El amor que siento por mi suegra


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Llevo más de dos décadas casado y tengo una estatura de 1.85 metros, soy delgado y conservo todo mi cabello; físicamente me encuentro en buena forma.

No he sido infiel, no porque no haya tenido la oportunidad, sino por decisión propia. Durante mucho tiempo, tuve un deseo oculto hacia mi suegra, pero no me atrevía a admitirlo. Un día, conversando con un amigo de la familia que con los años se ha vuelto parte de ella, me dijo lo siguiente:

-Tu suegra es una mujer muy hermosa, ¿no crees?

-Sí, supongo. ¿Por qué lo mencionas?

-Te digo que es realmente atractiva.

-Si tú lo dices.

-No soy el único que lo piensa. El otro día la mirabas fijamente cuando llevaba esos pantalones ajustados.

-¿Yo? No la estaba mirando. Si la veías, es problema tuyo.

-No te enojes. Te vi mirarla tres o cuatro veces.

-No me molesto, simplemente la estaba viendo porque estaba allí.

-Bueno, no te ofendas, solo era un comentario.

-Sí, pero solo es tu opinión. No significa que sea lo que realmente sucedió.

-Mis disculpas.

-Está bien, no hay problema.

Esa noche preparé la cena mientras reflexionaba sobre lo que mi amigo me había dicho y me di cuenta de que, en realidad, lo que había observado era cierto. Había estado mirando a mi suegra más de lo necesario. A pesar de que era una mujer mayor, con más de 50 años en ese momento, poseía un cuerpo realmente impresionante. Después de cenar, decidí llevarla a casa en mi auto, ya que tenía problemas de visión y ya no podía conducir. Durante el trayecto, hablamos de cualquier cosa para evitar volver al tema. Una vez que la dejé en su casa y nos despedimos, en el camino de regreso no podía sacarme de la cabeza la idea, y comencé a fantasear hasta tal punto que me excitó tanto que no pude ocultar mi erección.

Regresé, la tomé por la cintura y la besé. Cuando finalmente dejé de besarla, le dije que teníamos tiempo. Aunque no tanto como quisiera, teníamos algo de tiempo. Le quité la sudadera y la camiseta. La besaba apasionadamente, le quité el sujetador y lamí sus pechos. Parecía tensa.

-Por favor, cálmate. Si no te gusta, puedo parar.

-No, me gusta, pero estoy muy nerviosa.

-Yo también lo estoy, pero te deseo mucho más de lo que me nervioso, quiero que disfrutemos juntos. La giré, tomé sus pechos por atrás y besé su cuello. Su piel se erizó y soltó un gemido. Solté un pecho y la agarré por la entrepierna para rozarle mi miembro erecto en las nalgas. Metí mi mano por encima de su ajustado pantalón, sintiendo el calor de su entrepierna y sus prominentes labios. Intenté introducir mi mano por debajo, pero estaba muy ajustado.

-Aaah. Aaaah. Espera, déjame acomodar esto.

-No te preocupes, ¿te gusta, mi vida? ¿Te gusta mucho?

-Sí, me gusta mucho. Aaaah.

La volví a girar, le bajé un poco el pantalón y la bombacha, la levanté y la senté en la mesa. Le quité las zapatillas y las medias. Logré quitarle el pantalón y apoyar sus piernas en mi hombro. La coloqué a un lado y comencé a besarle las pantorrillas, luego subí una pierna sobre mi hombro. Pude contemplar su sexo rosado, con labios pronunciados y carnosos. Continué por sus muslos. Justo cuando iba a sumergirme para complacerla, ella me detuvo.

-¿Qué haces?

-Te voy a dar placer completo.

-Eso no, nunca he hecho algo así antes.

-Mira, déjame intentarlo, si no te agrada, paro de inmediato.

-Está bien, aunque a regañadientes accedió.

Retomé la tarea, esta vez con más intensidad, alcancé sus muslos y separé sus piernas. Pasé mi lengua lentamente, humedeciendo y mordiendo sus labios vaginales con los míos. Introduje mi lengua en su vagina lo más que pude.

-Aah. Aaaah. ¿Qué estás haciendo?

-Te estoy dando placer, te estoy complaciendo por completo.

-Mmm Aaah.

