se cansaba, me desesperaba, hasta que finalmente鈥 隆Reaccion贸! 鈥擟amilo, impaciente, se rascaba la barbilla con el pulgar y el anular, sosteniendo el cigarrillo entre el dedo medio y el 铆ndice.

鈥擮btuve una erecci贸n moderada de 茅l y yo, con sus dedos y su boca, logramos un 煤nico orgasmo. Y debo admitir que exager茅 un poco mis gemidos, no puedo negarlo, pero esos sonidos junto con el movimiento de mis caderas al alejar mi vulva de sus labios para descansar, lo empoderaron, y mientras intent谩bamos la posici贸n misionera, su deseo de volver a besarme en la boca lo distrajo y no lograba penetrarme. Cambi茅 de posici贸n acost谩ndome de costado y ofreci茅ndole mi espalda, y centrados en ese intento, fue entonces cuando escuch茅 un chirrido en la puerta y crujieron los tablones de la entrada.

鈥擜 contraluz en el marco de la puerta, las figuras de la se帽ora Margarita y Eduardo nos observaban expectantes. Me enfoc贸 en su mirada. En la de la mujer que hab铆a entregado a su marioneta en brazos de otra para que se recuperara. Y vi destellos, reflejos felices y enamorados. No me preocup茅 por fijarme en Eduardo, era evidente que disfrutaba del espect谩culo. En ese momento me arriesgu茅 con la 煤ltima carta, cielo.

鈥 驴Qu茅 hiciste entonces? 鈥攑regunt贸 en un susurro.

鈥擬e puse de pie, completamente desnuda, extend铆 mi brazo y di dos pasos hacia ella. La se帽ora Margarita no lo dud贸, entendiendo mis intenciones, apart贸 a Eduardo de la habitaci贸n y le cerr贸 la puerta casi en las narices. Nos acercamos a la amplia cama de robusta madera de guayac谩n, y le ped铆 a don Fernando que me ayudara a desnudarla.

鈥 驴Tuviste un tr铆o con ellos?

鈥擜s铆 parec铆a, cielo. Ellos tambi茅n, lo cual los emocion贸, sumi茅ndolos en una oleada de pasi贸n que no olvidar铆an. Pero no era mi intenci贸n. Los reun铆, s铆, pero me apart茅 para verlos hacer el amor desde la primera fila. Finalmente, don Fernando pudo volver a tener intimidad con una mujer. 隆Con la suya! Y al final, no tuve que entregarme por completo. Pero junto a ellos aprend铆 una lecci贸n, mi vida.

鈥擡ntregas el coraz贸n por completo a la persona que amas, cuando...

Tu cari帽o parece insuficiente. Pero recuperas tu confianza al depositarla en otra persona, para que esa individualidad goce con el 煤nico ser que amar谩s por el resto de tus d铆as. 隆Sin ego铆smo, sin prejuicios, sin titubeos!

鈥擬ientras esas dos personas se prodigaban caricias y palabras apasionadas, silenciosamente fui visti茅ndome y con cautela sal铆 de la habitaci贸n. Nos despedimos sin ceremonias, salimos con Eduardo y el chofer de la limusina nos devolvi贸 a la ciudad. En el apartamento de Eduardo me cambi茅 y, sin responder a sus inc贸modas y morbosas interrogantes, me dirig铆 directamente a casa, para encontrarte sentado y a oscuras en nuestra habitaci贸n, claramente con semblante avinagrado.

鈥擡s cierto, Mariana. Pero en tu semblante no percib铆 sorpresa amarga, sino aut茅ntica preocupaci贸n. "驴Mi amor, est谩s bien? 驴Qu茅 te sucedi贸?" Y con esas dos frases, desvaneciste mi incomodidad. No era demasiado tarde para saludarte ni tampoco demasiado temprano para imaginar hacer el amor contigo, por lo tanto solamente te coment茅 que volv铆 para corregir unos planos que, apresuradamente, hab铆a confundido con los correctos.

鈥擳u aliento ligeramente embriagador, y la felicidad en tu rostro tras una reuni贸n de negocios exitosa, me hicieron vislumbrar un desenlace favorable. Dejamos el interrogatorio para m谩s adelante, en un momento de mayor calma, y nos entregamos primero debajo de las s谩banas, luego con ellas arrugadas a un lado de la cama, al ardiente deseo de amarnos mutuamente, y finalmente, obligados por la necesidad de ir a trabajar, nos dormimos exhaustos pero sonrientes, y yo agradecido por tenerte a mi lado.

鈥擟amilo... No pude dormir bien. A pesar de lo mucho que me hiciste sentir, no fue suficiente. Aunque disfrut茅 mucho del placer que me diste, no fue bastante para disipar la sensaci贸n de odio hacia m铆 misma, por haber consentido sumisamente y a tus espaldas, ese nuevo enga帽o. 鈥擫e respond铆 compungida.

鈥擜ctuaste tan bien que no me di cuenta de nada. Durante los d铆as siguientes seguiste siendo cari帽osa como siempre. Conmigo y con Mateo, hasta que llegaste con esas bolsas, advirti茅ndome que eran nuestros disfraces para la condenada fiesta en casa de ese pedante, a la cual no fui invitado. 隆A煤n as铆!

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