Julia y su hijo Daniel se habían instalado en un pueblo de la costa valenciana tras su separación y habían arrendado una residencia en una urbanización. Su hijo comenzó sus estudios universitarios de informática en Valencia, a una hora de distancia de su nuevo hogar, y Julia empezó a trabajar como oficinista en horario diurno en una residencia de ancianos.
Daniel hizo nuevas amistades, pero uno en particular era Oliver, un joven tres años mayor que él, con quien solía ir a casa con frecuencia y que agradaba a Julia. En muchas ocasiones se quedaba a cenar e incluso pasaba la noche. En una de esas veladas, mientras cenaban, Julia notó que Oliver la observaba de manera peculiar. Sus miradas se cruzaron varias veces, lo que provocó un extraño cosquilleo en su cuerpo. Después de cenar, Oliver se ofreció a ayudarla a recoger la cocina. Mientras ella preparaba las sábanas en la cama para que él se quedara a dormir, agachada, él pasó por detrás, rodeándola con sus manos en la cintura y rozando su trasero con firmeza. Julia se inclinó hacia adelante al sentirlo, y Oliver se disculpó con una sonrisa.
Esa noche, Julia se acostó con una sensación extraña y, pensando en lo sucedido, sintió deseos de autocomplacerse.
Al día siguiente, Julia fue al trabajo sin poder apartar de su mente lo ocurrido con Oliver. Por un lado, le preocupaba; por otro, se sentía halagada. Julia se había divorciado de su esposo debido a sus constantes infidelidades, incluso con su mejor amiga, mientras ella había sido fiel durante todo su matrimonio. Esa situación le había causado una exasperación que aún perduraba. Julia no se consideraba una mujer espectacular: tenía 40 años, medía 1.62 metros, pesaba 70 kg con algo de sobrepeso, poseía unos buenos pechos y un buen trasero, era morena y tenía el pelo medio corto. Ese día, al salir del trabajo, decidió hacerse la manicura y comprarse algo de ropa.
El fin de semana, Daniel llamó a Julia para informarle que no podría ir, ya que se quedaría estudiando. Julia aprovechó para hacer compras y relajarse durante todo el fin de semana. Al regresar a casa, se encontró con Oliver.
"¿Qué haces aquí?" - le preguntó Julia. "Daniel no va a venir este fin de semana".
"Creo que olvidé el portátil el otro día" - respondió Oliver. "¿Me dejas entrar a buscarlo?"
"Claro, adelante... Ayúdame a llevar las compras" - pidió Julia con una sonrisa.
Oliver colaboró en llevar las compras a casa y las colocaron en la cocina. Mientras guardaban los productos en los cajones, Julia percibió nuevamente la penetrante mirada de Oliver y volvió a experimentar esa extraña sensación en su cuerpo.
"¿Por qué me miras de esa forma?" - cuestionó Julia.
"Tu hijo me ha contado por qué te divorciaste" - dijo Oliver mientras la acorralaba contra el mármol de la cocina y posaba sus manos en la cintura de Julia - "Una mujer como tú tiene necesidades, y yo puedo satisfacerte."
"¿Qué insinúas?" - preguntó ella, intentando apartarlo con sus manos.
"¿Cuánto tiempo hace que no tienes relaciones?" - inquirió él.
Julia lo miró sorprendida, se quedó paralizada y no supo qué responder. Oliver deslizó sus manos por detrás y apretó sus nalgas, y ella soltó un grito.
"Soy la madre de tu amigo" - le reprochó ella, golpeándolo en el pecho con las manos. Oliver se abalanzó sobre ella, quedando su rostro a la altura de su oído, y la obligó a pasar los brazos sobre su hombro.
"Dime cuánto tiempo hace que no tienes relaciones y te dejo libre" - susurró Oliver en su oreja.
Julia guardó silencio por un buen rato, mientras Oliver no dejaba de manosearle el trasero y comenzaba a acariciarle los pechos por encima de la camisa.
"Hace mucho tiempo. Déjame en paz" - susurró Julia con voz entrecortada, tratando de apartarse de la situación.
- un buen rato desde la última vez - dijo Oliver mientras la empujaba lentamente hacia la habitación.
Desde hace 9 meses no tengo relaciones sexuales - le susurró Julia a Oliver al oído.
Oliver apartó las manos de Julia de su pecho y se alejó un poco de ella, Julia continuaba abrazándolo por el cuello sin moverse, ambos se miraron a los ojos durante un momento. Julia suspiró y Oliver desabrochó los botones de su camisa.
- ¿Qué planeas hacerme? - le preguntó Julia.
- Deseo ver tus pechos - respondió él mientras abría la camisa de Julia, sus manos recorrían la espalda de ella, desabrochando su sujetador. Los pechos de Julia quedaron al descubierto frente a él. Julia intentó apartarse, pero Oliver la sujetó con firmeza, dejando claro que él podía imponerse.
- Por favor, déjame - le suplicó ella - no puedo hacerlo.
Oliver acarició los pezones de Julia, provocándole un escalofrío en el cuerpo y haciéndole que sus pezones se pusieran erectos.
- Voy a excitarte y no podrás evitarlo - le dijo Oliver - qué hermosos pechos tienes.
- No sigas - le rogó ella - no podemos continuar con esto.
Oliver tomó la mano de Julia y la llevó a su pantalón, Julia notó la erección de Oliver a través del pantalón, que parecía a punto de estallar.
- Mira lo que tengo para ti - le susurraba él mientras hacía que la mano de Julia explorara su entrepierna.
Oliver desabrochó su pantalón, sacó su miembro y guió la mano de Julia para que lo sujetara, comenzando a moverlo lentamente, acompasando el ritmo. Julia observó sorprendida el tamaño del pene de Oliver, quien le soltó la mano, permitiendo que Julia lo estimulara lentamente.
- Me encanta tu actitud - le decía Oliver - Gordita, divorciada y madre del amigo.
Oliver hizo que Julia se arrodillara y golpeó los labios de ella con la punta de su miembro, mientras Julia lo miraba con súplica, intentando apartarse. Julia intentó apartar la mano de él que sostenía su pene.
- Te lo ruego - sollozaba Julia - no me hagas esto.
Oliver separó los labios de Julia con los dedos e introdujo su miembro en la boca de ella, provocando un quejido por parte de Julia, quien con las manos golpeó el pecho de él.
- Todo para ti - le dijo él - te daré lo que necesitas... y comenzó a mover su pene dentro y fuera de la boca de Julia, agarrándola del cuello y penetrándola profundamente. Julia se retiró, tosiendo al liberar su boca del pene de Oliver.
- Hazlo muy bien y no te lo volveré a meter tan profundo - le ordenó él - ella asintió y se sentó en el suelo, tomó el pene con ambas manos y comenzó a estimularlo con la boca, pasando la lengua por la punta y acariciando sus testículos.
- Sabía que en el fondo eres muy traviesa - le dijo Oliver - eres buena dando sexo oral.
Julia continuó realizando sexo oral y simultáneamente masturbaba a Oliver, lo que generaba suspiros intensos y tensión en él.
- Sigue así y llenaré tu boca de mi semen calentito - le advirtió él - quiero eyacular en tu boca, traviesa...
Julia negó con la cabeza, pero Oliver la agarró del cuello y eyaculó en la boca de Julia y sobre su rostro.
- Sigue chupando y déjame bien limpio - le ordenó Oliver.
Julia lo miró, limpió su pene con la lengua y lo dejó impecable. Oliver sonreía mientras observaba a la madre de su amigo postrada en el suelo, con el rostro cubierto de semen.
Eso solo era el comienzo.
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