Introducía y sacaba la lengua.En el conducto vaginal, disfrutando de toda su intimidad. Después procedí a lamer sus labios, como un perro a un cachorrito, limpiando todo con delicadeza, era completamente mía. Luego separé los labios con la lengua, para estimular el clítoris. No pudo resistir mucho y en un instante se arqueó por completo, sus piernas temblaban, su cuerpo entero se estremecía. Emitió un leve gemido.

-Mmm, ahhhh, pero está reprimida, no se libera. La dejé lamer, ya que después de terminar no quería contacto. Besé sus piernas durante un buen rato, la hice levantar y la besé.

-Te siento tensa. Parece que tienes miedo de disfrutar.

-Un poco, me da mucha vergüenza.

-¿No puedes transformar esa vergüenza en placer?

-Claro que sí, fue magnífico, me encantó. Me quité la camiseta porque tenía calor y estaba muy excitado, acarició mi pecho, volví a besarla, sus caricias hicieron que todo mi cuerpo se erizara.

-Por favor, estoy muy excitada.

-Yo también lo estoy, veo cómo se te eriza la piel.

-He esperado esto toda la vida. Me separé un poco, aflojé mi cinturón, desabroché mis pantalones, bajé mis calzoncillos y mi pene emergió como un resorte, mostrando toda su magnificencia. Se sorprendió.

-Vaya, tienes algo importante guardado que nadie había visto. Y agarró mi miembro, lo movió un par de veces. No pude resistir.

-Aaah, qué maravilla. Aaaah. Mis testículos dolían, estaban a punto de explotar. Después de tanto tiempo esperando y no poder disfrutar, estaba al borde de la explosión.

-¿Te gusta?

-Me gusta mucho. Pero quiero penetrarte. Por favor. Pero deseo que disfrutes sin ninguna vergüenza.

-Voy a intentarlo.

La atraje hacia mí, dejando su vulva al borde de la mesa. Separé sus piernas. Lubriqué la cabeza de mi pene que parecía un hongo gigante con mucha saliva e intenté jugar en la entrada de su vagina, hasta lograr penetrar levemente. Luego la retiré para humedecerla nuevamente. Lentamente, introduje la cabeza y luego fui profundizando con todo mi miembro, la temperatura de su vagina me estaba enloqueciendo. Mi pene estaba confundido, como una gelatina caliente. Entraba y salía por completo para luego volver a introducirlo poco a poco. Le pedí que se recostara y levantara las piernas para empezar a penetrarla enérgicamente.

-Mmmm. Ah. Aaaah.

-Qué hermosa vagina tienes, está ardiente.

-Aaah. Aaaah.

-¿Disfrutas de mi pene? Mi amor, ¿te gusta?

-Sí. Sí. Mmmm.

-Siempre quise hacer el amor contigo, me has excitado toda la vida. Aaah. Toma esto, mi amor.

-Por favor, detente.

Detuve el movimiento. ¿Te lastimé?

-No pares de decir esas cosas, me excitan muchísimo, me estás volviendo loca. Pero no me retires, quiero que continúes. Estaba logrando que se liberara y evitando que eyaculara pronto. Volví a la carga con movimientos lentos para luego aumentar la intensidad.

-Observa cómo disfruto de tu cuerpo. Te dejaré completamente saciada.

-Sí. Rómpe la rutina. Aaah. Completa, completa.

-Deseaba tener relaciones aquí. Te haré acabar por completo. Necesitaba satisfacerte como nadie lo había hecho. Toma mi amor, toma toda la satisfacción. Temblaba como una hoja, me detuve no por ella, sino por mí, pero sin retirarme.

-Mi amor, ¿sentías muchas ganas?

-La verdad es que no, pero desde el primer beso me tomaste con fuerza. Me siento en las nubes.

Pasaron unos minutos, cerré sus piernas y las coloqué sobre mis hombros.

-Ahora sí lo sentirás. Con las piernas cerradas empecé a moverme.

-Ayayay. Ahora sí lo siento, qué pene tan grande. Me toca en cada rincón. ¿Dónde has estado todo este tiempo?

-He estado aquí deseándote, y tú no me prestabas atención. Por eso ahora te dejaré completamente satisfecha. Mira cómo te penetro profundamente.

-Sí, aaah, aaah.

-Ya no aguanto más, se me escapa la leche.

-Si sigue así, mi macho me hará acabar. Aaah. Aaaahh

-Deseo más lechecita. Dame toda.

-Toma, aaah, aaaah.

Saque mi miembro, lo moví un par de veces y brotaron 3 chorros de esperma blanco que aterrizaron a un lado sobre la mesa. Tres chorros impresionantes, mis piernas se debilitaban, mis gemidos eran ensordecedores. Al concluir, acerqué una silla, me quité el pantalón y los calzoncillos hasta los tobillos, y coloqué sus pies sobre mis muslos mientras le acariciaba las pantorrillas y los muslos. Pasaron unos minutos y ella preguntó.

-¿No querías eyacular dentro de mí?

-Por supuesto que sí. Y acariciaba sus piernas, por supuesto que deseaba dejarte todo dentro.

-Y pensabas que podrías dejarme embarazada. Y se carcajeaba, jajaja.

-No exactamente eso. Pero como pasaron… Miré el celular y habían transcurrido 25 minutos de llamada.

-¿Qué tienes?

-Tengo una hora más y planeo hacer el amor contigo de nuevo, no puedo perder la oportunidad de que te laves y perder el tiempo con eso.

-¿Otra vez?

-¿No deseas que te haga el amor de nuevo, mi hembra?

-Sí.

-¿Quieres que te posea de nuevo? Y la besaba, me dirigí de nuevo a su intimidad.

-Estoy toda sucia.

-Te limpio por completo, te dejaré bien higienizada.

-Aah. Nunca me han hecho esto, pero me encanta aah.

-Y a mí ni te imaginas, mmmm. Y me deleitaba con su sexo. Mmmmm.

-Si continúas así, me harás llegar al clímax de nuevo.

-¿Y no deseas eso?

-Sii. Aaa, aaah. Mi pene se había endurecido de nuevo. Pero yo seguía extasiado, le estaba practicando sexo oral como un apasionado, ella disfrutaba, pero yo estaba en éxtasis, la deseaba con todas mis fuerzas.

-Qué delicia. Se sentó y tomó mi nuca.

-¿Te gusta?

-No hables mientras me estimulas, no se habla con la boca llena, por favor, no dejes de hacerlo. Aaaah, aah. Cómeme, saca todo de mí, libérame de la excitación, aaah, aaah, creías que solo querías tener relaciones sexuales conmigo, yo también deseaba que lo hiciéramos. Desde el primer día que te vi, todos los días de mi vida al menos una vez al día, soñaba con que aparecieras y me hicieras lo que me estás haciendo. Aah, aaaah, me imaginaba cabalgando sobre tu pene y sintiéndolo completamente dentro de mí. Aah, aaah, tomaaa, querías mi eyaculación, tomaaa aaah, toma, toma. Accedí y llevé mi lengua a su vagina para recoger lo que pude. La bajé de la mesa, la besé y ella respondió con todo el deseo.

-Mi amor, ¿cómo estás?

-Muy excitado. Pero tú también mira cómo estás de nuevo, bien erecta.

-Tú la pones así de dura. Tomé el celular, di unos pasos y la hice acercarse con el dedo índice. Vino de inmediato y la tomé de los hombros para llevarla al sillón.

-¿Tenemos tiempo?

-Por ahora sí, observando el celular.

-Es una lástima estar apurado y tener tantas ganas de continuar.

-Podemos coordinar otro día y con más tiempo. No me gustaría que esto finalice aquí.

-No sé cómo lo haremos, pero si tú no quieres que acabe aquí, yo mucho menos. Hice que avanzara tomándola del hombro, al pasar le di un golpecito en la cola suavemente y mirándola le dije:

-Esta cola y yo necesitamos hablar muy en serio. (Pero eso será otra historia, pues hablaré y por mucho tiempo).

-Esa cola está como nueva. Nunca perteneció a nadie a pesar de los intentos, nadie pudo reclamarla.

-Por eso llegó el dueño. Discutiremos eso más adelante. Y me senté en el sillón. Querías que entrara en tu interior, aquí lo tienes, súbete y disfruta un poco. Colocó una pierna sobre la mía. Y le dije que la mojara un poco.

-No, no. Bajó la pierna, abrió las mías y se arrodilló. Me miró y me dijo: nunca he hecho esto, pero lo mereces. Tomó mi miembro primero con timidez. Pero en muy poco tiempo tomó confianza. Muy delicadamente.

-Sí.Mi amor, qué cosa tan bella, así despacito como me gusta, mueve esa lengüita.

-Por favor, enséñame porque nunca lo hice. Te lo juro.

-Me parece que siendo tan suave no tengo que enseñarte nada, realmente me gusta mucho. Aaah.

-A mí también me complace, nunca pensé hacer esto con nadie.

-Viste, toma pene. Cada vez lo introducía más, hasta que se lo comió completo, hasta que su nariz tocó mi pelvis. Eso me excitó muchísimo, nunca lo había logrado. Aaah, cosita, te lo estás comiendo todo, aaah.

-Sí, me lo estoy comiendo todo.

-No se habla con la boca llena, eso me lo enseñaste tú. Ah, ahhh. Me estás volviendo loco. Pero mejor detengámonos porque no tenemos tiempo. Súbete, ven, da una vuelta a caballito. Con esto, no creo que te puedas caer.

-Seguro que no me voy a caer.

Con las piernas flexionadas a ambos lados, agarró mi pene y lo puso en su vagina, y como una pata incubando huevos, moviendo la cola, se lo fue enterrando hasta meterlo por completo.

-Ahora sí lo tengo todo adentro.

-Sí, está todo adentro de la casita. Te llené la casita. No sé si te diste cuenta. A los pocos minutos comenzó a moverse como una loca.

-Así lo quería, enterrado hasta el fondo. Aaah.

-¿En serio querías que fuera a hacerte el amor?

-Sí, porque voy a mentir, soñaba muchas tardes que venías. Aaah, qué lindo esto. Que venías y sin mediar palabra, aaaah, aah, me besabas y me llevabas a la cama y me metías ese miembro. Nunca pensé en las estimulaciones que me diste, eso fue una sorpresa, aaah, ni que te la ibas a, aaah, a chupar como yo te la chupé.

-¿Y te gustó?

-Sí, que me chupes me encantó.

-¿Y chuparme?

-Chuparte me gustó mucho más que tú a mí. Aaah, aah, voy a acabar otra vez, aaah. Me gusta hacértelo. Aaah, aah, viene, viene, aaay.

-Tu zona íntima es un fuego para mí, no sabes el placer que me da, está muy caliente, me enloquece.

-Nunca en mi vida terminé tantas veces como contigo. Siempre una vez y a veces ni eso, pero contigo, no puedo parar quiero más y más.

-¿Nunca se te cruzó por la mente que te pusiera en cuatro patas como una leona en celo?

-Claro que sí. Se levantó y se puso en cuatro. Quedó toda su retaguardia mirando al techo.

-Qué retaguardia más hermosa, la besé, la mordí. Siempre me volvió loco esta retaguardia tan firme, siempre.

-¿Te gusta tanto?

-Muchísimo, mira. E introduje mi lengua en su apertura por fuera y un poco más adentro.

-Por favor, siento electricidad en todo el cuerpo. Mmmm, aaah. Hazme lo que quieras, haz lo que quieras. Rómpemelo todo.

-No. Lo deseo y mucho, pero tiene que ser placentero para mí, pero sobre todo para ti, apurado no sirve. Me coloqué detrás y le introduje el miembro hasta el fondo.

-Aaah, mi cielo, así, métame ese miembro.

-Mira cómo disfruta mi miembro la señora. Y cuando en broma un día le dije que si hacíamos el amor no se iba a olvidar nunca más. ¿Qué me contestó?

-Que eso es lo que deseabas. Y que querías que te dijera: ven a buscarme y méteme el miembro cuando quieras y donde quieras. Aaaah. Aah. Yo quería eso, pero no podía decírtelo.

-Vaya, resultaste ser bastante traviesa, señora.

-Sí, tu traviesa soy. Aaah.

-Quería que le metiera el pene, como se lo estoy metiendo. Va a quedar tan hinchada que no va a poder ni hacer pis.

-Aaa, eres un atrevido, pero me gusta y dices cosas muy intensas. Aaah, pero a mí me gusta mucho aaah. Aaaah. Toma, toma toda mi eyaculación, tomaaa. Aaah. No puedo más.

-¿Te puedo pedir un favor?

-Por supuesto.

-Déjame abajo y siéntate encima de mí. Porque me parece una posición espectacular y siento que entra todo. Me acomodé y se sentó, la penetración fue total. La sensación es indescriptible.

-La verdad es que está bien adentro,

la siento por todas partes.

-Es impresionante y se movía suavemente. La agarré de las nalgas y la introducía completamente. Tomé saliva en tres ocasiones para jugar con su ano.

-Disfruto esa verga y ese dedito ahí también.

-Mira tú, tan recatada y tan lasciva. Volví a llevar saliva con los dedos y comencé a introducir suavemente el dedo. ¿Y qué más le gusta a la señora? Que la penetren por la vagina y por el trasero al mismo tiempo como si tuviera dos hombres para satisfacerla a gusto y placer, porque es una diosa.

-Sí, ah, aaah.

-Y que se la monten todo el día.

-Sí, aaah, haz lo que quieras aaah, voy a hacerte acabar de nuevo. Aaah

-Yo tampoco aguanto más aaaah, aaah, mi amor qué sensación más impresionante.

-Vas a darme toda la leche, la quiero dentro de mí, por favor déjamela adentro. Aaah.

-Si quieres la leche dentro, aaah, aaaah y luego cuando llegues a tu casa, te introduces el dedo y te acuerdas de mí.

-Sí, qué agradable. Aaah, aaah muy buena idea.

-Y te masturbarás con ese dedito, con ese olor a mí. Aaah, aaah

-Sí, sí aaah me toco toda aaah

Ambos terminamos con gemidos y yo expulsé otra cantidad de semen que ni siquiera imaginaba tener dentro, llenando su vagina de leche. Ya no había mucho tiempo. Una vez recuperados, ella tomó la ropa y fue al baño mientras que yo fui a la habitación, tomé un protector femenino de mi esposa e ingresé al baño. Diciendo:

-Te traje esto por si quieres guardarlo y hacer lo que te mencioné antes.

Ella estaba preparando papel para llevarlo, lo tenía enrollado en la mano.

-Esto es mejor.

-Claro y lo puedo guardar como recuerdo. Te llevo adentro. ¿Entiendes?

-Sí, y yo me quedo sin nada y la besé.

Rápidamente me bañé y cepillé los dientes, un rato después ella salió del baño impecable nuevamente, hermosa. Le dije: vamos al sillón hasta que regresen. Aproveché para besarla y acariciarla, acordamos cómo comunicarnos en el futuro para que nadie sospechara.

Unos 25 minutos después regresaron, comimos, lavamos los platos y tomamos un café. Todo muy tranquilo, mi esposa puso algunas porciones dulces y leche en polvo para el café. Mi suegra cortó y le preguntó qué usó para cortar el café, le dio la marca del producto y le preguntó si le había gustado, a lo que ella respondió que estaba muy rico. Mi suegra comentó que les daría un poco si les gustaba y lo puso en un frasco de vidrio. Un rato después, mi suegro, un hombre exigente, decidió irse y mi suegra jugó una carta inesperada.

todos se levantaron, mi suegra fue hacia la cocina donde solo yo podía verla, se ajustó la calza marcando su entrepierna, se dio la vuelta con ese trasero en la calza ajustada y levantada parecía un monumento, lo hizo para mí porque me sonrió. Sin embargo, yo no moví ni un músculo. Y para empeorar las cosas, primero salió mi suegro hacia la puerta para ir al auto apurado como siempre, detrás estaba mi esposa hablando con él y mi suegra. Sentí la tentación de tocarle la cola como venganza, pero me mantuve como un caballero. Cuando él estaba a medio camino de la puerta, regresó hacia la mesa. La dejé pasar, tomó el frasco y dijo que se llevaría la leche para usarla en cuanto llegara a casa, ya que estaba muy buena, y luego se rió. Llegamos a la puerta, mi suegro ya en el auto con la mano lista para tocar la bocina y apurar el procedimiento. Mi esposa se despidió, abrazó a su madre y le preguntó si lo había pasado bien. Ella dijo que sí y que estaba muy satisfecha. Tomé a mi esposa por los hombros, impidiendo que se diera vuelta, y le dije: ¿cómo no va a estar satisfecha si comió, bebió y cuando fuiste a buscar lo que olvidaste, le proporcioné un servicio sexual completo todo incluido en dos ocasiones. La vi roja como un tomate y abracé a mi esposa para que no pudiera voltear. Nos despedimos, no pudimos contener la risa y se fueron.

Enviaré la segunda parte porque el reencuentro fue complicado, pero ocurrió y la historia es más que interesante.

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